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En nombre del antirracismo, elementos violentos blancos incendian una estación de la policía ‎en Minneapolis, después del linchamiento del ciudadano negro George Floyd a manos de un ‎policía blanco.‎

Las comunidades humanas tienden generalmente a sobreestimar su propio modo de vida y a ‎desconfiar del modo de vida de otras comunidades. Para mantener la cohesión de su grupo, ‎algunos miembros de las comunidades –cualquiera que sea esta– tienden, como reflejo, a ‎rechazar a los nuevos elementos que llegan del exterior. A veces, después de conocerlos mejor, ‎acaban entendiendo que los recién llegados son personas similares a ellos mismos y eso hace ‎disminuir las tensiones. ‎

Lo anterior es la descripción de un mecanismo etnológico. Pero en los siglos XIX y XX ‎se agregaron a ese mecanismo dos ideologías o tendencias: el racismo y el antirracismo. En el ‎contexto del imperialismo británico y del desarrollo de la biología y de la genética, esas teorías ‎permitían justificar la jerarquía de una población sobre otra o la igualdad de derechos entre ‎poblaciones diferentes.‎

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El investigador francés Alexis Carrel, premio Nobel de medicina en 1912, ‎investigador de la Fundación Rockefeller y simpatizante de Hitler y del colaboracionista francés ‎Philippe Petain, opinaba que era conveniente eliminar las minorías étnicas, las personas con ‎problemas mentales y los criminales que se mostraban peligrosos. ‎

El racismo científico

Invocando las teorías de Charles Darwin (1809-1882) sobre la evolución de las especies, otro ‎británico, Herbert Spencer (1820-1903), planteó la existencia de razas humanas diferentes y afirmó ‎que la selección natural había llevado a la superioridad de los blancos. Era el inicio del ‎‎«darwinismo social». Un primo de Darwin, Francis Galton (1822-1911), estableció una serie de ‎comparaciones entre las razas y vinculó la tasa de fecundidad de las mujeres a la degeneración de ‎los individuos, lo cual le permitió “demostrar” la superioridad de los blancos sobre los individuos ‎con otros colores de piel… de paso también “demostró” la superioridad de los ricos sobre ‎los pobres. ‎

Un «consenso científico» estableció como premisa que de los contactos sexuales entre razas ‎diferentes nacían individuos con numerosos problemas o limitaciones. Por consiguiente, era ‎indispensable prohibir las relaciones sexuales entre individuos de razas diferentes, tan ‎indispensable como prohibir el incesto, en aras de preservar cada raza. Eso era el «eugenismo». ‎La aplicación de ese principio resultó ser extremadamente compleja ya que, sin importar cómo ‎se defina cada raza, no existen individuos racialmente “puros”, por consiguiente cada ‎situación está sujeta a discusión. En Estados Unidos, esa lógica llevó no sólo a la oposición a la ‎formación de parejas interraciales entre descendientes de europeos, miembros de los pueblos ‎originarios (los mal llamados «indios» o «pieles rojas»), negros y chinos sino incluso a ‎privilegiar a los blancos anglosajones por sobre los blancos no anglosajones (italianos, polacos, ‎serbios, griegos, etc.), lo cual se puso de manifiesto en la Immigration Act que estuvo en vigor ‎en Estados Unidos desde 1924 hasta 1965.‎

Por su parte, el Instituto Kaiser Wilhelm “demostró” que la preservación de la raza exigía no sólo ‎no reproducirse con individuos de razas diferentes sino que también había que abstenerse de toda ‎relación sexual de tipo interracial, aunque no se llegara a la reproducción. Supuestamente, aun en ‎el caso de la penetración anal, los genes de cada individuo se mezclan con los del otro, lo cual ‎‎“justificó” que los nazis prohibieran la homosexualidad. ‎

Hubo que esperar hasta la caída del nazismo y el inicio de la descolonización para que apareciera ‎un nuevo «consenso científico» y se tomara conciencia de la increíble diversidad existente en ‎cada una de las supuestas razas. Lo que tenemos en común con individuos de una raza ‎supuestamente diferente a la nuestra es mucho más importante que lo que nos diferencia de ‎individuos de nuestra misma raza supuesta. ‎

En julio de 1950, la UNESCO echó abajo las tesis del «darwinismo social» y del «eugenismo». ‎Simplemente, la humanidad surgió de varias razas diferentes de homo sapiens prehistóricos pero ‎se constituye de una sola raza cuyos individuos pueden reproducirse sin ningún peligro. ‎Por supuesto, no había que ser científico para darse cuenta de eso, pero las ideologías del ‎imperialismo y el colonialismo habían nublado temporalmente la claridad de los «sabios». ‎

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A pesar de lo que todo el mundo cree saber, la abolición de la esclavitud ‎en Estados Unidos no fue un logro de los movimientos abolicionistas. Resultó del hecho que ‎los dos bandos enfrentados en la Guerra de Secesión necesitaban más soldados. Más tarde, ‎lo que puso fin a la segregación racial en Estados Unidos no fue la meritoria lucha de Martin ‎Luther King sino la urgente necesidad que tenía el Pentágono de enviar soldados a la guerra ‎contra Vietnam. Y el FBI no asesinó a Martin Luther King por su lucha en pro de los derechos ‎civiles sino porque el líder negro se oponía a aquella guerra. ‎

El racismo jurídico

Mientras los científicos recuperaban su unidad, los juristas se dividían en dos maneras diferentes ‎de abordar el mismo tema. En este caso, la división no estaba determinada por las ideologías ‎imperialista y colonial sino por concepciones diferentes de la Nación. Para los anglosajones, ‎la Nación es una unión étnica –en el sentido cultural– mientras que para los franceses la Nación ‎es resultado de una opción política.
El principal diccionario político estadounidense contiene la siguiente definición: «Nación: Gran ‎grupo de personas que tienen un origen, una lengua, una tradición y costumbres comunes que ‎conforman una entidad política.» (“Nation: A large group of people having a common origin, ‎language, and tradition and usu. constituting a political entity”, Black’s Law Dictionary, 2014).
Por el contrario, desde la Revolución Francesa, Francia adopta la siguiente definición: «Nación: ‎Personalidad jurídica constituida por el conjunto de individuos que componen el Estado» (Nation: ‎‎«Personne juridique constituée par l’ensemble des individus composant l’État» (Decreto del rey ‎Luis XVI, 23 de julio de 1789).‎

La noción francesa de Estado es hoy prácticamente universal mientras que la de los británicos ‎la defienden sólo los anglosajones y los grupos que ellos mismos crearon en función de sus ‎intereses coloniales: la Hermandad Musulmana [1] y, en la India, la ‎Rastriya Swayamsevak Sangh (RSS) [2]. ‎

En definitiva, a pesar de los progresos de la ciencia, los británicos de hoy siguen viviendo bajo la ‎‎Race Relations Act 1976, o sea la “Ley sobre las Relaciones Raciales de 1976”, y bajo el ‎arbitrio de la Commission for Racial Equality, la “Comisión por la Igualdad Racial”, mientras que ‎los textos oficiales franceses utilizan la expresión «supuesta raza». En la práctica, unos y otros ‎no establecen diferencias «raciales» sino de clase social, en el caso de los británicos, y de ‎nivel social, en el de los franceses. ‎

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En Estados Unidos, los medios de difusión atribuyen los motines ‎antirracistas a las secuelas del esclavismo. Sin embargo, los primeros esclavos no fueron ‎africanos sino europeos –los “indentured servants”, literalmente “trabajadores ‎no retribuidos”– y Estados Unidos es un país de inmigrantes –la enorme mayoría de la ‎población estadounidense actual no tiene ancestros que hayan vivido en Estados Unidos ‎en tiempos del esclavismo. ‎

El antirracismo

En Occidente, hoy existe una confusión entre antirracismo y antifascismo, a pesar de que está ‎demostrado que las razas no existen y de que tampoco existen las situaciones económicas que ‎dieron lugar al surgimiento del fascismo. Los grupos que hoy provocan brotes de violencia ‎en nombre del antirracismo y del antifascismo se presentan como elementos de la ‎extrema izquierda anticapitalista… pero están subvencionados por el especulador George Soros, ‎trabajan para la OTAN –protectora armada del capitalismo– y cuentan con entrenamiento militar. ‎

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El presidente turco Erdogan cuenta en la televisión turca su conversación ‎telefónica con el presidente Trump. Conforme a nuestras revelaciones, confirmadas por la inteligencia militar turca (MIT), Erdogan señala la implicación del Pentágono y la OTAN en las manifestaciones antirracistas que sacuden Estados Unidos y Europa.

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, se dio el lujo de señalar, en una conversación ‎telefónica con el presidente estadounidense Donald Trump, que la OTAN utilizó brigadas ‎internacionales “antifascistas” simultáneamente contra Siria y contra Turquía [3], precisamente los mismos «Antifas» que ahora coordinan los motines antirracistas en ‎Estados Unidos. ‎

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El ya probable candidato del Partido Demócrata a la elección presidencial ‎estadounidense, Joe Biden, cuyos vínculos con el Pentágono le valieron ser vicepresidente en ‎los mandatos presidenciales de Barack Obama, interviene por videoconferencia en los funerales ‎de George Floyd. Los medios de difusión presentaron los funerales George Floyd como una ‎ceremonia “antirracista”. Pero la seguridad de la ceremonia cristiana estuvo en manos de la ‎organización Nation of Islam, una comunidad negra que prohíbe a sus miembros los matrimonios interraciales.

En realidad, lo que hoy nos presentan como racismo y “antirracismo” son las dos caras de una ‎misma moneda. Ambos se basan en el mito de las razas, aunque ya sabemos que las razas ‎no existen. En ambos casos, se trata de una forma de conformismo a la moda. Los racistas ‎surgieron del imperialismo y del colonialismo, los “antirracistas” de hoy son fruto de la ‎globalización financiera. Su única utilidad común es ocupar el terreno para eclipsar las verdaderas ‎luchas sociales. ‎

[1] «La Hermandad Musulmana, como ‎cofradía de asesinos» (6 partes), Thierry Meyssan, 29 de junio de 2019.

[2] La Rastriya Swayamsevak Sangh, generalmente designada ‎por las siglas RSS, es la Asociación de Voluntarios Nacionales o Asociación Patriótica ‎Nacional, ‎matriz ideológica del Partido ‎Popular Indio, actualmente en el poder. Nota de la Red Voltaire. ‎Ver «Déjà 10 mois de confinement du Jammu-et-Cachemire», por ‎Moin ul Haque, Dawn (Pakistán), Réseau Voltaire, 10 de junio de 2020.

[3] «Las brigadas anarquistas de la OTAN», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 12 de ‎septiembre de 2017.