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La ministra francesa a cargo de las universidades, Frederique Vidal, acaba de solicitar la ‎redacción de un informe sobre la sociología del islamo-izquierdismo en las universidades.‎

En los siglos XVI y XVII, los europeos establecían una diferencia entre la «esfera pública» –visible ‎para todos– y la «esfera privada» –de carácter mucho más íntimo. Pero en el siglo XVIII, la ‎Revolución Francesa modificó la definición de esas dos expresiones: la «esfera privada» pasó ‎a ser lo relacionado con el trabajo, la familia y la religión mientras que la «esfera pública» es ‎la de la política y lo relacionado con la nación. A partir de ahí, si bien resulta concebible que ‎haya militantes políticos que buscan en la religión la fuerza que su compromiso, es en cambio ‎inadmisible que defiendan alguna religión en particular. ‎

Esta manera de ver las cosas se ve ahora cuestionada por el apoyo que ciertas personalidades y ‎grupos políticos aportan a movimientos «islamistas». Importante: Al referirme al «islamismo» no aludo a ‎nada vinculado a la religión musulmana sino a una ideología política que utiliza esa religión para ‎manipular a sus creyentes [1]. ‎Mahoma fue simultáneamente profeta, líder político y jefe militar, lo cual facilita las cosas a ‎quienes tratan de torcer su legado. ‎

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Rullah Khomeini (a la derecha en la imagen) y Hassan al-Banna sostuvieron un encuentro en El Cairo, ‎en 1938. Allí concluyeron un pacto de no agresión para que el chiismo y el sunnismo ‎se repartieran el Medio Oriente.

El islam político

En la práctica, el islam político consiste en movilizar las masas invocando la religión musulmana, ‎algo que puede hacerse recurriendo a medios muy diferentes y con objetivos diametralmente ‎opuestos, según la concepción que se tenga de esa religión. El uso de argumentos religiosos para ‎hacer política permite obtener un sentido del sacrificio que puede rápidamente convertirse en ‎fanatismo. La lengua árabe, que da más valor a las emociones que al razonamiento, ‎probablemente hace que los árabes sean más receptivos que otros pueblos a ese tipo de ‎compromiso. ‎

En el siglo XX, los británicos solicitaron al muftí de la mezquita Al-Azhar –en El Cairo– establecer ‎una versión única del Corán para luchar en Sudán contra la secta del Mahdi –en aquel momento ‎existían alrededor de 40 versiones diferentes del libro sagrado del islam. Los británicos también ‎incitaron a Hassan al-Banna para que creara una secta secreta –la Hermandad Musulmana– siguiendo ‎el modelo de la Gran Logia Unida de Inglaterra para tener así un medio de presión sobre el poder ‎egipcio. Durante la guerra fría, la CIA introdujo 2 de sus agentes –Sayyed Qtob y Said Ramadan– ‎en esa secta secreta sunnita para que teorizaran sobre la yihad. ‎

También se desarrollaron otras escuelas de islam político, primeramente en el seno del sufismo, ‎contra los imperios ruso y chino, y más tarde, con Rullah Khomeini en el seno del chiismo y ‎contra el imperio británico. La escuela surgida del sufismo se alió a la Hermandad Musulmana, ‎bajo la égida del hoy presidente turco Recep Tayyip Erdogan, pero la escuela chiita concluyó ‎con ellas una especie de acuerdo de no injerencia. Sin embargo, todas lucharon juntas contra ‎los rusos y bajo las órdenes de la OTAN durante la guerra de Bosnia-Herzegovina. Creían ‎entonces que compartían la misma ideología, pero hoy todas consideran que no siempre fue así y ‎que ya no es así. ‎

Los franceses estiman que el apoyo de ciertos pensadores de izquierda al islamismo data de ‎los tiempos del exilio del ayatola Khomeini cerca de París (1978-1979). En aquella época, ‎los filósofos franceses Jean-Paul Sartre y Michel Foucault se reunieron con Khomeini y ‎lo apoyaron. Ambos habían entendido a la perfección la lucha de Khomeini contra ‎el imperialismo occidental, mientras que el estadounidense Zbigniew Brzezinski, entonces ‎consejero de seguridad nacional del presidente James Carter, creía erróneamente que ‎el compromiso de Khomeini era algo superficial. ‎

Pero lo que hoy vemos es completamente diferente: ciertos pensadores de izquierda atribuyen a ‎los musulmanes en general el mismo papel de vanguardia popular que se atribuyó al ‎proletariado en el siglo XIX. Eso es simplemente una estupidez ya que:
- los musulmanes pertenecen a todas las clases sociales;
- el islam es absolutamente compatible con el capitalismo más salvaje. ‎

En realidad, esos intelectuales ven a los musulmanes de forma diferente, en función de que sean ‎sunnitas o chiitas. Ven a los musulmanes sunnitas como progresistas y a los chiitas como ‎reaccionarios. Así apoyaron en Egipto al ya fallecido Mohamed Morsi –miembro de la ‎Hermandad Musulmana y rotundamente proyanqui– pero denuncian al nacionalista ex presidente ‎iraní Mahmud Ahmadineyad, a pesar de que, como presidente de Egipto, Mohamed Morsi ‎nunca trató de mejorar las condiciones de vida de sus conciudadanos más pobres, mientras que Ahmadineyad ‎sí lo hizo –y con éxito– a lo largo de sus dos mandatos como presidente de Irán. ‎

Además, Mohamed Morsi logró convertirse en presidente de Egipto amenazando de muerte a los ‎magistrados del consejo electoral y a sus familias [2], mientras que Mahmud Ahmadineyad fue electo democráticamente. ‎

Eso demuestra que los islamo-izquierdistas occidentales no se pronuncian en función de la acción de esos ‎líderes en los países que dirigen sino según la política exterior que apliquen. El resultado es que ‎apoyan el islam político proestadounidense y condenan el islam político antimperialista. ‎

El islamo-izquierdismo sólo existe en los países occidentales, con excepción de Túnez, donde el ‎opositor exilado Moncef Marzouki apoyó a la Hermandad Musulmana y se convirtió en presidente ‎de la República a raíz de la «primavera árabe». Marzouki sirvió así de “pantalla democrática” a ‎Ennahdha –formación lidereada por miembros de la Hermandad Musulmana– hasta que perdió el poder, en la elección presidencial de 2014. ‎

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El dirigente bolchevique Leon Trotski (1879-1940) favoreció los intereses ‎británicos en contra de Rusia. Acabó entrando en conflicto con Stalin, quien lo expulsó de ‎la URSS y lo asesinó en México. Algunos seguidores de Trotski no han vacilado en proseguir ‎su obra… poniéndose al servicio de Estados Unidos.

La estrategia de la NED:
alianza de algunos trotskistas
con ciertos islamistas

El apoyo de ciertas personalidades de izquierda a la Hermandad Musulmana y a la Orden de los ‎Naqshbandi fue orquestado por la National Endowment for Democracy (NED), en el marco de la ‎guerra fría, desde 1983. En aquel momento, el entonces presidente Ronald Reagan acababa de ‎reclutar un grupo de trotskistas judíos y neoyorquinos para utilizarlos en la lucha contra la URSS. ‎

Inspirados en el conflicto entre el probritánico Trotski [3] y Stalin, esos trotskistas se unieron a los servicios ‎secretos de los llamados «Cinco Ojos» (Australia, Canadá, Estados Unidos, Nueva Zelanda y ‎Reino Unido) y fundaron la NED. En medio de los escándalos alrededor de la CIA, concibieron la ‎idea de concretar ciertos aspectos de las operaciones de esa agencia de espionaje bajo una ‎fachada legal y reclutaron otras personalidades trotskistas a través del mundo, principalmente en ‎los dos teatros de operaciones de aquella época: Afganistán y Líbano. ‎

Durante su lucha contra los soviéticos en Afganistán, la NED reclutó al «french doctor» Bernard ‎Kouchner, quien años después se convertiría sucesivamente en ministro de Salud de Francia, ‎Representante Especial del secretario general de la ONU en Kosovo y ministro de Exteriores de ‎Francia. Antes de Afganistán, Bernard Kouchner había sido militante de la Unión de Estudiantes ‎Comunistas de Francia, organización que abandonó durante una purga contra los ‎trotskistas. En Pakistán, el joven Bernard Kouchner prestó atención médica a los anticomunistas ‎afganos y a los muyahidines árabes de Osama ben Laden, a quienes Occidente aplaudía entonces ‎como «combatientes de la libertad». ‎

En aquella misma época, en plena guerra civil libanesa, la NED encuentra dificultades en su labor ‎de reclutamiento y finalmente opta por los secesionistas del Partido Comunista Sirio: Riyad al-‎Turk, Georges Sabra y Michel Kilo. Estos 3 personajes firman entonces un manifiesto donde ‎presentan a los miembros de la Hermandad Musulmana como un nuevo proletariado y solicitan ‎una intervención militar de Estados Unidos en el Medio Oriente. Para las autoridades sirias, aquello ‎era una clara expresión de apoyo a la intentona golpista de la Hermandad Musulmana en la ciudad siria ‎de Hama. El presidente sirio Hafez al-Assad ordena la detención de los 3 autores del texto y ‎los mantiene en la cárcel hasta que se retractan de su manifiesto. ‎

Durante la guerra en Bosnia-Herzegovina, la NED recluta también al ensayista francés Bernard-‎Henri Lévy, que se convertirá en consejero mediático del presidente bosnio Alija Izetbegovic, ‎quien en el mismo momento adopta como consejero político al neoconservador estadounidense ‎Richard Perle y a Osama ben Laden como consejero militar. ‎

En el contexto de la guerra fría, es posible que todos los personajes antes mencionados hayan ‎creído sinceramente que estaban actuando lo mejor que podían. Pero, después de la disolución de la URSS, varios ‎de ellos continuaron en la misma vía nauseabunda. ‎

Por ejemplo, Riyad al-Turk, Georges Sabra y Michel Kilo se convirtieron en portavoces del ‎Pentágono durante la guerra contra Siria. Invocando su pasada militancia comunista ‎convencieron a la izquierda europea de que Siria atravesaba una guerra civil, cuando en realidad ‎se trataba de una invasión de yihadistas (islamistas) importados del mundo entero. Incluso ‎lograron hacer creer que el Frente al-Nusra –rama siria de al-Qaeda– era una «organización ‎revolucionaria» siria. ‎

También está el caso del francés Bernard-Henri Levy, quien –luego de haber cantado loas a la cárcel ‎estadounidense montada en Guantánamo– se convirtió en el vocero de los yihadistas libios. Este ‎personaje presentó como una dictadura la Yamahiriya Árabe Libia –que se inspiraba en las ideas ‎de los socialistas utópicos franceses–, apoyó los bombardeos aéreos de la OTAN contra Trípoli, la ‎capital libia, y la nominación de un jefe histórico de al-Qaeda, Abdelhakim Belhadj, como ‎gobernador militar de esa ciudad. Como colofón, contribuyó a lograr que este líder yihadista ‎‎(islamista) fuese recibido oficialmente en París, en la sede del ministerio francés de Exteriores. ‎

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El Colectivo Contra la Islamofobia en Francia, asociación vinculada a la ‎Hermandad Musulmana, se disolvió en 2020, justo antes de que el gobierno de Francia ‎decidiera prohibirlo. Importantes líderes de la izquierda francesa participaron en sus manifestaciones.

Teorización del islamo-izquierdismo

Si bien el islamo-izquierdo es en primer lugar una práctica de los servicios secretos de Occidente, ‎en 1994 se convirtió en una teoría política, gravitando alrededor del trotskista británico Chris ‎Harman. Militante del Socialist Workers Party (Partido Socialista de los Trabajadores), Chris Harman publicó en 1994 –en Socialism International– un artículo titulado «The prophet and the ‎proletariat» (“El profeta y el proletariado”), donde trata de demostrar que los musulmanes ‎no son fascistas ni progresistas sino el nuevo proletariado. ‎

Al igual que Chris Harman, los trotskistas de Ronald Reagan abrazaron todos la teoría de Ygael ‎Gluckstein (alias «Tony Cliff») sobre la «revolución permanente desviada», según la cual todos ‎los Estados llamados «comunistas» (China, Corea del Norte y Cuba) son en realidad ‎stalinianos. Esa manera de presentar las cosas permite a quien la adopta presentarse como ‎militante de la «revolución mundial» y condenar a la vez a quienes resisten ante ‎Estados Unidos. Los seguidores de esta corriente fueron excluidos de la Cuarta Internacional, ‎así que no se trata aquí de sugerir que todos los trotskistas sean seguidores de esa deriva. ‎

Todos estos elementos muestran que el islamo-izquierdismo no se explica tanto por una carrera ‎por los votos de los musulmanes que han migrado a Europa como por una inversión de valores ‎surgida desde la disolución de la Unión Soviética. La desaparición de los partidos comunistas dejó ‎el terreno libre a una izquierda atlantista, que ha escogido espontáneamente la dirección ‎ideológica de sus aliados estadounidenses, adhiriéndose a ella al extremo de participar en sus ‎maniobras más sucias, incluyendo la utilización del islam político. ‎

En este momento, la lógica de los servicios secretos, al igual que la lógica de las ideologías, se ve ‎subvertida por el despertar del puritanismo estadounidense. Este último encuentra en la ‎Hermandad Musulmana la misma búsqueda de la «Pureza» que anima los nuevos puritanos de ‎Estados Unidos. ‎

El 13 de junio de 2013, varios personajes que hoy son miembros de la administración Biden, ‎participaban en la reunión del Consejo de Seguridad Nacional junto a un invitado –el jeque ‎Abdallah ben Bayyah– allí presente como delegado oficial de la Hermandad Musulmana. ‎Eso demuestra que existe un peligro real de que el islamo-izquierdismo se incruste de forma ‎duradera en los partidos políticos, sobre todo porque Occidente sigue sin querer ver que todos ‎los jefes de al-Qaeda y del Emirato Islámico (Daesh) son o han sido miembros de la Hermandad ‎Musulmana. ‎

[1] Es igualmente muy importante no confundir los términos “islámico” e “islamista”. ‎El término “islámico” es el adjetivo que designa toda persona o cosa “perteneciente o relativa al ‎islam” –la religión que practican los musulmanes. El “islamismo” es una ideología que utiliza la ‎religión islámica en la búsqueda del poder. O sea, un “líder islámico” es un líder religioso mientras ‎que un “líder islamista” es alguien que invoca el islam (la religión) para justificar posiciones ‎ideológicas o políticas y obtener así el apoyo de las poblaciones musulmanas. Nota de Red Voltaire.

[2] «La Comisión Electoral egipcia cedió al chantaje de la Hermandad Musulmana», Red Voltaire, 20 de ‎junio de 2012.

[3] No se ha demostrado que Trotski fuese ‎agente de Londres, pero su secretaria sí era agente de los británicos. Aun sin ser un agente, ‎Leon Trotski descabezó la marina de guerra rusa haciendo asesinar a prácticamente toda la ‎oficialidad, para regocijo del Reino Unido.