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Neoconservadurismo, racismo

El neoconservadurismo es una corriente de ideas surgida en Estados Unidos al término de la Segunda Guerra Mundial. Se desarrolla en un medio de periodistas trotskistas, alrededor de la revista Commentary del American Jewish Committee. Estos partidarios del «tercer bando » (como alternativa entre el capitalismo y la burocracia soviética) rápidamente se convierten en aliados de la CIA para luchar contra el stalinismo.
Del trotskismo conservaron más la cultura que el ideal. Se ven a sí mismos como una vanguardia ilustrada. Militan por la globalización de la democracia de mercado (para ellos equivalente a la revolución mundial), denuncian sistemáticamente la política de la URSS y, posteriormente, la de Rusia. Lo más importante es que privilegian la construcción de sus medios de acción en relación con la realización de sus proyectos.
En los años 1960, los neoconservadores se transforman bajo la influencia de las enseñanzas que imparten Leo Strauss y Alan Bloom en la universidad de Chicago. Creen que es posible detener la decadencia moral de Occidente conjugando la Razón y la Fe, la Ciencia y la Biblia, Estados Unidos e Israel.
Además de haber concebido el oxímoron de la «democratización forzada», los neoconservadores son los autores de la asimilación del comunismo al nazismo, de la teopolítica (creencia según la cual la paz mundial depende del establecimiento de un Estado judío en Tierra Santa) y sobre todo del «choque de civilizaciones». Este último concepto, inventado por Bernard Lewis y Samuel Hontington, sirve de justificación intelectual a las aventuras coloniales en el mundo musulmán (Palestina, Afganistán, Irak). También se utiliza para motivar a los países y poblaciones recalcitrantes agitando el peligro arabo-musulmán, como antes se agitaba la amenaza bolchevique. Aunque la administración Obama la ha abandonado, esta noción sigue siendo la justificación primordial del apartheid sionista en Palestina.
Para terminar, los neoconservadores se identifican con los partidarios de la guerra y cambian de formación política con cada cambio de presidente. Demócratas con Carter, republicanos con Reagan y con Bush padre, nuevamente demócratas con Clinton, otra vez republicanos con Bush Jr. y de nuevo demócratas con Obama, los neoconservadores simplemente se ponen al servicio de cada presidente, siempre aconsejándole que imponga la «democracia» mediante el uso de la fuerza y que respalde a Israel.