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Imprevistos
¡Qué dolor dejar de jugar fútbol!
por Pacho Castillo
Bogotá (Colombia) | 21 de febrero de 2006
A mi amigo César
Abrí los ojos y desperté, estaba bocarriba mirando el cielo, la tarde estaba un poco oscura, una nube negra cubría casi toda la cancha, parecía que llovería. Observé un poco más alrededor. Estaban todos los del equipo, con miradas de dolor, lástima y comprensión. Por un instante no recordaba que era lo que había pasado, pero las voces atropelladas de los compañeros me fueron trayendo al presente: “¡Cuidado!”, “¡Busquen unos palos para hacer tablilla!”, “¡Pregunten por un doctor!”, “¡Traigan un carro para subirlo!”, “¡Ufh, pobre mán!”, “¡¿Quién vino con él?!”, “¡Tráiganle los documentos!”. Algunos me miraban a la cara, pero la mayoría a la pierna derecha, por eso dirigí mi mirada hacia allá. Estaba sin el guayo, la media roja del uniforme estaba rota, alguien la había cortado para podérmela quitar, el pie estaba volteado como nunca lo había visto: mirando hacia atrás. Trate de moverlo y no me obedecía. Por primera vez no podía manejar esa parte de mi cuerpo. El dolor era inmenso, me dolían hasta los (...)