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09. Adolfo Gilly: Huerta y su coñac de marca Wilson Ciudad de México (México) | 3 de marzo de 2013
Por las páginas del libro Cada quien morirá por su lado. Una historia militar de la Decena Trágica, Adolfo Gilly recrea la canallada golpista que del 9 al 18 de febrero de 1913 culminó con el asesinato de Francisco I. Madero y José María Pino Suárez. Sus ejecutores fueron Victoriano Huerta y sus matones, encabezados por Aureliano Blanquet, Francisco León de la Barra y Henry Lane Wilson, desde Washington DC, Estados Unidos, precedente de las intervenciones estadunidenses contemporáneas a través de la Agencia Antidrogas , la Oficina Federal de Investigación y la Agencia Central de Inteligencia (todas estadunidenses), para afirmar el expansionismo comercial que sabotea, en complicidad con los nuevos Huertas, nuestro desarrollo y crecimiento económico y sólo favorece a los “Luis García Pimentel, multimillonario jefe del Partido Católico [Nacional], [quien] dio más dinero para la [contra]revolución contra Madero”, y que hoy emulan los Azcárraga, los Salinas Pliego, los Slim, Larrea, (...)
 
 
 
1ro de enero de 2012
En una estupidez impolítica, la secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton, llamó a los delincuentes… ¡del narcotráfico!, una manifestación insurgente. Se retractó. Pero las neodelincuencias, como para comprar la comprensión-complicidad de quienes saben de su ubicación, actúan un poco a la Robin Hood, al Chucho El Roto, a Los Bandidos de Río Frío, a la de tantos que robaban a los ricos para dárselo a los pobres. Y como con los neopanistas tenemos más de 50 millones de pobres, pues los narcos a veces construyen carreteras, obras de drenaje y servicio, para quedar bien y logran no ser denunciados, pues la pobreza generada por el incumplimiento de las obligaciones de los gobernantes acepta sus limosnas. Y guarda silencio. Por eso es que no prosperan las millonarias recompensas caza-narcos. Esos delincuentes quisieran ser bandidos, rebeldes y hasta (...)
 
 
 
 
3 de junio de 2012
La Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas pagó en 2010 más de 69 millones de pesos a la farmacéutica Diagnolife, para vacunar a niños de albergues indígenas. A decenas de miles de menores de Chiapas y Oaxaca nunca llegaron las inoculaciones. Además, la empresa revendió con un sobreprecio de más de 6 millones de pesos las inmunizaciones que Birmex, empresa de participación estatal mayoritaria, ya tenía en sus bodegas. Los contratos fueron autorizados por funcionarios que usurparon cargos o no contaban con las atribuciones legales para ello. Aunado a esto, la mayoría de los albergues indígenas no son aptos para el desarrollo infantil o no están funcionando por negligencia de las autoridades, indica la Auditoría Superior de la Federación
 
 



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