Una casa rústica, semi acabada en el medio del cerro. Una sábana divide el consultorio de la sala de atención. Rara vez, quien llega necesita identificarse “¿Como está Sr. Antonio, su presión bajó?" dice la enfermera venezolana Carlota Núñez, de 53 años. Antonio pasa y poco a poco los moradores del barrio Las Terrazas de Oropeza Castillo, Municipio Sucre, en Caracas, se va moviendo en la improvisada sala de espera.

En el consultorio, uno de los once mil médicos cubanos que integran el programa de salud Barrio Adentro prestan atención básica a la población. Medir la presión arterial, calmar las crisis asmáticas, vacunar a los niños e inclusive atender partos, son algunas de las tareas del médico Carlos Cordeiro, que atiende una media de 25 personas al día.

“Hacemos medicina preventiva. La idea es que las personas aprendan a vivir mejor y no necesiten de los medicamentos”, explica. Cuando es necesario están a disposición de los habitantes más de 100 variedades de medicamentos traídos de Cuba, que son distribuidos gratuitamente.

El médico, de 31 años, que dejó a su familia en Cuba hace 11 meses, cuenta que el terreno dónde se construyó el consultorio fue donado por una vecina del barrio. “Tuvimos que terminar de construir la casa. Toda la comunidad ayudó. Un vecino trajo la mesa, otro hizo la camilla, otro donó las sillas, los bloques y el cemento. Estamos acostumbrados a trabajar con poco”, dice Cordeiro, que vive en una de las tres habitaciones de la casa. “Atiendo las 24 horas del día. Si alguien necesita atención, Carlota (la enfermera) me llama y vamos enseguida”

Esta es una de las fases del programa de saluda que nación de un acuerdo de cooperación entre Cuba y Venezuela, y que tuvo su inicio en el 2001. El país, cuarto mayor exportador de petróleo en el mundo, envía 53 mil barriles diarios a la isla. Además de la asistencia a los programas de alfabetización del gobierno presidido por Hugo Chávez, Cuba envía auxilio médico y medicinas a Venezuela.

Debido a la falta de tecnología y de infraestructura adecuada en los hospitales públicos, cerca de 17 mil venezolanos fueron a la isla de Cuba a cumplir tratamientos y someterse a cirugías oftalmológicas y de traumatología.

Privatización y salud

La exclusión y el elitismo también son enfermedades recurrentes desde hace décadas. Venezuela es un ejemplo del desmontaje del sistema de salud pública promovido por la avalancha neoliberal aplicada a la América Latina en la década de los 90. La aplicación de políticas privatizadoras y de descentralización aniquiló la posibilidad de mantener operativos los hospitales públicos, sustituidos por el rentable mercado de las clínicas privadas.

A la población pobre, de pocos recursos financieros, le quedaron sólo dos alternativas: el pago de las consultas médicas (que cuestan una media de 35.000. bolívares, U$ 18), o las colas de días en un hospital público, en espera de atención. La privatización llegó a tal extremo, que aún en los hospitales públicos, los pacientes fueron “acostumbrados” a pagar pequeñas cantidades para ser atendidos y a comprar por su cuenta los insumos utilizados por los médicos.

“Antes teníamos que salir de madrugada, arriesgando la vida. Estaba todo el día en la cola y muchas veces volvía a casa sin ser atendida” cuenta Paula Páez, de 77 años, que recibe diariamente la visita del médico para controlar su presión. “Aquí mucha gente moría por falta de atención. Si tenía la tensión alta, hasta bajar a buscar auxilio ya era tarde, la persona infartaba” comenta la señora.

Enfermedad de los ricos

El acceso al barrio no es fácil. Para llegar es preciso tomar los viejos jeeps de caja larga que circulan por las estrechas e íngrimas calles del cerro. En la noche las calles están desiertas y no hay ningún tipo de transporte.

En un escenario de exclusión, de precarias condiciones de vida y de difícil acceso, los médicos venezolanos “educados” en la lógica de la salud privada, no se atreven a subir a los cerros para atender a la población. El presidente de la Federación Médica Venezolana (FMV), Douglas León Natera explica: “El gobierno dice que no podrá garantizar nuestra seguridad. ¿Cómo nos vamos a meter en medio del cerro, donde hay todo tipo de marginales?" Para él no es posible ejercer su profesión en condiciones precarias. “No existe esa historia de que con un estetoscopio se pueden salvar vidas” afirma.

De acuerdo con los datos del ministerio de Sanidad, de abril del 2003 a julio de 2004 fueron salvadas 16.485 vidas, 808 partos realizados en un total de más de 43 millones de consultas del programa Barrio Adentro.

Uno de los argumentos de la FMV para justificar su oposición al programa del gobierno es que supuestamente deja de emplear a 11 mil médicos desempleados o sub-empleados, como los califica Natera, para emplear cubanos que según él ganan 750 dólares por mes para “difundir ideología”. Al principio del programa, la campaña de la oposición para expulsar a los médicos cubanos del país, entre otros argumentos, era que los cubanos venían a “inyectar comunismo” en las venas de la población.

En cuanto al pago de los médicos de Barrio Adentro, de acuerdo al ministerio de Sanidad, el gobierno cubano se encarga de pagar el salario de los profesionales, que se entrega a su familia en Cuba, y el gobierno venezolano corre con una remuneración mensual cercana a los 420.000 bolívares (U$ 210.-) para gastos de alimentación y transporte.

El argumento del presidente de la FMV para justificar la preferencia de los médicos venezolanos a mantenerse desempleados antes que incorporarse al programa de gobierno es simple: “No vamos a someternos a esas condiciones. El gobierno debe equipar los hospitales y los ambulatorios” afirma Natera.

La ausencia del estado en los hospitales públicos también es sentida por la población. A pesar de que la presencia de los médicos cubanos redujo en un 25% las consultas regulares, cuando los pacientes en estado grave son remitidos a los hospitales, tienen que enfrentar la precariedad. Faltan médicos y medicinas.

Gustavo Salas, director del programa Gestión Ciudad, que integra Barrio Adentro en Caracas, admite que muchos hospitales continúan abandonados. Según él, una de las dificultades del estado para actuar de manera más eficiente es la intensa disputa política del país. “En los estados dónde los Gobernadores y Alcaldes son de oposición, encontramos resistencia y sabotaje para reformar los hospitales”, afirma.

Mientras tanto, la reforma y el requipamiento de los hospitales no son las prioridades, hasta el momento en el actual programa de salud. La creación de pequeños consultorios en el seno de las periferias, y de las llamadas clínicas populares es la principal estrategia de Barrio Adentro. “Los hospitales están lejos de esas comunidades, por eso damos preferencia a la clínicas, que están el pie de los cerros” explica Salas.

Cambio de rumbo

El rechazo de gran parte de los médicos venezolanos al concepto de medicina preventiva que se pretende expandir en el país es justificable bajo la óptica neoliberal. Reeducar a la población para prevenir enfermedades, significa caminar a contramano de los intereses del mercado farmacéutico y de las clínicas privadas.

“Enfrentamos la resistencia de los médicos que controlan el mercado de la salud. Si conseguimos llegar a la excelencia en la atención, acabamos con su negocio” explica Diana Verdi, de la Coordinación de los Comités de Salud, que integra el grupo de 800 médicos venezolanos que se incorporaron al programa Barrio Adentro.

Las centenas de voluntarios que integran los Comités de Salud recorren los barrios para facilitar el trabajo de los médicos que durante la tarde dejan los consultorios y se dedican a visitas domiciliarias. “Necesitamos educar para la salud. Esto significa planificación familiar, buena alimentación y práctica de deportes. Es parte de una construcción colectiva”, dice Diana Verdi.

En el centro de los barrios periféricos, el programa de salud es más organizado y homogéneo. “Este es Barrio Adentro con maquillaje”, comenta Víctor Navas, uno de los voluntarios del barrio que sirve de guía a los curiosos visitantes que pretenden ver los hechos de la llamada “revolución bolivariana” en la periferia. Diferente al consultorio del cerro, semi-acabado y construido por la comunidad, este también en Sucre (municipio que tiene un millón de habitantes) tiene cara y colores oficiales. Fue construido y equipado por el gobierno.

En medio del patio cercado de cerros, un grupo de minusválidos hacían ejercicios, con pesas hechas de garrafas de plástico llenas de arena, liderados por el médico que coordina la actividad tres veces por semana. A pocos metros del grupo de nuevos “deportistas” una pequeña fila. Hombres, mujeres y niños esperaban el llamado del odontólogo. “Comenzamos el tratamiento hace dos meses, cuando llegó el dentista. Antes, no teníamos tratamiento dental, la consulta por ahí cuesta cara” comenta María Albaron, madre de dos hijos. Una visita a un dentista particular barato cuesta alrededor de 20.000 bolívares (10 dólares) .

Receta del Banco Mundial

Aunque los 11 mil médicos que se niegan a trabajar en los barrios resolvieran incorporarse al programa de salud, apenas la mitad del problema estaría resuelta. De acuerdo con el ex ministro de Educación Superior, Héctor Navarro, el déficit de médicos en todo el país es de 20.000 profesionales. Cerca del 70% de la población carece de atención básica. “Tenemos una crisis humanitaria en las manos”, dice Navarro, justificando la necesidad del auxilio médico ofrecido por Cuba.

Así como en otras áreas, el problema de la salud no puede ser ajeno a la estructura de desarrollo económico adoptada por el país. En los años 70, período de bonanza petrolera, pasó a prevalecer la lógica de la importación de bienes de consumo. Así se volvió “dispensable” el desarrollo industrial y tecnológico y por consecuencia innecesario avanzar en el nivel educativo de la población. “En esa época la orientación del Banco Mundial era que el país utilizase los recursos destinados a la Universidad para la formación técnica. Era lo máximo que se necesitaba” explica Navarro.

Con la falta de inversiones e incentivos a la formación superior, apenas una clase de privilegiados inglesaba a la Universidad. En ese período se formaron gran parte de los actuales médicos venezolanos.

Una de las alternativas propuestas por el ministerio de Educación Superior que ha generado más polémica en las universidades públicas, en las facultades de medicina, ha sido la adopción de un nuevo modelo de enseñanza para capacitar en menor tiempo nuevos profesionales de la salud. Héctor Navarro cree que en poco más de tres años es posible formar a un médico para la atención básica “de guerra” en el área de cirugía y primeros auxilios. “La situación real exige la presencia de médicos entrenados. Si alguien necesita atención de emergencia, y no tiene seis años de aprendizaje, va a optar por dejar que las personas mueran, como ya ha sucedido”, dice.

Los sectores que se oponen a la propuesta argumentan que es preciso ser celosos en la calidad de la enseñanza. “Este concepto de calidad está completamente divorciado de la realidad y en este caso es una hipocresía. Lo opuesto a la calidad es la justicia. Sin justicia no hay calidad”, afirma Navarro

Otra solución a mediano plazo son egresos de la Escuela Latinoamericana de Medicina, de la Habana, que tiene más de siete mil estudiantes de todo el continente. El primer grupo de 500 nuevos médicos vuelve al país al final de este año. “A medida que se formen nuevos médicos, vamos a ir sustituyendo a los cubanos. Sabemos que no podemos contar con esa ayuda toda la vida”, afirma el ex ministro.