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Tribunas y análisis - 2 de abril de 2006
Irak: la división es cosa de otros
Análisis
La invasión de Irak comenzó hace tres años. El triste aniversario fue la ocasión para que muchos comentaristas y responsables políticos volvieran sobre la situación en el país. Sin embargo, en la prensa occidental dominante, estos análisis retrospectivos permanecen asociados a lugares comunes o a aspectos que poco han evolucionado en tres años. Así, la preocupación es generalmente mayor por la suerte de las tropas norteamericanas en Irak o por el impacto de la guerra en la situación internacional y en los precios del petróleo que por la suerte de Irak. Se sigue contabilizando el número de muertos de las tropas estadounidenses y se reportan los secuestros de occidentales, pero se ignoran las muertes iraquíes. La violencia en Irak se percibe a través del prisma de la «guerra contra el terrorismo» y de una oposición terroristas/combatientes iraquíes y estadounidenses, y no como la violencia inherente a una situación de ocupación colonial. Finalmente, ha desaparecido totalmente el debate sobre la legitimidad y la legalidad de la guerra, echado al basurero de la memoria mediática con las «armas iraquíes de destrucción masiva» que fueron suplantadas por la «democratización» de Irak durante la reescritura de las causas de la guerra.
De este modo, los analistas mediáticos han retomado globalmente las justificaciones de la administración Bush y sus aliados. Es cierto que es raro que se alabe la acción e la Casa Blanca en Irak, pero se han adoptado los patrones de relectura desarrollados por ésta.
Este tercer año de conflicto ha dado lugar igualmente a justificaciones de los principales dirigentes políticos comprometidos con esta cuestión en Irak.
En el Washington Post el secretario norteamericano de Defensa, Donald Rumsfeld, legitima nuevamente y sin nuevos argumentos la acción de Estados Unidos en Irak y el mantenimiento de las tropas en este país. El texto fue publicado algunos días más tarde en The Age. Sin profundizar en ello, el autor menciona los vínculos entre Irak y Al Qaeda o la supuesta amenaza que constituía el país para la región (dos elementos propagandísticos ampliamente divulgados). Sin embargo, el punto central de la justificación a posteriori de la guerra es la democratización. Donald Rumsfeld, como el resto de la administración Bush, asegura que se han operado grandes avances en Irak y que las bombas de los terroristas son un último intento para hacer retroceder un proceso democrático cuyo desarrollo es tan prometedor como inevitable. Por el contrario, considera que los «terroristas» podrían lograr sus objetivos si los Estados Unidos retiraran sus tropas.
Algunos días después de la publicación de este texto, el primer ministro del gobierno colaboracionista, Ibrahim Al-Jafari, afirma en esos dos mismos diarios que su gobierno hace todo lo que está a su alcance para restaurar la seguridad y realiza cada vez mayores esfuerzos en ese sentido. Igualmente promete hacer todo lo posible para combatir el «terrorismo» integrando a las fuerzas políticas opuestas a la ocupación. El autor trata de minimizar las torturas cometidas por las fuerzas iraquíes y subraya su voluntad de reconstruir económicamente el país. En ninguna de estas acciones deja de mencionar la importancia de las tropas de ocupación, de ahí que el texto redactado por Ibrahim Al-Jafari sea una defensa a favor del mantenimiento de las tropas destinado a los occidentales.
Por su parte, el ministro británico de Relaciones Exteriores, Jack Straw, también justifica la invasión a Irak en una tribuna con gran divulgación internacional en las publicaciones más orientadas a la izquierda como The Observer, Libération, el Jordan Times y Ha’aretz. De modo más sutil, Straw hace de los iraquíes los principales héroes de Irak, desdibujando así la ocupación tras la imagen de una cooperación libremente consentida. Si bien elogia la acción de los ocupantes en Irak, no insiste en ello y alaba la voluntad de los iraquíes que «resisten» a los «terroristas», colocando en un segundo plano la acción de las fuerzas de ocupación. De esta forma, consolida las opiniones occidentales sobre que los iraquíes tienen objetivos compatibles con los de las fuerzas de ocupación.
Los analistas mediáticos que siguen los pasos de los responsables políticos para analizar la situación de Irak ven fundamentalmente los riesgos de fragmentación del país a partir de bases étnicas o religiosas.
En el Baltimore Sun, Joost Hiltermann, director para el Medio Oriente en el International Crisis Group de George Soros, considera que la política de Estados Unidos, por sus torpezas, ha creado las condiciones para la fragmentación, lo que no es deseable. Retomando las acusaciones tradicionales del multimillonario de las ONG que pone el financiamiento, acusa a la administración Bush de no haber preparado lo suficiente la acción política después de la invasión, lo que habría provocado la crisis actual.
En cuanto a Christopher Hitchens, ex periodista de izquierda estadounidense convertido al neoconservadurismo, acusa en el Wall Street Journal a Al Qaeda y a Abu Mussab Al Zarkaui de ser los responsables de la violencia sectaria. Se rebela contra los autores que, como Hiltermann, acusan a la mala gestión de la administración Bush de ser la responsable de la situación. Es de la opinión de que se corre el riesgo de una libanización de Irak que podría caer bajo la influencia de los señores de la guerra de los diversos clanes debido a la acción de los terroristas que alientan las divisiones sectarias. Se inclina más por una guerra de microfacciones que por una guerra entre amplios grupos etnorreligiosos. Afirma que sólo la presencia estadounidense impide una degradación de la situación y se une a Rumsfeld en su análisis. Notemos que el autor parece ser favorable a la unidad iraquí, lo que contrasta con la línea del Wall Street Journal que por lo general no vacila en mencionar francamente la división de Irak según los contornos de las antiguas provincias otomanas. El hecho de no referirse a la división de Irak en tres, sino a una fragmentación por clanes, es tal vez un medio de presentar más tarde la división en tres del país como un mal menor.
Si bien Hiltermann y Hitchens se enfrentan en cuanto a la gestión de la invasión por parte de la administración Bush, coinciden en el hecho de que los terroristas desean la fragmentación del país.
Sin embargo, no son los únicos. Así, el 20 de marzo, en el Jerusalem Post, el ex director general del Ministerio de Relaciones Exteriores israelí publicaba su enésima tribuna a favor de la división de Irak. Avineri dispone tradicionalmente de una amplia difusión mediática. Está lejos de encontrarse aislado. Influyentes demócratas como Leslie Gelb o Peter W. Galbraith, o neoconservadores como Richard Perle o Douglas Feith, son abiertamente favorables a la división de Irak, así como una gran parte del establishment israelí. Se trata de un objetivo de guerra no reivindicado de la invasión a Irak, pero la propaganda sobre el tema ha funcionado tan bien que incluso algunos opositores a la guerra se han dejado convencer.
De este modo, la periodista italiana y ex rehén Giulana Sgrena afirma en el Leipziger Volkszeitung ser favorable a la división de Irak. Primeramente se declara solidaria con las familias de los alemanes que se encuentran como rehenes en Irak y se muestra tranquilizadora sobre sus condiciones de detención teniendo en cuenta su propia experiencia. De forma más sorprendente, expresa que considera que Irak se encuentra hoy al borde de la guerra civil y de la implosión y que la única forma de salir de la crisis es la creación de tres Estados étnico-confesionales (uno kurdo, uno árabe sunita y otro árabe chiíta) tras la retirada de las tropas estadounidenses.
Si bien está claro el interés de la constitución de micro Estados en términos de facilidad de control por parte de un poder colonial, no está tanto qué aportaría esto a los iraquíes en términos de seguridad y pacificación. En cuanto a su población, Irak no está dividido en tres zonas homogéneas e impermeables. La división del país a partir de bases étnicas o sectarias sólo conduciría a desplazamientos de la población, incluso a limpiezas étnicas con frecuencia mortales. Además estos territorios serían económicamente muy heterogéneos; los kurdos en el Norte y los chiítas en el Sur se beneficiarían con el petróleo, mientras que los sunitas del Centro serían los parias. Una división económica de esta forma, ya existente en la práctica, es la que agrava la situación.
Sin embargo, una parte de los medios se aferra a la creencia de que la división de Irak podría ser una solución contra la violencia, siempre atribuida a Abu Mussab Al Zarkaui. Ahora bien, sobre el terreno, no todos comparten esta opinión. En una entrevista concedida a Le Monde el jeque chiíta iraquí Jawad Al-Khalessi afirmó estar convencido de que Zarkaui había muerto y que su nombre era utilizado por el ocupante para exacerbar las tensiones étnico-religiosas . Estas prácticas fueron confirmadas por el descubrimiento, en septiembre de 2005, de soldados británicos disfrazados de seguidores de Moqtada Sadr o más recientemente por el arresto de un mercenario estadounidense en posesión de bombas en la región de Tikrit (ver el despacho de Reuters). Estos elementos deberían causar perturbación en las redacciones occidentales, pero estas informaciones son raramente difundidas y no influyen en la visión de los analistas de la prensa occidental.
Algo muy distinto se observa en la prensa del Medio Oriente.
El Dr. Chandra Muzaffar, presidente del International Movement for a Just World, lanza un llamado en el Tehran Times tendiente a la reconciliación entre chiítas y sunitas. Asegura que las diferencias entre las comunidades chiítas y sunitas existen, pero son menores y no tienen una tendencia natural a agravarse. Recuerda que en el pasado las diferencias doctrinales fueron explotadas por Sadam Husein y luego por el ocupante. Sin acusar formalmente a las fuerzas de ocupación de estar detrás del atentado contra la mezquita de Samarra, recomienda a los sunitas y a los chiítas que se unan para pedir el fin de la ocupación.
En Azzaman (periódico en lengua árabe editado en Londres), el periodista iraquí Saad Abbas considera que la problemática de la división de Irak es un debate importado desde el exterior. El autor trata de salir del falso debate entre unidad o división de Irak y pregunta: ¿De qué forma un Irak dividido servirá mejor a los iraquíes o hará su vida más segura? El periodista recuerda que no es la división o la unidad lo que está en juego, sino la construcción de un Estado de derecho y el respeto a los derechos de los iraquíes.
El periodista especializado en cuestiones petroleras, Oussama Abdelrahmen, considera en Arabrenewal que la división de Irak es la expresión de la voluntad de Estados Unidos, no una reivindicación iraquí. La constitución que ratifica el concepto de federación y que podría desembocar en una división del país no es la expresión de una voluntad popular, sino de un proceso democrático trunco que legitima únicamente las decisiones del ocupante.
Estos análisis, corrientes en el mundo árabe y persa, raramente aparecen en la prensa occidental.
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2 de abril de 2006
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París (Francia)
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Países
Irak
Estados Unidos
Temas
Control del «Gran Medio Oriente»
Invasión de Irak
Autores y fuentes de las Tribuna y análisis
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«Qué hemos obtenido en tres años en Irak»
Autor
Donald Rumsfeld

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Miembro de las administraciones Nixon, Ford y Reagan, Donald Rumsfeld es el artífice de la grandeza militar de Estados Unidos. Es secretario de Defensa del gobierno de George W. Bush.
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Fuentes
Washington Post (Estados Unidos), The Age (Australia)
Referencia «What We’ve Gained In 3 Years in Iraq», por Donald Rumsfeld, Washington Post, 18 de marzo de 2006.
«Why we cannot retreat from Iraq», The Age, 20 de marzo de 2006.
Resumen Muchos afirman que la situación en Irak no deja de empeorar, y retoman el análisis sobre Zarkaui y sobre quienes están vinculados a él. En realidad los terroristas pierden terreno en Irak. La historia no la hacen las primeras planas de los periódicos que dan prioridad a los grandes ataques.
En tres años libramos a Irak de una brutal dictadura, organizamos elecciones, se eligió un gobierno democrático y se aprobó una constitución a pesar de las amenazas terroristas. El año pasado pudimos ver un gran aumento de la participación sunita en el proceso político. Desde entonces los jeques sunitas estimulan a la población para que se incorpore al ejército iraquí. Por su parte, los terroristas quieren desarrollar las tensiones sectarias para desarrollar una guerra civil, pero los dirigentes comunitarios iraquíes quieren conservar la unidad de su país. Al mismo tiempo, el ejército iraquí no deja de desarrollarse.
Las acciones terroristas retrasan nuestra acción, pero avanzamos. Hoy, como hace tres años, las razones de la guerra siguen siendo justas. Construimos un Irak libre y estable que ya no trabaja con los terroristas, no amenaza a sus vecinos, no recompensa a las familias de los kamikazes y no trata de matar americanos. Si abandonamos Irak ahora, los terroristas y sadamistas aprovecharán para hacerse del poder.

«Mi visión de Irak»
Autor
Ibrahim Al-Jaafari

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Ex opositor de Sadam Husein refugiado en Irán, Ibrahim Al-Jaafari es el candidato al cargo de primer ministro de la coalición chiíta que ganó las elecciones en Irak. Es presidente del Partido Dawa.
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Fuentes
Washington Post (Estados Unidos), The Age (Australia)
Referencia «My Vision For Iraq», por Ibrahim Al-Jafari, Washington Post, 20 de marzo de 2006.
«Tough road ahead, but we Iraqis have what it takes», The Age, 22 de marzo de 2006.
Resumen Las elecciones de diciembre último en Irak fueron un momento histórico para mi país y una prueba del coraje de mi pueblo. Por consiguiente es un gran honor par mí ser el primer ministro democráticamente electo.
El primer desafío de mi gobierno será atacar el terrorismo. Tenemos éxitos militares, pero el terrorismo no puede ser vencido únicamente por estos métodos. Debemos integrar a todas las comunidades iraquíes. Fue con esta óptica que integré a los seguidores de Moqtada Sadr al proceso político y desde entonces sus fuerzas no han vuelto a atacar a las tropas de la Coalición. Lamentablemente hemos sufrido desengaños. El descubrimiento de torturas en las prisiones del Ministerio del Interior nos ha perjudicado, incluso si desde que lo supe ordenamos una investigación. Tenemos que desarrollar la formación de nuestras tropas, integrar a todas las milicias y al ejército, y desarrollar el sistema judicial.
Asimismo debemos reconstruir la economía y pienso que podemos lograrlo con la ayuda de las fuerzas de ocupación.

«Por eso serán las urnas y no las armas las que triunfarán en Irak»
Autor
Jack Straw

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Jack Straw es el ministro laborista de Relaciones Exteriores del Reino Unido. Fue bajo su autorización que el dictador chileno Pinochet detenido en Londres pudo salir de Inglaterra sin tener que rendir cuentas a la justicia.
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Fuentes
Ha’aretz(Israel), Jordan Times (Jordania), Libération (Francia), The Observer (Reino Unido)
Referencia «Why the ballot, not the bullet, will triumph in Iraq», por Jack Straw, The Observer, 12 de marzo de 2006.
«Irak, les urnes pas les armes», Libération, 16 de marzo de 2006.
«Three years on, ’optimistic’ on Iraq», Jordan Times, 21 de marzo de 2006.
«Progress toward democracy», Ha’aretz, 22 de marzo de 2006.
Resumen Nunca dudé de que nuestra acción en Irak sería difícil y no lo oculté durante el debate parlamentario hace tres años ante la Cámara de los Comunes. Aún hoy veo las dificultades, pero pienso que los que fomentan la guerra civil no lograrán nada.
Vuelvo de Bagdad donde sostuve un encuentro con un dirigente sunita, antes hostil al proceso político, pero que ha cambiado de opinión. Me sentí optimista después de esta entrevista, pero los ataques a Samarra lo cambiaron todo. Los terroristas no la emprendieron contra los «ocupantes» ni contra los «colaboradores», tampoco contra los demás «sionistas e infieles», sino contra el Islam. Sin embargo pienso que Irak saldrá de esta situación, pues el atentado muestra en realidad la impotencia de los terroristas. Cada vez que se ha producido un avance democrático los terroristas han respondido con la violencia y, frecuentemente para mi sorpresa, ha prevalecido la voluntad del pueblo. En noviembre de 2004 pensé que no era posible organizar las elecciones, pero me equivoqué. Las elecciones de enero, seguidas por la aprobación de una Constitución en agosto, un referendo en octubre y nuevas elecciones en diciembre confirmaron que el pueblo iraquí aspira a la democracia. Un buen número de los que esquivaban el proceso en Irak al principio se unen hoy al mismo. Todas las comunidades de Irak comprenden hoy que tendrán más libertades y control de su vida que bajo el reino de Sadam Husein. Las elecciones de diciembre no dieron la mayoría absoluta a ningún partido o bloque político, y la mayor parte de los diputados convienen en que ningún grupo debe hacerse del poder, pero que las responsabilidades del ejecutivo deben ser compartidas. Irak nace a la vida política, una vida política dura, pero vida política así y todo.
También se ha avanzado en el campo de la seguridad. Las fuerzas políticas iraquíes son cada vez más activas. El traspaso de poder de las fuerzas extranjeras a los iraquíes se hará el día que lo desee el gobierno iraquí. Hasta entonces, las fuerzas extranjeras tienen un papel fundamental y regularmente me sorprende su coraje.
La gran mayoría de los iraquíes está decidida a no permitir que los terroristas se interpongan en su camino. Los líderes saben que hay que cambiar la mentalidad. Deben aprovechar la ocasión que se les presenta para formar un verdadero gobierno de unidad nacional. La destrucción del santuario de Samarra mostró que los terroristas sólo conocen la violencia y la profanación. Estoy convencido de que el pueblo iraquí los hará fracasar.

«Impedir la desintegración de Irak»
Autor
Joost Hiltermann
Fuente
Baltimore Sun (Estados Unidos)
Referencia «Preventing Iraq’s disintegration», por Joost Hiltermann, Baltimore Sun, 5 de marzo de 2006.
Resumen Cerca de tres años después del derrocamiento de Sadam Husein, Irak se encuentra al borde de la guerra civil y la desintegración. Las fuerzas sectarias que impulsan este proceso han sido ayudadas para el debilitamiento de las barreras institucionales vitales que detenían la venganza violenta, pero también por una transición política sin fundamento impuesta apresuradamente por los Estados Unidos y que estimula la polarización más que la reconciliación.
El ataque a la mezquita de Samara ilustra dos problemas fundamentales en el Irak actual: la desaparición radical de las instancias del derecho y mantenimiento del orden legal, ocurrida casi al minuto siguiente en que las fuerzas estadounidenses derrocaban a Sadam Husein en abril de 2003. Esto deja el campo libre a un pequeño grupo de extremistas antichiítas que, al tener a los civiles como objetivo, ha creado un impacto mucho más allá de su dimensión real. El sentimiento de abandono que experimenta la comunidad sunita permite a este grupo que la misma le sirva para ocultarse.
Los extremistas pueden mover mucho más fácilmente las cuerdas del odio sectario, pues después del final de la guerra el proceso político en Irak profundizó las divisiones entre los árabes sunitas por una parte, que formaban la mayoría de los cuadros del régimen anterior, y temen ahora ser discriminados, y por otra los árabes chiítas que forman la mayoría de la población y ahora muestran su júbilo por haber podido al fin, tras décadas de opresión, tomar las riendas del poder.
Estados Unidos, que tanto ha invertido en la reconstrucción del país, también ha hecho mucho para acelerar la desintegración. Al imponer una apresurada transición política en una sociedad que tiene aún vivas las heridas después de 30 años de brutalidad extrema y ausencia de proceso político, también estimuló el surgimiento de facciones motivadas únicamente por agendas sectarias y étnicas.
Hay cuatro cosas que deben estimularse para evitar lo peor:
 Los jefes políticos y religiosos iraquíes deben exhortar sin descanso a sus partidarios a no responder mediante la violencia a los ataques que seguirán reproduciéndose.
 Los responsables iraquíes deben formar un gobierno de unidad nacional que verdaderamente represente las diferentes componentes del país y que permita poner en marcha el difícil proceso de cura y construcción nacional.
 Una vez constituido este gobierno, éste deberá revisar la constitución, modificar los artículos que son fuente de división y redactar un texto de unión nacional, como debió haber sido desde el principio. Esto significa evitar el desmembramiento del país mediante el establecimiento de un federalismo administrativo sobre la base de las provincias existentes (con excepción de la región kurda) y de la creación de un sistema equitativo, centralizado e independiente de distribución de los ingresos, presentes y futuros, provenientes del petróleo y el gas.
 Estados Unidos debe continuar brindando su apoyo a la constitución de nuevas fuentes de seguridad iraquíes velando porque éstas no sean sectarias y sí fuente de unidad nacional.
Si estas acciones no son emprendidas rápidamente, el riesgo de guerra civil y desintegración del país es inminente. La comunidad internacional no puede permitir un Estado mal constituido en la región del Golfo. Debe hacer todo lo que esté a su alcance para ayudar a los responsables políticos iraquíes a levantar el país sobre la base de la reconciliación y la unidad.

«El rostro de piedra de Zarkaui»
Autor
Christopher Hitchens

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Christopher Hitchens es editorialista de Vanity Fair y autor de ensayos políticos. Muy de izquierda hasta hace poco, rompió con The Nation, donde era el periodista estrella, para pasarse al campo de Bush y aclamar la guerra de Irak. Su último libro es Why Orwell Matters.
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Fuente
Wall Street Journal (Estados Unidos)
Referencia «The Stone Face of Zarqawi», por Christopher Hitchens, Wall Street Journal, 21 de marzo de 2006.
Resumen En febrero de 2004, las fuerzas kurdas interceptaron en Irak un mensaje de Zarkaui a Bin Laden. Esta carta contenía un análisis incompleto de las razones de la invasión («construir un gran Israel del Nilo al Éufrates») y un ingenioso plan para crear tensiones entre chiítas y sunitas a fin de crear una guerra sectaria. Esta carta fue conocida y comentada, aunque hoy ello no impida a algunos acusar a la administración Bush de ser la responsable del desencadenamiento de una guerra civil.
Numerosos dirigentes sunitas y chiítas trabajan por la unidad de Irak y quieren impedir que Zarkaui logre sus objetivos. Sin embargo, la acción de Zarkaui podría provocar una guerra hobbesiana, una guerra de todos contra todos como en el Líbano, donde cada clan tenía su milicia. En el Líbano, Estados Unidos cometió el error de apoyar a los maronitas; en Irak, deben apoyar la unidad del país. La presencia estadounidense es lo único que impide una degradación de la situación. Por lo tanto debemos proseguir nuestra acción.

«La división del país es la única forma de evitar una guerra civil»
Autor
Giuliana Sgrena

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Periodista Italiana del diario Il Manifesto. Ex rehén en Irak.
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Fuente
Leipziger Volkszeitung (Alemania)
Referencia «Ex-Geisel Sgrena macht Angehörigen von deutschen Irak-Geiseln Mut», por Giulana Sgrena, Leipziger Volkszeitung, 21 de marzo de 2006.
Resumen Quisiera transmitir un poco de optimismo a la familia y colegas de los dos rehenes de Leipzig secuestrados en Irak. Si el objetivo de los secuestradores hubiera sido matarlos, lo habrían hecho enseguida. El hecho de que su cautiverio dure desde hace dos meses indica que los secuestradores están interesados en una solución negociada. El año pasado, durante mis cuatro semanas de cautiverio, fui tratada humanamente por mis secuestradores.
En cuanto al futuro de Irak, mi optimismo es mucho más limitado. Desde el inicio de la guerra nada ha mejorado y, por el contrario, muchas cosas han empeorado. La situación material de la población se ha vuelto tan mala que, para muchos, los secuestros contra dinero se han convertido en una fuente de ingresos. La única forma hoy de evitar una guerra civil es la división de Irak en tres zonas: kurda, sunita y chiíta, pero la condición para ello es que las tropas extranjeras abandonen en país.

«Poner fin a la violencia sectaria en Irak»
Autor
Chandra Muzaffar
Fuente
Tehran Times (Irán)
Referencia «End sectarian violence in Iraq», por Chandra Muzaffar, Tehran Times, 14 de marzo de 2006.
Resumen El Movimiento Internacional por un Mundo Justo se une a los gobiernos y organizaciones de la sociedad civil para reclamar el fin de la violencia sectaria que ha estallado desde el atentado a la mezquita de Samarra el 22 de febrero de 2006. El gobierno de transición iraquí y las fuerzas de ocupación tienen la responsabilidad de garantizar que la ley y el orden sean restaurados sin mayor dilación a lo que deberían cooperar las milicias sunitas y chiítas. Si la ley y el orden son restablecidos, el restablecimiento de la confianza entre los sunitas y chiítas no debería ser difícil. Después de todo, existen muchos puntos de unión entre estas dos comunidades y la valiente periodista de Al-Arabiyya Atwar Bahjat, asesinada cuando trabajaba en las consecuencias del atentado, era el fruto de tal unión.
Hay diferencias doctrinales entre sunitas y chiítas, pero hoy son superexplotadas. Estas diferencias ya habían sido manipuladas por Sadam Husein y luego lo fueron por L. Paul Bremer. Los chiítas y los sunitas no deben dejar que el ocupante o sus élites exploten sus diferencias. Deben reunirse y pedir el fin de la ocupación de Irak.

«Negociar el proyecto de división de Irak»
Autor
Saad Abbas

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Saad Abbas es escritor y periodista iraquí. Es corresponsal de varios periódicos árabes como Sotaliraq y Azzaman. Fue conductor de radio y televisión en Irak hasta 1990.
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Fuente
Azzaman (Reino Unido)
Referencia «تسويق مشروع تقسيم العراق», por Saad Abbas, Azzaman , 3 de marzo de 2006.
Resumen Espero equivocarme, pero veo muchas señales que indican la división de Irak. Se trata de hacer ver esta división como reivindicación popular. Así, los que se beneficiarán con la misma o los que la están reclamando no escatimarán esfuerzos para legitimar su maniobra.
En medio de un desorden local total y teniendo en cuenta la multitud de crisis regionales como la del expediente nuclear iraní o de las relaciones líbano-sirias, o incluso la de la victoria de Hamas, la transformación de la crisis iraquí en una calamidad social representa una fase crucial. Sobre todo porque algunos difunden la idea de que como la unidad del país no garantiza la seguridad de los ciudadanos, la división es la única alternativa.
La lealtad, o más bien las lealtades, a diferentes comunidades étnicas y religiosas han sustituido a la que debíamos a nuestra nación: Irak. De todas formas, no imaginemos que la lucha ciega por el poder terminará con la división del país, pues los que reivindican hoy la división buscarán mañana otro pretexto para responder a otras luchas por el poder, más encarnizadas en cada una de las partes divididas. El problema no se resume al hecho de estar a favor o contra la división dado que es un problema fabricado cuyo objetivo es legitimar lo que es ilegítimo, sacralizar lo que no lo es en su origen.
La verdadera problemática es: ¿estamos a favor o en contra del principio de la ciudadanía? Esta es la única alternativa liberal que debe reunirnos en sustitución del proyecto de división.
Es cierto que hay una gran diferencia entre el que clama por un «Estado de ciudadanía» en el que la ciudadanía sólo se basa en el derecho y el que aspira a un Estado comunitario, que se sirve del ser humano para alcanzar sus intereses.
Se trata de una lucha por el poder y eso es evidente, no así el hecho de que tenemos dos opciones y una es peor que la otra. Tenemos que escoger entre una vida no segura en la que reinan el desorden y la inestabilidad, pero en un país unido, u optar por una vida estable en un país dividido.
Es una verdad fabricada ya que no disponemos de garantías de que la vida será mejor en un país dividido, a parte de tener en la mano una mejor alternativa: la de un Estado de derecho.

«Irak entre la división y la pérdida de la identidad árabe»
Autor
Oussama Abdelrahmen
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Oussama Abdelrahmen es escritor y periodista del Arabrenewal. Es igualmente uno de los miembros del «Círculo de Desarrollo» en los Emiratos Árabes Unidos, donde es especialista en asuntos petroleros.
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Fuente
Arabrenewal (Arabia Saudita)
Referencia «العراق بين التقسيم وضياع الهوية العربية », por Oussama Abdelrahmen, Arabrenewal, 23 de febrero de 2006.
Resumen Es cierto que varios países árabes se encuentran en la lista de los países que deben ser divididos, establecida por el Estado sionista y Estados Unidos. Irak seguramente forma parte de la misma y le ha llegado su turno. En realidad la división del país del Tigris y el Éufrates había comenzado antes de la invasión estadounidense, mediante la instauración de un poder kurdo en el Norte del país. Esta medida parecía legítima entonces si nos basamos en el derecho de las grandes minorías a la autonomía, en lugar de la separación.
En Turquía, los kurdos, cuyo número es mayor que en Irak, merecen tal privilegio, pero la Casa Blanca los ha ignorado tratándolos como terroristas. Es una paradoja que confirma que no se trata de dar la autonomía a quienes la merecen. Se trata más bien de implementar la visión y la voluntad de los neoconservadores cuyo objetivo es enterrar la identidad árabe en Irak. Sin lugar a dudas, el
Estado hebreo apoya tal política basada en el principio de dividir para reinar.
El Sur, como el Norte de Irak, sufrió muchos bombardeos aéreos antes de la invasión, y así comenzó la división del país. Ello permitió a los chiítas, en el Sur, multiplicar sus llamados a favor de la instauración de una federación, lo que fue un artículo principal en la constitución iraquí que refleja la política estadounidense. Esto parecía ser un asunto de la democracia, que debe permitir que las mayorías decidan su suerte. Por lo tanto los chiítas tenían razón al reivindicar las mismas ventajas que los kurdos.
Lo paradójico es que los chiítas, concentrados en el Sur, sufren una presión estadounidense justificada por el temor de la Casa Blanca a que establezcan lazos con Irán. En cuanto a los kurdos, en el Norte, están bajo el control del gobierno de Ankara que no deja de truncar sus aspiraciones.
La descentralización es reclamada en un marco democrático estable y no en el de la democracia del ocupante. Asimismo, cierta independencia administrativa de cada una de las regiones sería ordenada. El peligro consiste en la fragilidad de la situación interna que abre las puertas a toda clase de posibilidades, lo que representa la quintaesencia de la crisis iraquí actualmente.
Más inquietante aún es el mutismo árabe sobre lo que ocurre en Irak. Cualquiera que sea la decisión estadounidense en cuanto a la suerte del país del Tigris y el Éufrates, los regímenes árabes no intervienen, como si Irak no formara parte de su nación.

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