Hace unos días, el Presidente Uribe, con inocultable gesto de consternación, expresaba, ante los gremios del sector agropecuario, que no podía entender por qué el gobierno de los Estados Unidos no había depositado en el Congreso el texto del Tratado. Y no era para menos. Este paso es fundamental para que comiencen a correr los noventa días previstos por las disposiciones norteamericanas para que se pueda firmar e ingrese formalmente en la cola de proyectos de Ley que han de ser debatidos por los Congresistas. Quiere decir que ya ha pasado un mes adicional y no arranca el proceso. Si bien les va –supongamos que se deposita a fines de agosto- estaría firmado al terminar noviembre. Aún así, nada garantiza que inmediatamente se pongan a discutirlo; no olvidemos que el nuevo Congreso (las elecciones son en noviembre) se posesiona en enero. El problema para nuestro flamante reyezuelo consiste en que el 31 de diciembre expiran las preferencias arancelarias contempladas en el APTDEA. Y ya el gobierno gringo ha expresado en todos los tonos, y a pesar de las súplicas de Uribe, que no habría prórroga. Los empresarios de la floricultura no han dejado de presionar; se sienten perjudicados por la posible reducción de ganancias que representaría volver a los aranceles gringos de antes de las preferencias.

Las vivezas del mico

Como se recordará, el capítulo final del sainete de las negociaciones fue tan divertido como vergonzoso. Habían cerrado formalmente el 26 de febrero y de pronto surgió un escollo. Al examinar los textos resultó que todavía quedaban algunos aspectos por definir. ¡A los negociadores gringos no se les pasa ni una! Debían quedar en claro todas las concesiones y la ocasión daba para exigir otras. Como siempre el gobierno colombiano pataleó, invocó diez mil veces “la patria”, para que los escucháramos, y terminó entregándolo todo. Pero quedaba algo por definir referido a asuntos sanitarios en relación con la carne de res. No podía dejarse pasar más tiempo, había urgencia y ya Perú había dado ejemplo, mal ejemplo. Entonces, nuestro Gobierno recurrió a la tradicional astucia santanderista: declaremos que el tema no hace parte del Tratado, cerramos ahora sí la negociación, y dejamos este tema “científico” para definirlo después. El propósito era facilitar el trámite en los Estados Unidos (téngase en cuenta la angustia que explicábamos antes). Sin embargo, al parecer, en los Estados Unidos ni siquiera conocen a Santander y son poco aficionados a las leguleyadas tan propias de nuestros políticos. Esa es probablemente la razón de la “inexplicable” demora. El famoso tema es sencillo aunque de no pocas y graves consecuencias para el país, especialmente para la salud pública: Resulta que aquí se dice que tenemos grandes oportunidades para exportar carne de res a los Estados Unidos, cuando la realidad es que son ellos quienes aspiran a conquistar nuestro mercado. Pues bien, los gringos decían entender que en el texto estaba claro que no íbamos a poner ninguna limitación y los colombianos que se suponía que estaban prohibidas –como en todos los países- las importaciones de carne de reses de más de treinta meses –La razón de la prohibición está en que éstas son más vulnerables a patologías como la famosa de las “vacas locas”–. La concesión que debemos hacer consiste en que no puede consagrarse ninguna limitación en el Tratado. Y en eso están, según parece.

El problema de fondo se encuentra en el control sanitario en el cual, por cierto, son particularmente exigentes los norteamericanos. No así nuestros negociadores. Ya en el texto del Tratado, en una carta adicional de compromiso, nuestro gobierno acepta que a Colombia le basta (para todos los productos importados) la certificación de la oficina sanitaria de los Estados Unidos y renuncia a cualquier control. Inclusive, en varias entrevistas los ministros de agricultura y de comercio han dicho que nosotros no tenemos ninguna capacidad científica que se pueda comparar con la de ellos; que el INVIMA y el ICA son entidades ineficientes y corruptas ¡Qué horror! He ahí el fondo del problema. En el caso de la carne, obviamente la única protección que restaría es la limitación por edad de las reses. Sin embargo, se dejaron llevar a la discusión “científica”, que en realidad es política. Los gringos, utilizando un argumento que también suelen utilizar nuestros tecnócratas neoliberales, dicen que no hay ninguna evidencia empírica que demuestre que las reses viejas son más vulnerables. Y nuestro desleído ministro de agricultura, olvidando que lo que aquí emplean todos los países con alguna dignidad es el principio de precaución, está esperando que se defina la discusión científica. Fácil es saber quién ganará.

Una oportunidad no oportunista

De todas maneras, según parece, para los norteamericanos lo mejor es que las cosas queden claras de una vez. Sus exportadores de carne, además, están pendientes del tratado con Corea del Sur y no van a aceptar un mal precedente. Esa puede ser entonces una razón para la demora. Pero también es cierto que a ellos les interesa un Tratado con la mayoría de los países andinos. El actual dice Perú y Colombia, pero no sería malo que incluyera también Ecuador y a éste se le puede dar tiempo a la espera de que la controversia con la OXY se defina a su favor y a que un nuevo Gobierno sea más “sensato”. Al fin y al cabo no tienen afán. El APTDEA es, de todas maneras, una buena arma de chantaje. Para Bush se trata de asegurar fácilmente las mayorías en el Congreso; la situación no le da para ponerse en arduas negociaciones.

Esto quiere decir que contamos con seis meses, por lo menos, para intensificar la presión. Claro está que Uribe podría hacer como Toledo y precipitar su aprobación por el Congreso, aún antes de que los Estados Unidos se definan, pero sería una mala manera de empezar un debate. Todo se puede esperar de la arrogancia del Mesías, pero también es cierto que, por lo pronto, hay otros proyectos de Ley, vinculados incluso con el TLC, que se consideran urgentes. De todas maneras, la presión que vamos a hacer desembocaría en nuestro Congreso, a menos que logremos empantanar el Tratado en los EE.UU.

El problema consiste más bien en que, durante este tiempo, el tema del Tratado puede bajar de perfil, ya que en Colombia tenemos muchos temas en la agenda de los movimientos sociales, y la llamada opinión pública tiende a olvidarlo. De ahí la importancia de no bajar la guardia. Fue por eso que RECALCA –la red que agrupa la mayoría de las organizaciones sociales en contra del Tratado- el pasado 10 de agosto hizo la presentación de su libro “De la indignidad a la indignación: la verdad de las negociaciones del TLC”, como un acontecimiento político que significara un relanzamiento de la lucha. En el evento, el candidato y hoy presidente del PDA, Carlos Gaviria, destacó la importancia de esta resistencia, recordando que la soberanía es a los Estados, lo que la dignidad es a los seres humanos. Un mensaje anticipado para el Congreso de la República. Es la verdadera oposición política, lejos de acomodos oportunistas, lo que comienza a ponerse en marcha.