Red Voltaire
Los ejércitos secretos de la OTAN (XV)

La guerra secreta en Alemania

Si bien la existencia del Gladio alemán durante la etapa anterior a la incorporación de Alemania a la OTAN está perfectamente documentada gracias al trabajo de August Zinn, el entonces primer ministro del Estado de Hesse, la acción de esa red a partir de 1955 ha sido objeto de grandes mentiras de Estado. A pesar del descubrimiento de escondites de armas por aquí y por allá, la policía federal nunca investigó seriamente la cuestión y el gobierno federal siempre protegió su secreto.

| Basilea (Suiza)
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Klaus Barbie (1913-1991). Después de desempeñar un importante papel en el asalto contra el gueto de Ámsterdam, Klaus Barbie es nombrado jefe de la Gestapo en la ciudad francesa de Lyon, donde logra capturar, torturar y asesinar al legendario jefe de la Resistencia francesa, Jean Moulin. Al terminar la guerra, Barbie es buscado por las Naciones Unidas, pero la CIA lo recluta en secreto para crear el Gladio alemán. Al ser acusado en Alemania, Barbie es enviado a Bolivia, en 1951. Allí se convierte rápidamente en jefe de los servicios de inteligencia y hombre fuerte del país, donde captura y asesina al Che Guevara. Sin embargo, después de un cambio de régimen, es arrestado y expulsado hacia Francia, donde será finalmente juzgado y condenado a cadena perpetua. Muere de cáncer en la cárcel.

Este artículo es parte de la serie:

  1. «Cuando el juez Felice Casson reveló la existencia del Gladio…»
  2. «Cuando se descubrió el Gladio en los Estados europeos…»
  3. «Gladio: Por qué la OTAN, la CIA y el MI6 siguen negando»
  4. «Las cloacas de Su Majestad»
  5. «La guerra secreta, principal actividad de la política exterior de Washington»
  6. «La guerra secreta en Italia»
  7. «La guerra secreta en Francia»
  8. «La guerra secreta en España»
  9. «La guerra secreta en Portugal»
  10. «La guerra secreta en Bélgica»
  11. «La guerra secreta en los Países Bajos»
  12. «La guerra secreta en Luxemburgo»
  13. «La guerra secreta en Dinamarca»
  14. «La guerra secreta en Noruega»

El 27 de febrero de 1933, hacia las 21 horas, estalla un incendio en el Reichstag –el Parlamento alemán– en Berlín. Aunque los bomberos logran salvar parte del edificio, el Parlamento y la democracia alemana no sobreviven al atentado. Adolf Hitler, del Partido Nacional Socialista (Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei, NSDAP, nombre comúnmente abreviado como «nazi»), nombrado canciller apenas un mes antes del incendio, acusa de inmediato al Partido Comunista Alemán (Kommunistische Partei Deutschlands, KPD). Al día siguiente, junto al ministro del Interior Wilhelm Frick y el ministro a cargo de las fuerzas de policía Hermann Goering, miembros ambos del NSDAP, el canciller Hitler ordena sin dilación el arresto de unos 4 000 opositores políticos y periodistas que criticaban su régimen, muchos de ellos miembros del Partido Comunista y del SPD, Partido Socialdemócrata.

Un mes después del misterioso incendio, de la marginación de los comunistas y del arresto de gran número de socialistas, el Parlamento alemán adoptó por mayoría, y a pesar de las protestas de los pocos socialistas que quedaban, una nueva ley de crucial importancia (Gesetz zur Behebung der Not von Volk und Reich) que de hecho abolía el Parlamento y transfería todos los poderes al ejecutivo encabezado por Hitler. Aquel mismo mes se crearon en Alemania los primeros campos de concentración, a los que fueron enviado, en abril de 1933, más de 25 000 opositores políticos arrestados por las fuerzas especiales de Hitler –las Schutzstaffel o SS– y por la policía secreta del régimen, la Gestapo. Marinus van der Lubbe, un comunista que había sido arrestado en el lugar de los hechos durante la noche del incendio del Reichstag, fue juzgado, condenado a muerte y ejecutado. Ya antes del inicio mismo del juicio contra van der Lubbe, una investigación de los británicos había llegado a la conclusión de que los militantes del NSDAP habían provocado ellos mismos el misterioso incendio para apoderarse del control total del Estado. A principios de 1933, Hitler y sus numerosos partidarios convirtieron así Alemania en una dictadura dirigida por el Fuhrer y su partido nazi. Seis años más tarde, Hitler declaraba la Segunda Guerra Mundial, que provocó una devastación sin precedentes y la muerte de 60 millones de personas. Fueron aquellas las horas más sombrías de la historia de la Humanidad. Cuando el Ejército Rojo tomó finalmente Berlín e izó la bandera de la URSS en lo alto del Reichstag, Hitler –ya vencido– se suicidó. En Berlín, era el 30 de abril de 1945 [1].

«La instauración de las organizaciones stay-behind en los países de la OTAN comenzó inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial», según confirmó en 1990 el informe oficial del gobierno alemán [2]. Después de la derrota de Alemania, en 1945, el caos del final de la guerra proporcionaba, según la visión de los estadounidenses, las condiciones ideales para la creación de una red stay-behind. En su calidad de fuerza ocupante, las tropas de Estados Unidos compartían el control del territorio con los ejércitos de Francia, Gran Bretaña y la Unión Soviética. La prioridad era reunir un gran número de individuos visceralmente anticomunistas con experiencia en la realización de acciones de guerrilla y en el manejo de armas y explosivos. Es por ello que, en el mayor secreto, Estados Unidos reclutó ex nazis y los incorporó a la red stay-behind alemana. En el momento del escándalo que desencadenó Andreotti, en 1990, el canal de televisión privado RTL conmocionó a la opinión pública alemana al revelar en un reportaje sobre el Gladio que ex miembros de la temida Waffen-SS de Hitler, los mismos que habían exterminado a los comunistas bajo el III Reich, habían sido después miembros de la red stay-behind alemana.

Un documento del estado mayor estadounidense titulado Overall Strategic Concepts (Conceptos Estratégicos Generales) y fechado el 28 de marzo de 1949 subrayaba que Alemania

«disponía de un excelente potencial en hombres entrenados para conformar las unidades clandestinas y las reservas del ejército secreto [unidades stay-behind]. Una resistencia eficaz puede y debe organizarse.» [3]

Por orden del Pentágono, el Counter Intelligence Corps (CIC) –que acababa de crearse– recibió entonces la tarea de buscar a los antiguos nazis para juzgarlos en Nuremberg mientras reclutaba simultáneamente a los partidarios de la extrema derecha incorporándolos a las filas del ejército secreto anticomunista. Aquella práctica no fue revelada hasta 1986, cuando el Departamento de Justicia estadounidense dio una conferencia de prensa –quizás la más importante desde el escándalo del Watergate– en la que reconoció que el CIC había reclutado a un alto dignatario nazi inmediatamente después del fin de la guerra. Un largo estudio de 600 páginas compilado por Allan Ryan para el Departamento de Justicia de Estados Unidos confirmaba que el oficial de las SS y responsable de la Gestapo Klaus Barbie había sido reclutado en 1947 por el CIC, que posteriormente lo había ayudado a escapar a las acciones legales por crímenes de guerra, antes de organizar su huida de Europa hacia Argentina a través de una red clandestina.

No fueron precisamente las cualidades morales de Klaus Barbie las que movieron a los agentes de los servicios secretos estadounidenses a salvarlo sino más bien su experiencia y su potencial utilidad para la creación de la red stay-behind alemana. La prensa británica reportó en 1990 que:

«Entre los que fueron reclutados y a su vez reclutaron [a otros] durante los primeros años del programa figuraba un ex Obersturmführer de las SS, Hans Otto, así como otros personajes de menor envergadura. Pero el reclutado más valioso de aquella operación fue Klaus Barbie quien trabajó [a su vez] en el reclutamiento de ex nazis y de miembros de la organización fascista Bund Deutscher Jugend (BDJ).» [4]

En 1943 y 1944, Klaus Barbie había ordenado la ejecución de al menos 4 000 personas, miembros de la Resistencia y judíos, así como la deportación de otras 15 000 hacia los campos de concentración y de exterminio, lo cual le había valido el sobrenombre de «Carnicero de Lyon». Poco después del fin de la guerra, Barbie fue hallado culpable de crímenes contra la humanidad y condenado a muerte en ausencia por un tribunal francés al cabo de un juicio en el que los testigos lo describieron como un torturador sádico que aterrorizaba a hombres, mujeres y niños con su fusta y su perro pastor alemán [5].

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Reinhard Gehlen (1902-1979). Jefe del servicio de inteligencia nazi en el Frente Oriental y general de brigada de la Reichswehr. Supo anticiparse al fin de la Segunda Guerra Mundial acercándose a conspiradores contrarios a Hitler. En el momento de la liberación, se da a conocer a las autoridades estadounidenses al entregarles en microfilms el contenido de sus archivos. Creó, por cuenta de la CIA, el nuevo servicio de inteligencia de la RFA (BND), convirtiéndose en su jefe. Desde ese cargo protege la red Gladio alemana y recluta decenas de miles de ex agentes nazis para la realización de operaciones de sabotaje contra la Unión Soviética. Consiguió para la CIA la parte más importante de la información de inteligencia que esa agencia llegó a tener sobre el bloque del este, información a menudo exagerada. Dimite, en 1963, cuando se descubre que los soviéticos habían penetrado su organización a los más altos niveles.

En la conferencia de prensa de 1986, el Departamento estadounidense de Justicia se abstuvo de mencionar el papel que había desempeñado Klaus Barbie en la creación de la red stay-behind y afirmó que, con excepción de Barbie,

«no existía ninguna otra huella de un caso similar en que un nazi sospechoso de crímenes de guerra haya sido exfiltrado o ni siquiera de cualquier otra persona buscada por el gobierno de Estados Unidos o por el [gobierno] de alguno de sus aliados» [6].

Aquella declaración es en realidad una mentira. El personaje más importante reclutado por el CIC no fue el Carnicero de Lyon sino el general Reinhard Gehlen. Este último había iniciado su carrera en los servicios secretos bajo el III Reich, asumiendo en 1942 el mando del Fremde Heere Ost (FHO, las Tropas Extranjeras del Este) cuya misión era combatir las tropas soviéticas. «Gehlen obtenía la mayor parte de su información perpetrando los peores crímenes de guerra, la tortura, el interrogatorio y haciendo morir de inanición a unos 4 millones de prisioneros soviéticos», descubrió el historiador estadounidense Christopher Simpson al investigar sobre el reclutamiento de nazis por parte de Estados Unidos [7]. Gehlen estaba totalmente consciente de que sus crímenes le habían valido un lugar en la lista negra del NKVD, los servicios especiales de Moscú. Cuando se dio cuenta de que Alemania estaba perdiendo la guerra prefirió entregarse al CIC estadounidense –el 20 de mayo de 1945– para escapar a las represalias de los rusos.

Gehlen había previsto, con toda razón, que la información que había logrado arrancar mediante la tortura a los prisioneros comunistas y soviéticos despertaría gran interés entre los estadounidenses. Así que, con ayuda de varios altos responsables nazis, había transferido minuciosamente a microfilms los registros del FHO sobre la URSS y había conservado los microfilms en cilindros herméticos de acero que había enterrado después en los Alpes austriacos. Después de varias semanas de detención en manos del CIC, Gehlen se puso en contacto con el general estadounidense Edwin Luther Siber y le reveló su secreto. Siber se quedó tan impresionado que se encargó de la carrera de Gehlen en los siguientes años. Lo presentó a los más altos responsables de la inteligencia estadounidense, como el general Walter Bedell Smith, quien encabezaba en aquel entonces los servicios secretos militares de Estados Unidos en Europa y dirigió posteriormente la CIA entre 1950 y 1953. Siber también presentó Gehlen al general William Donovan, el jefe de la Office of Strategic Services (OSS), el servicio secreto competente en caso de guerra, y a sus agentes Allen Dulles, futuro director de la CIA, y Frank Wisner, futuro jefe de la OPC –la Oficina de Coordinación Política de la CIA, que estuvo a cargo de la creación de la red stay-behind en Europa [8].

Guiados por Gehlen, los estadounidenses recuperaron los microfilms enterrados en Austria y, en agosto de 1945, Siber envió Gehlen con sus microfilms a Washington para una entrevista. El presidente Truman también quedó muy impresionado, al extremo que puso a Gehlen y a muchos de los colaboradores de este último a la cabeza del primer servicio alemán de inteligencia creado después de la Segunda Guerra Mundial, bautizado incluso como Organización Gehlen (ORG). Como concluyó Simpson,

«A fin de cuentas, Gehlen y varios cientos de oficiales superiores alemanes llegaron a ponerse de acuerdo con los británicos o los americanos [estadounidenses] (…) Pero el general Gehlen se impuso como el más importante de todos.» [9]

Con el respaldo financiero y material de Estados Unidos, el cuartel general del ORG se instaló primeramente en Oberursel, no lejos de Francfort, antes de mudarse a Pullach, cerca de Munich, a un antiguo centro de entrenamiento de las Waffen-SS, donde aún se encuentra hoy en día el Bundesnachrichtendienst (BND), el actual servicio de inteligencia alemán. En el marco de los acuerdos secretos de cooperación entre la CIA y el ORG, el agente James Critchfield fue enviado a Alemania. Critchfield, a quien los alemanes pusieron como sobrenombre «Her Marschall», supervisó el trabajo de los servicios de Gehlen ocupándose permanente de que se le comunicaran los nombres de los 150 principales agentes de la organización, como medio de mantener el servicio de inteligencia alemán bajo control estadounidense.

«Yo estaba estacionado en Augsberg y, como hablaba el idioma fluidamente, me confiaron la dirección de una red de informantes alemanes a la que pertenecía Klaus Barbie y Klaus Barbie era… hee… descubrí después que los franceses lo estaban buscando por asesinato y se lo dije a mis superiores, quienes me respondieron que no buscara problemas: “nos sigue siendo útil por el momento. Cuando no tengamos más nada que sacarle, lo entregaremos a los franceses.” ¡Yo había creído que me merecía un ascenso por haberles hablado de Barbie y me dijeron simplemente que cerrara la boca!» [10]

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Gunther Bernau

El ex agente del CIC Dabringhaus, hoy residente en la Florida, explicaba después cómo antiguos nazis habían preparado escondites de armas stay-behind por orden de los estadounidenses:

«El coronel Gunther Bernau era un agente, un informante que trabajaba para la inteligencia militar en Stuttgart. Nosotros [el CIC] le habíamos proporcionado un alojamiento, un escondite en Ludwigsburg donde nos reuníamos 3 veces por semana para que él me transmitiera información sobre los comunistas. Nos decía todo lo que queríamos saber.»

El objetivo de Estados Unidos era combatir el comunismo a cualquier precio, recuerda Dabringhaus, aunque a él mismo no le impresionaba mucho Bernau:

«Seguramente había tenido mucho influencia en tiempos del nazismo. Un día me senté a su buró y estuve hojeando un álbum de fotos que databan de la guerra. Una de ellas era un magnífico retrato de Adolf Hitler. [Bernau] recibía visitas de varios ex oficiales superiores nazis de la Waffen-SS en su casa de Ludwigsburg y me decía que si algún día necesitaba ayuda le bastaba con una simple llamada telefónica para contactar con 200 ex responsables SS de Hamburgo hasta Munich.»

Según las declaraciones de Dabringhaus, Bernau estaba muy implicado en la creación del ejército secreto alemán:

«Recuerdo que un día me llevó a un lugar preciso donde cavamos y encontramos fusiles, armas cortas, granadas, todo cuidadosamente empaquetado, y me dijo: “tenemos miles así por todo el país”. Aquello me inquietó un poco, así que lo informé a mis superiores, quienes me respondieron: “Estamos al corriente. Ellos trabajan para nosotros, en caso de que los comunistas atraviesen la Cortina de Hierro.”»

Los altos responsables estadounidenses, fieles a su principio de máxima confidencialidad, no informaban al agente del CIC Dabringhaus sobre los detalles del ejército stay-behind. Pero el agente se enteró de lo suficiente como para entender que se trataba de un proyecto altamente secreto en el que participaban gran cantidad de nazis:

«Un ex general, un general SS, Paul Hauser, visitaba regularmente a Bernau. Los dos trabajaban juntos en ciertos proyectos de los que no sabíamos absolutamente nada e incluso se me pedía no tratara de saber nada más. Me imagino que alguno de mis superiores ya dirigía el conjunto de aquellas operaciones.» [11]

Cuando estalló el escándalo del Gladio, en 1990, un ex responsable de la inteligencia de la OTAN explicó, en condiciones de anonimato, que para construir el ejército secreto alemán el departamento de operaciones especiales de la CIA, bajo la dirección de Frank Wisner, había literalmente

«anexado el servicio de espionaje de Hitler dirigido por Reinhard Gehlen. Eso se sabe con seguridad porque Gehlen fue el padre espiritual de la red stay-behind de Alemania, su papel lo conocía perfectamente el canciller Konrad Adenauer, y desde el comienzo mismo.»

Según esa misma fuente anónima de la OTAN, el presidente Truman y el canciller Adenauer habían

«firmado un protocolo secreto en el momento de la adhesión de la RFA a la alianza atlántica en mayo de 1955, protocolo según el cual las autoridades de Alemania occidental se abstendrían de emprender acciones judiciales contra partidarios reconocidos de la extrema derecha. Lo que es menos conocido es que otras personalidades políticas alemanas de primer plano también fueron informadas de la existencia de aquellos planes de resistencia. Entre ellas estaba nada menos que el ministro de Relaciones Exteriores alemán de aquella época, el ex dignatario nazi Hans Globke.» [12]

En 1952 se descubrió en Alemania una de las redes que los estadounidenses habían construido y conformado en gran parte con nazis, el Bund Deutscher Jugend (BDJ) y su rama stay-behind conocida como Technischer Dienst (TD). Klaus Barbie había contribuido activamente a la creación del stay-behind BDJ-TD [13]. Pero el secreto se supo rápidamente. En su edición del 10 de octubre de 1952, bajo el ambiguo título «Saboteadores alemanes traicionan la confianza de los americanos. Apertura de una amplia investigación después de confirmarse el financiamiento y entrenamiento de guerrilleros», el New York Times reportó que «fuentes bien informadas confirmaron ayer que Estados Unidos financiaba y apoyaba el entrenamiento clandestino de jóvenes alemanes, entre los que había un buen número de ex soldados, para formarlos en la realización de operaciones de guerrilla ante la posibilidad de una guerra contra la URSS». El diario estadounidense proseguía: «Las revelaciones que se hicieron ayer en el Parlamento regional de Hesse y los titulares que publican hoy los periódicos alemanes han provocado considerable malestar en el Departamento de Estado y el Pentágono» ante todo porque «se descubrió que los grupos que debían realizar esas operaciones se implicaron en combates políticos. Sus jefes (…) establecieron listas negras de ciudadanos que “liquidar” de cuya fiabilidad podía dudarse en una guerra contra los rusos.» «Se organizaron varias reuniones entre representantes alemanes y americanos» porque «varios socialistas, entre ellos algunos miembros del gobierno, figuraban en la lista junto a comunistas».

Aquel descubrimiento precoz de una parte del stay-behind alemán provocó un gran escándalo a ambos lados del Atlántico. En Estados Unidos, la revista Newsweek anunció el 20 de octubre de 1952 que la CIA había organizado un grupo de «stay-behind» en Alemania. El día 29, el semanario informativo alemán Der Spiegel precisó, con toda razón, que aquellas redes stay-behind existían igualmente en numerosos países de Europa:

«El caso del BDJ ha causado gran inquietud en las diferentes estaciones de los servicios secretos estadounidenses en Europa. En efecto, el “Technischer Dienst” alemán es sólo una de las ramas de una red de partisanos respaldada por Estados Unidos y que se extiende por toda Europa.»

El semanario alemán Der Spiegel precisaba incluso:

«Esa red está muy implantada en Francia, Bélgica, los Países Bajos, Luxemburgo, Italia y en la península ibérica. En Francia, la organización fue creada desde 1948 con el respaldo del [ministro del Interior] socialista Jules Moch.»

¿Qué había pasado? ¿Cómo había salido a la luz el secreto?

El 9 de septiembre de 1952, el ex oficial de las SS Hans Otto se había presentado por voluntad propia en la sede de la policía criminal de Francfort, en el Land de Hesse, donde declaró, según los archivos del gobierno alemán «pertenecer a un grupo de resistencia política cuya misión era realizar actos de sabotaje y volar puentes en caso de invasión soviética». Según Otto, a quien no le agradaban las actividades terroristas, «un centenar de miembros de la organización habían recibido una formación ideológica, habían aprendido el uso de armas de fabricación americana, rusa y alemana y habían sido entrenados en tácticas militares. La mayoría de esos hombres eran ex oficiales de la Luftwaffe, de la Wehrmacht o de las Waffen-SS». Según puede leerse en la transcripción de su confesión:

«Aunque oficialmente no era necesario mostrar opiniones neofascistas, gran parte de los miembros se inscribían en esa tendencia. Los medios financieros de la organización venían de un ciudadano americano nombrado Sterling Garwood.»

Otto reveló también que, en lo que llegaba una invasión soviética, el ejército secreto alemán realizaba actos subversivos en el territorio nacional:

«En materia de política interna, la estrategia de la organización apuntaba al KPD [el Partido Comunista Alemán] y el SPD [el Partido Socialdemócrata]». [14]

La «organización» a la que Otto se refería estaba integrada a la red stay-behind alemana pero no representaba el conjunto de la red, ni siquiera en aquella época. La rama había adoptado el engañoso nombre de BDJ, iniciales de la Unión de la Juventud Alemana, cuando la edad media de sus miembros andaba en realidad por los 40 años. Mucho antes del testimonio de Otto, el movimiento se había hecho notar por su anticomunismo radical. Pero lo que se ignoraba hasta aquel momento era que la BDJ había servido de pantalla al Technischer Dienst (Servicio Técnico o TD), una red stay-behind de tipo paramilitar y altamente secreta que se componía de antiguos nazis, financiada por Estados Unidos y equipada con armas y explosivos. Según las estadísticas alemanas, la BDJ, que se extendía a toda la RFA, llegó a contar oficialmente con 17 000 miembros mientras que una investigación del gobierno federal afirmaba que los efectivos del TD no pasaban de 2 000 individuos [15].

En 1952, el testimonio de Otto dio lugar a una amplia investigación policial que permitió localizar el centro de entrenamiento de la red stay-behind cerca de Waldmichelbach, un pintoresco pueblecito en medio del bosque de Odenwald, que a su vez se halla en el Land de Hesse. Antes de aquella fecha, el entrenamiento de los miembros del Gladio alemán se desarrollaba en la base militar estadounidense de Grafenwohr, en Alemania [16]. Aquel campamento, que los visitantes habituales llamaban «Wamiba», consistía esencialmente en un viejo edificio, un campo de tiro subterráneo y un bunker construido cerca de allí. Todo el conjunto se hallaba en el flanco de una montaña, al abrigo de las miradas y a 500 metros de la carretera más cercana. Los habitantes del pueblo recuerdan «que los americanos hacían regularmente ejercicios de tiro o algo así». [17]

Otto reveló a las autoridades alemanas que los contactos entre el BDJ-TD y la CIA se concretaban la mayor parte de las veces a través del misterioso señor Garwood. Aquel hombre, probablemente un agente de la CIA, entrenaba regularmente a los miembros del TD en el bosque de Odenwald y muy a menudo insistía en el carácter altamente secreto de la red stay-behind y en que no se podía hablar de ella a nadie, bajo ningún pretexto. Sus instrucciones fueron tomadas, según parece, muy en serio. Y cuando surgieron sospechas de que un miembro del TD residente en otro Land –Baviera– «había llenado una planilla de adhesión a otra organización de resistencia», en el Technischer Dienst se habló muy seriamente de la posibilidad de eliminarlo, según contó Otto, no sin cierta repulsión [18]:

«No me parece que esos métodos le plantearan ningún tipo de problema a Garwood.»
«Él nos enseñaba, por ejemplo, a matar sin dejar huellas, simplemente durmiendo a la víctima con cloroformo, sentándola en su propio auto y reintroduciendo los gases de escape [del motor] en el habitáculo a través de un tubo. También nos enseñaba a utilizar la violencia en interrogatorios sin dejar huellas.»

Otto recordaba su propia iniciación en métodos de tortura:

«Comience por vendarle los ojos a la persona que va a interrogar. Haga freír carne en la habitación y aplique un pedazo de hielo en ciertas partes del cuerpo. El contacto del hielo combinado con el olor de la carne le dará [a la persona] la impresión de que la están quemando con un hierro al rojo vivo.» [19]

Otto especificó que Garwood ponía los fondos y la mayoría del equipamiento. En total, cerca de 130 hombres, en su mayor parte antiguos nazis, pasaron por el centro de Wamiba para recibir formación en métodos de interrogatorio, manejo de armas y explosivos, técnicas de emboscadas y asesinato y procedimientos de comunicación por radio. Otto abordó después la cuestión, raramente mencionada pero no menos importante, de la capacidad de los combatientes stay-behind para realizar su misión en caso de invasión soviética. Desde el punto de vista de la estrategia militar es evidente que las posibilidades de supervivencia a largo plazo de una red stay-behind en un contexto de ocupación, y sobre todo de ocupación soviética, son extremadamente bajas. Los oficiales nazis del TD que ya tenían la experiencia de la guerra estaban perfectamente conscientes de ello y Otto subrayó que la mayoría de ellos no estaban nada entusiasmados con la idea de mantenerse detrás de las líneas enemigas tratando de sobrevivir a una ocupación soviética:

«La idea de los americanos era que todos los miembros se quedaran pasivamente detrás de las líneas soviéticas para ser utilizados después como partisanos. Pero Peters [el jefe del TD] nunca hubiese podido concretar ese plan porque, en caso de invasión de los rusos, todos los agentes de la organización habrían tratado a toda costa de irse a occidente.» [20]

El 13 de septiembre de 1952, o sea 2 días después de que Otto terminara sus declaraciones, la base stay-behind de Wamiba fue tomada por asalto y cerrada por la policía alemana. Las oficinas y domicilios de los miembros del TD fueron igualmente sometidos a registro y sellados con vistas a una investigación. Los agentes del stay-behind fueron detenidos. Armas, explosivos y municiones fueron confiscadas al mismo tiempo que toda la documentación de la organización. Uno de los expedientes hallados resultó particularmente interesante. Los investigadores tuvieron la sorpresa de descubrir en él la identidad de las personas que debían ser asesinadas el Día D:

«La lista de proscripción contiene los nombres de los individuos a eliminar. La lista está incompleta porque aún está en fase de elaboración».

El documento precisaba también la identidad del agente encargado de elaborar el listado para el Land de Hesse: Hans Breitkopf [21]. Otto Rietdorf, el agente del TD que había sugerido la expresión «lista de proscripción», explicó: «Encontré el término “proscripción” en la documentación rusa en la que designa disposiciones tomadas contra el oeste. En la acepción rusa se trata de personas de las que hay que ocuparse. Me parece que no hay dudas de lo que eso significa en Rusia.» Rietdorf agregó que la CIA tenía conocimiento de aquella operación: «Gardwood estaba perfectamente al tanto de todo aquello.»

Hans Otto también confirmó que aquellos «informes y expedientes individuales habían sido comunicados a los americanos por el BDJ y el TD».

Los hombres que recogían aquella información eran al parecer un tal «Dr. Walter» y, nuevamente, el señor Gardwood. La investigación oficial alemana sobre aquella primera versión del ejército secreto concluyó con solemnidad y extrema precisión:

«Según este testimonio, el uso de la violencia contra blancos internos estaba previsto en caso de producirse el Día D.» [22]

No se determinó si «D» designaba únicamente el día de la invasión o si se aplicaba a otras situaciones, como sublevaciones populares o una victoria masiva de la izquierda en las elecciones.

En la lista de proscripción de los miembros del Gladio aparecían gran cantidad de comunistas alemanes reconocidos así como socialistas moderados, entre los que se hallaban numerosos responsables políticos muy presentes en el escenario de la época, como Heinrich Zinnkann, ministro del Interior socialista del Land de Hesse; Hans Jahn, presidente del sindicato alemán de los ferrocarriles; Emil Carlebach, reportero del Frankfurter Rundschau, y muchos más. El periodista Leo Muller, specialista del Gladio, cuenta que a raíz del descubrimiento de la lista de proscripción «la sorpresa fue tan grande que las primeras reacciones denotaban escepticismo» [23]. El historiador estadounidense Christopher Simpson concluye:

«Los líderes del TD y del BDJ habían hecho de la liquidación de los políticos alemanes considerados “izquierdistas” una de sus prioridades en caso de ofensiva soviética.
Para el Technischer Dienst, los comunistas alemanes figuraban, por supuesto, a la cabeza de la lista de personas que había que matar. Venían después los representantes más visibles del SPD de Alemania occidental. El TD tenía previsto asesinar a más de 40 altos responsables del Partido Socialdemócrata, entre ellos a Erich Ollenhauer, quien encabezaba el partido desde 1952.»

Simpson descubrió que Estados Unidos no tenía la menor confianza en la izquierda alemana y que, por consiguiente, entrenó a los agentes secretos del BDJ y les asignó la misión «de penetrar el SPD y de espiar a los líderes del partido para poder eliminarlos más rápidamente cuando llegara el momento» [24].

Como puede comprenderse fácilmente, el Land de Hesse no podía admitir que la Casa Blanca estuviera entrenando y equipando en el mayor secreto a neonazis alemanes con listas secretas de gente que matar, entre las que se hallaban algunos de los ciudadanos más respetables del país. Así que la capital regional –Francfort– se convirtió en teatro de debates particularmente tempestuosos. Las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y la RFA, ya de por sí muy delicadas después de la guerra, se deterioraron considerablemente y las posteriores entrevistas entre responsables estadounidenses y alemanes fueron particularmente tensas. El canciller Konrad Adenauer fingió no saber nada de todo aquello mientras que los estadounidenses trataban, por su parte, de limitar los daños. Donnelly, el embajador de Estados Unidos en Bonn, explicó que la organización había sido creada en el contexto de la guerra de Corea y agregó que ya se había previsto de antemano que la red fuese disuelta en los siguientes meses, independientemente del testimonio de Otto. Incluso dijo que el financiamiento ya estaba interrumpido desde agosto de 1952. Pero los miembros del TD se apresuraron a atestiguar que ya habían recibido el financiamiento para el mes de septiembre.

Era un tal Paul Luth, alto responsable del BDJ-TD, que servía de intermediario entre este y la CIA, quien controlaba los flujos de dinero provenientes de Estados Unidos, como se reveló en la investigación  [25]. Luth se reunía regularmente con varios estadounidenses a quienes rendía cuentas y, cuando se trataba de cuestiones delicadas, hacía siempre 4 copias de los informes escritos que entregaba a la CIA [26]. Cuando se descubrió el stay-behind alemán, los estadounidenses escondieron a Luth, quien pudo así escapar a la justicia y desapareció sin dejar rastro. Un antiguo compañero de escuela de Luth, Erhard Peters, también ocupaba funciones de primer plano en el ejército secreto. Peters fue nombrado a la cabeza del Technischer Dienst debido a su competencia en el campo de las comunicaciones por radio y en operaciones de guerrilla. Le gustaba que se identificara la red como la «Organización Peters» y, para mostrar su categoría, se había comprado un Mercedes 170 V y un BMW descapotable. Cuando su ejército secreto fue descubierto tampoco fue posible arrestar a Peters porque este invocó «la protección de los americanos», según los términos del informe de la investigación. Luth reapareció posteriormente ante la policía alemana luego de haber «dado a los americanos su palabra de honor de que no revelaría nada». Según su propio testimonio, la Casa Blanca les había ofrecido, a él y a otros nazis implicados en el escándalo TD, la posibilidad de emigrar a Estados Unidos, pero Luth no había aceptado la propuesta [27]. Ante los policías, Peters reconoció haber quemado numerosos expedientes que contenían informes destinados a los estadounidenses sobre las actividades del TD.

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Georg August Zinn (1901-1976). Socialista alemán, fue uno de los padres de la Constitución de la RFA. Presidió el Land de Hesse (de 1950 a 1969). En 1952, reveló con precisión la existencia del Gladio alemán y trató de obtener su prohibición.

Para los alemanes, el escándalo vinculado al BDJ-TD no fue únicamente de carácter regional sino que se convirtió en un verdadero asunto de Estado. Pero si Francfort creyó en algún momento que podía contar con la cooperación de Bonn –el gobierno federal–, el hecho es que no tardó en sufrir un desencanto. Al cabo de largas conversaciones con los estadounidenses, los principales responsables de la CDU del gobierno conservador de Adenauer trataron de enterrar el asunto y frenar las investigaciones. El 30 de septiembre de 1952, la Corte Suprema de Karlsruhe decidió –sin consultar o al menos informar a la policía de Francfort– poner en libertad a todos los miembros de la red TD que habían sido detenidos, lo cual provocó un verdadero escándalo entre la población. Los miembros del Gladio fueron por lo tanto liberados mientras que los dos jueces que habían que habían tomado aquella extraña decisión, Schrubbers y Wagner, eran ascendidos. El primer ministro del Land de Hesse, August Zinn, comentó lleno de cólera:

«La única explicación legal de esa liberación es que quizás hayan estimado en Karlsruhe [en la Corte Suprema] que actuaron bajo la dirección de los americanos». [28]

Zinn estaba tan furioso que decidió presentar el asunto al Parlamento federal, a pesar de las enormes presiones de los estadounidenses para evitar que lo hiciera. Fue así que, el 8 de octubre de 1952, el público y la prensa, en Alemania y en el extranjero, supieron por primera vez de la existencia de ejércitos stay-behind nazis financiados por Estados Unidos. «Señor Presidente, señoras y señores», declaró Zinn ante el Parlamento, «después de la entrevista que tuve el pasado 3 de octubre en Francfort con el canciller Adenauer y como resultado de la discusión que acabo de tener esta misma mañana en mi oficina con el señor Reeber, representante del Alto Comisariado americano, tengo que informar a la cámara de los siguientes hechos: el 9 de septiembre de 1952,» –el rostro del presidente era particularmente grave– «la policía criminal alemana supo de la existencia de una organización secreta creada en 1950-1951 por jefes del BDJ y bautizada TD por “Technischer Dienst”». Zinn prosiguió ante un auditorio perplejo:

«La organización estaba concebida como un movimiento de resistencia armada con objetivos políticos, constituido con el consentimiento y la cooperación del presidente del BDJ, Paul Luth. Gerhard Peters era el jefe de esa organización.»

Era la primera vez que políticos oían hablar de la existencia de un ejército secreto stay-behind. Zinn les informó que:

«Esa sección TD del BDJ tenía como misión formar un ejército de partisanos que, según los planes iniciales, debía mantenerse detrás de las líneas enemigas en caso de invasión soviética para realizar actos de sabotaje en territorio ocupado, como la voladura de puentes o ataques contra campamentos.»

Después de aquella somera descripción de las características típicas de una red stay-behind, Zinn mencionó el respaldo aportado por Estados Unidos y la dimensión nacional del ejército secreto anunciando que:

«Según el testimonio de una persona directamente implicada y el material que se ha logrado confiscar, la organización tenía como blancos, dentro de nuestras fronteras, el KPD y sobre todo el SPD. El descubrimiento de la organización dio inmediatamente lugar a detenciones y a la ocupación de documentos el 18 de septiembre de 1952.
Pero el 1º de octubre, la Corte Suprema ordenó que los sospechosos fuesen liberados bajo el pretexto de que el ejército secreto había sido creado por orden de varias agencias americanas.»

Las actas de la sesión parlamentaria señalan que se extendió entonces un clamor por toda la sala y que se oyeron exclamaciones de los diputados: «¡Escuchen! ¡Escuchen!» o «¡Increíble!».

Cuando el auditorio se calmó, Zinn prosiguió: «Según el testimonio de un alto responsable del TD, incluso se planificaron asesinatos». El anuncio acentuó la agitación del auditorio y algunos diputados comienzan a dirigirse a sus colegas: «¡Oigan! ¡Oigan! ¡Otra vez!»

Zinn continuó: «Se instaló un centro de entrenamiento en Waldmichelbach, en el bosque de Odenwald (...) Los miembros de la organización eran en gran parte ex oficiales de la Luftwaffe, de la Wehrmacht y de las SS.» De nuevo se agitó el Parlamento ya que todos sus miembros habían conocido la Segunda Guerra Mundial. Los parlamentarios gritaban ahora: «¿Están oyendo? ¡Increíble!»

Zinn explicó que los agentes tenían de 35 a 50 años y que «la organización disponía de un financiamiento considerable, los documentos ocupados sugieren que su presupuesto mensual se acercaba a los 50 000 marcos». Al oír aquello, un diputado gritó: «¿De dónde venía ese dinero?» Zinn respondió que «el dinero llegaba directamente al TD mediante transferencias fraudulentas provenientes de una agencia americana» y agregó que «la misma organización estaba también a cargo de una misión interna (…) Según el testimonio de uno de sus dirigentes, debía proceder a la eliminación de individuos “sospechosos” cuando llegara el Día-D», lo cual provocó nuevas reacciones en la asamblea, donde se oyeron voces que exclamaban: «¡Así que asesinatos! ¡Increíble!» Perfectamente consciente de la verdadera conmoción que sus revelaciones estaban provocando, Zinn continuó en el mismo tono solemne:

«Sobre este punto, hay que señalar que 15 hojas contenían nombres de comunistas mientras que se ocuparon no menos de 80 páginas sobre personalidades de la socialdemocracia (…) el ministro del Interior socialdemócrata del Land de Hesse estaba considerado como sospechoso de mantener vínculos con los comunistas.»

Además de críticas, esta última declaración provocó risas entre los diputados. «Según varios testimonios, una buena cantidad de documentos confidenciales fueron destruidos y otros fueron confiscados por un representante de las autoridades americanas y están, por lo tanto, actualmente inaccesibles. El dinero y las armas eran proporcionados por un americano que también supervisaba el entrenamiento», lo cual provocó una nueva ola de protestas entre los parlamentarios.

Pero Zinn no había terminado aún:

«Es importante señalar que, en el extranjero, organizaciones clandestinas similares han servido de base a actividades ilegales perpetradas en el territorio nacional. Se trata de una experiencia que ya hemos vivido, hace 30 años, en este país y parece que esa organización se inscribe en ese modelo.»

Aquella clara denuncia suscitó la aprobación de los parlamentarios con exclamaciones como: «¡Así es! ¡Exacto!» Zinn prosiguió:

«Esta misma mañana, el señor Reeber, representante de Estados Unidos, estuvo de acuerdo conmigo en que ese tipo de organizaciones constituye el fermento de la instauración del terror en el país, (…) expresó su más sincero pesar y condenó firmemente la existencia de tal red (…) Me garantizó su más plena cooperación para aclarar todo este asunto e identificar todas las ramificaciones para evitar que este fenómeno se repita en el futuro.» [29]

Por supuesto, no por ello fue desmantelado el Gladio alemán, como quedaría comprobado con las revelaciones de 1990. Simplemente se disimularon las huellas en la medida de lo posible. En octubre de 1952, el ex alto comisario estadounidense McCloy precisó claramente que Estados Unidos no estaba procediendo a un rearme de los nazis: «Durante todos estos años que yo he pasado en Alemania, nuestros objetivos y esfuerzos han apuntado siempre a la consolidación de las fuerzas democráticas y a la lucha contra los comunistas y también contra los neo y los pronazis».

McCloy subrayó que:

«Es por lo tanto inconcebible que un responsable americano haya podido respaldar actos como los descritos por el primer ministro Zinn. Esto debe expresarse claramente, en nombre de la verdad y de la amistad.» [30]

A pesar de aquellas bellas palabras, el Parlamento de Hesse encargó al ministro del Interior del Land una profunda investigación sobre el fenómeno. En 1953, el ministro entregó sus conclusiones bajo la forma de un impresionante informe de 3 volúmenes. [31]

Cuarenta años después de aquellos hechos, el ex agente de la CIA Thomas Polgar, jubilado en 1981 al cabo de 30 años al servicio de la agencia, se acordaba todavía muy bien del caso del Gladio alemán. En efecto, a principios de los años 1950, Polgar había estado destacado en Alemania, donde había sido enviado nuevamente a principios de los años 1970 como reemplazante de Ray Cline a la cabeza de la estación CIA en Alemania. Posteriormente, en los años 1990, Polgar testimonió:

«El Bund Deutscher Jugend era una organización política de derecha vagamente afiliada a uno de los partidos del Land de Hesse, en Alemania, y se componía de hombres motivados y firmemente decididos a contribuir a la resistencia clandestina en caso de ocupación de todo o parte del territorio de la RFA por el Ejército Rojo.
Cuando estalló el escándalo hubo un ruido considerable y se estimó que el general Truscott [del ejército de Estados Unidos] tendría que explicar en persona a los elementos implicados lo que había sucedido. Primeramente se explicó la situación al canciller alemán Konrad Adenauer.»

Como ya hemos visto, aquello no bastó para arreglar la situación.

«Después hablamos con el general Matthew Ridgeway, quien era por entonces el comandante en jefe de las fuerzas de la OTAN, y finalmente con el primer ministro de Hesse Georg Zinn, quien incluso figuraba en la lista. [El general] Truscott le explicó que se trataba de una actividad ilegal pero que, después de todo, no era más que un ejercicio en papel del que él mismo nada sabía y que no debía en ningún caso interpretarse como una señal que pusiese en duda la confianza que nosotros teníamos en el primer ministro Zinn.» [32]

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Dieter von Glahn, ex miembro del Gladio. Fundó una orden templaria.

Después de las revelaciones de 1990, Dieter von Glahn aportó la confirmación de que existían células stay-behind no sólo en Hesse sino también en otros Lander alemanes. «Nuestra misión y nuestra organización eran idénticas a lo que hoy se conoce bajo el nombre de Gladio», explicó [33]. Personaje ambiguo del medio anticomunista alemán, Glahn se había escapado de un campo soviético de prisioneros durante la Segunda Guerra Mundial. Después del armisticio se había unido al ejército secreto stay-behind incorporándose al BDJ-TD de Bremen, en el norte de Alemania. Según explicó en su autobiografía, publicada en 1994: «En la época de la guerra de Corea, los americanos estaban muy inquietos ante la idea de que la misma situación se repitiese en Alemania». Así que

«decidieron reclutar y constituir una unidad alemana confiable con vista al Día-D, el día de la invasión de Alemania por parte del Ejército Rojo. La unidad tenía que formarse con armamento americano, disponer de sus propios escondites de armas y pasar a la clandestinidad en caso de ofensiva.»

Glahn recordó que «le BDJ no era más que la pantalla, una especie de vitrina legal de la organización anticomunista. La rama clandestina Technischer Dienst u “Organización Peters”, como a veces la llamaba su director, constituía la verdadera unidad combatiente» y estaba presente en gran parte del territorio nacional. «El TD se convirtió por consiguiente en un componente esencial de la defensa antisoviética germano-americana. A los americanos les interesaban ante todo los antiguos elementos del ejército alemán», entre los que se hallaba precisamente él mismo.

«Como yo no escondía mis posiciones anticomunistas, fui reclutado. Así que yo era oficialmente el responsable del BDJ para la ciudad de Oldenburg, en Frisia Oriental. Extraoficialmente, yo dirigía el TD en toda la zona Oldenburg-Bremen-Frisia Oriental [en el noroeste de Alemania].» [34]

Con cierto orgullo, Glahn cuenta en sus memorias que el «FBI alemán», el Bundesamt für Verfassungsschutz (BfV), conocía y cubría las actividades de las redes stay-behind. «Yo colaboraba muy estrechamente con Neubert, del BfV.» Glahn menciona la lucha anticomunista en la que ambos estaban comprometidos: «de noche salíamos regularmente a pegar carteles y tapar los de los comunistas (…) denunciábamos así los vínculos que ciertos hombres de negocios mantenían con los comunistas. Aquello llevaba a menudo a enfrentamientos violentos.» Fue en esa época que «fundé numerosas secciones del BDJ en mi zona», con la ayuda de la CIA que entrenaba a los reclutas en el campamento de Waldmichelbach y en la base estadounidense de Grafenwöhr. «Yo mismo participé varias veces en aquellos entrenamientos. Los hombres, que portaban un uniforme americano parduzco y estaban autorizados a llamarse entre sí únicamente por su nombre de pila, venían de los cuatro puntos cardinales de Alemania pero no podían en ningún caso revelar el lugar de donde eran originarios. Durante 4 semanas estábamos completamente aislados del mundo exterior.» Los miembros del Gladio seguían

«un entrenamiento intensivo con vista al Día-D. En aquella época los americanos preparaban escondites de armas por todo el territorio de la RFA. En mi zona, mi adjunto y yo mismo éramos los únicos que conocíamos la localización exacta del escondite de armas (…) Estaba enterrado profundamente en un pequeño bosque.» [35]

La red stay-behind alemana no era la única que gozaba de la protección de la poderosa CIA. Gracias a esta última, el servicio de inteligencia ORG y su personal lograron enfrentar los descubrimientos de 1952 sin demasiados problemas. El general Reinhard Gehlen se mantuvo en funciones y en 1956 la «Organización Gehlen» cambió aquel nombre por el de «Bundesnachrichtendienst» (BND). Cuando le preguntaron al director de la CIA Allen Dulles si no sentía vergüenza por haber colaborado así con el nazi Gehlen, su respuesta fue:

«Yo ignoro si es un crápula. Usted sabe, hay muy pocos santos en el mundo del espionaje (…) Además, uno no llega ahí para hacer amigos.» [36]

Por cierto, no fue hasta que el gobierno federal del canciller conservador Kurt Georg Kiesinger y del vicecanciller y ministro de Relaciones Exteriores Willy Brandt comenzó a dudar de su servicio secreto BND que este último fue por primera vez objeto de una investigación verdaderamente profunda.

El «Informe Mercker» que se redactó entonces constituía «un documento tan acusador para el BND que todavía hoy sigue siendo confidencial». Al menos eso fue lo que informó la prensa alemana en 1995.

«Su reveladora conclusión sobre el BND: “una organización corrupta”» [37].

Reinhard Gehlen, directamente en el colimador de la investigación gubernamental, ni siquiera fue autorizado a leer el informe. Al leer el documento, los socialdemócratas, quienes por primera vez desde la guerra acababan de entrar al gobierno en la persona de Willy Brandt, se sintieron tan incómodos por la presencia nazi en las altas esferas del ejecutivo que de inmediato despidieron a Gehlen. Después de haber pasado 20 años a la cabeza del servicio de inteligencia alemán, Gehlen fue despedido el Día del Trabajador, el 1º de mayo de 1968. Para no incomodar a la Casa Blanca se escogió como sucesor a Gerhard Wessel, quien había servido en Washington como agregado militar de la RFA después de 1945 y mantenía excelentes relaciones con la CIA y con el Consejo de Seguridad Nacional estadounidense.

Se ignora si el informe de Mercker, clasificado como confidencial, contenía información sobre las actividades stay-behind del ORG y del BND, aunque eso es lo que parecen indicar las pruebas descubiertas durante las investigaciones realizadas en 1990. Según el sucinto informe que el gobierno alemán presentó sobre el BND y su red stay-behind en diciembre de 1990, en diciembre de 1968 –o sea, sólo unos meses después del informe– se creó un marco legal para las actividades de la red clandestina: «En diciembre de 1968, el jefe de la cancillería federal había mencionado explícitamente en el artículo 16 de las “Directivas generales para el BND” que había que emprender preparativos de defensa». Parece que el gobierno de la época decidió continuar la operación stay-behind, pero ya con bases legales:

«La directiva indica: “El BND procede a los preparativos y planificaciones necesarios para la defensa, cuyas cuestiones generales se acuerdan con el jefe de la cancillería federal”». [38]

El periodista especialista en el Gladio Leo Muller se preguntó en 1990:

«¿Qué lógica antidemocrática subyacía aún en los nuevos stay-behind de los servicios secretos alemanes que fueron descubiertos en 1990?» [39]

¿La salida de Gehlen y la adopción de la nueva ley debilitaron el control de la CIA sobre las redes stay-behind alemanas? Eso está por averiguar. El ex miembro del Gladio Glahn precisa claramente en su libro que la CIA mantuvo el control hasta el último instante:

«Escribo deliberadamente “servicios secretos” en plural porque nosotros fusionamos más tarde con la Organización Gehlen por orden de los americanos.»

Según Glahn, aunque Gehlen fue el hombre clave de la red stay-behind alemana, el mando quedaba en manos de Estados Unidos:

«Esa organización había tomado el nombre de su fundador, el general Gehlen (…) Él había establecido un excelente cuartel general de la inteligencia en Pullach, en los alrededores de Munich (…) El Technischer Dienst, o TD, estaba en contacto permanente con la gente de la Organización Gehlen. En cuanto al Día-D, la decisión en el plano militar era siempre, sin embargo, de los americanos.» [40]

Cuando voló en pedazos la pantalla del ejército secreto alemán, en 1952, a Gehlen y sus colegas se les ofreció asilo en Estados Unidos para que pudieran escapar a la justicia alemana.

«Me propusieron huir a Estados Unidos, al igual que a otros miembros del TD que estaban implicados en una investigación criminal. Lo discutí ampliamente con mi mujer… pero finalmente decidí que no quería ser un emigrante. Mi lugar estaba aquí, en Alemania.» [41]

En mayo de 1955, Alemania se incorporó a la OTAN. Al igual que los demás ejércitos secretos de Europa, la red alemana fue incorporada al programa de guerra no convencional de la alianza atlántica. El informe oficial del gobierno alemán sobre el stay-behind, redactado por Lutz Stavenhagen en 1990, confirmó que

«con el fin de uniformizar sus programas con el mando militar de la OTAN, los servicios de inteligencia que participaban en la operación establecieron en 1952 el Coordinating and Planning Committee (Comité de Planificación y Coordinación) o CPC. Para coordinar su cooperación crearon el 1954 el Allied Coordination Committee (Comité de Coordinación Alliado) o ACC.»

El gobierno alemán confirmó además que el

«BND es miembro regular del CPC y del ACC desde 1959».

En un torpe intento de limitar los daños, el informe oficial afirmaba erróneamente que «los dos comités de coordinación nunca fueron ni forman parte actualmente de la estructura de la OTAN». Sin embargo, precisamente en el mismo momento, la investigación del Parlamento de Bélgica revelaba que el ACC y el CPC habían sido instaurados por el SACEUR [Comandante Supremo] de la OTAN, puesto sistemáticamente ocupado por un general estadounidense, y que estaban en contacto directo con el SHAPE [Supreme Headquarters Allied Powers in Europe] de la OTAN. El informe oficial alemán trató de insistir en la soberanía del ejército secreto alemán declarando: «que el BND haya formado parte de esos órganos no excluye en nada que el stay-behind nunca estuvo integrado a la OTAN ni que siempre haya sido el instrumento del BND. Nunca hubo ni existe hoy ninguna relación de subordinación de los diferentes servicios de inteligencia con el ACC y el CPC.» [42]

«Entre los diferentes servicios existía una cooperación bilateral así como también multilateral cuya coordinación garantizaba el ACC», describía el informe oficial del gobierno alemán al referirse a la dimensión internacional del ejército secreto stay-behind. «Entre esos participantes figuran, junto a Alemania Occidental: Bélgica, Dinamarca, Francia, Gran Bretaña, Italia, Luxemburgo, Noruega y los Estados Unidos de América.» Según el informe, la cooperación incluía «entre otras cosas ejercicios conjuntos, la adquisición de un equipamiento de radio estandarizado [los transmisores Harpoon], compartir experiencias en materia de entrenamiento, el establecimiento de una terminología estandarizada en materia de inteligencia» [43]. Debido a la presencia entre ellos de gran cantidad de partidarios de la extrema derecha, Stavenhagen prefirió no precisar cifras en lo que se refería al número de miembros del Gladio que habían operado en Alemania durante la guerra fría. «A finales de los años 1950, la organización contaba alrededor de 75 miembros permanentes.», se limitó a indicar. «El número de informantes llegó a veces a 500. En 1983, el personal stay-behind fue igualmente formado en la dirección de los actos de sabotaje contra el invasor y en organización y mando de grupos de resistencia en territorio ocupado.» [44]

Según el informe, el gobierno alemán había sido informado de la existencia del ejército secreto «poco después de 1974 (en el marco de una presentación de estrategia de conjunto de los preparativos de defensa del BND). Podemos suponer, sin embargo, que informaciones sobre las bases de la operación stay-behind pudieron llegar a filtrarse antes de esa fecha.» En lo tocante al legislativo, una comisión del Parlamento, obligada a guardar silencio sobre ciertos secretos, fue puesta al tanto en los años 1980, cuando hubo que buscar créditos para la compra de nuevos equipos de comunicaciones Harpoon:

«En ocasión de la compra de nuevos transmisores de radio, la comisión competente (Vertrauensgremium) fue informada de su utilización por el stay-behind.» [45]

Los transmisores de radio Harpoon habían sido concebidos y producidos por orden del ACC, el centro de mando stay-behind de la OTAN, por la firma alemana AEG Telefunken, filial del grupo Daimler. El servicio de inteligencia BND había servido de intermediario y había comprado los sistemas Harpoon al fabricante por cuenta del ACC, que no debía aparecer en la transacción. El BND había hecho un pedido total de 854 transmisores por un monto de 130 millones de marcos. Conservó equipos por valor de unos 20 millones y revendió el resto a los demás ejércitos stay-behind de Europa Occidental. Último grito de la tecnología en su época, el sistema Harpoon podía enviar y recibir mensajes de radio codificados hasta una distancia de 6 000 kilómetros, así que era capaz de garantizar el enlace entre los diferentes stay-behind y entre ambas orillas del Atlántico. [46]

Durante la guerra fría Alemania estuvo dividida en 2 Estados. Una guerra secreta se libró, por lo tanto, entre el BND de Alemania occidental, respaldado por la CIA, y el MfS (Ministerium für Staatssicherheitsdient), más conocido como Stasi, que dependía del KGB soviético. Los dos servicios realizaban múltiples misiones de espionaje así como intentos de infiltración desde ambos lados del muro de Berlín. Aquellas operaciones eran especialmente fáciles en la medida en que tanto los agentes de la Stasi como los del BND eran todos alemanes y compartían, por lo tanto, el mismo idioma y la misma cultura. La CIA y el MI6, como resultado de sus experiencias respectivas, habían puesto al BND el sobrenombre de «servicio de filtraciones» [47]. Incluso llegó a leerse en Der Spiegel, la primera revista informativa de la RFA:

«El KGB y la Stasi de Berlín Este parecen haber logrado poner fácilmente a sus infiltrados en los puestos claves de Pullach [el cuartel general del BND] y obtener así acceso a la lista completa de sus agentes (…) Para sus rivales, el BND no es más que un gran chiste.» [48]

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Yuri Ivanovich Drosdov, el general del KGB que logró penetrar el Gladio alemán, estaba absolutamente al tanto de toda la información sobre la red stay-behind.

Cabe preguntarse en qué medida la Stasi, y por lo tanto Moscú, tenía conocimiento de los secretos vinculados a la operación stay-behind. Todo parece indicar que ambos tuvieron conocimiento de ella a finales de los años 1970. En la filtración comprobada más célebre estuvo implicada Heidrun Hofer, una secretaria que trabajaba en el Departamento IV del BND de Munich, el servicio a cargo de la dirección de la red stay-behind. Su puesto le daba acceso a los documentos más confidenciales de la OTAN, incluyendo los clasificados «cosmic». Aunque se desconoce la naturaleza exacta de los datos que transmitió a la Stassi y el KGB, lo que sí se sabe es que comunicó información sobre un centro de mando stay-behind altamente secreto, que se hallaba en la costa atlántica y debía servir de base al gobierno alemán en el exilio. Como consecuencia de la indiscreción de Hofer, hubo que reconstruir aquel centro en otro lugar, lo cual costó 100 millones de marcos.

No fue a propósito que Hofer reveló aquel secreto. Siendo hija de un oficial conservador, había sido específicamente seleccionada como blanco por el KGB, que había enviado a Argentina un agente encargado de entrar en contacto con el círculo de exiliados nazis para dotarse de una buena reputación. A su regreso, el agente debía pedir a Heidrun que se casara con él. El padre de la muchacha apreciaba a aquel «Hans» por sus ideas de extrema derecha, y dio su consentimiento. Después del matrimonio, «Hans» le dijo a Heidrun que él trabajaba para una organización ultraconservadora y la sorprendió mostrando que conocía a la perfección el BND. Excitada ante la idea de participar en una conspiración, Heidrun aceptó revelar información a Hans.

El servicio de contraespionaje del BND demoró bastante en descubrir la existencia del infiltrado del KGB. En diciembre de 1976, agentes del BND tendieron una emboscada en el domicilio de la joven que, sin saberlo, ya llevaba 6 años trabajando para el KGB. Hans logró escapar por una puerta oculta, pero Heidrun fue arrestada y acusada de alta traición. Sólo entonces supo que su marido era un espía de Moscú. La impresión que sufrió fue tan violenta para aquella mujer de convicciones ultraconservadoras que al parecer trató de matarse lanzándose por una ventana en momentos en que el BND la interrogaba en una oficina del sexto piso de su sede en Munich. Sobrevivió con algunas secuelas físicas y desde entonces vivió de una pensión por invalidez. La investigación sobre Hofer se cerró en 1987, por falta de nuevos elementos [49].

El segundo caso de espionaje que tuvo que enfrentar el BND implicó a un alto responsable ya que se trataba de Joachim Krase, el director adjunto del propio BND, fallecido en 1988. Krase era en realidad un doble agente pagado por la Stasi y, como escribió un periodista británico, había «revelado todo sobre el stay-behind y la Operación Gladio, levantando así un secreto que los rusos conocían desde el principio» [50].

Con la reunificación de Alemania, después de la caída del muro de Berlín, la Stasi fue desmantelada y el BND extendió sus actividades. Documentos del servicio de inteligencia de la RDA, hoy desclasificados, confirman que este estaba extremadamente bien informado sobre la operación stay-behind. Durante las maniobras efectuadas por la OTAN en 1979, unidades de la Stasi interceptaron señales desconocidas y detectaron la presencia de una red paralela. Al cabo de unos años de investigación lograron descifrar el código que utilizaban los agentes del stay-behind del BND y localizar más de 50 puntos repartidos por todo el territorio de Alemania occidental, pero muchos de los cuales estaban concentrados en la zona fronteriza con la RDA y Checoslovaquia.

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El general de la RDA Horst Mannchen presentaba a su gobierno informes regulares de la Stasi sobre el Gladio alemán.

En 1984, el general Horst Mannchen, director del Departamento III de la Stasi y responsable de las escuchas radiofónicas, comunicó a los ministros del gobierno de la RDA numerosos detalles sobre la red stay-behind del BND.

«Analizando señales de radio secretas del BND que hemos logrado descifrar (…) hemos podido reunir datos fiables sobre una categoría especial de agentes del BND.»

El informe de Mannchen, fechado el 3 de agosto de 1984, explicaba que aquellos elementos especiales del BND, a los que la Stasi llamaba «agentes» (Überrollagenten), se preparaban para una invasión de los ejércitos del Pacto de Varsovia y que habían sido entrenados para la realización de acciones subversivas tras las líneas enemigas. Subrayaba Mannchen que esos agentes secretos «representan un peligro real para las operaciones de las fuerzas del Pacto de Varsovia» y resaltaba por lo tanto la necesidad de identificarlos lo más rápidamente posible para neutralizarlos inmediatamente «en caso de conflicto militar» [51].

En otro informe, fechado el 6 de noviembre de 1984, Mannchen precisaba que en el seno del BND «esos agentes especiales son calificados de “stay-behind”» y que su creación parecía remontarse al programa de defensa desarrollado por la OTAN en previsión de una primera ofensiva de las fuerzas del Pacto de Varsovia. El director del Departamento III explicaba que la red contaba también con mujeres en sus filas y que la Stasi había logrado descifrar toda una serie de señales de radio secretas transmitidas desde el cuartel general del BND a sus agentes stay-behind.

«Estos agentes son hombres y mujeres, ciudadanos de la RFA que viven en territorio de Alemania occidental, en muchos casos a lo largo de la frontera con la RDA y Checoslovaquia. Tienen un buen conocimiento de su zona de operaciones y actúan solos o en grupos de 3 o 4 para efectuar misiones que se les confían en un radio de 40 kilómetros a partir del lugar donde residen. Según las informaciones de las que disponemos, entre 16 y 20 unidades están en contacto regular con el BND. Según varias fuentes en el seno del BND, el número total de agentes pudiera elevarse a 80.»

Mannchen indicaba, a modo de conclusión, que aquellos agentes especiales eran «peligrosos» y que la Stasi debería tratar de identificar a la mayor cantidad de ellos [52].

En un informe ulterior, la Stasi concluía que los datos reunidos «indicaban claramente que el BND había concedido gran importancia al entrenamiento y la preparación de estos agentes especiales». Las comunicaciones radiales interceptadas por el servicio revelaban también que la red stay-behind alemana estaba muy bien coordinada y que estaba en contacto con los «servicios secretos de la OTAN» en Cerdeña [Italia], en Huy (Bélgica) y en [las ciudades francesas de] Lille y Grenoble [53]. Al espiar las comunicaciones radiales stay-behind del BND, la Stasi supo de la instalación de los nuevos sistemas Harpoon en Alemania occidental y, el 22 de mayo de 1984, indicó que los agentes estaban utilizando ahora un equipamiento de comunicaciones más moderno y eficaz [54]. En un informe muy detallado de 11 páginas sobre la red stay-behind entregado en 1985, la Stasi deploraba que aquel nuevo sistema capaz de enviar señales de radio en menos de 3 segundos hacía la localización de los agentes del BND más difícil para los agentes de la RDA. [55]

Cuando se reveló, en 1990, la existencia de la red alemana, la prensa se interesó especialmente por el equipamiento de la organización secreta y preguntó al gobierno de Bonn si había escondites de armas en Alemania. «Como apoyo a las unidades de resistencia en territorio ocupado, los servicios secretos aliados establecieron escondites de armas en los primeros tiempos de la operación stay-behind. [Los escondites] contenían fundamentalmente piezas de repuesto para los aparatos de radio, medicinas, oro y joyas destinados a posibles transacciones en el mercado negro así como algunas pistolas», así confirmaba el vocero del gobierno alemán las características observadas en otros países. Pero, sorprendentemente, trató de engañar al público afirmando que «esos escondites habían sido desmantelados por las unidades stay-behind del BND antes de 1972, Las pistolas fueron destruidas. Actualmente, el equipamiento y el entrenamiento de los agentes de inteligencia se limitan estrictamente a las misiones de obtención de información y evacuación. Ese equipamiento incluye un transmisor de radio especial pero nunca armas ni explosivos.» [56]

Los periodistas alemanes sospecharon que el vocero del gobierno Lutz Stavenhagen les había mentido al afirmar que todos los escondites de armas habían sido destruidos en 1972. En efecto, misteriosos arsenales habían sido descubiertos en Alemania en los años 1980. El más célebre de aquellos descubrimientos había tenido lugar el 26 de octubre de 1981, cuando varios leñadores habían encontrado por casualidad una importante excavación que contenía armas de fuego y material de combate, cerca de la aldea de Ulzen, en los campos de Luneburg. Aquel sorprendente hallazgo provocó el arresto del guardabosque y militante de extrema derecha Heinz Lembke, quien condujo después los investigadores a una vasta red de no menos de 32 escondites de armas. «Esos escondites fueron atribuidos por principio al militante de extrema derecha Heinz Lembke», comentó en 1991 una fuente anónima en el ministerio de Defensa de Austria.

«Pero aquella seductora explicación tenía un defecto. Además de armas automáticas, los escondites contenían material de guerra química [Arsen y Zyankali] y unos 14 000 cartuchos así como armas antitanque, 156 kilogramos de explosivos, 230 detonadores y 258 granadas de mano. Es increíble que un Estado que tomó importantes medidas antiterroristas no notara el robo o desvío de tal cantidad de material de combate.» [57]

En su artículo titulado «Los ejércitos secretos de la CIA en Europa», el periodista estadounidense Jonathan Kwitny se interesaba por el documento del ministerio de Defensa austriaco, antes de concluir que «el programa stay-behind alemán hubiese podido dar lugar a un segundo escándalo, similar al de 1952, pero nada se dijo finalmente al público.»

Los escondites de armas descubiertos en 1981 habían permitido, en efecto,

«llegar hasta un grupo de jóvenes paramilitares dirigidos por el neonazi Heinz Lembke, quien fue arrestado. Se le describió en aquella época como un extremista desequilibrado que entrenaba clandestinamente sus tropas en medio del bosque.»

Kwitny señalaba, sin embargo, que él no era el único que relacionaba el arsenal de Lembke con la red stay-behind del BND ya que la publicación austriaca también había echado abajo la tesis de que el guardabosque no era más que un extremista perturbado y aislado.

«El responsable de la publicación del ministerio de Defensa austriaco, el general retirado Franz Freistatter, afirma haber supervisado personalmente la redacción del artículo que sugería que Lembke utilizaba los escondites de armas stay-behind para el entrenamiento de sus tropas neonazis. También afirma que cree esas tesis, aunque su autor haya preferido mantenerse en el anonimato.» [58]

El artículo de Kwitny y la publicación austriaca sobre el Gladio parecen indicar con toda razón que los escondites de armas de Lembke pertenecían a la red stay-behind alemana. Entre los documentos ocupados en 1952, cuando se descubrió la organización BDJ-TD, había una directiva relativa de Día-D, el día de la invasión. Aquella directiva indicaba que, en caso de invasión, los campos de Luneburg serían el punto de reunión del stay-behind del norte de Alemania y ordenaba:

«Los responsables de sectores han recibido orden de buscar dónde hay gran cantidad de camiones estacionados. El Día-D, los agentes requisarán esos camiones, por la fuerza si es necesario, y los llevarán después hasta los puntos de reunión especificados por el BDJ en las ciudades y pueblos. De ahí los camiones transportarán a los miembros hasta el punto de reunión del norte de Alemania, situado en los campos de Luneburg.» [59]

Como es de imaginar, el descubrimiento de los escondites de armas de Lembke, en octubre de 1981, provocó un verdadero escándalo en Alemania. Pero el asunto se volvió aún más explosivo cuando varias fuentes sugirieron que los arsenales no habían estado sin uso en espera de una hipotética invasión soviética sino que Lembke había utilizado parte del material para equipar a sus soldados de extrema derecha, quienes a su vez habían utilizado las armas mortales en un atentado con bomba perpetrado en Munich en 1980, un año antes del descubrimiento de los escondites. Aquella teoría rebosante de implicaciones fue emitida por el periodista alemán Harbart, quien estimaba que Gladio era «una espada en manos de extremistas». Harbart explicó que «la investigación sobre el atentado de Munich condujo hasta el guardabosque de Baja Sajonia Heinz Lembke». Harbart está convencido de que el hecho de recurrir a las bombas y a la estrategia de la tensión no se limitó a Italia sino que llegó hasta la propia Alemania. [60]

El bombazo de Munich es el más grave atentado que conoció Alemania después del fin de la Segunda Guerra Mundial. En la noche del 29 de septiembre de 1980, a las 22 horas 20 minutos, una bomba estalló en pleno centro de la popular Fiesta de la Cerveza. Como todos los años, miles de personas se habían reunido para participar en lo que muchos consideran el fin de semana más bello del año. La explosión mató a 13 personas e hirió a otras 213, muchas de gravedad. El hecho conmocionó a todo Munich y toda Alemania. La investigación policial mostró la responsabilidad de activistas de extrema derecha. Y condujo hasta varios grupúsculos neonazis entre los que se hallaba el «Wehrsportgruppe Hoffmann». Según la policía, un miembro de aquel grupo, un tal Gundolf Kohler, de 21 años, había puesto la bomba. Los expertos explicaron que el artefacto –una granada de mano metida dentro de un extintor– había sido concebido con gran habilidad y se llegó a dudar que Kohler hubiese logrado fabricar él solo una bomba tan compleja. Pero nunca fue interrogado porque murió en la explosión.

Ignaz Platzer, un participante en la fiesta que había perdido a sus dos hijos en la explosión, concedió en 1996 una entrevista al diario alemán Suddeutsche Zeitung y señaló que nunca se había realizado una investigación sobre la red de extrema derecha implicada en el atentado. «Ya hace varios años que usted viene pidiendo que se reabra el expediente. ¿Usted no cree que Gundolf Kohler haya sido el verdadero culpable?», le preguntó un periodista. «No. Hay demasiados elementos que tienden a probar lo contrario. ¿Por qué alguien que comete un acto de ese tipo portaría un pasaporte permitiendo así que se le identificara tan facilmente? ¿Por lo menos es seguro que no actuó solo», respondió el padre de las dos víctimas. «Hace tiempo que vengo luchando por descubrir quién se esconde detrás de todo eso. Pero he tenido que acostumbrame a la idea de que nunca recibiré una respuesta honesta.» El periodista le preguntó después: «¿Ha renunciado usted a pedir explicaciones?» A lo que Platzer respondió: «Entendí que insistir sólo me traería problemas.» [61]

Esos problemas provienen quizás del hecho que la investigación sobre el atentado de Munich había seguido la pista de los arsenales de Lembke hasta el ejército stay-behind alemán, que a su vez implicaba a la mayor alianza militar del mundo –la OTAN– y a una de las dos superpotencias de la época –Estados Unidos. E incluso si Estados Unidos, la OTAN y el BND no hubiesen tenido nada que ver con el drama de Munich, el descubrimiento de un ejército secreto vinculado a los movimientos de extrema derecha no habría dejado de dar lugar a interrogantes extremadamente delicadas, como la del control de las instituciones democráticas sobre los combatientes secretos y sus depósitos de armas.

Sólo un día después del atentado de Munich, la policía alemana a cargo de la investigación ya había descubierto que Lembke había proporcionado equipamiento a los activistas de extrema derecha. «El señor Lembke nos mostró diferentes tipos de explosivos, detonadores, mechas lentas, explosivos plásticos y explosivos militares», confesó Raymund Hornle, miembro del Wehrsportgruppe Hoffmann, a los policías que lo interrogaban.

«Dijo que había numerosos escondites con ese tipo de material enterrado en los bosques y que él podía darnos mucho (…) El señor Lembke nos dijo que él entrenaba gente en el uso de los detonadores y explosivos.» [62]

O sea, como demuestran los documentos de la policía, paralelamente al entrenamiento de los miembros del Gladio alemán, Lembke también proporcionaba apoyo a los terroristas de extrema derecha. «Helmuth Meyer me dijo que se podía obtener explosivos a través del señor Lembke», declaró la activista Sibylle Vorderbrugge después del atentado.

«Lembke nos mostró diferentes explosivos (…) nos dijo que había varios escondites de armas en los bosques.» [63]

A pesar de aquellos testimonios, la policía no efectuó ninguna investigación para tratar de hallar los escondites de armas de Lembke, de forma tal que hubo que esperar un año hasta varios leñadores descubrieron accidentalmente uno de aquellos arsenales, lo cual hizo imposible seguir negando su existencia. Pero aún entonces, los investigadores tampoco relacionaron el atentado con los escondites de armas stay-behind.

El 25 de noviembre de 1981, el Dr. Daubler-Gmelin, del SPD, sacó a relucir el tema ante el Parlamento nacional –el Bundestag– al dirigirse al gobierno en los siguientes términos:

«¿Pueden ustedes revelarnos, a raíz del descubrimiento de estos escondites de armas y del arresto del señor Lembke, si actualmente se vislumbra una nueva pista sobre el atentado de Munich?»

La pregunta era pertinente. Pero la respuesta lo fue mucho menos. El secretario de Estado von Schoeler se limitó a contestar:

«No tienen nada que ver.» [64]

Aquella versión oficial tenía como objetivo esconder toda relación con la organización Gladio ya que la existencia del ejército stay-behind tenía que mantenerse en secreto. También contradecía los testimonios de los militantes de extrema derecha interrogados por la policía. Inmediatamente después del descubrimiento de los escondites de armas hallados el 26 de octubre de 1981, la policía alemana registró el domicilio de Lembke y confiscó un cargador de pistola G3 y un juego de mechas lentas correspondiente a la fabricación de bombas. Pero el propio Lembke parecía intocable y no fue arrestado.

Nacido en 1937 en Stralsund, en el este de Alemania, Lembke había pasado un tiempo en la socialista RDA antes de huir al oeste a los 22 años y adquirir cierta celebridad en los círculos de extrema derecha. Se puso a la cabeza de la «Bund Vaterlandischer Jugend» o BVJ (Alianza de Jóvenes Patriotas). Como ideólogo de dicha organización concibió lemas tales como «Un alemán que piensa como judío merece que lo ahorquen» [65]. Al igual que el BDJ, declarado ilegal en 1952, la BVJ fue prohibida en 1962. Pero Lembke no renunció a sus convicciones de extrema derecha. En 1968 trató de aspirar a un escaño en el Parlamento regional de Baja Sajonia bajo la etiqueta del NPD. Pero renunció rápidamente a su carrera política para dedicarse al activismo y a la lucha contra los antifascistas alemanes, lo cual le valió ser enviado a los tribunales antes de que una jurisdicción superior lo declarara misteriosamente «no culpable».

No fue sino varias semanas después del descubrimiento de los escondites de armas que Lembke fue finalmente arrestado y encarcelado. Pero fue por otro motivo. Se le acusó de haberse negado a servir de testigo durante el juicio contra su amigo y colega el líder de extrema derecha Manfred Roder, del movimiento terrorista «Deutsche Aktionsgruppen». En la cárcel, Lembke cambió súbitamente de opinión y se declaró dispuesto a declarar sobre Roder, los escondites de armas y todo lo que sabía. Lembke precisó incluso que quería hablar únicamente con el fiscal que lo había interrogado inútilmente en el marco del caso Roder. Se aceptó aquella condición y el fiscal visitó inmediatamente a Lembke en su celda. Este comenzó finalmente a hablar y reveló la localización exacta de los 33 escondites de armas, de los que sólo algunos habían sido descubiertos hasta aquel momento. Lembke le dijo a su interlocutor que le diría al día siguiente quién se suponía que debía utilizar las armas y explosivos. Al día siguiente, el 1º de noviembre de 1981, Lembke apareció ahorcado con una cuerda amarrada al techo de su celda. [66]

A la policía local se le retiró entonces el caso de Lembke, que fue entregado a las autoridades nacionales de Bonn. El ministro del Interior de Baja Sajonia, Mocklinghoff, calificó aquella maniobra judicial de «chanchullo policial» [67]. Un año más tarde, el 3 de diciembre de 1982, Bonn decidió cerrar la investigación sin haber relacionado los arsenales secretos con el atentado de Munich y declarando que el caso de Lembke era «un caso privado». En el informe final, los investigadores concluían que «no existe ningún indicio que permita deducir que Lembke tenía intención de perturbar el orden constitucional de la República de Alemania mediante atentados o asesinatos». El texto final se limitaba a reconocer que Lembke vivía probablemente con el temor de una invasión soviética contra la cual tenía intenciones de librar una “guerra de partisanos” y concluía que

«el material de combate fue reunido y enterrado por él a lo largo de años para realizar operaciones de resistencia conforme a la hipótesis de una invasión, a la que él temía». [68]

Para sorpresa general, la corte concluyó finalmente «que las actividades de Lembke no representaban un peligro tan importante como se temió al principio. Sus esfuerzos no estaban en realidad dirigidos contra el orden actual del país.» Al mismo tiempo, el tribunal parece haber tomado conciencia de la estrategia stay-behind al declarar que Lembke había realizado una operación «Werwolf». Aquel término hacía referencia a las redes de tipo stay-behind que los nazis habían dejado tras ellos en numerosos países al final de la Segunda Guerra Mundial. Aquellas redes también disponían de sus propios escondites secretos de armas. El Werwolf, criatura del folklore germánico, es un ser humano que se transforma en un lobo sanguinario que ataca y mata a las personas hasta que sale el sol. La corte descubrió que

«el guardabosque había emprendido además preparativos en caso de que los comunistas llegasen al poder, para que el “Werwolf” pudiese entonces despertarse». [69]

Ya muerto, durante su detención y en las condiciones anteriormente mencionadas, Lembke no pudo comentar aquellas conclusiones. Muchos de sus camaradas de extrema derecha fueron condenados a pagar módicas multas. Entre toda la cantidad de armas halladas en los arsenales subterráneos, sólo se aclaró el origen de 3 de ellas. Provenían de una firma privada que equipaba al ejército alemán y a la OTAN.

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El diputado verde Manfred Such

Como resultado de las conexiones con la extrema derecha y las presuntas implicaciones con el atentado de Munich, Alemania enfrentó muchas dificultades para investigar y aclarar su propia historia en materia de stay-behind. El 5 de noviembre de 1990, Manfred Such, diputado de Los Verdes, presentó al gobierno de Helmut Kohl un pedido oficial sobre las sospechas de que existían estructuras del tipo Gladio en Alemania. El vocero del gobierno alemán, Hans Klein, provocó estupor y cólera entre los parlamentarios al declarar que «el Gladio alemán no era, como se ha dicho, un comando secreto o una unidad de guerrilla» y al agregar que no podía entrar en detalles por razones de confidencialidad [70].

La declaración de Klein provocó una ola de protestas en las filas de los socialdemócratas y Los Verdes de la oposición. El diputado Hermann Scheer, experto del SPD en temas de defensa, comparó la misteriosa red de extrema derecha con una especie de «Ku-Klux-Klan», más destinado a la realización de acciones antidemocráticas en tiempo de paz que a actuar en caso de invasión soviética. Con vista a aclarar completamente los hechos, Scheer demandó la inmediata apertura de una profunda investigación judicial al más alto nivel de la jerarquía del ejército de la sombra de la OTAN ya que

«la existencia de una organización militar armada y secreta que actúa fuera de todo control gubernamental es totalmente contraria a la ley fundamental y cae, por lo tanto, en el ámbito de la justicia penal». [71]

Scheer insistía en que era urgente que se realizara una investigación «antes de que alguien pueda hacer desaparecer las pruebas» [72]

Las voces del SPD que exigían la apertura de una profunda investigación enmudecieron de inmediato cuando se reveló que sus ministros también habían participado en la conspiración. Ante la cercanía de las elecciones, los socialdemócratas veían con temor el resultado de posibles investigaciones y sólo el partido de Los Verdes, fundado en 1980, persistió en exigir aclaraciones ya que, al no haber participado nunca antes en el gobierno, no podía estar implicado en el asunto. Así que el pedido de Los Verdes de que se discutiese en el Parlamento el tema del stay-behind y sus posibles vínculos con el terrorismo fue rechazado por la alianza CDU/CSU-FDP-SPD, que temía un escándalo de gran envergadura y que decidió por lo tanto, el 22 de noviembre de 1990, que la cuestión se abordaría a puertas cerradas en el seno de la PKK (Parlamentarische Kontrollkommission), la Comisión Parlamentaria de Control, obligada a mantener sus debates en secreto. Fue en ese marco que Volker Fortsch, el último director stay-behind del BND, informó que las unidades secretas iban a ser desmanteladas. Los Verdes, que no estaban representados en aquella importante comisión encargada de controlar las acciones del BND, arremetieron contra ella declarando que todo el mundo sabía perfectamente que la comisión acostumbraba a «cubrir más que aclarar» [73]. Cuando algunos periodistas trataron de obtener más información interrogando a Eberhard Blum, el ayudante de Gehlen y director del BND entre 1983 y 1985, este respondió:

«¿Gladio? Nunca hubo tal cosa en Alemania.» [74]

Los Verdes no se dieron por vencidos y presentaron una nueva moción el 29 de noviembre. «A finales del mes de octubre, el actual primer ministro italiano Giulio Andreotti confirmó en un informe al Parlamento la existencia en el seno de la OTAN de un servicio confidencial, conocido bajo el código de Gladio», comenzaba la moción, que contenía además la siguiente interrogante:

«¿Operó en Alemania una organización supranacional de ese tipo vinculada a la OTAN?»

El Dr. Lutz Stavenhaguen, miembro del gobierno de Helmut Kohl y responsable del servicio de inteligencia BND respondió con un breve y categórico «No».

Los Verdes también querían saber:

«¿Cuáles son la naturaleza y el contenido exacto de los acuerdos que el gobierno alemán concluyó en el momento de su adhesión a la OTAN o como consecuencia de ella y que autorizan las acciones de tales organizaciones?»

Nueva negativa de Stavenhaguen: «El gobierno alemán no ha concluido ningún acuerdo de ese tipo».

Los diputados le preguntaron entonces:

«¿Cuál es la naturaleza exacta de las relaciones que ha mantenido o que mantiene la OTAN con ese servicio secreto que operó en Alemania y/o en otros países de la OTAN?».

Respuesta de Stavenhaguen: «Dada la respuesta a la primera pregunta, esta otra es inútil.»

Los Verdes acabaron por preguntar:

«Estará dispuesto el gobierno a informar detalladamente y por propia iniciativa a esta asamblea en cuanto disponga de información pertinente? Y si no lo está, ¿por qué?»

Respuesta: «Sólo será posible responder a esta pregunta cuando esos documentos estén disponibles. La respuesta depende, en efecto, de las condiciones que rodeen la obtención de esos documentos.» [75]

Los Verdes estaban furiosos pero nada podían hacer. El gobierno del canciller cristianodemócrata Helmut Kohl, en funciones desde 1982, había preferido responder con una serie de mentiras antes que poner en peligro sus posibilidades en las primeras elecciones nacionales de la Alemania reunificada, que tendrían lugar el 2 de diciembre de 1990 con la victoria de Kohl.

Inmediatamente después de aquellas elecciones, el lunes 3 de diciembre de 1990, Lutz Stavenhaguen envió a todos los medios de difusión un fax titulado: «Informe del Gobierno sobre la organización Stay-behind del BND». Contradiciendo sus declaraciones anteriores, aquel informe confirmaba que una red secreta stay-behind vinculada a la OTAN había existido en Alemania:

«las unidades constituidas en territorio alemán hasta 1955 por los servicios secretos aliados con vista a recoger información y organizar operaciones de evacuación están bajo control del BND desde 1956.»

El gobierno confirmaba también que el ejército secreto se mantenía activo, aunque precisaba que el 22 de noviembre se había informado a la Comisión Parlamentaria de Control de los detalles importantes:

«En este momento 104 personas colaboran con el BND en el marco de la operación stay-behind

El informe concluía:

«Teniendo en cuenta la evolución de la situación política mundial, el BND comenzó desde el verano de 1990 a estudiar el desmantelamiento de la organización stay-behind. En base a acuerdos concluidos con los socios aliados, ese desmantelamiento comenzara hacia abril de 1991.» [76]

Mientras el BND garantizaba al público que el ejército secreto había sido disuelto y que los arsenales clandestinos en el país habían sido desmantelados, el tema volvió a salir a la palestra el 17 de agosto de 1995. Aquel día, Peter Naumann, un neonazi de 43 años con conocimientos de química y experto en explosivos guiaba, ante las cámaras, a un grupo de atónitos policías hasta el emplazamiento de no menos de 13 escondites que, según sus declaraciones, él mismo había preparado en Baja Sajonia y en Hesse durante los últimos 17 años. En aquellos depósitos había armas, municiones y unos 200 kilogramos de explosivos. Naumann confesó a los policías que era amigo de Lembke y que la mayoría de aquellas armas y explosivos venían de las reservas de este último. [77]

Resulta sorprendente comprobar que, a pesar de la presencia de terroristas neonazis en sus filas y de su supuesta implicación en atentados terroristas de extrema derecha, el ejército secreto alemán no fue objeto de ninguna investigación parlamentaria, con excepción de un informe oficial bastante detallado.

«En materia de transparencia democrática, Alemania clasifica en el último lugar entre todos los países europeos», concluyó el periodista investigador Leo Muller en un breve libro publicado en los primeros tiempos del escándalo sobre el Gladio [78]. Aunque otros periodistas, como Ulrich Stoll, reportero de la ZDF, investigaron sobre el Gladio en Alemania, el tema está lejos de estar agotado. Cuando se tuvo acceso a informes desclasificados de la Stasi, en 2002, Stoll declaró: «Las investigaciones sobre el Gladio pueden reanudarse.» [79]

(Continuará…)

Este artículo es el capítulo 15 del libro Les Armées secrètes de l’OTAN
© Publicado en francés por Editions Demi-lune (2007).

[1] Para profundizar en el debate sobre los verdaderos autores del incendio del Reichstag, ver Der Reichstagsbrand. Wie Geschichte gemacht wird, de Alexander Bahar y Wilfried Kugel, (Quintessenz Verlag, Berlín, 2000).

[2] Bericht der Bundesregierung über die Stay-Behind Organisation des Bundesnachrich tendienstes. Documento de 4 páginas redactado en Bonn por Lutz Stavenhagen el 3 de diciembre de 1990. En el presente trabajo se mencionará en lo adelante ese documento bajo la denominación de Informe alemán de 1990 sobre el stay-behind.

[3] Publicación francesa Intelligence Newsletter, 19 de diciembre de 1990.

[4] Publicación británica Searchlight, enero de 1991.

[5] Luego de ser extraditado desde Bolivia (en 1983), Klaus Barbie fue juzgado en la ciudad francesa de Lyon, en 1967, y condenado a cadena perpetua por crímenes contra la humanidad. Murió de cáncer en la cárcel, 4 años después del juicio. (Nota del editor)

[6] Christopher Simpson, Blowback: America’s Recruitment of Nazis and Its Effects on the Cold War (Weidenfeld y Nicolson, Londres, 1988), Prólogo. Es importante resaltar que la prensa estadounidense siguió la misma estrategia de disimulación que el Departamento de Justicia y mencionó aquello como una excepción. Por ejemplo, la agencia estadounidense UPI (United Press International) tituló al día siguiente: “Barbie, la excepción, no la regla”. Y la cadena de televisión ABC invitó a su edición nocturna a Allan Ryan quien explicó que Estados Unidos había «reclutado a Barbie de buena fe, sin saber el papel que había desempeñado en Francia… [y que] su caso no tenía nada de significativo». Respondiendo a las preguntas de los periodistas, Ryan prosiguió diciendo que era «altamente improbable que otros dignatarios nazis se hayan beneficiado con el mismo grado de confianza que Barbie… y que el caso [estaba] por lo tanto cerrado» (ibid.).

[7] Simpson, Blowback, p.44.

[8] Ibid., p.42.

[9] Ibid., p.40.

[10] Allan Francovich, Gladio: The Ringmasters. Primero de los 3 documentales de Francovich dedicados al Gladio, transmitido el 10 de junio de 1992 por BBC2.

[11] Ibid.

[12] Publicación británica Searchlight, enero de 1991.

[13] Ibid.

[14] Leo Muller, Gladio. Das Erbe des Kalten Krieges. Der NATO Geheimbund und sein deutscher Vorläufer (Rowohlt, Hamburgo, 1991), p.72. Con este libro, publicado en los primeros momentos del escándalo sobre el Gladio, el periodista alemán Leo Muller es probablemente quien ha presentado la mejor descripción de lo sucedido en Alemania en 1952. El fragmento sobre el testimonio de Hans Otto figura en el informe BDJ-TD que el gobierno local de Hesse publicó a raíz del escándalo.

[15] Dieter von Glahn, Patriot und Partisan für Freiheit und Einheit (Grabert, Tubingen, 1994), p.58.

[16] Otros campamentos militares, como el centro de entrenamiento de las unidades paracaidistas situado cerca de Altenstadt, en Baviera, fueron utilizados para el entrenamiento de las unidades stay-behind alemanas. Ver Erich Schmidt Eenboom, Die “Graue” und die “Rote” Hand. Geheimdienste in Altenstadt, años 1990. No publicado.

[17] Muller: Gladio, p.123.

[18] Ibid., p.124, citando el informe BDJ-TD.

[19] Ibid., citando el informe BDJ-TD.

[20] Ibid., p.130, citando el informe BDJ-TD.

[21] Ibid., p.128, citando el informe BDJ-TD.

[22] Ibid., p.129 et 130, citando el informe BDJ-TD.

[23] Ibid., p.133.

[24] Simpson, Blowback, p.181. Y Jens Mecklenburg (ed.), Gladio: Die geheime Terrororganisation der Nato (Elefanten Press, Berlín, 1997), p.74. Mecklenburg fue uno de los primeros en tomar conciencia, después de 1995, de las considerables implicaciones del fenómeno Gladio y en publicar en Europa varios ensayos sobre ese tema.

[25] Muller: Gladio, p.94, citando el informe BDJ-TD.

[26] Ibid., p.107, citando el informe BDJ-TD.

[27] Ibid., p.136 y 143.

[28] William Blum, Killing Hope. US Military and CIA interventions since World War II (Common Courage Press, Maine, 1995). En la página 64 de su profunda investigación sobre la CIA, Blum señala con toda razón que «esa operación en Alemania… formaba parte de una red mucho más amplia, cuya designación codificada era “Operación Gladio”, creada por la CIA y otros servicios de inteligencia europeos y que contaba con ejércitos secretos en toda Europa Occidental».

[29] Discurso de Zinn ante el Landtag (Parlamento régional) de Hesse, pronunciado el 8 de octubre de 1952. Transcripción en Muller, Gladio, p.146–152.

[30] Citado en Glahn, Patriot, p.67. El agente del TD Glahn calificó aquella declaración del estadounidense como «insultante hacia el TD».

[31] Titulado Der Technische Dienst des Bundes Deutscher Jugend (El TD del BDJ), el informe sobre la investigación, presentado en 1953 por el ministro del Interior de Hesse, contaba 3 volúmenes: un largo desarrollo de 121 páginas (primer volumen) y dos apéndices, uno de 200 páginas y el otro de 300 con copias de cartas, de registros, de informes y decisiones (volúmenes 2 y 3). Sin quitar mérito a los trabajos realizados en Bélgica, Suiza e Italia, puede considerarse que el Informe sobre el BDJ-TD es quizás la única investigación satisfactoria realizada después del descubrimiento de una red stay-behind del Gladio.

[32] Allan Francovich, Gladio: The Ringmasters. Primero de los 3 documentales de Francovich dedicados al Gladio, transmitido el 10 de junio de 1992 por BBC2.

[33] Publicación política austriaca Zoom, n°4/5, 1996: Es muss nicht immer Gladio sein. Attentate, Waffenlager, Erinnerungslücken, p.97. Y Klaus Harbart : «Gladio – ein Schwert in rechter Hand», en Der Rechte Rand, n°10, enero de 1991, p.4.

[34] Glahn: Patriot, p.41–42.

[35] Ibid., p.43–47.

[36] Simpson, Blowback, p.260.

[37] Sin autor especificado, «Schnüffler ohne Nase. Die Pannen und Pleiten des Bundesnachrichtendienstes in Pullach» en el semanario informativo alemán Der Spiegel, n°17, 1995.

[38] Informe alemán de 1990 sobre el stay-behind.

[39] Muller, Gladio, p.109.

[40] Glahn, Patriot, p.48.

[41] Ibid., p.74.

[42] Informe alemán de 1990 sobre el stay-behind.

[43] Ibid.

[44] Ibid.

[45] Ibid.

[46] Mecklenbrug, Gladio, p.64.

[47] Semanario británico The Economist, 27 de octubre de 1990.

[48] Sin autor especificado, «Schnüffler ohne Nase. Die Pannen und Pleiten des Bundesnachrichtendienstes in Pullach» en el semanario informativo alemán Der Spiegel, n°17, 1995.

[49] Muller, Gladio, p.20. Y Erich Schmidt Eenboom, Schnüffler ohne Nase. Der BND. Die unheimliche Macht im Staate (Econ Verlag, Dusseldorf, 1993), p.376.

[50] Diario británico The Observer, 6 de diciembre de 1990.

[51] MfS Hauptabteilung III. Report of General Major Männchen to Genosse Generalleutnant Neiber, Berlín, 3 de agosto de 1984. Desclasificado.

[52] MfS Hauptabteilung III. Report of General Major Männchen to Genosse Generalleutnant Neiber, Berlín, 6 de noviembre de 1984. Desclasificado.

[53] MfS Streng Vertraulich. Information G/02069/13/02/84. Relevante Funkverbindungen von Sonderagenten und der Partnerdienste des BND sowie der NATO Geheimdienste. Desclasificado.

[54] MfS Hauptabteilung III. Schnellautomatische Funksendungen im Funknetz der Ueberrollagenten des BND mit einer neuen Uebertragungsapparatur. Berlín, 22 de mayo de 1984. Desclasificado.

[55] MfS Hauptabteilung III. Gegenwärtiger Stand bei der Bearbeitung des Funkverbindungssystems des BND zu Ueberrollagenten. Berlin, 5 de julio de 1985. Desclasificado.

[56] Informe alemán de 1990 sobre el stay-behind.

[57] Anónimo. Publicación austriaca Oesterreichische Militärische Zeitschrift, n°2, 1991, p.123.

[58] Jonathan Kwitny, «The CIA’s Secret Armies in Europe» en The Nation, 6 de abril de 1992, p.446.

[59] Mecklenburg, Gladio, p.78.

[60] Klaus Harbart, «Gladio – ein Schwert in rechter Hand» en Der Rechte Rand, n°10, enero de 1991, p.5.

[61] Diario alemán Süddeutsche Zeitung del 27 de septiembre de 1996.

[62] Mecklenburg, Gladio, p 82.

[63] Ibid.

[64] Transcripción de las sesiones del Parlamentp alemán. Deutscher Bundestag.

[65] Fragmento de Mecklenburg: Gladio, p.79.

[66] Klaus Harbart, «Gladio – ein Schwert in rechter Hand» en Der Rechte Rand, n°10, enero de 1991, p.5.

[67] Ibid.

[68] Ibid., p.6.

[69] Mecklenburg, Gladio, p.83.

[70] Presse- und Informationsamt der Bundesregierung. Pressemitteilung N°455/90, de Hans Klein, 14 de noviembre de 1990. Ver también Muller, Gladio, p.30.

[71] Fragmento de Muller, Gladio, p.14.

[72] Sin autor especificado, «Das blutige Schwert der CIA. Nachrichten aus dem Kalten Krieg: In ganz Europa gibt es geheime NATO Kommandos, die dem Feind aus dem Osten widerstehen sollen. Kanzler, Verteidigungsminister und Bundeswehrgenerale wussten angeblich von nichts. Die Spuren führen nach Pullach, zur ‘stay-behind organisation’ des Bundesnachrichtendienstes» en el semanario informativo alemán Der Spiegel, 19 de noviembre de 1990.

[73] Ibid.

[74] Mecklenburg, Gladio, p.48.

[75] «Kleine Anfrage der Abgeordneten Such, Frau Birthler, Hoss, Frau Dr Vollmer und der Fraktion DIE GRUENEN. Tätigkeit eines NATO-Geheimdienstes auch in der Bundesrepublik Deutschland?» Drucksache 11/8452. Inklusive Antworten von Dr Lutz G. Stavenhagen, MdB, Staatsminister beim Bundeskanzler, Beauftragter für die Nachrichtendienste. Bonn, 30 de noviembre de 1990.

[76] Informe alemán de 1990 sobre el stay-behind.

[77] Publicación política austriaca Zoom, n°4/5, 1996: «Es muss nicht immer Gladio sein. Attentate, Waffenlager, Erinnerungslücken», p.110. Y Reuters, 17 de agosto de 1995.

[78] Muller, Gladio, p.19.

[79] Ulrich Stoll, Gladio: Späte Spuren einer NATO-Geheimarmee, en Thomas Leif (ed.), Mehr Leidenschaft Recherche. Skandal-geschictehn und Enthüllungsberichte. Ein Handbuch zur Recherche und Informationsbeschaffung (Westdeutscher Verlag, Wiesbaden, 2003), p.184.

Daniele Ganser

Daniele Ganser Historiador suizo, especialista en relaciones internacionales contemporáneas. Sus trabajos acerca de las redes Gladio en Europa y de los ejércitos secretos de la OTAN ligados a los neonazis y otros movimientos fascistas le valieron un gran reconocimiento académico. Se dedica a la enseñanza en la universidad de Basilea, Suiza.

 
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