Red Voltaire
Los ejércitos secretos de la OTAN (XII)

La guerra secreta en Luxemburgo

Como ya han podido ver nuestros lectores, retomamos durante el verano la publicación por episodios del importantísima estudio del profesor Daniele Ganser sobre el Gladio. El artículo de hoy, sobre Luxemburgo, se basa únicamente en la declaración, en 1990, del primer ministro Jacques Santer. Hemos agregado una actualización sobre las revelaciones de RTL y el juicio contra los autores de atentados con bombas.

| Basilea (Suiza)
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Jacques Santer, presidente del gobierno de 1984 a 1989 y posteriormente primer ministro del Gran Ducado de Luxemburgo de 1995 a 1999, se vio obligado a dimitir por un escándalo de nepotismo y corrupción. En el año 2000 entró a formar parte del consejo de administración del General Mediterranean Holding, perteneciente al agente británico Nadhmi Auchi.

Este artículo es parte de la serie:

  1. «Cuando el juez Felice Casson reveló la existencia del Gladio…»
  2. «Cuando se descubrió el Gladio en los Estados europeos…»
  3. «Gladio: Por qué la OTAN, la CIA y el MI6 siguen negando»
  4. «Las cloacas de Su Majestad»
  5. «La guerra secreta, principal actividad de la política exterior de Washington»
  6. «La guerra secreta en Italia»
  7. «La guerra secreta en Francia»
  8. «La guerra secreta en España»
  9. «La guerra secreta en Portugal»
  10. «La guerra secreta en Bélgica»
  11. «La guerra secreta en los Países Bajos»

Luxemburgo es por mucho el más pequeño de los 3 países que componen el Benelux. Al igual que Bélgica y los Países Bajos, también fue invadido y ocupado por el ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, contrariamente a Bélgica –país donde el Senado nombró una comisión investigadora– y los Países Bajos –donde varios investigadores realizaron estudios sobre el tema–, existe hoy en día muy poca información sobre la red stay-behind creada en Luxemburgo [1].

Como subrayó ante el Parlamento el primer ministro Jacques Santer, el 14 de noviembre de 1990 y en respuesta a una interrogación prioritaria presentada por el diputado Charles Goerens –del Partido Demócrata–, los países pequeños también fueron incorporados a la red continental del ejército stay-behind. Al igual que en Bélgica y en los Países Bajos, la idea tenía su origen en las experiencias vividas durante la Segunda Guerra Mundial, cuando redes similares habían tratado, con muy relativo éxito, de luchar contra la ocupación alemana en el Gran Ducado. Al crearse la OTAN, en 1949, Luxemburgo se unió a la alianza atlántica, que a partir de entonces comenzó a coordinar las redes clandestinas.

«El término “Gladio” designa la estructura italiana. La apelación utilizada dentro de la OTAN es “stay-behind”», explicaba el primer ministro al referirse a la terminología de los ejércitos secretos ante los atónitos parlamentarios.

«Ese término describe el principio de una organización destinada a activarse tras las líneas del frente durante un conflicto armado, por consiguiente en caso de ocupación del territorio por parte del enemigo. Ese concepto fue concebido por la OTAN. La idea nació de la experiencia de la Segunda Guerra Mundial, cuando se establecieron redes similares durante los periodos de ocupación, por lo tanto en un medio particularmente difícil y vigilado por el enemigo.»

Nunca más debía encontrarse un país mal preparado ante una guerra y una posible ocupación, explicaba el primer ministro para justificar la lógica de la red secreta:

«Para evitar en el futuro esa falta de preparación se decidió elaborar las bases de ese tipo de organización sin esperar a que se produjese la guerra.»

Aunque algunos parlamentarios consideraban que el ejército secreto que la OTAN dirigía por debajo de la mesa había actuado en violación de la soberanía nacional de los Estados europeos, el primer ministro Santer, quien presidió después la Comisión Europea, afirmó que nunca había sido así:

«Todos los países de Europa Central miembros de la OTAN participaron en esos preparativos y Luxemburgo no podía sustraerse a esa solidaridad internacional. Cada Estado miembro estaba autorizado a definir sus propias estructuras. Por lo tanto, aunque la OTAN haya iniciado y coordenado la red stay-behind, cada país conservaba la dirección de su propio componente nacional.»

Esto implica que la organización stay-behind de Luxemburgo también se hallaba bajo la coordinación de la OTAN y que participó por ende en las reuniones secretas de los comités ACC y CPC, incluyendo la conferencia del ACC que se reunió en Bruselas el 23 y el 24 de octubre de 1990, bajo la presidencia del general Van Calster.

No fueron revelados los nombres ni las matrículas de los agentes miembros del ejército secreto en Luxemburgo. El primer ministro se limitó a confirmar que la organización había sido dirigida por el Servicio de Inteligencia del Gran Ducado:

«Los agentes de esa red stay-behind eran reclutados por los servicios secretos sobre la base de la voluntariedad y en función de criterios vinculados a su profesión y lugar de residencia.»

El primer ministro daba a entender que el Gladio creado en Luxemburgo también había sido equipado con el sofisticado sistema de comunicación Harpoon durante los años 1980:

«Esas personas, que recibían sus instrucciones por radio, estaban destinadas a efectuar misiones clandestinas por su cuenta y riesgo dentro de una zona controlada por el enemigo.»

Santer no se extendió mucho sobre el papel que el MI6 y la CIA habían desempeñado en Luxemburgo, pero confirmó que en caso de guerra el ejército secreto debía colaborar con unidades de fuerzas especiales, o sea posiblemente con los SAS británicos y los Boinas Verdes estadounidenses.

«El objetivo de su misión era informar a la OTAN sobre la situación política y militar de la región, organizar vías de evacuación fuera de los territorios ocupados y dar apoyo a las fuerzas especiales del ejército.»

Precisamente en momentos en que el público se enteraba de que los ejércitos secretos no habían sido una simple precaución sino más bien un instrumento utilizado para sembrar el terror, el primer ministro insistió en que la «misión debía realizarse en caso de invasión y ocupación del territorio por parte del enemigo». Jacques Santer sabía que en muchos países, y sobre todo en la vecina Bélgica, pero también en Italia, en Grecia, en Turquía, en Francia, España y Portugal, se estaban acumulando pruebas que demostraban la responsabilidad de los combatientes stay-behind en atentados y en otros actos de terrorismo tendientes a influir en el clima político. Así que precisó:

«En lo que concierne a Luxemburgo, está claro que las misiones se limitaban únicamente a las formas de asistencia a las autoridades de la OTAN anteriormente mencionadas. Las actividades de esas personas –y así fue desde el principio– se limitaban a prepararse para sus misiones y, sobre todo, a entrenarse para moverse en un medio hostil y coordinar sus esfuerzos con los de los países aliados.»

Al no existir una investigación independiente, las palabras del primer ministro fueron tomadas como buenas, aunque una buena cantidad de parlamentarios deploró que los representantes de los electores no hubiesen sido informados sobre aquellos preparativos de guerra secreta. Santer se limitó a abordar muy superficialmente la cuestión del control parlamentario de aquel tipo de estructura existente en el seno mismo del Estado, excluyendo además la idea de que ese tipo de control fuese posible. El primer ministro, quien había sido él mismo parlamentario desde 1974 hasta 1979, compartía la concepción –muy extendida entre los servicios secretos– de que los parlamentarios tienen tendencia a hablar demasiado y que son de hecho incapaces de guardar un secreto. Aún con la mejor voluntad del mundo, hubiesen acabado revelando lo que debía mantenerse en secreto. «Es inútil insistir en el secreto que exige la naturaleza misma de esas operaciones», declaró Santer ante los representantes del pueblo, sin precisar bajo el control de qué autoridad civil se hallaba el ejército secreto.

Como conclusión de su breve alocución, el primer ministro afirmó que ni él ni ninguno de sus ministros habían sido informados de la existencia de la red clandestina de la OTAN en el país:

«Puedo jurar que nunca tuve conocimiento de su existencia. Y no creo que ningun miembro del gobierno haya podido adivinarla. No puedo asociar razonablemente a mis predecesores a esta declaración porque no he tenido tiempo de consultar con ellos antes de responder.»

Aquella explicación no convenció a todos los parlamentarios. Aquella confesión significaba, en efecto, que un ejército secreto había operado en Luxemburgo a espaldas y fuera de todo control no sólo del Parlamento sino también del gobierno. El primer ministro fue incapaz de ofrecer una respuesta satisfactoria a esta delicada pregunta y reprochó indirectamente a la OTAN el hecho de haber creado un ejército secreto en el país:

«En conclusión, repito que es únicamente en el marco de acuerdos entre los aliados que Luxemburgo contribuyó a través de su único servicio de inteligencia a construir la red en cuestión bajo la égida de la OTAN.»

Santer quiso convencer al Parlamento de que la red no había utilizado en ningún momento sus armas y explosivos ni había estado implicada en actividades ilegales en tiempo de paz ya que «¡la red de Luxemburgo nunca tuvo implicación militar y nunca fue utilizada con otros fines que aquellos que motivaron su creación!» El primer ministro subrayó que «el principio mismo de una organización secreta de resistencia patriótica prevista ante la hipótesis de una ocupación del territorio por parte del enemigo no debe ser cuestionado» e informó al Parlamento que, lógicamente, había «ordenado a los servicios secretos disolver inmediatamente la red stay-behind, en espera a que los países de la OTAN definan una nueva estrategia adaptada a una Europa radicalmente transformada».

La historia de la red Gladio en Luxemburgo sigue siendo hoy en día misteriosa y fragmentada. La cantidad y la naturaleza exactas de las armas depositadas en los escondites así como la localización de estos últimos nunca fueron reveladas, como tampoco lo fueron las fechas ni los términos de los acuerdos de cooperación existentes entre la red stay-behind y la OTAN, la CIA y el MI6. Ante las numerosas preguntas que seguían sin respuesta desde que Santer hizo aquellas declaraciones, el parlamentario Jean Huss –del Partido Verde Alternativo– y los demás miembros de su coalición pidieron primeramente que se abriera un debate público en el seno del Parlamento y, posteriormente, solicitaron la formación de una comisión parlamentaria investigadora encargada de investigar el tema. Ambas solicitudes fueron rechazadas por mayoría de votos.

(Continuará...)

Actualización

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La Brigada Móvil, fuerza de élite de la gendarmería del Gran Ducado.

En 2005 y 2006, el canal de televisión RTL transmitió una serie de reportajes sobre 18 atentados no aclarados ocurridos en Luxemburgo entre el 30 de mayo de 1984 y el 25 de mayo de 1986. Los hechos no provocaron ninguna muerte de forma directa pero varias personas implicadas o presentes durante los hechos murieron accidentalmente. Los periodistas cuestionaron al director general de la Policía y señalaron que los hechos estaban relacionados con otros casos vinculados al Gladio en otros Estados europeos.

En respuesta a una carta del Fiscal General, Robert Biever, una Comisión parlamentaria presentó, el 7 de mayo de 2008, un informe sobre el papel del Servicio de Inteligencia en la investigación (Ver documento adjunto).

El 30 de noviembre de 2012, el semanario D’Lëtzebuerger Land publicó el texto íntegro de una conversación que había tenido lugar en 2007 entre el primer ministro y Marco Mille, jefe del servicio de inteligencia [2]. A través de ese documento se supo que, durante la guerra fría, 300 000 de los 500 000 habitantes de Luxemburgo habían estado bajo vigilancia pero que sus expedientes habían sido destruidos posteriormente. Sin embargo, 17 000 fichas «destruidas» fueron descubiertas poco después, al igual que un centro de archivos secretos en el castillo de Senningen.

Finalmente, en febrero de 2013 se inició el juicio contra 2 policías, Jos Wilmes y Marc Scheer, que habían sido miembros de la Brigada Movil [3]. Rápidamente se comprobó que el entonces ministro de Justicia, Luc Frieden, y el director general de la Policía, Pierre Reuland, habían hecho correr rumores sobre supuestas sospechas de pedofilia para desacreditar al Fiscal General y habían recurrido además a escuchas ilegales y presiones sobre los investigadores. Un testigo acusa a Ben Gielben, ex jefe de la Brigada Móvil de ser la persona que puso las bombas. La operación parece haber sido supervisada por el príncipe Jean de Nassau. El juicio está pospuesto para septiembre de 2013.

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El actual ministro de Finanzas y aspirante al cargo de primer ministro, Luc Frieden, ministro de Justicia en el momento de los hechos, se presentó ante las cámaras de RTL, el 11 de junio de 2013, para desmentir la responsabilidad que se le atribuye en el caso de los atentados con bombas.

RV

Documentos adjuntos

 

Este artículo es el capítulo 12 del libro Les Armées secrètes de l’OTAN
© Publicado en francés por Editions Demi-lune (2007).

[1] Toda la información recogida en este artículo proviene de la declaración del primer ministro de Luxemburgo Jacques Santer formulada ante el Parlamento el 14 de noviembre de 1990. El texto íntegro de la declaración fue publicado en el diario Luxemburger Wort el 15 de noviembre de 1990.

[2] «Les intrigants», por Veronique Poujol, D’Lëtzebuerger Land, 30 de noviembre de 2012.

[3] Ver el tratamiento del caso en el canal de televisión RTL y los diarios Le Quotidien y Wort.

Daniele Ganser

Daniele Ganser Historiador suizo, especialista en relaciones internacionales contemporáneas. Sus trabajos acerca de las redes Gladio en Europa y de los ejércitos secretos de la OTAN ligados a los neonazis y otros movimientos fascistas le valieron un gran reconocimiento académico. Se dedica a la enseñanza en la universidad de Basilea, Suiza.

 
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