Red Voltaire
OTAN, Unión Europea

La presidenta de Letonia rehabilita el nazismo

El 16 de marzo de 2005 se llevó a cabo una manifestación de Waffen SS en el corazón de la capital de un Estado que es miembro reciente de la Unión Europea y de la OTAN, Letonia. Las autoridades decidieron autorizarla y reprimiendo a los ciudadanos que protestaban. Lejos de ser un hecho aislado, este acontecimiento representa la culminación de un proceso destinado a negar la desaparición del nazismo y a rehabilitarlo, dirigido por la presidenta de la República, Vaira Vike-Freiberga, y públicamente financiado por la Embajada de los Estados Unidos. Ocurre después de la llegada al poder de partidos nazis en diversos Estados «democratizados», como en Ucrania, por ejemplo.

| Paris (Francia)
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Un admirador de los ex SS Waffen haciendo el saludo Heil Hitler durante la manifestación nazi el pasado 16 de marzo 2005 en la Plaza principal de Riga, capital de Letonia, la cual contó con el apoyo de las autoridades gubernamentales letonas.

Los acontecimientos ocurridos el pasado 16 de marzo de 2005 en Riga (Letonia) han inflamado los ánimos en toda la Europa oriental y Rusia, pero es poco probable que la prensa atlantista (prensa de Europa occidental, comunidad europea) se refiera a ellos. En realidad, los hechos hablan por sí mismos y muestran un aspecto inadmisible de la OTAN y de la Unión Europea desde la ampliación del 1º de mayo de 2004.

Por iniciativa de la asociación nazi Club 415, y por el quinto año consecutivo aunque por primera vez en el seno de la OTAN y de la Unión, varios centenares de Waffen SS desfilaron por el centro de la capital. La manifestación, que fue autorizada por decisión del consejo municipal de Riga, fue protegida por las fuerzas de seguridad, mientras que las personas que protestaban pacíficamente contra ella fueron brutalmente reprimidas y veinte de ellas sometidas a interrogatorio.

No se trata, en este caso, de un enfrentamiento folclórico entre skinheads de extrema derecha y de extrema izquierda, sino de un acto político emanado de una profunda reflexión, organizado personalmente por la presidenta de la República, y que marca la culminación de un rápido proceso de rehabilitación del nazismo.

Tampoco se trata de una repugnante provocación de efecto interno, sino de una estrategia internacional, orquestada por la OTAN, de garantías deliberadamente dadas a organizaciones clandestinas a las que se debe agradecer por su contribución a la desovietización de Europa y que ya se encuentran vinculadas a diversos gobiernos, en especial en la Ucrania «naranja».

Para comprender los objetivos en juego de este drama, es necesario realizar un recuento histórico.

Durante la II Guerra Mundial, los nazis crearon 37 divisiones de Waffen Schutzstaffel (Waffen SS) de las cuales sólo 12 estaban compuestas exclusivamente por alemanes [1]. La mayoría de las divisiones eran reclutadas entre las poblaciones llamadas «arias» de los países anexados u ocupados. Aunque los letones no fueron todos considerados «arios», fueron enrolados en masa.

De 900,000 Waffen SS, cerca de 150,000 eran letones, constituyendo así el mayor contingente extranjero mientras que su país, Letonia, sólo contaba con dos millones de habitantes. Los letones formaron sobre todo la 15ª División de Infantería, que fue la unidad no alemana más condecorada de la Waffen SS. Fueron ellos quienes se atrincheraron en Berlín y entablaron los últimos combates del III Reich.

Los SS letones no combatieron para defender su país, sino principalmente contra la Resistencia en Bielorrusia y en Rusia. En su gran mayoría eran voluntarios. No obstante, en 1944, se les unieron reclutas algunos de los cuales habían sido enrolados a la fuerza.

Por otra parte, otros letones, es decir cerca de 130,000 letones se alistaron para luchar contra el Eje (la Alemania hitleriana, Italia de Mussolini y Japón). La mayoría combatió en el Ejército Rojo que liberó a su país del nazismo. Después de las negociaciones entre los Aliados, Letonia, al igual que otros Estados bálticos, fue absorbida por la Unión Soviética.

Incluso antes de terminar la Guerra Mundial, los servicios secretos británicos reclutaron agentes entre los criminales de guerra nazis (especialmente miembros del Arajs Kommando) para combatir el comunismo y los infiltraron en Suecia con la ayuda del SMT, el servicio secreto local. Así se reconstituyó por completo una unidad SS de 1,500 hombres, bajo el mando del coronel Osis, con el objetivo de lanzar un ataque contra los soviéticos.

Sin embargo la idea fue abandonada después que el Tribunal de Nuremberg calificó a la Waffen SS y a todas sus secciones de «organización criminal». En 1949, esos agentes fueron transferidos a Hamburgo (a la zona alemana ocupada por los británicos) para ser entrenados por el MI6 («operación Jungla»).

Los «mejores» elementos recibieron una formación adicional en Gran Bretaña. Todos fueron pronto integrados en lo que se convertiría en la red «stay-behind» de la OTAN, dirigida en conjunto por los británicos y los estadounidenses [2]. Se intentó efectuar diversos lanzamientos en paracaídas y operaciones de infiltración en misiones de espionaje y sabotaje, pero todo ello fracasó, provocando una cruel represión por parte de los soviéticos. A la larga, este método fue abandonado en 1952 para ser sustituido por las operaciones psicológicas [3].

Esas redes se mantuvieron activas durante toda la Guerra Fría. En 1997, Alemania reveló seguir pagando aún pensiones a 50,000 ex SS o a sus derechohabientes, diseminados por casi todo el mundo. De ese modo, la viuda de Reinhard Heydrich (el arquitecto de la «solución final») o Heinz Barth (uno de los responsables de la masacre de Oradur-sur-Glane) continúan recibiendo sueldos del Estado alemán y esto a pesar de sus crímenes [4].

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Desde el punto de vista de los anglosajones, esa inversión no era inútil. Brindaba un marco para asumir el poder tras el derrumbe de la Unión Soviética. Y ese proceso está lejos de haber concluido. Así, cuando la reciente «revolución» naranja [5], agentes de esas redes, reagrupados en el seno del Congreso de los Nacionalistas Ucranianos (KUN) y del Partido Panucraniano de la Libertad (Svoboda, ex SNPU) se unieron a «Nuestra Ucrania», la coalición llamada democrática de Víktor Yuschenko y le brindaron la estructura política necesaria.

No puede haber duda alguna sobre la identidad nazi de esos grupos: el primero inscribe explícitamente en todos sus documentos la frase: «Facción Stefan Bandera», mientras que el segundo utiliza el tridente y la svástica como símbolos. Y ello sin hablar de los amigos de la Sra. Timoschenko (canciller de Ucrania): la UNA-UNSO, una organización paramilitar creada cuando el putsch de Moscú en 1991, que reivindica a más de 1,000 combatientes; hombres que fueron a combatir con la CIA en Croacia, y después junto a los insurgentes chechenos y en Georgia.

De esta constelación, sólo el grupo Svoboda (Libertad) ha sido mantenido inactivo después que su líder, Oleh Tyahnybok, elogió a aquellos que, durante la II Guerra Mundial, habían «limpiado al país de judíos y rusos» y exhortó a seguir su ejemplo devolviendo «Ucrania a los ucranianos» y «liberando al país de los judíos moscovitas que lo explotan» [6].

Se tomó mucha precaución para evitar que las cruces gamadas aparecieran en la «revolución» naranja televisada cuando la mayoría de los manifestantes pagados habían sido reclutados en esas organizaciones nazis.

Como quiera que sea, el KUN y la UNA-NAS han sido considerados como interlocutores lo suficientemente adecuados, o «limpios», siendo conocidos desde hace bastante tiempo, para que el secretario general de la Unión Europea y ex secretario general de la OTAN, el español Javier Solana, haya aceptado de dialogar con ellos.

Lo que sucede hoy -ya sea en Europa o en otro lugar, por ejemplo en el Líbano, ¡donde se nos presenta a los falangistas como defensores de la democracia!- no tiene nada que ver con la extensión de la libertad de la cual se jacta el presidente George W. Bush, sino con la continuación de la peor de las políticas, que comenzó con la Guerra Fría y que ya no tiene ningún obstáculo.

En esta perspectiva, el MI6 y la CIA tomaron el control de Letonia, donde gracias al caos post soviético, colocaron a sus hombres a la cabeza del Estado. En el país, la población desencantada habla de «la banda de extranjeros», informa la periodista Rumania Ougartchinska en su último trabajo [7].

Un ejemplo de ello es la Oficina de Protección de la Constitución (SAB) [8], encargada sobre todo de defender la democracia, que está dirigida por Janis Kazocinu, quien es en realidad un general del ejército británico, transformado en agregado militar en Riga durante la independencia, luego adjunto del jefe del Estado Mayor. Sólo adquirió la nacionalidad letona en ocasión de su nombramiento.

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La presidenta de la República de Letonia, Vaira Vike-Freiberga

La profesora Vaira Vike-Freiberga desempeña un papel central en ese dispositivo. La familia de esta canadiense, que huyó de Letonia cuando se produjo la caída del Tercer Reich de Adolf Hitler, estaba vinculada a los agentes nazis de las redes stay-behind de la OTAN, a través de una asociación clandestina destinada a la diáspora, Los Halcones del río Daugava (Daugavas Vanagi). La de su esposo, Imants Freibergs, estuvo vinculada al MI6 en Alemania a fines de la Segunda Guerra Mundial.

Vike-Freiberga, profesora de Psicología en la Universidad de Toronto, especialista en la influencia de las drogas en el comportamiento humano, se instala en Riga a inicios de 1999, adquiere la nacionalidad letona y es elegida en la primavera Presidenta de la República, mandato que le será renovado cuatro años más tarde.

Durante los últimos años, la presidenta Vike-Freiberga se ha dedicado a rescribir la historia europea. En su opinión, Letonia habría sido ocupada sucesivamente por los soviéticos, luego por los alemanes, de nuevo otra vez por los soviéticos; los letones que se habrían enrolado en las SS lo habrían hecho únicamente para encontrar un aliado para liberar a su país; en definitiva, los crímenes tanto de unos como de otros eran comparables.

Para ello, basa su razonamiento en una interpretación original del Pacto Ribbentrop-Molotov, el cual habría sido resultado del carácter totalitario común a los regímenes nazi y estalinista. La Alemania actual no podría considerarse responsable de los crímenes nazis, pero la Rusia actual siempre sería responsable de los crímenes del estalinismo.

Ahora bien, esa lectura de los hechos no corresponde a la realidad: el Pacto Ribbentrop-Molotov es ante todo una prolongación de los Acuerdos de Munich (Alemania, Francia, Italia, Reino Unido) para precisar las zonas de influencia en el Este luego de la división de Checoslovaquia entre Alemania, Polonia y Hungría.

Además, es necesario integrar el papel de la propia Letonia durante ese período. Por último, no podemos sino quedarnos estupefactos ante la negativa de tener en cuenta la lucha del Ejército Rojo por liberar a Europa de la peste parda (los fascistas usaban camisas de ese color o negras); y el hecho de considerar como traidores a los letones que se habían incorporado a este mismo Ejército Soviético. De todas formas, el nuevo credo en Riga consiste en diabolizar a los soviéticos sin distinción y rehabilitar a los nazis que los combatieron.

En enero de 2005, el gobierno letón publicó una obra titulada Historia de la Letonia: siglo XX; en el libro se precisa que fue impreso con el apoyo financiero de la embajada de los Estados Unidos y el lanzamiento se realizó durante una conferencia de prensa de la presidenta de la República.

En él leemos con sorpresa, entre otras cosas, que el campo de Salaspils, donde los nazis realizaron experimentos médicos con niños y 90,000 personas fueron asesinadas, no era más que un «campo de trabajo correctivo» y que los Waffen SS eran héroes de la lucha contra los ocupantes soviéticos.

Manifestantes antifascistas reprimidos por la policía en Riga, 16 de marzo

Esta obra, así como diversos manuales escolares, suscitó la cólera de los parlamentarios y del gobierno ruso, y furor en numerosos países de Europa Central y Oriental. Por eso, Israel y Rusia, oficialmente, solicitaron a Letonia que no autorizara la reunión de los Waffen SS del 16 de marzo, pero su solicitud fue rechazada.

Por último, subrayemos que Letonia entró a la vez en la OTAN y en la Unión Europea, durante la ampliación de mayo de 2004, y mucho esto a consecuencia de los dictados de Washington. Durante cincuenta años, la Unión Europea ha sido el fruto de la voluntad conjugada de los Estados Unidos de anclar la parte occidental al bloque atlantista para frenar la influencia rusa y de los europeos de unirse más bien que de destruirse. Hoy día, los europeos occidentales ya no tienen que ser protegidos del «peligro rojo» y se rehabilita el nazismo. La Unión ya no representa la paz.

A partir de ese momento, es fácil comprender que en pleno período de referendo sobre el Tratado Constitucional Europeo, la prensa atlantista no desee rendir cuenta de los hechos, aunque a pesar de todo hubo un cable de la Agencia de noticias France Presse (AFP). La manifestación se presentó como una conmemoración «de los antiguos combatientes letones enrolados por la fuerza durante la Segunda Guerra Mundial en las filas alemanas de los Waffen SS»; se trataba de «rendir homenaje a esos soldados legionarios».

La agencia de noticias francesa AFP no califica de demócratas a los que se opusieron a los manifestantes, sino de «radicales pro rusos» [9].

Estonia, otro país báltico, ha construido un monumento a la memoria de los nazis

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Todo está listo en Estonia para la inauguración del monumento en memoria de los SS nazis

En la ciudad de Tallin, capital de Estonia, ex república soviética y flamante miembro de la Unión Europea, todo está listo para inaugurar un monumento a la memoria de las tropas hitlerianas SS nazis que tanto horror causaron durante la Segunda Guerra Mundial.

La provocación tendrá lugar el 8 de mayo 2005, se dice provocación porque en esa misma fecha se estará celebrando el término de la Segunda Guerra Mundial y la victoria sobre el nazismo.

Los países bálticos (Lituania, Letonia y Estonia) viven y fomentan el resurgimiento de las tenebrosas fuerzas nazis conocidas en la actualidad bajo el seudónimo de neonazi. Todo esto ocurre increíblemente ahora que acaban de ingresar al tan selecto club de la Unión Europea y aunque esta comunidad de Estados democráticos no haya dicho absolutamente nada por el momento.

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En la placa del monumento se puede leer claramente a los soldados nazis que combatieron el bolchevismo durante la Segunda Guerra Mundial
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Un antiguo monumento a la memoria de las tropas soviéticas que liberaron el país del nazismo durante la SGM ha sido dañado por los neonazis.

Red Voltaire.

[1] Cifras de 1944.

[2] «Stay-behind: Las redes estadounidenses de desestabilización y de injerencia», por Thierry Meyssan, Voltaire, 20 de julio de 2001.

[3] Leer: MI6, Inside the Covert World of Her Majesty’s Secret Intelligence Service, por Stephen Dorril, capítulo 16, The Free Press, 2000.

[4] «War criminals get pensions», Associated Press, 7 de febrero de 1997.

[5] «Ucrania: la calle contra el pueblo», Voltaire, 29 de noviembre de 2004.

[6] «Ukraine: Ultra-right groups support Yushchenko», por Justus Leicht, The Guardian, 15 de diciembre de 2004.

[7] KGB et Cie, à l’assaut de l’Europe (KGB Y CIA al asalto de Europa) por Roumania Ougartchinska, Ediciones Anne Carrère, 2005.

[8] Satversmes Aizsardzibas Biroja

[9] «20 arrestations lors de la marche en mémoire des Letttons enrôlés dans les SS» (20 arrestos durante la marcha en memoria de los letones enrolados en las SS), Agencia francesa de noticias AFP, 16 de marzo de 2005, 14h08.

Thierry Meyssan

Thierry Meyssan Intelectual francés, presidente-fundador de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Sus análisis sobre política exterior se publican en la prensa árabe, latinoamericana y rusa. Última obra publicada en español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación (Monte Ávila Editores, 2008).

 
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