Cuando era niño y me sentía observado, me hacía el que iba a hacer algo riesgoso sin demostrar que sabía que me observaban. Tengo la impresión de que Corea del Norte actúa de igual forma.
Estados Unidos ha podido observar la preparación de los misiles Taepodong 2, aunque Pyongyang no ha puesto fin a la moratoria sobre las pruebas balísticas que se impuso desde 1998. La reacción estadounidense no se ha hecho esperar. Condoleezza Rice ha declarado que estas informaciones eran graves y era exactamente esto lo que deseaba Kim Jong Il. El dirigente norcoreano espera mostrarse amenazador para que se reanuden las discusiones entre las seis partes, en punto muerto desde hace seis meses. Corea del Norte necesita un acuerdo sobre la energía y los alimentos, pero no se concreta nada y Pyongyang debe hacerse nuevamente la peligrosa.
¿Por qué los Estados Unidos se dejan arrastrar a este juego? Después de todo, la maniobra no es sutil, pero en realidad entrar en el juego les conviene. Así pueden reactivar su programa antimisiles. También sirve a Japón cuyo gobierno desea que la población acepte la revocación de las cláusulas pacifistas de la constitución de 1947.
Corea del Norte no utilizará nunca esas armas (si es que existen), pero el ruido alrededor de esta cuestión es tan útil que no se deja de hablar de ello.

Fuente
The Age (Australia)

«North Korean rocket serves the US very well», por Gwynne Dyer, The Age, 21 de junio de 2006.