Red Voltaire

Industriales de la miseria, los nuevos dueños del Paraguay

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(Luis Agüero Wagner); [email protected] Declarar estado de emergencia es para algunos comedores de carroña de Paraguay un gran negocio, que se traduce en millones de dólares. La polémica generada a raíz de la suspensión de un evento automovilístico en el Chaco paraguayo, ha hecho a muchos reflexionar en Paraguay sobre el inmenso poderío de las ONGs en el gobierno del obispo Fernando Lugo.

La idea de declarar estado de emergencia en Paraguay es una idea que hace mucho venían acariciando los “chicos buenos” de las ONGs financiadas por USAID, el NED, IAF, y otras fundaciones anexas a la CIA que hoy al fin alcanzaron el tan anhelado zoquete en la función pública en Paraguay, y viven de las escuálidas arcas públicas de un país miserable entre miserables.

El resultado del estado de emergencia no ha sido, a pesar de todo, una pronta asistencia a los damnificados sino una gran polémica en torno al automovilismo y el aumento en la recepción de donaciones de la ex operadora del Plan Colombia Liliana Ayalde, hoy embajadora en Paraguay.

Escuchemos la advertencia del intelectual izquierdista James Petras, con respecto a este poder que amenaza con tomar ribetes totalitarios en nuestro país: “Al incorporar a los pobres a la economía neoliberal a través de acciones voluntarias que son exclusivamente de la iniciativa privada, las ONG crean un mundo en el que la apariencia de una solidaridad y acciones sociales ocultan una conformidad hacia las estructuras nacionales e internacionales del poder. No es casual que las ONG se hayan convertido en entes dominantes en ciertas regiones donde las acciones políticas independientes han decaído y el neoliberalismo rige sin oposición alguna”.

LAS ONGs, EL PODER DETRÁS DEL PODER

La CIA utiliza para financiar sus redes globales no gubernamentales un gran plantel de fundaciones, algunas ficticias, otras reales. También hay un gran número de organizaciones que reciben fondos de la CIA: revistas académicas de renombre, sindicatos y think tanks políticos, por supuesto que todas dedicadas a la difusión de las ideas que Washington considera oportunas. Estos beneficiarios de una supuesta asistencia en metálico en realidad son parte de una estrategia del imperio, que no se caracteriza por dar puntada sin hilo precisamente.

Estados Unidos elaboró desde el final de la guerra fría una nueva doctrina de golpes de estado soft mediante la utilización de técnicas no violentas. Inspirándose en la eficacia de las luchas políticas que desarrolló en la India Mohandas K. Gandhi, la no violencia activa, Washington trata desde hace poco más de una década de derrocar los gobiernos que no le gustan mediante un dispositivo que le garantice el apoyo de la opinión pública internacional. Para logar estos fines por medio de la nueva doctrina, las organizaciones no gubernamentales, tan populares ante los medios de difusión, juegan un papel esencial. Como señala el periodista de Counterpunch Jacob Levich, «las organizaciones no gubernamentales -asociaciones teóricamente independientes y con la reputación de humanitarias, conocidas bajo de la denominación de ONG- están ya abiertamente incorporadas a la estrategia de conjunto de Washington para consolidar su supremacía global».

Conocidas herramientas de desmovilización, figuras como James Petras han advertido sobre el papel que algunas ONGs desempeñan como brazos del poder internacional en la fractura de luchas populares reivindicativas. Según él, para combatir verdaderamente las fuentes de las desigualdades y la pobreza, estas organizaciones deberían actuar al amparo de los movimientos sociales.

Aun cuando las ONG han criticado violaciones a los derechos humanos, rara vez denuncian a sus benefactores en Europa y Estados Unidos. A medida que aumentó la oposición al neoliberalismo, el Banco Mundial (BM) incrementó los donativos destinados a las ONG Repitiendo lo que señala Petras, no se puede dudar que las ONGs se han convertido en empresarios de la pobreza, ya que no son elegidos por las comunidades donde supuestamente trabajan y utilizan a los pobres como fuente para conseguir financiamiento de los visitantes de países ricos. Eso se debe a que muchos integrantes de las ONG son ex comunistas, ex socialistas y ex dirigentes populares, que sufrían con el pueblo y que estaban sometidos por las asambleas. Ahora, sin embargo, son jefes, les gusta tener secretaria, vehículos 4x4, acceso a la tecnología y gozar de los privilegios que antes criticaban. La mayoría de ellos rondan los 30, 40 años, tienen hijos en la escuela pública y sus parejas están cansadas de soportarlos en el activismo político… Para ellos, someterse a los intereses de los donantes, les abrirá la puerta a lo que desean: colegios privados para los hijos, comer fuera tres veces por semana y pagarle a una mucama para que limpie la casa. Sin duda, poder disfrutar de ese nivel de vida actúa como una poderosa fuerza de atracción para quienes han pasado un tiempo en la lucha de clase y se han cansado de ésta. Ahora todos estos ex izquierdistas prefieren integrar la clase media y proyectar una imagen progresista.

Hoy la víctima propiciatoria es el rally, con cuya realización nunca estuve personalmente de acuerdo, pero quien sabe cuál será la próxima restricción que impongan a través de su todo poderoso entretejido en nuestra sociedad, estos aprendices de dictador y tiranuelos que pululan por nuestro territorio haciendo de nuestra pobreza una industria. LAW

LO QUE ESCRIBIÓ JAMES PETRAS:

Comentaristas e intelectuales se mostraron sorprendidos cuando muchos líderes y activistas de organizaciones no gubernamentales (ONG) se unieron a la campaña electoral de Vicente Fox y, tras su victoria, esperan recibir puestos dentro de su nuevo gobierno. La idea de que líderes"progresistas" de las ONG se unan a un régimen abiertamente partidario del "libre mercado" parece anómala. No obstante, un análisis más profundo de la historia y antecedentes de funcionarios de ONG en América Latina, así como de su ideología y nexos con donantes externos, podía haber vaticinado este escenario.

En la transición hacia la política electoral en Chile, Bolivia, Argentina y América Central, numerosos líderes de ONG se aliaron a regímenes neoliberales que utilizaron su experiencia organizacional y retórica progresista para controlar protestas populares y socavar movimientos de clases sociales.

Desde el principio de la década de los 80, las clases dominantes neoliberales, junto con el gobierno de Estados Unidos y gobiernos europeos, se percataron que las políticas del "libremercado" estaban polarizando a las sociedades en América Latina. Mediante fundaciones privadas y fondos estatales empezaron a financiar a las ONG, mismas que expresaban una ideología contra el Estado y promovían la "autoayuda". A finales de este milenio, existen unas 100 mil ONG en todo el mundo que reciben cerca de 10 mil millones de dólares y compiten con los movimientos sociopolíticos por la lealtad de las comunidades militantes.

Aun cuando las ONG han criticado violaciones a los derechos humanos, rara vez denuncian a sus benefactores en Europa y Estados Unidos. A medida que aumentó la oposición al neoliberalismo, el Banco Mundial (BM) incrementó los donativos destinados a las ONG. El punto fundamental de convergencia que comparten las ONG y el BM era el rechazo de ambas entidades al "estatismo". Superficialmente, las ONG criticaban al Estado desde un perspectiva de "izquierda" en la que defendían a la "sociedad civil", mientras que al BM lo criticaban en nombre del "mercado".

En realidad, el BM y los regímenes neoliberales aprovecharon las ONG para minar el sistema de seguridad social estatal, y fueron utilizados y reducidos a medios para compensar a las víctimas de las políticas neoliberales. Mientras los regímenes neoliberales disminuían los niveles de vida y saqueaban la economía, las ONG se fundaron para promover proyectos de "autoayuda" que absorberían, temporalmente, a pequeños grupos de desempleados pobres, a la vez que reclutaban líderes locales.

Las ONG se convirtieron en "el rostro comunitario" del neoliberalismo y se relacionaron íntimamente con los de arriba y complementaron su labor destructiva. Cuando los neoliberales transferían lucrativas propiedades estatales, privatizándolas para los ricos, las ONG no fueron parte de una resistencia sindical. Por el contrario, se mostraron activos en la creación de proyectos privados, promoviendo el discurso de la iniciativa privada ("autoayuda") al dedicarse a fomentar la microempresa en las comunidades pobres.

Las ONG crearon puentes ideológicos entre pequeños capitalistas y los monopolios que se beneficiaron de las privatizaciones -todo en nombre del antiestatismo y la construcción de la sociedad civil. Mientras los ricos creaban vastos imperios financieros a partir de las privatizaciones, profesionales de clase media que trabajaban con las ONG recibían pequeños fondos para financiar sus oficinas, sus gastos de transporte y sus actividades para promover actividades económicas a pequeña escala.

Lo importante aquí es que las ONG despolitizaron a sectores de la población, ignoraron sus compromisos hacia actividades del sector público y se valieron de líderes sociales potenciales para la realización de proyectos económicos pequeños. En realidad, las ONG no son no gubernamentales. Reciben donativos de gobiernos extranjeros o funcionan como agencias subcontratadas por gobiernos locales.

Igualmente importante es el hecho de que sus programas no son calificados por las comunidades a las que ayudan, sino por sus benefactores extranjeros. Es en ese sentido que las ONG sabotean la democracia al arrancar programas sociales de las manos de las comunidades y de sus líderes oficiales, para crear dependencias a cargo de funcionarios no electos, provenientes del extranjero, quienes eligen y ungen a sus interlocutores locales.

La ideología de las ONG en cuanto a sus actividades privadas y voluntarias destruye el sentido de lo "público"; la idea de que el gobierno tiene la obligación de procurar a todos sus ciudadanos. Contra esta noción de responsabilidad pública, las ONG fomentan la idea neoliberal de una responsabilidad privada hacia los problemas sociales y la importancia de los recursos para resolver estos problemas. De tal suerte, las ONG imponen una doble carga sobre los pobres: el pagar impuestos para financiar a un Estado neoliberal que sirve a los ricos; y el autoexplotarse de manera privada para satisfacer sus propias necesidades.

Muchos de los líderes y militantes de las ONG son ex marxistas o "post marxistas", quienes toman prestada mucha de la retórica referida a "dar poder al pueblo", "el poder popular", "la igualdad de género" y "el liderazgo de las bases como el único que logra legitimidad", mientras que alejan la lucha social de las condiciones que marcan la vida de las personas. Las ONG se convierten en un vehículo organizado que permite la movilidad social ascendente para desempleados o profesionistas ex izquierdistas mal pagados. El lenguaje progresista disfraza el núcleo conservador de las prácticas de las ONG. Ejemplo de esto es el hecho de que la naturaleza local de las actividades de las ONG tiene siempre que ver con "dar poder", pero los esfuerzos de estos organismos rara vez van más allá de una influencia en pequeñas áreas de la vida social, utilizando los recursos limitados y siempre dentro de las condiciones permitidas por el Estado neoliberal. En lugar de dar educación política sobre la naturaleza del imperialismo y sobre las bases clasistas del neoliberalismo, las ONG discuten sobre "los excluidos", "los indefensos" y "la extrema pobreza" sin jamás pasar de sus síntomas superficiales para analizarel sistema social que produce estas condiciones.

Al incorporar a los pobres a la economía neoliberal a través de acciones voluntarias que son exclusivamente de la iniciativa privada, las ONG crean un mundo en el que la apariencia de una solidaridad y acciones sociales ocultan una conformidad hacia las estructuras nacionales e internacionales del poder. No es casual que las ONG se hayan convertido en entes dominantes en ciertas regiones donde las acciones políticas independientes han decaído y el neoliberalismo rige sin oposición alguna.

La conversión de líderes de las ONG; de abanderados del "poder popular", a simpatizantes del presidente electo conservador, Vicente Fox, es por lo tanto perfectamente comprensible. Los funcionarios de las ONG proporcionan la retórica "populista" en torno a la sociedad civil que legitiman las políticas del libre mercado. A cambio, sus nombramientos como funcionarios gubernamentales satisfacen sus ambiciones de movilidad y ascenso social. Para los ex izquierdistas, el antiestatismo es el pasaje que les concederá tránsito ideológico de la política de clases y el desarrollo comunitario hacia el neoliberalismo. Para los intelectuales críticos, el problema no es sólo el neoliberalismo del "libre mercado" que viene de las cúpulas, sino también el neoliberalismo de la "sociedad civil", que proviene de abajo.

A continuación transcribo dos explicaciones sobre la vinculación de las ONGs con el poder mundial, y su instrumentación con fines antidemocráticos:

1-Las ONG, nuevo brazo de la diplomacia estadounidense (publicado por la Red Voltaire)

Aunque los recientes sucesos de Georgia y Ucrania fueron calificados de «revoluciones», la realidad es otra ya que su objetivo no era un cambio de sociedad sino, únicamente, provocar cambios de gobierno favorables a los aliados de Estados Unidos. Las protestas y los movimientos callejeros fueron organizados por ONGs financiadas y dirigidas, directa o indirectamente, por Washington conforme a un plan expuesto hace más de un año en un informe oficial de la USAID. En unos años, ciertas ONGs se han transformado en caballos de Troya del departamento de Acción de la CIA.

El derrocamiento del presidente georgiano Eduard Chevarnadze, en noviembre de 2003, y la ascensión al poder de Viktor Yuschenko en Ucrania, en diciembre de 2004, consagran, según la mayoría de los politólogos europeos, el triunfo de la sociedad civil democrática en los antiguos satélites soviéticos.

Al oír las loas de la llamada «prensa occidental», parece que no puede uno menos que alegrarse de la forma en que los pueblos sometidos por la antigua URSS toman hoy el destino en sus manos y se unen, es debido, al único bando justo, representado por -no hay más escoger- Occidente, Europa o la OTAN.

Todo ello, gracias al formidable trabajo de terreno y de movilización que hicieron numerosas organizaciones no gubernamentales o extranjeras para convencer a los georgianos, los ucranianos y, quizás mañana, a los bielorrusos, de que es importante hacer valer sus propios derechos.

La realidad es más compleja y seguramente mucho menos idílica. Parece en efecto que, conforme a la línea de las teorías del politólogo estadounidense Gene Sharp, desarrolladas en el seno de la Albert Einstein Institution [1], Estados Unidos elaboró desde el final de la guerra fría una nueva doctrina de golpes de estado soft mediante la utilización de técnicas no violentas.

Inspirándose en la eficacia de las luchas políticas que desarrolló en la India Mohandas K. Gandhi, Washington trata desde hace alrededor de diez años de derrocar los gobiernos que no le gustan mediante un dispositivo que le garantice el apoyo de la opinión pública internacional.

En el centro de la nueva doctrina, las organizaciones no gubernamentales, tan populares ante los medios de difusión, juegan un papel esencial. Como señala el periodista de Counterpunch Jacob Levich, «las organizaciones no gubernamentales -asociaciones teóricamente independientes y con la reputación de humanitarias, conocidas bajo de la denominación de ONG- están ya abiertamente incorporadas a la estrategia de conjunto de Washington para consolidar su supremacía global» [2].

El hecho de que la mayor parte de las ONG, sobre todo las más importantes, sean financiadas por fondos «privados-públicos» no es nuevo. Hace tiempo que las agencias gubernamentales de ayuda tienen como objetivo subvencionar, por lo menos parcialmente, organizaciones humanitarias especializadas en el desarrollo. Numerosas ONG aceptan igualmente fondos provenientes del Open Society Institute de George Soros aún cuando los lazos de este último con la diplomacia subterránea estadounidense son bien conocidos [3]. Sin embargo, durante muchos años el carácter dudoso de esos financiamientos -que ponen en tela de juicio la definición misma de lo que debe ser una organización no gubernamental- no tenían influencia real en la integridad con la estas realizaban sus actividades. La cantidad de ONG que apoya, por ejemplo, el Open Society Institut excluía la utilización de esa vía para establecer un control sobre los numerosos proyectos en marcha [4].

Sin embargo, las cosas cambiaron desde principios de los años 2000, y el cambio fue deliberado. En el pasado, Estados Unidos acostumbraba a financiar grupos políticos y guerrillas armadas, así como sindicatos [5]. A partir de la llegada de George W. Bush al poder, en enero de 2001, las ONG fueron integradas poco a poco al aparato estadounidense de ingerencia.

La idea se fue imponiendo, primero en algunos think tanks [Centros de investigación, propaganda y divulgación de ideas, generalmente de carácter político] neoconservadores, luego en el seno de la United States Agency for International Developpment (USAID) [6]. Esta agencia gubernamental estadounidense, dependiente del Departamento de Estado, es el equivalente del ministerio francés de Cooperación. Fundada por John F. Kennedy en 1961, la USAID «apoya el crecimiento económico equitativo y a largo plazo y promueve la política exterior estadounidense apoyando: el crecimiento económico, la agricultura y el comercio, la salud, la democracia, la prevención de conflictos y la ayuda humanitaria». Para ello, la USAID debe seguir directivas del Departamento de Estado y es financiada por fondos públicos. Su acción en el terreno consiste principalmente en redistribuir esos fondos en los países que Washington desea «ayudar», sobre todo a través de organizaciones no gubernamentales [7].

La llegada al poder de una administración belicista en enero de 2001 no podía dejar de tener consecuencias para un organismo tan ligado a la política exterior estadounidense. Sobre todo si se tiene en cuenta que el director de la agencia, Andrew S. Natsios, está muy ligado al nuevo equipo de gobierno. Adepto del «conservadurismo compasivo», Natsios fue miembro del equipo que dirigió en 1980 la campaña electoral de George H. W. Bush, quien lo nombró después, en 1988, en el Buró de Ayuda para las Catástrofes en el Extranjero antes de que Natsios se sumara a la asociación caritativa cristiana WorldVision a partir de 1992 [8].

A la par de la Casa Blanca, la USAID modificó por tanto su relación con las ONG para integrarlas progresivamente al aparato de ingerencia articulado alrededor del conjunto NED/CIA. Eso es lo que revela la lectura de un informe publicado por la agencia en enero de 2003, documento en el que nadie reparó en pleno período de preparación de la guerra contra Irak. El informe detalla cómo desea el Departamento de Estado utilizar en lo adelante las organizaciones no gubernamentales.

Bajo el título Ayuda internacional en nombre del interés nacional: Promover la libertad, la seguridad y la oportunidad, el informe nos pone al tanto de las nuevas prioridades de la USAID. La agencia no concebirá ya sus programas con el fin único de aliviar la miseria humana sino que se dedicará más bien a «estimular reformas democráticas» [9].

Ese cambio de política es consecuencia de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional para Estados Unidos publicada por la Casa Blanca en septiembre 2002. La administración Bush afirma en esa estrategia que Estados Unidos necesita garantizar su propia seguridad instaurando regimenes democráticos en los países enemigos.

Esa es la posición que adoptó la USAID al planear que los regímenes «amigos» sean recompensados mediante la atribución de financiamiento para proyectos de desarrollo mientras que les países «hostiles» serán blanco de programas de «reformas» aplicadas por organizaciones no gubernamentales.

Estas últimas, consignan en efecto los autores, dependen cada vez más de sus fuentes de financiamiento y han perdido, por consiguiente, mucho de su independencia: «las ONG trabajaban antes a buena distancia de donantes gubernamentales, pero con el tiempo esa relación se ha hecho más íntima».

Dicho por lo claro, los gobiernos ejercen actualmente mayor control sobre los programas que financian, lo que abre la vía a su utilización como instrumento. Eso es ni más ni menos lo que propone la USAID. Casi sin disimulo, la agencia explica cómo utilizar las ONG para propiciar golpes de Estado: «Es posible aportar una ayuda a los reformadores que permitirán identificar a los ganadores y perdedores más importantes, desarrollar la construcción de coaliciones y de estrategias de movilización y elaborar campañas de relaciones públicas (...) Ese tipo de ayuda puede representar una inversión para el futuro, cuando un cambio político otorgue el verdadero poder a los reformadores» (página 51). Eso fue precisamente lo que pasó en Georgia en noviembre 2003. Después de haber sido hasta entonces un aliado siempre fiel de Estados Unidos, el presidente Eduard Shervarnadze se vio súbitamente criticado por Washington en cuanto a su «gestión» democrática en el país, cuando emprendió un acercamiento con la Rusia de Vladimir Putin. Era ese el objetivo de la visita de James Baker III a Georgia, durante el verano de 2003, ocasión en que el ex-secretario de Estado advirtió al presidente georgiano y lo invitó a garantizar la legalidad de las elecciones legislativas. Un discurso que permitió legitimar después la llegada de numerosas organizaciones no gubernamentales con el fin de controlar el escrutinio.

Paralelamente, Washington aplicó al pie de la letra las recomendaciones de la USAID emprendiendo urgentemente el adiestramiento de Mijail Saakachvili como sucesor pro estadounidense. Durante el verano, este jurista, miembro del colegio de abogados de New York y ex-miembro del gobierno georgiano, es invitado a un seminario en Belgrado «para aprender cómo hacer una «revolución de terciopelo» como la de los serbios. El señor Saakachvili recibió instrucciones detalladas que siguió al pie de la letra» [10].

El tal seminario estaba organizado por el Centro para la Resistencia no violenta de Belgrado, ONG subvencionada por el Open Society Institute de George Soros [11]]. Al mismo tiempo, el «filántropo» financia un movimiento de jóvenes opositores -algunos tienen apenas 15 años- para crear en Georgia condiciones con vistas a una sublevación popular. Bajo el nombre de Kmara (¡Basta!), la estructura de esa organización sigue el modelo del movimiento serbio Otpor que había desafiado a Milosevic en Belgrado en el 2000, también gracias a los fondos del Open Society de Soros. Numerosos cuadros de Otpor fueron enviados a Georgia para formar allí a los futuros cuadros de la «revolución no violenta».

El factor desencadenante depende también de organizaciones no gubernamentales. Se trata de poner en tela de juicio la limpieza del proceso electoral durante las elecciones legislativas de noviembre de 2003. Durante estas, los movimientos progubernamentales alcanzan una victoria limitada, seguidas de cerca por la oposición que representan Mijail Saakachvili y Nina Bourdjanadze, la presidenta del parlamento.

Pero no son estos últimos quienes iniciarán las protestas sino un responsable estadounidense, Adam Ereli, vocero del Departamento de Estado. Habla de «fraudes masivos» y de «amplias manipulaciones del conteo de votos». Ereli basa sus argumentos en la diferencia existente entre las cifras que anuncia la comisión electoral georgiana, cerca de tres semanas después del escrutinio del 2 de noviembre, y las de «prestigiosas organizaciones independientes» [12].

En este aspecto, el papel de las ONG es también determinante. Los sondeos estuvieron, efectivamente, a cargo de dos organismos diferentes. El primero, la Fair Elections Society (ISFED), financiado por el British Council y, del lado estadounidense, por la USAID y la NED mediante el National Democratic Institute, la International Foundation for Election Systems (IFES) y el International Republican Institute [13].

El segundo sondeo fue realizado por una sociedad estadounidense especializada en análisis electoral, el Global Strategy Group, con la ayuda de la Open Society Georgia de George Soros, de la Eurasia Foundation (también financiada por la USAID y dirigida por un ex-responsable del Departamento de Estado, Charles William Maynes) y de la cadena de televisión «independiente» Rustavi 2, creada en 1994 gracias al financiamiento de George Soros [14].

Paralelamente, asociaciones georgianas de derechos humanos difunden, mediante su sitio en internet y a través de comunicados, informes alarmantes sobre la represión desatada contra la oposición y la omnipresencia de la corrupción.

Estas afirmaciones, de las que se hacen eco constantemente los medios de difusión de Europa occidental, proceden en realidad de una fuente principal: la ONG Liberty Foundation, financiada por la USAID y que hasta mayo de 2003 había sido dirigida por... Mijail Saakachvili [15]. El dispositivo es tan poderoso que no hay posibilidad de fracaso. A finales de noviembre, Eduard Shevarnadze renuncia al poder. Lo reemplaza la presidenta del parlamento Nina Bourdjanadze, hasta la elección, en enero de 2004, de Mijail Saakachvili a la silla presidencial.

Este último no olvidará a la «sociedad civil» que lo llevó al poder. El presentador estrella de la cadena Rustavi 2, Nika Tabatadze, se convierte en segundo del ministro de Relaciones Exteriores antes de ser nombrado presidente de la cadena en octubre de 2004 [16].

El responsable del Open Society Institute en Georgia, Kakha Lomaia, es nombrado ministro de Educación del gobierno de Saakachvili. Otras personalidades pasan con él de la categoría de «miembros de organizaciones no gubernamentales» al rango de miembros del gobierno.

El mismo guión se repitió al parecer en Ucrania en noviembre y diciembre de 2004 [17]. Allí encontramos de nuevo un movimiento de oposición financiado por George Soros, un candidato de oposición muy favorable a la OTAN, sondeos «a boca de urna» realizados por varias ONG financiadas por la NED/CIA y favorables a la oposición, y una campaña de prensa violentamente rusófoba en el seno de la Unión Europea.

El parlamentario estadounidense Ron E. Paul va aún más lejos. Según él, una de las ONG más activas en Ucrania, el International Center for Policy Studies, es financiada por el gobierno estadounidense mediante la Poland-America-Ukraine Cooperation Initiative (PAUCI), organismo subvencionado por la USAID y administrado por la Freedom House [18].

El mismo Viktor Yushchenko es miembro del consejo administrativo de esta organización fundada por el Open Society Institute. Peor aún, el mismo parlamentario norteamericano Ron E. Paul denuncia una sociedad estadounidense de relaciones públicas, Development Associates Inc. que recibió 100 millones de dólares del gobierno norteamericano, esencialmente para garantizar la cobertura de la «revolución naranja» en Ucrania [19].

Una nueva forma de ingerencia está naciendo. Mediante la utilización de elementos de la «sociedad civil», tiene como método esencial el de sembrar la duda sobre los procesos electorales y organizar importantes campañas de propaganda para denigrar a los dirigentes que Washington decide eliminar.

Además de los dos recientes ejemplos, países como Venezuela, Zimbabwe y Bielorrusia son actualmente blancos de presiones similares, hasta ahora sin éxito. Un proyecto de organizaciones especializadas en la supervisión de elecciones, el European Network of Election Monitoring Organizations (ENEMO), nació en septiembre de 2001.

La enumeración de los asociados -entre otros, la OSCE, el National Democratic Institute y el Open Society Institute- es suficiente para tener una idea de los intereses que defienden. En ese dispositivo, el papel de catalizador corresponde a las ONG. Hace diez años se sospechaba ya que, bajo la cobertura de la acción humanitaria, muchas de ellas realizaban trabajo de inteligencia con vista a la preparación de intervenciones militares.

El mundo vive hoy al ritmo de la CNN. Lo que importa no es la realidad de una revolución o de un golpe de Estado sino la imagen que se da del hecho. Es por eso que ciertas organizaciones no gubernamentales están siendo llamadas hoy no solamente a informar sino a intervenir directamente en el seno de los regimenes, como caballos de Troya.


[1] Ver: «La Albert Einstein Institution: no violencia según la CIA», por Thierry Meyssan, Voltaire, 10 de febrero de 2005. [2] «When NGOs Attack : Implications of the Coup in Georgia», por Jacob Levich, Counterpunch, 6-7 de diciembre 2003. [3] Ver: «George Soros, especulador y filántropo», Voltaire, 3 de febrero de 2004. [4] No es menos cierto que el generoso donante dispone siempre de un importante medio de presión sobre la organización que financia: la posibilidad de no renovar su subvención. Un elemento muy real para las ONG aquí mencionadas, tanto más cuanto que el Open Society Institute ocupa actualmente una situación excepcional en el «mercado» de la filantropía, lo que hace que sea muy importante la posibilidad de conservar su aprobación. [5] Ver: «¿AFL-CIO o AFL-CIA?->article123396]», por Paul Labarique, Voltaire, 19 de enero de 2005; «1962-1979: La AFL-CIO y la contrainsurgencia sindical», Voltaire, 19 de enero de 2005. [6] «La USAID y las redes terroristas de Bush» por Edgar Gonzales Ruiz, Voltaire, 15 de julio de 2004. [7] Desde 2003, Estados Unidos emprendió un amplio proyecto de ayuda a los países en vías de desarrollo en el seno de una nueva agencia, la Millenium Challenge Corporation. Esta exige que los países beneficiados organicen la liberalización de sus economías y su apertura a los inversionistas extranjeros. Reclama además importantes reformas políticas muy similares a verdaderos cambios de regímenes. Ver «Millenium Challenge, colonialisme libéral», texto en francés, por Paul Labarique, Voltaire, 19 de febrero de 2004. [8] «USAID Director Keeps an Eye on Long-Term Recovery», por Robin Wright, Washington Post, 6 de enero de 2005. [9] Foreign Aid in the National Interest : Promoting Freedom, Security and Opportunity, USAID, enero de 2003. [10] «’It looks disturbingly like a coup’», The Guardian, 25 de noviembre de 2003. [11] «US-Supported OTPOR now Ignites Ukraine», Zaman, 27 de noviembre de 2004. [12] «Washington dénonce l’élection en Géorgie et désavoue Chevardnadzé» (Washington denuncia la elección en Georgia y desaprueba a Chevardnadzé), por Christophe de Roquefeuil, AFP, 20 de noviembre de 2003. [13] Ver el sitio de la USAID Georgia. [14] Ver: «Médias audiovisuels: qui détient le 4ème pouvoir en Géorgie?», par Célia Chauffour, Regards sur l’Est, n°35, enero-marzo de 2004. [15] «Georgia human-rights organization accused of meddling», Zviad Pochkhua, The World Paper, 1ero de mayo de 2003. [16] «Géorgie: la chaîne TV Rustavi 2 aux mains de l’ex-numéro 2 du ministère des Affaires étrangères», por Célia Chauffour, Regards sur l’Est, n°35, 13 de octobre de 2004. [17] Ver: «Ucrania: la calle contra el pueblo», Voltaire, 29 de novembre de 2004. [18] «Freedom House: cuando la «libertad» no es más que un pretexto», Voltaire, 3 de enero de 2005. [19] «US Hypocrisy in Ukraine», Ron E. Paul Statements, 7 de diciembre de 2004.

2- La CIA y la financiación de las ONG por Bob Feldman

La CIA utiliza para financiar sus redes globales no gubernamentales un gran plantel de fundaciones, algunas ficticias, otras reales. También hay un gran número de organizaciones que reciben fondos de la CIA : revistas académicas de renombre, sindicatos y think tanks políticos.

Philip Agee, ex agente operativo de la CIA (1) que descubrió muchas de las actividades antidemocráticas de esta organización en su libro Inside The Company: CIA Diary Book, en 1975, murió el pasado lunes 10 de enero a la edad de 72 años. Agee escribió otro libro, en 1987, titulado On The Run, en el que describía los intentos de la CIA de impedir la publicación de Inside the Company. Además, en 2003, Agee describió cómo la CIA ha utilizado en el pasado a organizaciones no gubernamentales (ONG) para alcanzar sus objetivos políticos antidemocráticos en todo el mundo. En un artículo aparecido en el número de verano-otoño de 2003 de Socialism and Democracy titulado “Terrorism and Civil Society as Instruments of U.S. Policy in Cuba”, (http://www.sdonline.org/34/philip_a...) Philip Agee escribía:

“(…) Volviendo a los años del gobierno Reagan, a comienzos de la década de 1980 se tomó la decisión de impulsar las actividades terroristas necesarias para imponer el cambio de régimen en Cuba (…) A partir de ese momento Cuba estaría incluida en un nuevo programa de alcance mundial destinado a financiar y desarrollar las organizaciones no gubernamentales y voluntarias –lo que hoy conocemos por sociedad civil— en el contexto de las políticas neoliberales de EE UU en todo el mundo. La CIA y la US Agency for International Development (USAID o AID) (2) tendrían un protagonismo central en este programa, y a ellas se añadió un nuevo organismo, creado en 1983, bautizado como The National Endowment for Democracy (NED)(3).

En realidad, el nuevo programa no era tan nuevo. Desde su fundación en 1947, la CIA había estado involucrada en la financiación y manipulación secretas de organizaciones de voluntarios no gubernamentales. Estas operaciones tenían lugar en todo el mundo e iban dirigidas a los partidos políticos, los sindicatos, las organizaciones patronales, las organizaciones juveniles y estudiantiles y los medios de comunicación. La red funcionaba a escala local, nacional, regional y mundial. Las operaciones en los medios de comunicación, por ejemplo eran ininterrumpidas en casi todos los países, y la CIA financiaba a periodistas para que publicasen sus materiales como si hubieran sido elaborados por los mismos periodistas. En la Dirección de Operaciones (DoO) del cuartel general de la CIA , estas operaciones se coordinaban con la división de operaciones regionales por la División de Organizaciones Internacionales (IOD), dado que muchas de las operaciones tenían ámbito regional o continental, y algunas incluso mundial.

Durante muchos años, la CIA ejerció una influencia enorme, entre bastidores, en una serie de países, utilizando estos poderosos elementos de la sociedad civil para penetrar, dividir, debilitar y destruir las organizaciones enemigas izquierdistas, e incluso para imponer cambios de régimen mediante el derrocamiento de gobiernos contrarios a sus intereses. Así fue, por ejemplo, en Guyana, en 1964, donde tras diez años de esfuerzos, el gobierno de Cheddi Jagan fue derrocado mediante huelgas, actos terroristas, violencia y sabotajes perpetrados por agentes sindicalistas de la CIA. En esa misma época, durante mi misión en Ecuador, nuestros agentes de la sociedad civil provocaron dos golpes militares en tres años contra gobiernos civiles elegidos, mediante manifestaciones masivas y agitación civil. Y en Brasil, a comienzos de los 60, se utilizaron idénticas operaciones de la CIA junto a las de la sociedad civil opuesta al gobierno, con el resultado de provocar el golpe militar de 1964 contra el presidente Joâo Goulart, que dio comienzo a 20 años de una represión política indescriptiblemente brutal.

Pero el 26 de febrero de 1967, cayeron rayos y centellas sobre la citada IOD y sus redes mundiales de sociedad civil. Coincidió con unos días en que me encontraba de visita en el cuartel general de la CIA en Langley, Virginia (EE UU), entre dos misiones en Ecuador y Uruguay. Ese día el diario The Washington Post publicó un extenso artículo en el que revelaba un gran plantel de fundaciones, algunas ficticias, otras reales, que la CIA utilizaba para financiar sus redes globales no gubernamentales. Esta estructura financiera se conocía como “conductos de fondos”. Junto a las fundaciones, el diario descubría también un gran número de organizaciones que recibían fondos de la CIA : revistas académicas de renombre, sindicatos y think tanks políticos. Pronto, periodistas de todo el mundo completaban el cuadro con listas de nombres y organizaciones de la red que operaban en sus respectivos países.

El presidente Johnson ordenó una investigación y afirmó que había que poner fin a estas operaciones secretas, pero de hecho nunca lo hizo. La prueba es que las exitosas maniobras de la CIA en Chile provocaron el golpe militar del general Pinochet, en 1973, contra el gobierno elegido de Salvador Allende. Aquí, las fuerzas combinadas de la oposición –partidos políticos, sindicatos, organizaciones patronales, asociaciones de amas de casa, etc.— y los medios de comunicación crearon una situación de caos y desorden, en el convencimiento de que más pronto o más tarde los militares chilenos, fieles a las tradicionales doctrinas militares fascistas de América Latina, utilizarían esta agitación para justificar la usurpación del poder gubernamental a fin de restaurar el orden y acabar con la izquierda. Las operaciones fueron prácticamente fotocopias del programa de desestabilización y el golpe militar de Brasil, diez años antes. Todos recordamos el horror que siguió durante años en Chile.

Avancemos en el tiempo hasta el día de hoy. Cualquiera que haya sido testigo del desarrollo de la sociedad civil de oposición al gobierno venezolano de Hugo Chávez puede tener la certeza de que los organismos gubernamentales estadounidenses, la CIA y otros como la AID y la NED , están coordinando la desestabilización y estaban detrás del fallido golpe de estado de abril de 2002 y de la fallida “huelga cívica” de diciembre-enero de 2003. Hasta el International Republican Institute (IRI) del Partido Republicano de EE UU ha abierto una sucursal en Caracas.(…)

A fin de comprender el método de funcionamiento de estas operaciones de sociedad civil, echemos un vistazo a su lado burocrático. Cuando inicié mi curso de formación en la CIA , las dos primeras palabras que escuché fueron disciplina y control. El gobierno de Estados Unidos no era una institución de caridad, me dijeron, y el dinero debía gastarse en los objetivos específicos designados. El agente operativo de la CIA en que me estaba convirtiendo es responsable de asegurar esta disciplina mediante un riguroso control del dinero y de los agentes bajo su mando que lo utilizan. Las órdenes a los agentes en materia de tareas y obligaciones han de ser claras y sin ambigüedades, y el agente operativo debe impedir que ninguno de sus agentes se apodere de más dinero del especificado en su salario, y para ello debe exigirle facturas de todos sus gastos y pagos a otras personas. Toda excepción a esta regla debe estar especialmente autorizada.

En la CIA, las actividades destinadas a infiltrar y manipular la sociedad civil se conocen como operaciones encubiertas (covert action operations) y deben regirse por una normativa detallada. Esta normativa establece que las peticiones de dinero se realicen mediante un documento llamado Project Outline (Esbozo de proyecto), si la actividad es nueva, o uno llamado Request for Project Renewal (Solicitud de renovación de proyecto), si se trata de la continuación de una actividad ya existente. El documento en cuestión proviene de una “estación” de la CIA en un país extranjero o de la Sede, y describe la situación existente, las actividades que han de emprenderse para mejorar o cambiar la situación a favor de los intereses estadounidenses, un esquema temporal para conseguir objetivos intermedios y finales, el potencial de riesgo y la resonancia (los daños si la operación se descubre), además de un presupuesto detallado con información de todas las organizaciones e individuos participantes así como del dinero destinado a cada uno.

El documento contiene también un resumen de la situación de todos los agentes participantes, con referencia explícita a los procedimientos de garantía de seguridad operativa y su historia de servicios a la CIA. Todas las personas implicadas se incluyen en el documento, desde las organizaciones financiadoras visibles –como los cargos de una fundación— hasta cada receptor intermedio y final del dinero. Además de estas especificidades presupuestarias, se incluye una cierta cantidad de dinero que se contabiliza como Developmental and Targets of Opportunity (D&TO), que se utiliza para financiar las nuevas actividades que surjan durante el periodo de aprobación del proyecto, pero, por supuesto, tras contar con información detallada y garantías de seguridad de todos los individuos que vayan a recibir esta financiación. Hay que presentar también un informe sobre los “derivados” de inteligencia que vaya a proporcionar la operación propuesta. Así, del apoyo financiero a un partido político se espera que produzca información secreta sobre la política interior del país en cuestión.

Los documentos Project Outlines y Renewals citados pasan por un proceso de aprobación por diferentes estamentos, como la División de Organizaciones Internacionales, y en función de su oportunidad y coste, puede exigir aprobación exterior a la CIA (…) Cuando finalmente se aprueba, la División Financiera de la CIA asigna el dinero y la operación comienza, o continúa en caso de renovación. El periodo de aprobación y renovación suele ser de un año.

Tanto la AID como la NED tienen sin duda exigencias de documentación y procesos de aprobación similares a las de la CIA en la financiación de sus proyectos en la sociedad civil de otros países. Todas las personas involucradas deben contar con la aprobación previa tras un proceso de investigación, y cada una de ellas ha de tener tareas claramente definidas. Una comisión inter-organismos determina cuál de las tres –CIA, AID o NED—, o varias de forma combinada, deberá llevar a cabo tareas específicas en la sociedad civil de los países designados y cuánto dinero debe aportar cada una de las organizaciones. Las tres han estado colaborando en el desarrollo de una sociedad civil de oposición en Cuba.

Es preciso señalar que la tan renombrada NED tiene sus orígenes en las operaciones encubiertas de la CIA , y fue concebida tras las desastrosas revelaciones antes señaladas, iniciadas por el Washington Post el 26 de febrero de 1967 (…)

Los éxitos de los movimientos revolucionarios de Etiopía, Angola, Namibia, Zimbabue, Grenada, Nicaragua y otros países reunieron a veteranos de la guerra fría del Partido Demócrata y a “internacionalistas” del Partido Republicano en la creación, en 1979, de la American Political Foundation (APF). La fundación tenía por función estudiar la viabilidad de establecer una fundación legal financiada por el gobierno para subvencionar las operaciones en las sociedades civiles de otros países por intermedio de organizaciones no gubernamentales estadounidenses.

En el seno de la APF se crearon cuatro grupos especializados –task forces— para llevar a cabo el estudio: uno de los demócratas, uno de los republicanos, uno de la Cámara de Comercio de EE UU y uno de la gran confederación sindical estadounidense AFL-CIO. El trabajo conjunto recibió el nombre de Democracy Program. Estos grupos consultaron una amplia serie de organizaciones nacionales y extranjeras, y las que más les llamaron la atención fueron las fundaciones de los principales partidos políticos de Alemania Occidental, financiadas con fondos públicos: la Fundación Friedrich Ebert, del Partido Socialdemócrata (SPD); y la Fundación Konrad Adenauer, del Partido Cristianodemócrata (CDU/CSU). Cuando se crearon estas fundaciones, en la década de 1950, su tarea consistía en construir una (…) sociedad civil basada en el modelo parlamentario occidental, a la vez que utilizar su fuerza para reprimir los movimientos políticos comunista y otros de izquierda.

Desde muy pronto, la CIA canalizó fondos a través de estas fundaciones para las organizaciones y grupos no gubernamentales de Alemania. Luego, a partir de 1960 estas fundaciones comenzaron a apoyar a los partidos políticos y otras organizaciones afines de otros países, a la vez que canalizaban dinero de la CIA con este fin. En la década de 1980, estas dos organizaciones tenían programas en funcionamiento en cerca de 60 países y gastaban alrededor de 150 millones de dólares al año. Y lo que es más interesante, operaban en un secretismo casi total.

Una de las operaciones desarrolladas por la Fundación Friedrich Ebert demuestra el alto grado de efectividad que pueden alcanzar. En 1974, después de 50 años en el poder, el régimen fascista de Portugal (país miembro de la OTAN ) fue derrocado, y un puñado de oficiales militares comunistas y de izquierda se hicieron cargo del gobierno. En ese momento, el número de socialdemócratas portugueses, encuadrados en el Partido Socialista, a duras penas daba para formar un equipo de fútbol, y vivían todos en París sin ningún tipo de seguidores en Portugal. Gracias a no menos de diez millones de dólares provenientes de la Fundación Friedrich Ebert, además de otros fondos de la CIA , los socialdemócratas regresaron a Portugal, crearon un partido de la noche a la mañana, lo hicieron crecer como los hongos y en pocos años el Partido Socialista fue el partido gobernante en Portugal. La izquierda, en plena confusión, se vio relegada a un segundo plano.

(…) Antes incluso de que el Congreso creara la NED , el presidente Reagan fundó lo que se conoció como Project Democracy, en el seno de la US Information Agency (USIA) (4). Una “orden ejecutiva” (presidencial) de carácter secreto, aunque luego filtrada a la prensa, aseguraba la participación secreta de la CIA en el programa. Uno de los primeros aportes de fondos –170.000 dólares— fue destinado a dar formación a cargos periodísticos de El Salvador y otros países con gobiernos autoritarios de derechas sobre cómo tratar con la prensa de Estados Unidos (…)

“En noviembre de 1983 (…) el Congreso creó la NED y la dotó con 18,8 millones de dólares destinados a crear sociedad civil en el extranjero durante el año fiscal que finalizó el 30 de septiembre de 1984 (…) Donde la CIA había canalizado antes dinero a través de una compleja red de “conductos”, la NED podría ahora funcionar como “megaconducto” para hacer llegar el dinero del gobierno estadounidense a la misma constelación de ONG que la CIA había estado financiando en secreto. (…) La NED proporciona fondos directamente a los “grupos en el extranjero que trabajan en pro de los derechos humanos, los medios de comunicación independientes y una amplia gama de iniciativas de la sociedad civil” [Del sitio Internet de la NED , mayo de 2003].

El estatuto no gubernamental de la NED proporciona la ficción de que los receptores de sus fondos reciben dinero de particulares y no del gobierno de Estados Unidos (…).

Los nuevos programas de Reagan destinados a la sociedad civil registraron un gran éxito inicial en Polonia. Durante los años 80, la NED y la CIA, en operaciones conjuntas con el Vaticano, mantuvieron vivo el sindicato Solidarnosc (…) El programa fue aprobado conjuntamente por Ronald Reagan y el Papa Juan Pablo II con ocasión de la visita de Reagan al Vaticano en junio de 1982. Le proporcionaron información secreta, dinero, faxes, ordenadores, equipos de impresión y fotocopia, discos, receptores de televisión y reproductores de vídeo, suministros y equipos de todo tipo, hasta transmisores de radio y televisión. Años más tarde, en mayo de 2001, el senador Jesse Helms presentó un proyecto de ley para una dotación de 100 millones de dólares con el fin de reproducir en Cuba –dijo— los éxitos de la CIA , la NED y el Vaticano en Polonia.

Podríamos preguntarnos porqué es necesaria la CIA en estos programas. Hay varias razones. Una de ellas, desde el comienzo, es la extensa experiencia de la CIA y su enorme “cuadra” de agentes y contactos en la sociedad civil de muchos países en todo el mundo. Al unir sus esfuerzos a los de la CIA, la NED y la AID se embarcaron en un complejo de operaciones ya en funcionamiento de cuya financiación se hicieron cargo, mientras que la dirección cotidiana sobre el terreno era llevada a cabo por empleados de la CIA. Además, era preciso que alguien controlara e informara de la efectividad de las actividades de los receptores locales de dinero. La NED no dispondría de mucho personal sobre el terreno con este fin, como tampoco sus fundaciones, en condiciones normales. Y dado que los fondos de la NED eran visiblemente privados, solo la CIA tenía el personal y las técnicas necesarias para llevar a cabo un discreto control a fin de evitar comprometer a los receptores en la sociedad civil, especialmente cuando se hallaban en la oposición a sus gobiernos.

Por último, la CIA disponía de fondos propios en abundancia para ser utilizados en caso de necesidad. En Cuba, la participación de agentes de la CIA encubiertos en la Sección de Intereses de Estados Unidos era particularmente útil, por cuanto los fondos de la NED y la AID serían encaminados a través de ONG estadounidenses que tendrían a su vez que hallar medios discretos, si fuera posible, para conseguir pasar sus equipos y su dinero a los receptores en el interior de Cuba. La CIA sería de una gran ayuda en esta operación (…) 10 de enero de 2008


Notas

(1) Central Inteligence Agency (CIA), organismo estatal de EE UU responsable, entre otras, de las acciones encubiertas desestabilizadoras y terroristas de este país en el extranjero. (N. del T.) (2) United States Agency for International Development (USAID), organismo estatal de EE UU responsable, entre otras, de la ayuda no militar estadounidense a otros países. (N. del T.) (3) National Endowment for Democracy (NED), organismo semigubernamental estadounidense creada en 1983 por el gobierno de Reagan. Con carácter complementario a las dos agencias antes citadas, tiene un amplio historial de interferencia política destinada a imponer regímenes favorables a EE UU. (N. del T.) (4) United States Information Agency (USIA), organismo estatal de EE UU que funcionó desde 1953 a 1999 y cuyo cometido era generar apoyo internacional a las políticas de EE UU y difundir propaganda anticomunista. (N. del T.)

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