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La rapiña del siglo: el asalto de los voluntarios a los fondos soberanos libios

Manlio Dinucci analiza una cuestión ya señalada en estas columnas desde el comienzo de la guerra contra Libia: las potencias colonialistas «voluntarias» se han apropiado de las colosales inversiones del Estado libio en el extranjero. El dinero congelado en los bancos occidentales representaba una amenaza para el monopolio del Banco Mundial y del FMI al financiar proyectos de desarrollo en el Tercer Mundo. Ahora, en cambio, ese dinero sigue «trabajando», aunque ya no en forma de inversiones sino de garantías bancarias, y en provecho de los occidentales.

| Roma (Italia)
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El Banco Central libio

La guerra contra Libia no tiene como únicos objetivos el petróleo, aunque las reservas de ese país –estimadas en 60 000 millones de barriles– son las más importantes de África y sus costos de extracción se encuentran entre los más bajos del mundo, y el gas natural cuyas reservas se evalúan en unos 1 500 miles de millones de metros cúbicos. En la mirilla de los «voluntarios» de la operación «Protector unificado» se encuentran también los fondos soberanos, o sea los capitales que el Estado libio tiene invertidos en el extranjero.

El monto de los fondos soberanos que administra la Libyan Investment Authority (LIA) está estimado en unos 70 000 millones de dólares, cifra que se incrementa hasta llegar a 150 000 millones si se agregan las inversiones extranjeras del Banco Central de Libia y las de otros organismos de ese país. Aunque son inferiores a los de Arabia Saudita o Kuwait, los fondos soberanos libios se han caracterizado por su rápido crecimiento. En el momento de su constitución, en 2006, la LIA disponía de 40 000 millones de dólares. En apenas 5 años, la LIA realizó inversiones en más de 100 sociedades del norafricanas, asiáticas, europeas, estadounidenses y sudamericanas, como holdings, bancos, inmobiliarias, industrias, compañías petroleras, etc.

En Italia, las principales inversiones libias se han concentrado en UniCredit Banca (en la que la LIA y el Banco Central libio poseen el 7,5%); en Finmeccanica (2%) y en Eni (1%). La importancia de esas inversiones y de otras más –los fondos libios poseen el 7,5% del Juventud Football Club– es más política que económica.

Después de que Washington sacara a Libia de su lista de «Estados renegados», ese país del norte de África trató de volver a ocupar un espacio en el plano internacional, apostando para ello por la «diplomacia de los fondos soberanos». Cuando Estados Unidos y la Unión Europea abrogaron su embargo de 2004 y las grandes compañías petroleras volvieron a Libia, Trípoli pudo disponer de un excedente comercial cercano a los 30 000 millones de dólares al año, que destinó en gran parte a las inversiones en el exterior. La administración de los fondos libios dio lugar, sin embargo, a la aparición de un nuevo mecanismo de poder y de corrupción, en manos de ministros y de altos funcionarios, que escapó probablemente al control del propio Kadhafi. Esto lo confirma el hecho que, en 2009, Kadhafi propuso que los 30 000 millones provenientes de los dividendos petroleros fueran «directamente al pueblo libio», lo cual acentuó las divergencias en el seno del gobierno libio.

Es precisamente en esas divergencias que se apoyaron los círculos dominantes estadounidenses y europeos que, antes de atacar militarmente Libia para apoderarse de su riqueza energética, se apropiaron de los fondos soberanos libios. Esa maniobra se vio favorecida por el propio representante de la Libyan Investment Authority, Mohamed Layas. Así lo revela un cable diplomático dado a conocer por Wikileaks. El 20 de enero, Layas informó al embajador estadounidense en Trípoli que la LIA había depositado 32 000 millones de dólares en bancos estadounidenses. Cinco semanas más tarde, el 28 de febrero, el Tesoro estadounidense «congeló» esa suma. Según las declaraciones oficiales, es «la mayor suma de dinero que se haya bloqueado nunca en Estados Unidos» y Washington la guarda como «depósito para el futuro de Libia». Pero en realidad servirá para inyectar capitales a la economía estadounidense, cada vez más endeudada. Varias días más tarde, la Unión Europea «congeló» cerca de 45 000 millones de euros de fondos libios.

El asalto contra los fondos libios tendrá un impacto particularmente fuerte en África. La Libyan Arab African Investment Company había efectuado inversiones en más de 25 países de ese continente, 22 de ellos del África subsahariana, y tenía previsto aumentarlas en los próximos 5 años, sobre todo en los sectores minero, manufacturero, turístico y en el de las telecomunicaciones. Las inversiones libias fueron decisivas en la concretización del primer satélite de telecomunicaciones de la Rascom (Regional African Satellite Communications Organization) que, desde su puesta en órbita en agosto de 2010, ha permitido a los países africanos empezar a hacerse independientes de las redes satelitales estadounidenses y europeas, economizando así cientos de millones de dólares al año.

Más importantes aún han sido las inversiones libias para el establecimiento de los 3 órganos financieros creados por la Unión Africana: el Banco Africano de Inversión, con sede en Trípoli; el Fondo Monetario Africano, con sede en Yaundé (Camerún), y el Banco Central Africano, instalado en Abuya (Nigeria). El desarrollo de estos organismos permitiría a los países africanos escapar al control del Banco Mundial y el FMI, dos instrumentos de dominación neocolonial, y pudiera significar el fin del franco CFA, la moneda que 14 ex colonias francesas todavía se ven obligadas a utilizar. El congelamiento de los fondos libios asesta un duro golpe a todo este proyecto. Las armas que los «voluntarios» están utilizando no son únicamente las de la operación «Protector unificado».

Fuente
Il Manifesto (Italia)

Manlio Dinucci

Manlio Dinucci Geógrafo y politólogo. Últimas obras publicadas: Laboratorio di geografia, Zanichelli 2014 ; Geocommunity Ed. Zanichelli 2013 ; Escalation. Anatomia della guerra infinita, Ed. DeriveApprodi 2005.

 
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