Red Voltaire

Sobre la liberación de Alepo

| Nueva York (EE.UU.)
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La engañosa y malintencionada campaña que han orquestado ciertos regímenes occidentales en las Naciones Unidas, y en particular ciertos miembros del Consejo de Seguridad, respecto de la situación de Alepo no es ninguna sorpresa para el pueblo y el Gobierno de la República Árabe Siria. Los regímenes de Francia, el Reino Unido y los Estados Unidos, junto con sus apoderados regionales, es decir, la Arabia Saudita, Turquía y Qatar, financian, arman y adiestran a los terroristas y los envían al territorio sirio cruzando las fronteras con la misión de liquidar a la población, fragmentar el país, destruir sus infraestructuras y eliminar a todo aquel que se niegue a cumplir con sus planes. Esos regímenes están haciendo todo lo que está en su mano para ofrecer un último servicio a esos terroristas ante su inminente descalabro y a las derrotas que están sufriendo a manos de nuestros agentes destacados en Alepo y también del pueblo, el ejército y los aliados y amigos de Siria, que no escatiman esfuerzos por luchar contra el terrorismo. Por si aún hubiera alguna necesidad de respaldar nuestras afirmaciones, asistimos ahora a la histeria sin precedentes de los máximos dirigentes de ciertos Estados occidentales y de sus representantes ante las organizaciones internacionales y a la febril campaña mediática para desacreditar a los líderes de Siria, su ejército y sus aliados en un intento desesperado de malograr la inminente victoria en Alepo, dando la espalda a los hechos y presionando a Siria para que se retracte de su postura, tantas veces declarada, de combate contra el terrorismo del Estado Islámico en el Iraq y el Levante (EIIL), el Frente Al-Nusra y sus organizaciones afiliadas y todos sus patrocinadores y defensores, no solo en Alepo sino en todas las regiones de la República Árabe Siria. Es lamentable contemplar tan vergonzosas actitudes en pleno siglo XXI, no solo por parte de los Estados occidentales, que nunca han tenido reparos en cometer los genocidios más abominables en Asia, África y América Latina, sino también por altos cargos de las Naciones Unidas y sus organismos. La presión de esta campaña tiene su máximo exponente en la forma en que esos Estados aprovechan las tribunas internacionales para promover sus objetivos en detrimento de los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas, el derecho internacional y la imperturbable lucha de Siria y sus aliados contra el terrorismo.

Desde el comienzo de esta guerra, el Gobierno de la República Árabe Siria ha proclamado su obligación constitucional de defender a su población y sus instituciones ante las amenazas. El Gobierno también ha declarado que no puede inhibirse de su responsabilidad de luchar contra el terrorismo ni permitir que nadie la postergue. Siria ha hecho lo que se había comprometido a hacer. En el transcurso de esta guerra para eliminar el terrorismo y proteger a los ciudadanos, Siria se ha adherido a las normas internacionales y ha cooperado con las instituciones internacionales sinceras y creíbles, tanto las gubernamentales como las no gubernamentales; ha entregado asistencia a los ciudadanos en todas las regiones del país; y ha puesto sumo cuidado en que las operaciones de su ejército no afectaran a los civiles inocentes ni a la infraestructura del país. En Alepo, en particular, ha atendido a las iniciativas de evacuación de los combatientes armados de la ciudad y ha cumplido sus promesas, pese a que los Estados occidentales, para su vergüenza y oprobio, han renegado de sus compromisos y sus posturas en todos los aspectos.

En las Naciones Unidas queda constancia ante todos, gracias a nuestras cartas a la Presidencia del Consejo de Seguridad y al Secretario General, de que Siria ha abierto seis corredores para los civiles y otros dos para los combatientes que quisieran evacuar Alepo antes de que comenzara la operación del Ejército Árabe Sirio y sus aliados para liberar a los ciudadanos sirios de la carnicería que han sufrido a manos de los grupos terroristas armados en la zona oriental de Alepo durante los últimos cinco años. El Gobierno sirio no puede seguir pasando por alto los ruegos de la población siria, tanto en la zona oriental como en la zona occidental de Alepo, de acabar con los grupos terroristas armados que, en lugar de tratarlos como ciudadanos, los han esclavizado y han trastornado su vida cotidiana negándoles el alimento, los medicamentos, la electricidad y el agua e impidiendo que los niños asistieran a la escuela. Esos grupos terroristas armados no han dudado en asesinar a más de 11.000 mujeres y niños de la zona occidental de Alepo con sus odiosas bombas y sus “cañones del infierno”, que se han hecho famosos en todos los Estados del mundo. También han protagonizado ataques criminales contra el personal de las Naciones Unidas y otras organizaciones que trabajan en la zona occidental de Alepo. Digan lo que digan las fuentes de desinformación que divulgan las partes hostiles a Siria, fueron esos grupos terroristas armados los que destruyeron las escuelas o las utilizaron, junto con los hospitales de la zona oriental de Alepo, como bases para cometer sus asesinatos y aplicar medidas represivas, amenazar, torturar, aterrorizar e intimidar a los ciudadanos que expresaran su lealtad a su patria o rechazaran el terrorismo y el extremismo.

Ya es un hecho bien conocido que el Hospital Oftalmológico de Alepo, ocupado por los grupos terroristas armados desde los primeros compases del conflicto en la ciudad, se ha convertido en una base para los grupos armados que respaldan los Estados occidentales, quienes consideran que son miembros de la “oposición moderada”. Ese hospital era uno de los centros oftalmológicos más avanzados del Oriente medio, pero esos grupos han vendido el equipo clínico en el mercado turco, con pleno conocimiento de las autoridades turcas. Según los datos más recientes procedentes de Alepo, la asistencia humanitaria que, según ciertas organizaciones humanitarias, se había entregado a la población civil había terminado en realidad en manos de los combatientes armados, que la han usado para sus objetivos terroristas y han impedido que los civiles la recibieran para así someterlos por hambre. Tras la liberación de diversos barrios de la zona oriental de la ciudad, los medios de comunicación han encontrado depósitos de armas repletos de misiles de tecnología avanzada y otras armas mortíferas que son prueba de cómo los Estados occidentales (cuyos nombres se desvelarán en fechas venideras) que apoyan a esos grupos han subsidiado el terrorismo y la muerte de la población siria. Quienes patrocinan la guerra desde los Estados occidentales y sus aliados en ciertos Estados de Europa del este, que son miembros de la Unión Europea, son mercaderes de guerra, muerte y destrucción que deben rendir cuentas de sus actos por haber suministrado esas armas a las organizaciones terroristas para asesinar a la población siria, incluidos los niños, las mujeres y los ancianos.

Las alegaciones que se formulan en los informes y las declaraciones de ciertos funcionarios de las Naciones Unidas, en particular de ciertos funcionarios del Consejo de Derechos Humanos, no tienen como objetivo proteger los derechos humanos, sino defender a los terroristas y justificar las políticas de los Estados occidentales, que han convertido a ciertos funcionarios de las Naciones Unidas, e incluso a sus organismos, en sus instrumentos para embaucar a los Estados Miembros y encubrir sus designios de subyugar a Siria y a todo el Oriente Medio con sus nefastos objetivos políticos. Esos Estados occidentales se han dedicado a convocar interminables reuniones de la Asamblea General y del Consejo de Seguridad, demostrando nuevamente que su intención es aprovecharse de las Naciones Unidas para impulsar sus fútiles objetivos políticos y utilizarlas como púlpito para engañar a algunos Estados y presionar a otros, tergiversando los hechos y vertiendo lágrimas de cocodrilo, con el fin de aislar a Siria y doblegar su determinación de acabar con el terrorismo, el extremismo y las maquinaciones foráneas. Siria subraya que todo intento de poner a todo un pueblo bajo asedio, como de hecho es el caso del asedio económico a Siria, constituye la violación más grave posible de los derechos humanos y del derecho a una vida digna.

Nuestra gente siria de la zona oriental de Alepo no ha hecho sino expresar su afecto, amistad y gratitud al Ejército Árabe Sirio por haberlos liberado de los terroristas. Han acudido a manifestarse de forma genuina, espontánea y multitudinaria para expresar su orgullo por haber recuperado el cálido vínculo con la patria y para demostrar su reconocimiento al Ejército Árabe Sirio y sus aliados por liberarlos de las garras del terrorismo, la opresión y el extremismo. El hecho de que algunos de los que más se jactan de ensalzar la libertad y la democracia hayan decidido pasar por alto tales expresiones demuestra que no respetan la voluntad democrática de un pueblo que quiere liberarse de la intervención extranjera y demostrar su lealtad a la patria y su afecto por un ejército que ha derramado su preciosa sangre para erradicar el terrorismo y combatir a quienes lo apoyan.

Siria espera que en el nuevo año 2017 los Estados occidentales que apoyan el terrorismo tengan la oportunidad de abandonar sus tendencias y políticas anteriores y actuar de buena fe para poner fin a la lacra del terrorismo. Siria, que ha sido un punto de encuentro de civilizaciones y religiones, merece que el mundo entero esté del lado de su pueblo, su Gobierno y sus aliados en esta guerra contra el terrorismo.

Le agradecería que tuviera a bien hacer distribuir la presente carta como documento del Consejo de Seguridad.

Fuente : S/2016/1058

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