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Serguei Lavrov en la 7ª Conferencia de Moscú sobre la seguridad internacional

| Moscú (Rusia)
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Estimados colegas,

Señoras y señores,

Me regocija esta nueva oportunidad de pronunciar nuevamente un discurso ante la Conferencia de Moscú sobre la Seguridad Internacional organizada por el ministerio ruso de Defensa. Saludo a los participantes –altos representantes de diferentes países, dirigentes de organizaciones internacionales, del poder legislativo, de la sociedad civil, investigadores y expertos de renombre.

Con el paso de los años, este foro ha confirmado su utilidad como espacio para el intercambio profesional de opiniones sobre los principales problemas militares y políticos de nuestra época. Este tipo de diálogo constructivo permite alcanzar entendimientos mutuamente aceptables basados en un equilibrio de intereses.

Mis colegas rusos ya expusieron ayer en forma detalla nuestros enfoques sobre los temas regionales e internacionales de actualidad. Yo quisiera compartir también mi visión sobre la compleja situación en materia de relaciones internacionales ya que, desde la conferencia del año pasado, esta [situación] ha seguido agravándose a pesar de todos nuestros esfuerzos.

La principal razón –y esto es ya evidente para muchos– son los incesantes pasos unilaterales de Occidente, encabezado por Estados Unidos, [pasos] que son en gran parte de carácter destructivo y conducen a un peligroso desequilibrio de los mecanismos de gobernanza mundial.

Washington, Londres y otras capitales siguen sin sacar enseñanzas de las tragedias registradas en Yugoslavia, en Irak, en Libia, en Siria y en Ucrania. En las estrategias estadounidenses de seguridad nacional y de defensa nacional, el mundo se mira directamente bajo el prisma de la rivalidad militar y política, según la lógica “amigo-enemigo”, “con nosotros o contra nosotros”.

Vemos acrecentarse el desprecio por el derecho internacional y las estructuras multilaterales, incluyendo la ONU. Aparecen cada vez más interrogantes en cuanto a la capacidad de Estados Unidos para llegar a entendimientos, principalmente en un contexto de intentos de hacer fracasar importantes acuerdos internacionales, como el Plan de Acción Global sobre el programa nuclear iraní, la decisión de la ONU sobre el proceso de paz en el Medio Oriente, la declaración de la Conferencia de París sobre el clima y los principios básicos de la Organización Mundial del Comercio (OMC). La tendencia revisionista en cuanto a los problemas del mundo es flagrante.

También hay intentos de modificar los Acuerdos de Minsk sobre el arreglo de la crisis en Ucrania, [acuerdos] cuya aplicación está siendo saboteada por las autoridades actuales de Kiev. Los supervisores [de esos acuerdos] en Estados Unidos y Europa cierran los ojos y estimulan las acciones del “partido de la guerra” de Kiev, empeñado en arreglar la cuestión de Donbass recurriendo a la fuerza.

En diferentes regiones del mundo continúan oscuras maniobras geopolíticas “de suma cero” y, de facto de “suma negativa”. Prosiguen los intentos de flirtear con los terroristas, de dividirlos en [terroristas] “malos” y “no tan malos”, algo sobre lo cual los representantes rusos hablaron detalladamente ayer, en la apertura de la conferencia, sobre todo refiriéndose al ejemplo de la evolución de la situación en Siria y en otros países del Cercano y Medio Oriente. Tenemos claramente la impresión de que los estadounidenses tratan de mantener un estado de caos controlado en ese inmenso espacio geopolítico, con la esperanza de utilizarlo para justificar la presencia militar de Estados Unidos en esa región sin límite de tiempo para promover su propia agenda.

En materia de estabilidad estratégica, Washington tiene como prioridad política dominar militarmente y sabotear la paridad. Está redoblando sus esfuerzos por desplegar el escudo antimisiles estadounidense (ABM) a través del mundo. Se fortalecen el potencial y la actividad militar de la OTAN cerca de las fronteras rusas. La mayor preocupación proviene de la línea de Estados Unidos tendiente a acortar el umbral para el uso del armamento nuclear. Se oyen sugerencias para que se aplique, en el marco de la OTAN, el artículo 5 del Tratado de Washington ante problemas que surgen en el ciberespacio. Nuestros llamados incesantes a emprender una conversación profesional sobre las medidas de confianza y contrarrestar las amenazas en ese sector no encuentran eco positivo ni en Washington ni en Bruselas.

Se organizan burdas provocaciones para estimular intencionalmente la confrontación y seguir demonizando a Rusia. Lo que se ha dado en llamar el «caso Skripal» era un pretexto –inventado u orquestado– para una expulsión masiva e injustificada de diplomáticos, no sólo de Estados Unidos y del Reino Unido sino también de otros Estados a los que, en su mayoría, se les “forzó la mano”. Hace tiempo que no veíamos una violación tan clara del derecho internacional, de la ética diplomática y la decencia más elemental. Subrayo que nosotros seguimos respondiendo adecuadamente a las acciones hostiles pero que, al mismo tiempo, queremos establecer la verdad. Insistimos a favor de una investigación sustancial y responsable en perfecta conformidad con los términos de la Convención sobre la Prohibición de las Armas Químicas (CIAC, siglas en inglés). Será imposible ignorar las preguntas legítimas que hemos presentado basándonos en esa Convención, como se confirmó en la reunión especial del Consejo Ejecutivo de la OPAQ [Organización para la Prohibición de las Armas Químicas], realizada el 4 de abril a pedido de Rusia.

Es inadmisible –tanto en relación con el incidente de Salisbury que en muchos otros casos (desde las elecciones en Estados Unidos hasta los incidentes químicos en Siria y pasando por el referéndum en Cataluña)– lanzar acusaciones infundadas en vez de presentar hechos concretos, en vez investigar honestamente. Sólo en el famoso libro de Lewis Carrol donde la reina exige una condena antes de oír el veredicto del jurado –culpable o inocente. Claro, después de todo, Lewis Carrol estaba escribiendo una sátira en forma de cuento de hadas. La discusión de ayer en La Haya mostró que los hombres adultos que se respetaban no creían en cuentos de hadas. Exhortamos nuevamente a nuestros socios a que examinen todos los problemas basándose en el derecho internacional, honestamente y aportando pruebas. Estamos dispuestos a hacer un trabajo conjunto en ese sentido, como subrayó nuevamente ayer el Presidente ruso Vladimir Putin en conferencia de prensa en Ankara.

Estimados colegas,

El ascenso de la confrontación y de la desconfianza reciproca engendra una gran inseguridad estratégica, provoca una carrera armamentista y, lo que resulta particularmente peligroso, contribuye a la militarización del pensamiento. Todo eso conduce a una erosión de la arquitectura de seguridad creada después de la Segunda Guerra Mundial y basada en el predominio de la Carta de la ONU.

Esta situación reduce considerablemente las posibilidades de cooperación, que tanto necesitamos si queremos responder eficazmente a los desafíos y riesgos comunes para toda la humanidad, principalmente al terrorismo internacional, al crimen organizado, al tráfico de estupefacientes, a la proliferación de las armas de destrucción masiva, a los cambios climáticos globales y a muchos más.

Ante un público tan representativo, no es ciertamente necesario decir que el panorama mundial ha cambiado mucho en 25 años y que sigue evolucionando. Nuevos centros de poder económico y financiero están fortaleciéndose y aplican una política exterior conforme a sus intereses nacionales. Nadie puede negarles ese derecho perfectamente natural. La voz del mundo emergente, que reclama la realización de sus esperanzas y aspiraciones, se ha hecho más fuerte.

Nuestro interés común es actuar de manera que la multipolaridad que objetivamente está formándose no se convierta en algo caótico sino constructivo, que contribuya al establecimiento de una cooperación mutualmente benéfica y de una asociación productiva entre los principales Estados. Para ello, hay que renunciar a las fobias, a los estereotipos, a los diferendos coyunturales, a las ambiciones imperiales y neocoloniales, hay que aprender a respetar los interés del otro y encontrar fuerzas para establecer un trabajo conjunto en nombre del porvenir seguro y próspero de toda la humanidad. En otras palabras, hay que reconocer la tarea que representa la democratización de las relaciones internacionales. Pero por el momento, nuestros colegas occidentales se posicionan como adeptos de la afirmación de la democracia en todos los demás países, rechazan por todos los medios plasmar en documentos multilaterales la democratización del sistema global de comunicación inter-estatal.

En esas condiciones, Rusia, como centro autónomo de la política mundial, seguirá promoviendo una agenda positiva en las cuestiones internacionales en provecho de la estabilidad mundial. No imponemos nada a nadie, no reivindicamos la exclusividad, ni mucho menos la permisividad. Al construir las relaciones con nuestros socios, nos atenemos invariablemente al derecho internacional, al reconocimiento del papel central de la ONU, respetamos los intereses, las tradiciones y la identidad de todos los pueblos y naciones.

No deseamos la confrontación ni la aceleración de la carrera armamentista. Pero Rusia defenderá sus intereses, su soberanía y su independencia de manera puntual y eficaz utilizando todos los medios a su disposición. El Presidente ruso Vladimir Putin lo ha señalado en varias ocasiones, como en su discurso del 1º de marzo de 2018 ante la Asamblea Federal rusa. Occidente debe tomar por fin conciencia del hecho que ya no será posible “jugar en una dirección única”, de que es inútil tratar de obtener ventajas unilaterales a costa nuestra, de que la seguridad en la región euro-atlántica, en la región Asia-Pacífico y en el mundo debe ser igual e indivisible.

Continuamente predicamos un amplio diálogo sobre los temas de actualidad, como la preservación de la estabilidad estratégica en todos sus aspectos y teniendo en cuenta todos los factores que influyen en las actuales condiciones. Los presidentes de Rusia y de Estados Unidos hablaron de eso por teléfono, el 20 de marzo. Quisiéramos que la comprensión de la particular importancia de ese tema por parte de los dirigentes de ambos países no se estanque en los juegos burocráticos y que no sea rehén de intrigas políticas internas.

Rusia desea trabajar específicamente en el fortalecimiento de los regímenes de control del armamento y de no proliferación de las armas de destrucción masiva apoyándose en los principios de transparencia y previsibilidad. Terminamos el proceso de destrucción de las reservas rusas de armas químicas, hemos cumplido todos nuestros compromisos en el marco del tratado START (Tratado de Reducción de Armas Estratégicas, siglas en inglés) y llamamos a Estados Unidos, conforme a los procedimientos previstos en el Tratado, a que resolvamos juntos las cuestiones vinculadas al reequipamiento de una parte de los vectores estratégicos estadounidenses. Sobre la mesa de la Conferencia de Ginebra para el Desarme están nuestras proposiciones para elaborar la convención sobre la lucha contra los actos de terrorismo químico y biológico y la iniciativa de China y Rusia tendiente a impedir la aparición de armamento ofensivo en el espacio.

Por supuesto, Rusia seguirá aportando su contribución a la solución política y diplomática de numerosos conflictos, principalmente en el Medio Oriente y en el norte de África, y de la situación alrededor de la Península de Corea. Seguiremos contribuyendo al desarrollo durable de la asociación en el espacio de la CEI [1] mediante la profundización de la integración euroasiática, y ayudando a resolver los problemas que aparezcan entre nuestros vecinos.

En su discurso ante la Asamblea Federal rusa, el Presidente ruso Vladimir Putin llamó a sentarse a la mesa de negociaciones y a reflexionar juntos sobre un nuevo sistema renovado y prometedor de seguridad internacional, así como sobre el desarrollo estable de la civilización. La OCS (Organización de Cooperación de Shanghai), la OTSC (Organización del Tratado de Seguridad Colectiva) y los BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica) hacen su contribución al avance hacia ese objetivo. Las perspectivas son igualmente buenas para el G20, donde están representados simultáneamente todos los países del G7 y del [grupo] BRICS. Rusia está lista para un trabajo honesto, abierto, equitativo y en el respeto recíproco con todos los que desean sinceramente un futuro pacífico en común y la prosperidad de la humanidad.

[1] La CEI (Comunidad de Estados Independientes) reagrupa en su seno a la mayoría de los países surgidos de la disolución de la Unión Soviética. Nota de la Red Voltaire.

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