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Las disyuntivas del ALBA (Parte I)

El ALBA es un proyecto opuesto al ALCA e inicialmente diferenciado del MERCOSUR. Constituye un resultado del proceso bolivariano y comparte los dilemas de esa experiencia. El intercambio cooperativo que realizan Cuba y Venezuela retrata el embrión de una asociación, que podría sustituir los principios de la competencia y el librecomercio por normas de complementación y solidaridad.

| Buenos Aires (Argentina)
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El ALBA exige forjar la unidad antiimperialista de la región y no podrá constituirse mediante alianzas con las clases dominantes. Estos frentes anularían su conformación, porque los capitalistas sudamericanos defienden intereses opuestos a la integración popular.

Los pasos hacia el desarrollo concreto del ALBA transitan por tres áreas. En el plano energético se requiere favorecer a la masa de consumidores y eliminar la apropiación de la renta petrolera, lo que exige a su vez la nacionalización de esos recursos. En el plano financiero se impone conformar un banco regional con los fondos surgidos de la suspensión del pago de la deuda externa. El sostén venezolano a la cancelación de la deuda argentina con el FMI contradice este curso. En la órbita comercial deben priorizarse las medidas que permitan mejoras inmediatas del nivel de vida de la mayoría.

El ALBA conquistará legitimidad popular si se compromete con las reivindicaciones de los oprimidos y promueve reformas sociales radicales. Para ello debe ser concebido como parte de una estrategia socialista de emancipación.

Un tercer proyecto de integración regional opuesto al ALCA e inicialmente diferenciado del MERCOSUR ha comenzado a discutirse en Latinoamérica. Se denomina Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) y fue planteado hace cuatro años por el presidente Chávez. Desde ese momento se han desarrollado en Venezuela varias actividades para impulsar una iniciativa, que presenta tres niveles de análisis: cómo resultado del proceso bolivariano, cómo esbozo de intercambio comercial cooperativo y cómo proyecto estratégico de unificación latinoamericana.

El epicentro venezolano

El término bolivariano identifica tanto al ALBA como al régimen prevaleciente en Venezuela. Esta coincidencia ilustra la directa ligazón que existe entre una experiencia política nacional y su proyección regionalista.

Chávez convocó a construir el ALBA cuándo el ALCA comenzó a naufragar y ha definido solo los lineamientos muy genéricos de esta opción. En cambio expuso de manera contundente su intención de situar la propuesta en un sendero de resistencia a la dominación norteamericana. [1]

El propósito primordial del ALBA es contener el expansionismo de Estados Unidos. Esta finalidad antiimperialista explica porqué el proyecto alude a una gesta liberadora y no a las características mercantiles de la integración regional. Resalta la oposición al librecomercio y a los tratados bilaterales que impulsa el gigante del norte, sin abundar en el perfil de los mercados regionales.

Esta prioridad antiimperialista obedece a la amenaza de agresión que sufre Venezuela. La CIA ha manejado todos los hilos de las campañas desestabilizadoras, los golpes de estado y las provocaciones terroristas que enfrentó Chávez. A falta de un Pinochet, el Departamento de Estado ha combinado advertencias militares con presiones diplomáticas para socavar el proceso bolivariano. Sólo el pantano militar que afronta en Irak le ha impedido a Bush lanzar una invasión en regla, contra un país clave para el abastecimiento petrolero de Estados Unidos.

El presidente norteamericano espera la oportunidad para intentar la recuperación del combustible venezolano. Busca revertir el desafío de un gobierno que interviene activamente en la OPEP y reorienta sus ventas de crudo hacia China y Latinoamericana. El ALBA forma parte de una estrategia defensiva en esta confrontación con el imperialismo.

Pero la iniciativa regionalista también expresa la radicalización del proceso bolivariano, en un marco de movilizaciones populares que derrotaron las conspiraciones derechistas. Por eso el ALBA no surgió en el debut del chavismo (caracazo de 1989, revuelta militar de1992, éxito electoral 1992), sino en la etapa posterior de victorias contra el golpismo empresarial (diciembre 2001, abril 2002), la asonada petrolera (diciembre 2002) y el complot del referéndum (agosto 2004). [2]

En esta pulseada contra la derecha el ALBA ha contribuido a definir el horizonte latinoamericanista que complementarían las transformaciones políticas que se han registrado en el país. Estos cambios ya doblegaron a los viejos partidos de las clases dominantes y desplazaron a sus representantes del manejo del estado. En los últimos meses, la oposición ha perdido, además, la iniciativa callejera y tiende a marginarse de las elecciones porque avizora resultados adversos.

El ALBA proyecta hacia Latinoamérica los avances sociales que se han introducido en Venezuela, a partir de cierta distribución de la tierra, créditos a las cooperativas y una significativa extensión de los servicios educativos y sanitarios. Pero el proyecto no define con nitidez el alcance y los caminos para desenvolver estas transformaciones, porque las reformas que avanzan en ciertos campos se han estancado en otros. Mientras que la movilización popular y la radicalización política impulsan la profundización de esos logros, la burocracia, la estructura del viejo estado y la escasa independencia política de los movimientos sociales bloquean este progreso.

El rumbo concreto que podría desenvolver el ALBA depende en gran medida del desenlace de estas disyuntivas. Un giro hacia el camino recorrido por la revolución cubana potenciaría propuestas de unificación Latinoamérica muy distintas a las derivadas de una reproducción de la involución padecida por el PRI mexicano o el peronismo argentino. El destino del ALBA es por ahora un interrogante porque esta encrucijada permanece irresuelta.

Pero lo novedoso del proyecto radica en el llamado a gestar una integración antiimperialista, en oposición a la sumisión que imperó en Latinoamérica en la última década. Con el ALBA reaparece el nacionalismo progresista que había perdido influencia en la región. Es importante registrar que la convocatoria al ALBA proviene de un país con recursos económicos y significado político zonal. No emana de una nación pobre, alejada o insular, sino de un epicentro con poder de la efervescencia latinoamericana.

Ejemplos de otra integración

El segundo nivel de discusión del ALBA son las iniciativas concretas de intercambio comercial que han comenzado a instrumentar los promotores del proyecto. El principal modelo son los acuerdos suscriptos por Cuba y Venezuela en los últimos años.

También aquí se verifica una peculiaridad del proceso bolivariano, porque los estrechos vínculos que ha establecido Chávez con Fidel desafían el embargo norteamericano y auxilian a la isla con suministros y sostén diplomático. Esta relación con Cuba expresa una afinidad hacia la izquierda del gobierno venezolano, que lo diferencia categóricamente de otros movimientos nacionalistas de América Latina.

Los convenios Cuba-Venezuela plasman la idea del intercambio solidario en tratados que establecen la retribución venezolana en petróleo por prestaciones cubanas en materia de salud (médicos, odontólogos, vacunación, instalación de clínicas) y educación (campañas de alfabetización). Estos acuerdos jerarquizan el campo de la salud y la educación y demuestran como puede internacionalizarse la colaboración entre gobiernos, para desarrollar servicios públicos que favorezcan a la mayoría popular. Con estas prioridades, el ALBA indica un camino para situar en primer plano la satisfacción de las necesidades básicas de la población latinoamericana.

Una integración que empiece resolviendo la tragedia de enfermedades sociales, desnutrición, analfabetismo y deserción escolar que padece la región ofrecería un programa atractivo para los pueblos. Los convenios Cuba-Venezuela son relevantes porque ilustran este rumbo y señalan una agenda de convergencia entre países, radicalmente distinta al paquete de aranceles, subsidios y tarifas que discuten los capitalistas.

El intercambio solidario es un principio adverso a la filantropía imperialista que propone Estados Unidos para “ayudar a los pobres” de la región. Estas dadivas son habitualmente irrisorias y van acompañadas de exigencias neoliberales de privatización (como los convenios de canje de la deuda externa por educación).

Las ideas del ALBA también han comenzado a implementarse a una escala menos ambiciosa, mediante las iniciativas para coordinar el desarrollo de las cooperativas y las empresas de cogestión obrera de Sudamérica. Con esta finalidad se creó un ente regional (Empresur) que intenta ensamblar la actividad de las pequeñas empresas que surgieron en los últimos años, bajo el impacto de crisis industriales (quiebras, abandonos patronales) o como resultado de emprendimientos productivos de origen popular.

La gravitación económica de estos proyectos -al igual que las propuestas de asociación entre universidades y áreas municipales- es por ahora muy limitada. Pero al impulsar su articulación se ofrece una respuesta al molde de integración centrado en las grandes corporaciones, que promueven tanto al ALCA como al MERCOSUR. En estos convenios no hay espacio para la pequeña empresa, ni menos aún para las cooperativas, porque cualquier integración prohijada por el gran capital afianza la concentración de la propiedad.

Criterios de asociación

Los principios de intercambio establecidos entre Venezuela y Cuba podrían extenderse en un futuro a toda la región. Esta ampliación plantea la posibilidad de introducir una desconexión entre el precio de los bienes transados y su cotización mercantil nacional o internacional. Esta valuación podría adaptarse a lo que necesita y puede ofrecer un país a otro, en abierta contraposición a las normas capitalistas que guían al ALCA o al MERCOSUR.

Algunos analistas interpretan correctamente que este intercambio se basa en un principio de “ventajas cooperativas” compartidas por todos los países y no en un esquema de “ventajas comparativas” de cada economía. El nuevo modelo permitiría reducir las asimetrías entre las naciones, ya que induciría a crear instrumentos de compensación entre los participantes de todas las transacciones. En lugar de comprar y vender siguiendo el dictado de la ganancia se comenzaría a comerciar en función de lo que cada país produce y necesita. [3]

Este criterio introduce un desafío radical al regionalismo capitalista contemporáneo, tanto en la versión del ALCA como en las vertientes del MERCOSUR. En lugar de alentar negocios entre empresarios se propiciarían mecanismos de complementación, cooperación y solidaridad. Por esa vía se cuestionaría la identificación de los bloques zonales con una función competitiva y comenzaría a probarse que la concurrencia no es un rasgo intrínseco de la naturaleza humana, ni una condición para el progreso de los individuos.

El mito de la competencia como un dato insoslayable necesario para la prosperidad de la economía confunde el afán de superación personal con la apetencia por el lucro. Oculta el tendal de sufrimiento, desigualdad y opresión que invariablemente acompaña al furor por aplastar al rival y omite que la norma capitalista de la concurrencia exige profundizar la división entre los oprimidos para beneficiar a los capitalistas. [4] El carácter revulsivo de los proyectos de intercambio solidario radica en que opone al gran lema de la integración contemporánea (“competir, competir, competir”), una meta inversa de colaboración, cooperación y complementación entre los pueblos.

Pero tampoco conviene identificar automáticamente cualquier intercambio divorciado del lucro inmediato con el bienestar popular. Existen numerosos antecedentes de esta modalidad de intercambio que favorece a las elites estatales o las burocracias opresoras. El ejemplo más evidente fue la cúpula de la URSS que reforzaba su poder con los mecanismos de comercio que regían en el ex “bloque socialista” (Comecon). También ha sido muy frecuente el uso de privilegios comerciales por parte de distintos gobiernos con finalidades diplomáticas, políticas o militares.

El perfil concreto que podría adoptar el ALBA depende por lo tanto de la naturaleza social y la orientación política de los participantes de esa asociación.

Las definiciones estratégicas

El tercer nivel de discusión del ALBA es la política de construcción de este proyecto. ¿Puede erigirse esta asociación junto a las clases dominantes de Latinoamérica? La respuesta a este interrogante define los sujetos y las alianzas que orientarían la iniciativa.

Este debate involucra a los movimientos sociales de la región. A diferencia de los programas convencionales de integración, el ámbito de análisis del ALBA no se restringe a las cumbres entre cancilleres, ni a los cócteles entre empresarios. Ha suscitado una activa reflexión entre los militantes que apuestan a gestar un proyecto de unificación latinoamericana basado en el protagonismo de los oprimidos.

Algunos promotores del ALBA le asignan un contenido radical que incluye un explícito horizonte anticapitalista. Pero proponen edificar paulatinamente esta asociación a través de una red de alianzas con parlamentarios, alcaldes y gobiernos centroizquierdistas. Subrayan la necesidad de acumular fuerzas y agrupar aliados contra el enemigo imperialista y sugieren oponer a los tratados bilaterales que promueve Estados Unidos en sustitución del ALCA (“Alquitas”), una red de contrapesos equivalentes (“Albitas”). Por ese camino avizoran la construcción completa de la alternativa bolivariana. [5]

Pero una porción muy significativa de los gobiernos municipales, regionales y nacionales que participarían de esa alianza están controlados por los partidos tradicionales y sus elites capitalistas. Resulta difícil imaginar cómo se avanzaría en la lucha regional contra las clases dominantes si esas organizaciones integran la cadena de “Albitas”.

O el sujeto del nuevo proyecto son los oprimidos o la propuesta pierde significación transformadora. Los regionalismos de corte popular y perfil capitalista son antagónicos, ya que favorecen intereses sociales completamente opuestos. Para las clases dominantes la integración es un campo de negocios y un instrumento de reforzamiento de su poder. En cambio para los trabajadores, campesinos, desempleados y pequeños comerciantes o productores, la unidad regional constituiría un eslabón hacia la emancipación social. Si el ALBA intenta converger con los capitalistas deberá facilitar los acuerdos entre gobiernos y los negocios entre empresarios que perpetúan el status quo.

Ese segundo curso contradice no solo los objetivos anticapitalistas de largo plazo, sino que también obstaculiza las transformaciones sociales inmediatas que se requieren en cada país para iniciar un proceso de integración popular. Por ejemplo, una acumulación de “Albitas” junto a Lula, Kirchner o Tabaré bloquearía cualquier avance emancipador, ya que excluiría tres medidas básicas de ese camino: la reforma agraria, la redistribución del ingreso y la nacionalización de los recursos básicos.

Es cierto que el ALBA no puede construirse imaginando un curso de transformación simultánea. Los pueblos no comparten el mismo nivel de radicalidad política, no exhiben el mismo grado de conciencia revolucionaria y no implementarán cambios sociales al mismo tiempo. Pero estas diferencias sólo pueden ser acortadas si se forja un proyecto antiimperialista consecuente, que unifique en un sentido progresista esa gran variedad de situaciones. La estrategia de los “Alquitas” es negativa porque propicia alianzas con los defensores del orden vigente que desalientan este empalme.

No cabe duda que el enemigo principal es el imperialismo y que la prioridad es derrotar su proyecto de dominación regional. Pero quiénes suponen que el éxito de esta confrontación depende de la amplitud de la coalición opositora olvidan que el ancho de un frente no es necesariamente proporcional a su eficacia. Un número elevado de socios puede tornar improductiva la alianza si se aglutina bajo un mismo techo intereses que son divergentes. En esas circunstancias gana el enemigo, porque cuenta con la decisión y la cohesión que le falta al campo contrario.

La teoría de oponer un frente de “Albitas” a la política norteamericanas de “Alquitas” tiene muchas semejanzas con el modelo de confrontación entre dos campos que pregonaban los seguidores de la Unión Soviética. También ellos pensaban que el prestigio histórico de la revolución rusa, los logros sociales de las transformaciones anticapitalistas y los recursos económicos de la URSS bastarían para inclinar a muchos gobiernos capitalistas hacia una coalición contra el imperialismo estadounidense.

Esta misma ilusión reaparece ahora en torno a Venezuela. Se supone que el proceso bolivariano y los recursos petroleros constituirán grandes factores de atracción hacia un bloque antinorteamericano. Pero el fracaso de esa política en el pasado debería conducir evitar la reiteración del mismo error. Los capitalistas saben como custodiar sus intereses y terminan lucrando con ese tipo de alianzas.

La construcción del ALBA no debe seguir la norma paternalista de indicarle a cada pueblo cuál es el gobernante capitalista que le conviene aceptar, en pos de la integración latinoamericana. Estas convocatorias suscitan la desconfianza popular, cualquiera sea la justificación que se exhiba (conveniencias regionales, necesidades de estado, amplitud de alianzas). Esa receta no conduce a la integración, sino a la desmoralización de los movimientos sociales.

[1] Valencia presenta una síntesis del origen, las concepciones y los propósitos del proyecto. Valencia Judith. “El ALBA elabora filosofía”. Primer encuentro por la consolidación de un nuevo estado de derecho, Barquisimeto, septiembre de 2005. “La Comunidad Sudamericana de Naciones”. Caracas, 2-4 junio 2004. “Venezuela rompe el cerco”. Comité técnico de la comisión presidencial asesora de las negociaciones del ALCA, Caracas, 2005. También Guerrero describe los primeros pasos de esta iniciativa. -Guerrero Modesto Emilio. El MERCOSUR, Vadell Editores, Caracas, 2005.

[2] Presentamos nuestra caracterización del proceso bolivariano en: Katz Claudio. “Centre-gauche, nationalisme et socialismo”. Inprecor n 504, avril 2005, Paris.

[3] Esta interpretación propone: Sader Emir. “El lento y firme despuntar del ALBA”. Le Monde Diplo, febrero 2006, Buenos Aires.

[4] Cammack desarrolla esta caracterización. Cammack Paul. “Signos de los tiempos: capitalismo, competitividad y el nuevo rostro del imperio en América Latina”. El imperio recargado, FLACSO, 2005.

[5] Bossi Fernando Ramón. “Construyendo el ALBA desde los pueblos”. www.alternativaboliviarnaia.org, 3-1-05.

Claudio Katz

Economista, profesor de la UBA, investigador del Conicet. Miembro del EDI (Economistas de Izquierda).

 
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