Al menos 25 personas murieron el 20 de noviembre de 2013 en un doble atentado contra la embajada de Irán en Beirut.

Encubriendo el terrorismo:
de la negación a las justificaciones

Los grupos afiliados a al-Qaeda aparecieron en Líbano hace un cuarto de siglo, bajo diferentes denominaciones. Hace 22 meses, el ministro de Defensa libanés, Fayez Ghosn, advirtió sobre el peligro de la presencia de esa organización en el país. Se refería el ministro al coctel del grupúsculos terroristas que se habían implantado en varias regiones gracias a la cobertura política local que les garantizaban el jeque Saad Hariri, su partido y sus aliados, en el marco de la guerra contra Siria.

La existencia de al-Qaeda es ahora una evidencia indiscutible, incluso para los políticos que acribillaron de críticas al ministro Ghosn y que emprendieron contra él una virulenta campaña de intimidación, garantizando así una cobertura a la continuación de las actividades de los grupos takfiristas terroristas en sus feudos del norte del Líbano, de la Bekaa y de otras regiones libanesas, así como en campamentos palestinos.

Independientemente de cómo se llamen –Frente al-Nusra, Brigadas Abdallah Azzam, Jund al-Cham, Emirato Islámico en Irak y el Levante [EIIL] y otros movimientos que operan bajo la bandera del llamado Ejército Sirio Libre– esos grupos han traído al Líbano su terrorismo. En Siria, esa corriente ha encontrado serias dificultades debido al rechazo de la población, al avance del Ejército Árabe Sirio y también a causa de sus propias guerras intestinas.

En Líbano, más de una vez el ejército libanés ha sido blanco de esos grupúsculos que constituyen un peligro para todos los libaneses, sin excepción. Basta un recuento de las atrocidades que han cometido en Siria –decapitaciones, canibalismo, ejecuciones sumarias, violaciones, secuestro de civiles y de religiosos musulmanes y cristianos, asesinatos de importantes ulemas, como el jeque Mohammad Said Ramadan al-Bouti– para tener una idea de la naturaleza criminal de esos grupúsculos y sobre su pensamiento, basado en el exterminio de todo el que no sea como ellos.

Cumpliendo con su papel en la ejecución del plan de Arabia Saudita y Estados Unidos, el 14 de Marzo garantizó protección a las guaridas de los terroristas. Ahora esa coalición repite sin cesar sus declaraciones sobre el papel del Hezbollah en Siria en un intento por evadir su propia responsabilidad en la aparición y desarrollo de la plaga que constituye al-Qaeda. Pero la presencia de al-Qaeda en Líbano, gracias a la tolerancia de la Corriente del Futuro, es anterior a la participación del Hezbollah en la lucha de Siria contra los grupos extremistas que amenazan la sociedad libanesa. Los argumentos del 14 de Marzo representan una cobertura adicional para al-Qaeda y harán más difícil y costosa la lucha contra esa organización terrorista.

El discurso del «harirismo» en Líbano constituye una justificación de los actos terroristas, a pesar de que se presenta bajo la apariencia de una condena de los atentados, porque entre las palabras de denuncia se expresa comprensión por las motivaciones de los asesinos, movilizando así con argumentos sectarios a una parte de los libaneses y transformándolos en terreno fértil para las ideas extremistas. La lucha contra el terrorismo exige que se adopte una posición firme y estricta, sin ambigüedad, para cerrar el camino al trabajo de reclutamiento y de adoctrinamiento dirigido a los jóvenes. El hecho que uno de los kamikazes que actuaron contra la embajada de Irán en Beirut haya sido un libanés de la ciudad de Saida, vinculado al jeque extremista Ahmad al-Assir, quien a su vez contó con el apoyo y la cobertura política de Hariri, es muestra de las graves consecuencias que puede tener el discurso de doble rasero de la Corriente del Futuro.

No menos grave que los discursos del 14 de Marzo y de la Corriente del Futuro es la política de boicot contra el Estado sirio que practican altos responsables oficiales libaneses. Esos responsables se han refugiado, desde el inicio de la crisis en Siria, tras la política de distanciamiento, cerrando a la vez los ojos para no ver los puestos de mando que el 14 de Marzo instaló en Líbano para coordinar la acción de los extremistas en Siria, por no hablar de la implicación de los medios de prensa vinculados a ese bando político en la guerra contra el Estado sirio. Esos dirigentes oficiales han ignorado conscientemente el contrabando de armas enviadas a Siria, la confiscación de buques atiborrados de armamento, la importación de terroristas provenientes del mundo entero y enviados –a través del Líbano– a destruir Siria y a matar al pueblo de ese país.

Las posiciones que expresan ciertos altos responsables libaneses se han vuelto peligrosas para el Líbano, mientras que el Hezbollah trata de proteger el país de la amenaza que constituye el terrorismo de al-Qaeda combatiéndolo directamente en territorio sirio. La inminencia del peligro exigía, sin embargo, que esos mismos dirigentes oficiales lanzasen un llamado a la movilización general para garantizar una cobertura al ejército libanés y protegerlo del chantaje que hoy está sufriendo de parte de cierta clase de políticos, y también para darle la posibilidad de desmantelar los santuarios de los terroristas que el «harirismo» ha venido creando.

La lucha contra el terrorismo se ha convertido en una de las principales preocupaciones de muchos Estados europeos, que están incluso tratando de restablecer una cooperación con el Estado sirio. Esos es lo que están haciendo Alemania, Italia, España y Francia, países que se hallan a miles de kilómetros, mientras que el vecino libanés de Siria, expuesto a los peores peligros, se mantiene comprometido con la decisión de Arabia Saudita y Estados Unidos de romper todo contacto con Damasco.

Ya es hora de poner fin a esa broma de mal gusto porque lo que está en juego son las vidas de la gente y el futuro del Líbano

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