Red Voltaire
«El arte de la guerra»

Generales estadounidenses defienden «la Bomba para la paz»

Aprovechando la confusión, generales estadounidenses aseguran que la bomba atómica salvó el mundo y que mantuvo la paz después de la Segunda Guerra Mundial. Las víctimas de todos los conflictos registrados desde entonces –desde la guerra de Corea, en los años 1950, hasta los que hoy estremecen el mundo árabe– seguramente estarán muy contentas de conocer esa “opinión”. Si algo ha logrado la existencia de la bomba atómica es garantizar el predominio mundial de los Estados que la poseen.

| Roma (Italia)
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El general estadounidense Robin Rand

Dos días antes del ensayo del misil norcoreano que hizo saltar las alarmas nucleares en todo el mundo, la revista Politico publicó un artículo titulado «Por qué Estados Unidos hace bien en invertir en las armas nucleares» [1], firmado no por un editorialista sino por los dos generales que tienen bajo su mando 3 cuartas partes de las fuerzas nucleares estadounidense: el jefe del estado mayor de la US Air Force, general Dave Goldfein, y el jefe del Mando para el Ataque Global de la Fuerza Aérea, general Robin Rand.

Estos dos generales estadounidenses afirman que «aunque esto pueda parecer ilógico, las armas nucleares son una herramienta fundamental de la paz mundial». Eso queda demostrado –según ellos– por el hecho que, desde el inicio de la era nuclear, ya no hubo más grandes guerras. Y es por eso fundamental –afirman– que los bombarderos y misiles nucleares mantengan su total eficacia.

Estados Unidos debe proceder actualmente a la modernización de sus fuerzas nucleares porque se encuentra ante «potenciales adversarios que, agresivamente, están modernizando y expandiendo sus fuerzas nucleares y que quieren imponerse cada vez más».

Aunque los dos generales mencionan «las amenazas abiertas de Corea del Norte», es evidente que se refieren implícitamente a Rusia y China. «Nuestros enemigos potenciales deben saber que nuestra dirección nacional tomará siempre las duras decisiones que sean necesarias para proteger y garantizar la supervivencia del pueblo estadounidense y de sus aliados», dicen amenazadoramente.

O sea, que los dirigentes de Estados Unidos están dispuestos a iniciar la Tercera Guerra Mundial, que sería un conflicto nuclear, del que en realidad nadie saldría vivo. Estos dos generales dirigen seguidamente un llamado perentorio a la administración Trump:

«Estados Unidos debe mantener su compromiso de recapitalizar nuestras fuerzas nucleares.»

El compromiso que mencionan no fue contraído por el belicoso Trump sino por el Premio Nobel de la Paz Barack Obama, recompensado en 2009 por «su visión de un mundo liberado de las armas nucleares y el trabajo que ha realizado en ese sentido».

Pero fue la administración Obama la que emprendió el mayor programa de rearme nuclear que se ha implementado desde el fin de la guerra fría. A un costo de alrededor de 1 000 millardos de dólares [2], ese programa prevé la construcción de 12 nuevos submarinos de ataque nuclear (cada uno con 24 misiles portadores en total de casi 200 ojivas nucleares), otros 100 bombarderos estratégicos (capaces de lanzar cada uno alrededor de 20 misiles o bombas nucleares) y 400 misiles balísticos intercontinentales basados en tierra (dotados cada uno de al menos una poderosa ojiva nuclear).

Al mismo tiempo, también bajo la administración Obama, se inició la modernización de las fuerzas nucleares ya existentes. Esa modernización, según documenta el miembro de la Federación de Científicos Estadounidenses Hans Kristensen [3], «triplica el poder destructivo de los misiles balísticos estadounidenses ya existentes», como si el objetivo fuese alcanzar «la capacidad de librar y de ganar una guerra nuclear desarmando a los enemigos con un primer golpe sorpresivo». Esa capacidad también incluye el «escudo antimisiles» destinado a neutralizar las respuestas de los enemigos, dispositivo como los que Estados Unidos ya despliega en Europa contra Rusia y en Corea del Sur contra China.

O sea, la carrera armamentista nuclear está acelerándose. Resulta significativa la decisión rusa de desplegar en 2018 un nuevo misil balístico intercontinental –el RS-28 Sarmat– con un alcance de 18 000 kilómetros y portador de entre 10 y 15 ojivas nucleares que, en el momento de su reingreso en la atmósfera –a velocidad supersónica (más de 10 veces la velocidad del sonido)– son capaces de maniobrar para evadir los misiles interceptores y atravesar así el famoso «escudo».

Pero, no hay de qué preocuparse. Podemos dormir tranquilos confiando en que «las armas nucleares son una herramienta fundamental de la paz mundial».

Fuente
Il Manifesto (Italia)

Traducido al español por la Red Voltaire a partir de la versión al francés de Marie-Ange Patrizio

[1] “Why the U.S. Is Right to Invest in Nuclear Weapons”, por Dave Goldfein y Robin Rand, Politico, 12 de mayo de 2017

[2] 1 millardo = 1 000 millones.

[3] “How US nuclear force modernization is undermining strategic stability: The burst-height compensating super-fuze”, Hans M. Kristensen, Matthew McKinzie y Theodore A. Postol, Bulletin of Atomic Scientists, 1º de marzo de 2017.

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