|

|
 |
|
Tribunas y análisis - 30 de septiembre de 2005
¿Qué orientación para la diplomacia alemana?
Análisis
Las elecciones legislativas alemanas del 18 de septiembre de 2005 no han permitido establecer una clara mayoría y los tratos entre partidos políticos se suceden. Por lo demás, los resultados definitivos son aún desconocidos, pues falta una circunscripción por votar que determina una cantidad de escaños atribuidos proporcionalmente.
La coalición roja-verde (SPD-Verdes) en el poder perdió su mayoría absoluta en el Bundestag, pero sus adversarios cristiano-demócratas y liberales no la obtuvieron tampoco. El surgimiento de un nuevo partido de izquierda ha vuelto inaplicables las viejas alianzas.
Mientras prosiguen las negociaciones entre los diversos dispositivos, los responsables de los partidos políticos comentan en la prensa las intenciones de sus formaciones. No obstante, las declaraciones evitan las fórmulas demasiado verticales a fin de no perjudicar las negociaciones. Así, en una entrevista al Tageszeitung, la ex ministra federal de Medio Ambiente, la ecologista Bärbel Höhn, excluye toda participación en un gobierno del que forme parte Angela Merkel, pero no se pronuncia formalmente sobre la participación de los Verdes en un gobierno con la CDU. Nada parece imposible si el partido conservador renuncia a los excesos de su programa, demasiado abiertamente neoliberal. Höhn considera que el proyecto de Angela Merkel se acerca peligrosamente al modelo de Estado anglosajón. Ahora bien, este modelo mostró sus limitaciones durante el huracán Katrina en los Estados Unidos. Así, parece resignarse a volver a la oposición y afirma creer en un rápido regreso al poder en un nuevo cambio de gobierno.
El presidente-ministro conservador de Baja Sajonia, el muy popular Christian Wulff, etima que su partido ha ganado las elecciones, pero que la campaña del SPD cuyo objetivo era intimidar a los trabajadores de menores salarios acerca del programa de la CDU impidió que su partido ganara las elecciones de forma más nítida. Afirma que la reforma es necesaria, pero que continúa asustando. Niega toda ambición personal al apoyar a Angela Merkel.
El intercambio muestra que el debate en Alemania entre partidos de gobierno se centra en el grado de reforma a aplicar y en el grado de liberalismo a introducir en el «modelo social renano». En ningún momento se cuestiona la naturaleza de estas reformas. El principio de un alineamiento con el sistema socioeconómico anglosajón, es decir, la integración en la globalización, es aceptado sin discusión por las élites políticas y mediáticas alemanas, con excepción del Partido de Izquierda que por esto se encuentra marginado, es decir, calificado como de extrema izquierda aunque está dirigido por el ex presidente del SPD. Este unanimismo disimulado tras el debate alrededor de la rapidez de las transformaciones que deben imponerse en el país es tal vez la principal razón de la doble derrota del SPD y de la CDU (este partido llegó a convertirse en el primero de Alemania, pero perdió 23 escaños en el Bundestag). En este resultado podemos ver la réplica de un fenómeno que afecta a Francia y lleva cada vez más electores a distanciarse de los partidos tradicionales. En Alemania, este rechazo a las políticas propuestas por los grandes partidos se ha traducido en un éxito para el Partido Liberal (que debe su nombre al liberalismo de las Luces y no al «liberalismo» de la Escuela de Chicago) y sobre todo para el Partido de Izquierda (Linkspartei, coalición que agrupa al ex Partido Comunista germano oriental, a decepcionados del SPD y a militantes del movimiento altermundista) que registró un excelente resultado, convirtiéndose en el cuarto partido político alemán.
Uno de sus dirigentes, Gregor Gysi, muestra su satisfacción en Die Tageszeitung por sus resultados, que, en su opinión, es la señal de una voluntad de los alemanes de rechazar el modelo neoliberal que se ha convertido en dominante en los medios de comunicación y en los partidos políticos. Llama por lo tanto al fortalecimiento de la alianza electoral formada en estas elecciones, prediciéndole un futuro radiante.
En la prensa extranjera, la mayor parte de los analistas se refiere a la ingobernabilidad alemana y al impacto de estos resultados sobre la «necesaria» adaptación de la economía alemana. Algunos, como el editorialista del Figaro Alexandre Adler, ven incluso en una gran coalición CDU-SPD una oportunidad para acelerar las reformas. Sin embargo, otros prefieren analizar las elecciones como una prueba más del rechazo al modelo anglosajón por parte de la población europea.
En El Periódico, el director del Monde Diplomatique, Ignacio Ramonet, ve en el resultado del Linkspartei el gran acontecimiento de esta etapa. Incluso considera que este partido hubiera podido obtener un resultado mucho mejor si Angela Merkel no hubiera asustado tanto a los electores alemanes al punto de que algunos prefieren una votación útil y perdonar las traiciones de Gerhard Schröder. El autor aconseja al nuevo partido evitar las exageraciones verbales contra los social-demócratas, pero, más aún, recomienda al SPD no olvidar lo que lo salvó de una corrección electoral.
Si este razonamiento es exacto, y así lo creemos, estas elecciones deben no sólo ser comparadas a las presidenciales francesas en cuanto al rechazo a los partidos dominantes, sino también a los referendos francés y holandés sobre la Constitución Europea en lo tocante al rechazo a las políticas pseudo liberales. Se observa así una verdadera sublevación de las urnas en Europa.
En Assafir, el analista libanés Ghassan Abou Hamed considera que el patronato alemán querrá resolver la crisis política lo más rápidamente posible y fomentará una gran coalición. Como Schröder y Merkel no llegarán nunca a entenderse en este punto, predice la elección de un canciller insulso, sin relieve, capaz de aplicar un compromiso entre los dos partidos y caer bien en los medios de los negocios, lo que debería aumentar aún más el descrédito de dichos partidos. Se asombra igualmente por la injerencia extranjera en las elecciones alemanas. Turquía apoyó a Schröder y Estados Unidos a Merkel. El autor hubiera podido añadir que la coalición saliente, y más precisamente el canciller saliente, fueron apoyados por Rusia, que no escatimó esfuerzos.
Las cuestiones de política exterior no parecen haber tenido un peso determinante en las elecciones legislativas alemanas. Sin embargo, a los medios atlantistas les satisface la salida programada de Gerard Schröder. La redacción del Washington Post había deseado abiertamente su derrota hace algunas semanas y con posterioridad a las elecciones manifestó su complacencia al ver por fin eliminado a este canciller demasiado independiente. No obstante, el diario deploraba que esto no hubiera conducido a una victoria de Angela Merkel, quien de hecho no escatimó esfuerzos para mostrar su sometimiento a Washington.
También Israel se vio beneficiado con las atenciones de Merkel. Antes de las elecciones, la candidata conservadora concedió una entrevista al diario de referencia Ha’aretz en la que afirma su apoyo a la política de Ariel Sharon. Expresa igualmente que la lucha contra el antisemitismo es una de sus prioridades para lo que promete implementar programas de intercambio entre jóvenes israelíes y alemanes. De este modo, confunde a israelíes y judíos y, por consiguiente, antisemitismo y antisionismo. Por otra parte, socava los esfuerzos de quienes, en los medios académicos, quieren presionar a Israel para empujarlo a la paz mediante el boicot académico.
También los neoconservadores hicieron campaña por Merkel. El director del Proyecto por un Nuevo Siglo Americano (grupo encargado de redactar el programa de presidencia de George W. Bush), Gary Schmitt, en entrevista concedida al Figaro, exhibía antes de las elecciones su apoyo a Angela Merkel en Alemania y a Nicolas Sarkozy en Francia. Afirmaba que es la alianza con los Estados Unidos la que podía hacer del tándem franco-alemán el motor de Europa y estimaba que la influencia global de Alemania y de la Unión Europea deben pasar únicamente por la OTAN. Para los halcones, la Unión Europea no debe ser más que una potencia complementaria de la política de Washington, de modo que la voluntad de independencia franco-alemana constituía motivo de disgusto. Hoy, la alianza París-Berlín-Moscú-Pekín está al borde de perder el eslabón alemán que debería pasar a la esfera de influencia norteamericana. Es lo que Schmitt dice cuando reduce los vínculos de Alemania con Rusia y China a un antojo de Gerhard Schröder que pronto no tendrá mayores consecuencias.
En el mismo diario, pero esta vez después de las elecciones, los investigadores alemanes de la Rand Corporation, Andreas Hotes y Kai Wegrich, consideran que teniendo en cuenta los resultados, nada cambiará significativamente en Alemania. Incluso si la CDU lo hubiera deseado y hubiera ganado de forma más neta las elecciones, no hubiera podido estrechar más los vínculos con Estados Unidos. Mostrándose tranquilizadores con sus lectores, afirman que, sea como sea, Francia no tiene por qué inquietarse, pues seguirá siendo el socio privilegiado de Alemania.
Red Voltaire
|
 |
|

30 de septiembre de 2005
Desde
París (Francia)
Herramientas

Imprimir
Enviar
Todas las versiones de este artículo:

français
русский
English
Países
Alemania
Temas
Control de Europa
Autores y fuentes de las Tribuna y análisis
|
 |
«No seré ministra con Merkel»
Autor
Bärbel Höhn

 |
 |
Bärbel Höhn es ex ministra federal alemana de Medio Ambiente (1995-2000) y ex ministra de Medio Ambiente del estado de Renania del Norte-Westfalia (2000-2005).
|
Fuente
Die Tageszeitung (Alemania)
Referencia «"Keine Minister unter Merkel"», por Bärbel Höhn, Die Tageszeitung, 20 de septiembre de 2005. Texto adaptado a partir de una entrevista.
Resumen No vamos a rechazar las discusiones sobre una posible coalición negro-amarilla-verde si la Unión nos invita a ello, pero no seremos los garantes de una política en la cual la Unión y el FDP no obtuvieron la mayoría. No puedo imaginarme ministra con Merkel como canciller: promoverá la tecnología nuclear, las técnicas de modificación genética, la supresión de los logros sociales y el desarrollo de una política exterior arriesgada.
No estamos a favor de la disminución de impuestos, sino de la simplificación del sistema tributario. Si el Estado toma en serio su tarea, no podemos permitirnos esa reducción. No quiero un Estado débil incapaz de ayudar a sus ciudadanos tras de una catástrofe natural, como en los Estados Unidos.
Debemos ocuparnos de los programas y de las personas que existen en la actualidad, es decir, Merkel y Westerwelle. Lo que sí es seguro es que el capítulo rojo-verde en la esfera federal está totalmente cerrado. Perdimos la mayoría, debemos regresar a los comienzos, al papel de oposición. Es muy importante dar respuestas claras sobre la tendencia a la individualización de la sociedad y sobre la necesidad de estructuras sociales para el hombre. La Unión perdió porque se descuidaron esos puntos.
Las nuevas mayorías negras ya fueron sancionadas en Schleswig-Holstein y en Renania del Norte-Westfalia debido a sus políticas selectivas y a su rigor social. Por esa razón, proponemos soluciones para las próximas municipales y para las elecciones de los parlamentos de los estados.

«No reunimos a la mayoría de los ciudadanos»
Autor
Christian Wulff
Fuente
Die Welt (Alemania)
Referencia «"Wir haben die Mehrheit der Bürger nicht mitgenommen" por Christian Wulff, Die Welt, 20 de septiembre de 2005. Texto adaptado a partir de una entrevista.
Resumen Las personas no quieren continuar así, quieren un cambio, por eso la CDU-CSU aventaja a los rojo-verdes en 440 000 votos. Sin embargo, el temor al cambio era demasiado fuerte y por eso un número mayor de lo pronosticado votó por la izquierda. Los rojo-verdes con el PDS están delante de la Unión, más el FDP, pero la gente quería un cambio moderado. El SPD logró atemorizar a los de más bajos salarios.
Angela Merkel llevó a cabo un combate comprometido; es la líder de la fracción más fuerte del Parlamento y tiene el deber de formar un gobierno y convertirse en canciller.
Vamos a discutir con todos los partidos excepto con el Linkspartei. Comenzaremos por el FDP, después con el SPD y por último con los Verdes. En interés de nuestro país, debemos mostrar con claridad que la campaña electoral ya terminó y que vamos a aceptar con humildad el resultado que los electores nos dieron. Debemos ser eficaces en cuanto a la reforma de la federación del sistema tributario. Esa es una señal que esperan de nosotros también en el extranjero. En Alemania todo es posible, salvo una cosa: perder tiempo.
No seré candidato en las próximas presidenciales. En primer lugar, la lógica indica que el canciller que llegue ahora al poder también será candidato en 2009, además, mi lugar está en Hannover, quiero permanecer allí durante mucho tiempo como Primer Ministro.

«El país cambia»
Autor
Gregor Gysi

 |
 |
Líder de los ex-comunistas alemanes, Gregor Gysi nació en 1948 en Berlín. Durante la caída del muro (1989) participa en la transformación del partido comunista SED (en el poder en la RDA) en PDS, partido que presidirá y que lo elegirá para el Bundestag. Con Oskar Lafontaine, formó el «nuevo partido de izquierda», que reúne a los neocomunistas en el Este y a los decepcionados del SPD en el Oeste.
|
Fuente
Die Tageszeitung (Alemania)
Referencia «"Das Land verändert sich"», por Gregor Gysi, Die Tageszeitung, 20 de septiembre de 2005. Texto adaptado a partir de una entrevista.
Resumen Somos los verdaderos triunfadores en las elecciones ya que tenemos 4% de votos más que la última vez. El FDP no es sólo más fuerte porque la CDU haya perdido votos. Lo más importante está afuera; la República Federal cambió. Por primera vez desde el inicio de los años 50 existe en los viejos estados la necesidad de una fuerza a la izquierda de la socialdemocracia. Todavía hace un año no pensaba que eso fuera posible. Durante mucho tiempo permanecimos entre el 4 y 5,1% y acabamos de lograr el 8,7% gracias a la alianza con la fuerza del Oeste, gracias a Oskar Lafontaine (ex presidente del SPD). Es un magnífico resultado.
Numerosos periódicos se pronunciaron no sólo política sino también personalmente contra Lafontaine y muchas personas, sobre todo en el Este, reaccionan de forma superficial a esto y han dicho: basta ya.
El neoliberalismo se impuso en los grandes partidos e incluso en los Verdes, también predomina en la televisión y en otros medios de comunicación. No obstante, empieza a haber oposición, como se constata en el Tageszeitung y en Die Zeit. Existe de nuevo con nosotros una fuerza que se opone a esa mentalidad en el Bundestag.
Vivimos una situación única: el gobierno de los Verdes y del SPD fue rechazado, y otro entre la Unión y el FDP no ha recibido el visto bueno. Eso no es un signo de inestabilidad, es un signo de normalidad europea.
En la actualidad, tenemos una mayoría a la izquierda con la Unión y el FDP. No sé si se trata de una mayoría de izquierda, o como lo dice Oskar Lafontaine, de una mayoría a la izquierda del centro. Si le SPD participa, la regresión social no será tan dramática como cuando la CDU y el FDP gobernaban solos.
El WASG (Wahlalternative Arbeit und soziale Gerechtigkeit, opción electoral por la igualdad profesional y social) ganó con nosotros y debemos fusionarnos lo antes posible. Ahora el SPD tiene más miembros, pero el WASG va a predominar en una decena de regiones y nosotros solamente en seis. Quizás en las próximas elecciones de primavera, en Berlín, estemos unidos.

« Por qué Schröder no perdió »
Autor
Ignacio Ramonet
|
Director de Le Monde Diplomatique, escritor y periodista.
|
Fuente
El Periodico (España)
Referencia «Por qué Schröder no perdió», por Ignacio Ramonet, El Periódico, 20 de septiembre de 2005.
Resumen Las elecciones en Alemania pueden conducir a numerosas coaliciones diferentes. Si se analizan los resultados según la división clásica derecha-izquierda, se constata que los partidos de izquierda obtuvieron la mayoría de los votos, pero Merkel intenta negar ese resultado y esta importante lección del escrutinio. Por otro lado, Gerhard Schröder había descartado de antemano toda posibilidad de alianza con el nuevo partido de izquierda debido a su antipatía por Oskar Lafontaine y a la incompatibilidad de los programas de esos partidos.
El surgimiento y el buen resultado de un movimiento de izquierda antiliberal es la gran novedad de ese escrutinio. Ese nuevo partido agrupa al partido del socialismo democrático surgido de la refundación del PC de la RDA y del Wasg, un partido construido por sindicalistas y militantes altermundistas. Ese partido podría dañar por mucho tiempo al SPD. Schröder desarrolló la política neoliberal y envió tropas alemanas a Kosovo. Una parte del electorado de izquierda entendió esas medidas como una traición. El nuevo partido de izquierda fue acreditado por el 12% de las intenciones de voto, pero finalmente tuvo un resultado no tan bueno debido a Angela Merkel. Esta última presentó un programa ultraliberal tan disparatado que logró suavizar la imagen de Schröder.
Se pueden extraer dos lecciones de esa votación: la retórica de la traición de la socialdemocracia, al parecer excesiva, puede dañar a los altermundistas. La segunda lección es que Schröder debería recordar lo que lo salvó.

«Alemania: ¿Existe una tercera alternativa?»
Autor
Ghassan Abou Hamed
|
Ghassan Abou Hamed es escritor y periodista en el diario libanés Assafir.
|
Fuente
As Safir (Líbano)
Referencia «ألمانيا: هل هناك خيار ثالث؟», por Ghassan Abou Hamed, Assafir, 21 de septiembre de 2005.
Resumen Los resultados de las elecciones en Alemania no fueron decisivos. Por esa razón, el nombre del nuevo canciller no puede conocerse antes de la esperada reunión entre los dos partidos principales, a saber, el Partido Cristiano Demócrata y el Partido Socialdemócrata. Los dos partidos interesados deben encontrar un terreno de entendimiento que permita poner fin a la crisis que vive el país.
El egoísmo político y el desacuerdo caracterizaron las primeras negociaciones entre los partidos en juego. Se perfilan dos fórmulas; la primera, que además es la más probable, se trata de una «coalición ampliada» entre los dos grandes partidos. Pero, en ese caso, ¿quién será el canciller? La segunda alternativa consiste en poner a un lado a los dos rivales, Schröder y Merkel, y seleccionar una tercera persona que logre el consenso de los dos partidos. Esta segunda alternativa debe haber sido propuesta por los hombres de negocio alemanes que son los más afectados por esta crisis política. No surgieron coaliciones anticipadas antes de la elección entre diferentes partidos con orientaciones diferentes. Así, el hecho de escoger a un canciller (sin color ni sabor) como solución agravará sin dudas la situación en Alemania. Sobre todo debido a que el país pasa por una fase de angustia que requiere una gobernabilidad excepcional.
Sin embargo, lo que es sorprendente en este escrutinio es la intervención extranjera en el conflicto entre los partidos alemanes. Turquía, por ejemplo, manifestó su apoyo al Partido Socialdemócrata y a Gerhard Schröder en persona, mientras que Estados Unidos decidió apoyar al Partido Cristiano Demócrata y a su líder Angela Merkel. En ese marco, debemos recordar que el gobierno de Ankara envió un mensaje de respaldo a los responsables del SPD. Sin olvidar, no obstante, que los ciudadanos turcos en Alemania, que representan 2,2 millones de habitantes, pueden tener una influencia directa aquí en todos los planos.

«La presunta canciller promete combatir el antisemitismo»
Autor
Angela Merkel

 |
 |
Angela Merkel es diputada a la Bundestag alemana, presidenta de la CDU y del grupo parlamentario CDU/CSU.
|
Fuente
Ha’aretz(Israel)
Referencia «Would-be German chancellor promises to fight anti-Semitism», por Angela Merkel, Ha’aretz, 14 de septiembre de 2005. Texto adaptado a partir de la reseña de una entrevista.
Resumen Para nosotros, las relaciones con Israel constituyen un valioso tesoro que debe ser preservado. Debemos recordar su historia y la responsabilidad que implica. Debemos adoptar una posición clara a favor de estrechas relaciones con la comunidad judía en Alemania y claro está, con Israel. Resulta esencial que nuestras relaciones sean intensas. Sólo he concedido dos entrevistas a medios de comunicación extranjeros, una al New-Yorker y otra a Ha’aretz. Me hubiera gustado visitar Israel pero la campaña se adelantó y no tuve tiempo para ello.
Desde hace dos años y medio, la CDU utiliza el color naranja en sus campañas. Esta elección no tiene que ver con la revolución naranja en Ucrania o con la acción de los que se oponen a la retirada de Gaza que recurrieron al mismo color. Por el contrario, soy partidaria ferviente de esta retirada. Es un gran paso dado por Ariel Sharon que puede dar lugar a un nuevo enfoque para el proceso de paz israelo-palestino.
El antisemitismo es un serio problema y esperamos combatirlo resueltamente. Para ello deseamos desarrollar los programas de intercambio entre jóvenes alemanes e israelíes.
En Irán tenemos un objetivo común: impedirle a Teherán que adquiera armas nucleares. Teniendo en cuenta las dificultades de ese país, Irán no puede evitar el diálogo. El enfoque de Francia, Gran Bretaña y Alemania, apoyado por Estados Unidos, es el adecuado.

«La alianza Merkel-Sarkozy salvaría las relaciones transatlánticas»
Autor
Gary Schmitt
Fuente
Le Figaro (Francia)
Referencia «L’alliance Merkel-Sarkozy sauverait la relation transatlantique», por Gary Schmitt, Le Figaro, 19 de septiembre de 2005.
Resumen Como muchos norteamericanos, pienso que Angela Merkel es la mejor opción para Alemania ya que sus discursos rompen con el antiatlantismo del SPD. Además, los alemanes saben muy bien que las reformas radicales son necesarias en estos momentos. Paradójicamente, los buenos resultados alcanzados por el Linkspartei pueden ser explicados por la voluntad desesperada de una parte del pueblo alemán de enfrentarse a la política tradicional. De una forma u otra, desconcertados por el marasmo económico, los alemanes están dispuestos de forma manifiesta a adoptar una política de ruptura.
Hoy, Alemania tiene la posibilidad de escoger entre una reforma de su sistema social para adaptarlo al mercado globalizado y un método más acorde a la visión norteamericana que consiste en reducir los impuestos y estimular el consumo. La primera ha sido abucheada y el segundo será difícil de aplicar desde el punto de vista cultural y financiero. Sin embargo, tal procedimiento podría provocar a mediano plazo una reactivación del crecimiento superior al 3%.
El estado actual de las relaciones transatlánticas es obra en gran medida de Gerhard Schröder y Jacques Chirac, quienes hicieron cálculos personales. Ambos pudieron pensar que un enfrentamiento con Estados Unidos podía garantizarles cierta autoridad nacional. Pero si Alemania y Francia logran asociarse sobre una base distinta a la del antiguo tropismo antinorteamericano, toda la orientación global de la estrategia europea saldrá fortalecida. La elección de Angela Merkel podría sacar a Alemania de esta opción esterilizadora que constituye la desconfianza con respecto a Estados Unidos. Berlín no limitaría su política exterior a las relaciones bilaterales con París, reductoras y, a fin de cuentas, factor de aislamiento. El acceso al poder de personalidades como Angela Merkel y Nicolas Sarkozy provocaría un rápido y significativo cambio en lo que se refiere a las relaciones tanto transatlánticas como infraeuropeas. El tándem franco-alemán podría tener un peso positivo en el destino europeo sobre la base de una renovada alianza con Washington.
Es difícil saber cuál será el peso de Alemania en Europa pero ese país, al igual que el resto de la Unión Europea, debe reconsiderar su relación con la OTAN y conferir a esta organización un papel clave para transformarla en sede de negociación de las decisiones sobre desafíos planetarios cruciales como la situación en Afganistán, Irak y el Medio Oriente. Los vínculos entre Berlín, Pekín y Moscú están unidos a Schröder, no al continuum de la diplomacia alemana. El verdadero problema de la Alemania contemporánea radica en su deseo de desempeñar un papel mucho más trascendental en la arena internacional, pero de manera indirecta, a través de instituciones tales como las Naciones Unidas y la Unión Europea.

«La ambigüedad no es anuncio de inestabilidad»
Autoras y autores
Andreas Hotes, Kai Wegrich
|
Andreas Hotes es director de la Rand Corporation en Berlín y responsable de la aviación para Europa en esta organización.
|
Fuente
Le Figaro (Francia)
Referencia «L’ambiguïté n’annonce pas l’instabilité», por Andreas Hotes y Kai Wegrich, Le Figaro, 20 de septiembre de 2005.
Resumen Contrariamente a lo que anunciaban los sondeos, los resultados de la CDU en las elecciones alemanas fueron decepcionantes. El partido está a la cabeza, pero lejos del número de votos pronosticado desde que Gerhard Schröder anunciara elecciones adelantadas luego de los resultados negativos de su partido en las elecciones regionales y de la pérdida del apoyo popular para sus reformas. El espectacular ascenso de los demócrata-liberales no le ha permitido garantizar una mayoría al bloque de centro-derecha. La situación es compleja y el resultado podría depender muy bien de Dresde, donde la votación fue aplazada hasta el 2 de octubre.
La antigua mayoría es minoritaria en estos momentos en el Bundestag, pero no se sabe todavía qué coalición llegará al poder. El partido de izquierda excluyó la participación en un gobierno, los liberales no quieren aliarse con otro partido que no sea la CDU. La opción más probable es por lo tanto una «gran coalición» que reúna al SPD y a la CDU. Pero Gerhard Schröder se negó a apoyar un gobierno dirigido por la señora Merkel. La alianza de los dos principales partidos parece entonces quedar excluida, al menos en lo que se refiere a ambos líderes. En estas condiciones, luego de perder nuestro papel de locomotora del crecimiento económico europeo, ¿nos enfrentamos al fin de la estabilidad gubernamental que ha constituido siempre la clave del éxito económico y político en Alemania?
La respuesta es sencilla: no. No es primera vez que se produce este juego político en Alemania. Se trata incluso de una situación frecuente a nivel regional. En esta ocasión, el resultado es incierto pero las consecuencias en términos de asuntos nacionales y diplomáticos son más tranquilizadoras que inquietantes. La imperiosa necesidad de compromiso interno podría permitir enfrentar las cuestiones más espinosas. Este compromiso necesario tiene también interés en el apartado de las relaciones transatlánticas. Se espera que la señora Merkel se involucre más en la política germano-estadounidense, pero no debemos esperar cambios demasiado radicales pues la opinión alemana se sigue oponiendo con fuerza a todo compromiso militar. Con relación a las relaciones franco-alemanas, cualquier gobierno debería tratar de acentuar el papel desempeñado por esta alianza.
En resumen, una mirada distanciada ofrece perspectivas más tranquilizadoras para los más importantes socios alemanes de lo que estos ambiguos resultados podrían sugerir en un inicio.

|
|
|
 |
 |
|
 |