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Tribunas y análisis - 3 de febrero de 2006
Disuasión: ¿qué dijo realmente Jacques Chirac?
Análisis
El 19 de enero último, el presidente francés, Jacques Chirac, pronunció un muy esperado discurso en Landivisiau ante las fuerzas estratégicas aéreas y navales de Francia. Dicha intervención, relacionada con la doctrina nuclear francesa, ha sido ampliamente comentada y analizada desde entonces en los medios internacionales, en los que cada cual ha leído lo que quería encontrar.
Los medios occidentales, mayoritariamente, vieron en la misma el anuncio de una reorientación estratégica francesa que a partir de entonces haría de los «Estados que apoyan el terrorismo» un blanco potencial de ataques nucleares. Es decir, otro paso de Francia hacia la doctrina Bush. En realidad, nada en el texto presidencial permite garantizar formalmente la exactitud de esta interpretación, aunque no es de excluir totalmente.
La doctrina de la disuasión nuclear se basa en la amenaza. Esta debe dirigirse a todos sin excepción y a nadie en particular. Los discursos sobre el tema cultivan las generalidades y se abstienen de hacer referencias precisas. De este modo, pueden dar lugar a múltiples interpretaciones, sobre todo cuando se trata –equívocamente– de interpretarlos en función de la actualidad.
Fijémonos antes que todo en el fragmento que más atrajo la atención en el discurso presidencial: « Como subrayé poco después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, la disuasión nuclear no tiene como propósito disuadir a terroristas fanáticos. Sin embargo, los dirigentes de aquellos Estados que recurrieran a medios terroristas contra nosotros, al igual que los que consideraran utilizar, de una forma u otra, armas de destrucción masiva, deben comprender que se exponen a una respuesta firme y adecuada de nuestra parte. Esta respuesta puede ser convencional, pero puede ser también de otro tipo».
Como se puede comprobar, el presidente francés no anuncia que un Estado que apoye una acción terrorista contra Francia enfrentaría una respuesta nuclear, sino «una respuesta firme y adecuada», lo que puede ser todo y cualquier cosa. Además, esta «respuesta firme y adecuada» no se aplica únicamente a un Estado que apoye una acción terrorista, sino también a un Estado que considere utilizar armas de destrucción masiva.
Jacques Chirac aclara otros dos puntos: Francia se concede el derecho de utilizar armas nucleares contra un Estado que no las posea e, incluso en este contexto, se autoriza a atacar primero.
Francia sustituye la distinción armas convencionales o nucleares por una nueva categorización: armas clásicas o de destrucción masiva, que sitúa en el mismo plano las armas químicas, bacteriológicas y nucleares. A partir de ahí, el fuego nuclear puede prevenir o responder a un ataque químico o bacteriológico.
Sobre todo, Francia rechaza claramente la doctrina estadounidense, la llamada «Bush-Wolfowitz», que preconiza el uso de bombas atómicas para atacar las instalaciones de grupos calificados como «terroristas», como es el caso de las bases de Hamas en Siria o del Hezbollah en el Líbano.
Por eso Jacques Chirac declara que lo único que hace es reafirmar la doctrina nuclear francesa tradicional, adecuándola a las realidades del momento.
Se trata de una opinión que comparte el analista atlantista francés de la Fundación para la Investigación Estratégica, Bruno Tertrais, en el diario conservador francés Le Figaro. Tertrais aplaude la declaración del presidente de la República y subraya, como Jacques Chirac, que la doctrina nuclear no ha cambiado, que de lo que se trata es de la aplicación de los grandes principios a las «nuevas amenazas». Por lo tanto el autor no trata en lo absoluto cuestiones planteadas en este texto, y sólo considera que Jacques Chirac ha hecho bien al recordar la utilidad de las fuerzas de disuasión francesas.
El ex primer ministro socialista francés, Michel Rocard, está mucho más preocupado por las palabras del presidente de la República. En Le Monde, las interpreta como una alerta a los Estados que albergan terroristas. Partiendo de esta interpretación, asegura que se trata de una mala política que no puede dar ningún buen resultado ya que los Estados en que se encuentran estos grupos en muy pocos casos pueden hacer algo. Por otra parte, su población podría sentirse amenazada y fortalecer a los grupos terroristas al verlos como defensores frente a una potencia hostil. Por consiguiente, pide a Jacques Chirac que vuelva atrás en sus declaraciones y, por el contrario, comprometa a Francia en una iniciativa internacional de desarme junto a los Estados nucleares signatarios del Tratado de No Proliferación.
El debate suscitado por el discurso del presidente francés no se limitó a las fronteras mediáticas nacionales. Fue ampliamente tratado en los medios internacionales en los que fue objeto de interpretaciones variadas.
Así, en la prensa árabe, el discurso es visto más bien de forma positiva o con cierta flexibilidad.
El periodista egipcio Abdel Adim Hanafi saluda la posición de Jacques Chirac en el periódico británico en lengua árabe Elaph. En su opinión, la insistencia francesa en la cuestión nuclear tiene como objetivo liberar a Francia y luego a Europa de la tutela estadounidense en materia militar, y empujar a Irán a negociar. Este enfoque hace pensar que el autor se interesó fundamentalmente por el fragmento del discurso de Jacques Chirac en el que éste afirma que Francia se ha liberado de las presiones de las demás grandes potencias gracias a su programa nuclear. Sin embargo, no queda claro dónde se encuentra esta independencia si se tiene en cuenta que el presidente francés ha amenazado explícitamente a Irán, siguiendo así el objetivo estratégico estadounidense. En este artículo, sin dudas Jacques Chirac sale beneficiado por la indulgencia que se concede al dirigente occidental que rechazó la invasión a Irak, sin que se tenga en cuenta el realineamiento francés con la posición de Washington en los casos de Haití, Siria y luego Irán.
En el periódico iraquí Newsabah, el editorialista del diario libanés en lengua árabe Assafir, Joseph Samaha, estima que la actitud del presidente francés es normal en el contexto internacional. El mundo atraviesa por una inestabilidad cada vez mayor y muy pronto enfrentará una crisis económica desestabilizadora. Por lo tanto, Francia expone su fuerza nuclear y se muestra amenazante a fin de fortalecerse en el escenario internacional, lo que es una actitud lógica.
En La Padania, el periódico del movimiento secesionista italiano de extrema derecha, la Liga del Norte, el dirigente de dicho partido, Umberto Bossi, no se alarma tampoco por las palabras del presidente francés, sino que se muestra mucho más sarcástico que los analistas árabes. Despreciativo, ve en las palabras de Jacques Chirac una forma de continuidad a su oposición a la guerra de Irak. En 2002-2003, Jacques Chirac no quería tanto la paz como insistir en la importancia de Francia en el mundo, y, hoy, sus recientes declaraciones tienen el mismo objetivo: mostrar que Francia cuenta en el concierto de las naciones. El ex ministro del gobierno Berlusconi considera que, en la actualidad, Jacques Chirac ha escogido existir a través de la amenaza a Irán.
Esta interpretación de una amenaza enmascarada contra Teherán es ampliamente compartida en la prensa internacional, y especialmente en la prensa iraní.
Así, el Tehran Times, en un editorial no firmado y que compromete a toda la redacción, se preocupa por las declaraciones del presidente francés. Lee en este discurso un acercamiento de París a las opciones estratégicas de Washington y se alarma por ver que Francia está dispuesta a emplear sus armas de forma preventiva contra un Estado no nuclear. Sin decirlo explícitamente, el diario teme que el Presidente se dirija a Irán en su discurso y se preocupa: ¿Por qué Francia, comprometida contra la guerra en Irak, adopta una doctrina nuclear próxima a la de los Estados Unidos y se muestra tan amenazadora?
En el Washington Times, el abogado, novelista y propagandista neoconservador estadounidense, Alan Topol, afirma tener la respuesta a esta pregunta: ¡la violencia en los suburbios en Francia tuvieron el mismo impacto en la reflexión estratégica francesa que los atentados del 11 de septiembre de 2001 en los Estados Unidos! Asegura que este discurso marca el viraje de Francia. Afirmando mediante citas de Jean-Marie Le Pen (presentado como un diplomático francés) que Francia ha conocido una guerra civil orquestada por los Estados árabes e Irán, afirma que el Elíseo comprendió a partir de entonces la magnitud de la amenaza «yihadista» y está dispuesto a seguir a Estados Unidos en un bombardeo a Irán junto a alemanes e ingleses.
En el mismo diario, el director del diario moonista, Arnaud de Borchgrave, presenta un análisis radicalmente diferente y decididamente menos fantasioso. Lamenta las palabras del presidente francés. Es de la opinión de que Jacques Chirac las dijo únicamente para justificar el presupuesto nuclear francés a los ojos de la opinión pública, pero que, técnicamente, ningún objetivo nuclear puede ser considerado entre los países que podrían corresponder al retrato que el comentador identifica a través del discurso presidencial. Para Borchgrave, los dos objetivos posibles son Siria e Irán. Si Siria fuera alcanzada por un misil nuclear, sería borrada del mapa, y, si lo fuera Irán, el petróleo subiría a 200 dólares. En resumen, no es deseable. Peor aún, este discurso no va a facilitar las relaciones y las negociaciones con Teherán y llevará a Irán a equiparse también con una fuerza de disuasión nuclear.
Por su parte, el vocero de la diplomacia francesa tuvo a bien recordar que el discurso presidencial enunciaba una doctrina general y no apuntaba hacia ningún Estado en particular, y seguramente no a Irán.
Red Voltaire
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3 de febrero de 2006
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París (Francia)
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Países
Francia
Temas
Cuestiones nucleares
Autores y fuentes de las Tribuna y análisis
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«Alocución de Jacques Chirac, presidente de la República, durante su visita a las fuerzas estratégicas aéreas y navales»
Autor
Jacques Chirac

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Jacques Chirac es el presidente de la República Francesa.
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Fuente
Servicios de prensa del Elíseo (Francia)
Referencia «Alocución del Sr. Jacques Chirac, presidente de la República Francesa, durante su visita a las fuerzas estratégicas aéreas y navales », por Jacques Chirac, servicios de prensa del Elíseo, 19 de enero de 2006. Texto adaptado a partir de un discurso pronunciado en Landivisiau - Ile Longue / Brest, ante las fuerzas estratégicas aéreas y navales de Francia.
Resumen Es un gran placer para mí poder reunirme con las mujeres y hombres, militares y civiles, que participan en el cumplimiento de una misión fundamental para nuestra independencia y seguridad: la disuasión nuclear. Nuestra fuerza nacional de disuasión nuclear fue creada gracias a los esfuerzos de todos y encarna lo que Francia es capaz de producir cuando se ha fijado un objetivo. Deseo rendir homenaje a los investigadores y militares que participaron en esos esfuerzos y siguen haciéndolo.
El mundo bipolar llegó a su fin pero no con ello desaparecieron las amenazas contra la paz. En muchos países se divulgan ideas radicales que reclaman la confrontación entre las civilizaciones, culturas y religiones, y esta ideología conduce a infames atentados. Estos crímenes nos recuerdan que el fanatismo puede llevar a todo tipo de locura y mañana podría adquirir formas aún más graves e involucrar a los Estados. La lucha contra el terrorismo constituye una de nuestras prioridades pero no podemos limitar nuestras problemáticas de defensa y seguridad a este combate necesario. Nuestro mundo evoluciona constantemente y ve surgir con rapidez nuevos polos de poder. No existe una fatalidad que conduzca a la hostilidad entre los polos, pero no estamos protegidos contra esta eventualidad. Nuestro mundo se caracteriza asimismo por la aparición de reafirmaciones de poderío que descansan en la posesión de armas nucleares, biológicas o químicas. Ello llevó al Consejo de Seguridad a reconocer que la proliferación de armas de destrucción masiva y de sus vectores constituía una amenaza real para la paz y la seguridad internacionales. Tampoco debemos ignorar la persistencia de los riesgos más tradicionales de inestabilidad regional.
Ante estas amenazas, Francia siempre ha optado en primer término por la vía de la prevención. Pero sería dar pruebas de ingenuidad si creyéramos que la prevención por sí sola basta para protegernos. A veces, cuando es necesario, hay que saber utilizar la fuerza. Debemos contar por lo tanto con una importante capacidad de intervención fuera de nuestras fronteras con medios convencionales para apoyar y completar esta estrategia. La disuasión nuclear es la prolongación directa de nuestra política de prevención. Nos concede asimismo el poder de ser dueños de nuestros actos. Al mismo tiempo, seguimos apoyando los esfuerzos internacionales a favor del desarme general y completo, y la negociación de un tratado que prohíba la producción de materias fisibles para las armas nucleares.
La integridad de nuestro territorio, la protección de nuestra población y el libre ejercicio de nuestra soberanía serán siempre el corazón de nuestros intereses vitales, pero éstos van más allá. La percepción de estos intereses evoluciona al ritmo del mundo, un mundo caracterizado por la creciente interdependencia de los países europeos y por los efectos de la globalización. Por ejemplo, la garantía de nuestros suministros estratégicos o la defensa de países aliados figuran entre otros tantos intereses que es preciso proteger. El Presidente de la República tiene el deber de valorar las amenazas o los chantajes contra nuestros intereses. Como subrayé poco después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, la disuasión nuclear no tiene como propósito disuadir a terroristas fanáticos. Sin embargo, los dirigentes de aquellos Estados que recurrieran a medios terroristas contra nosotros, al igual que los que consideraran utilizar, de una forma u otra, armas de destrucción masiva, deben comprender que se exponen a una firme y adecuada respuesta de nuestra parte. Esta respuesta puede ser convencional, pero puede ser también de otro tipo.
No hemos dejado de adecuar nuestros medios de disuasión nuclear a medida que el mundo ha evolucionado. Somos capaces de causar daños de todo tipo a una gran potencia que quisiera emprenderla contra intereses que consideráramos vitales. Contra una potencia regional, nuestra respuesta no sería ni la inacción ni la aniquilación. La flexibilidad y capacidad de reacción de nuestras fuerzas estratégicas nos permitirían contraatacar directamente esos centros de poder y su capacidad de actuar. Todas nuestras fuerzas nucleares han sido configuradas en ese espíritu.
Pero nuestro concepto de empleo de las armas nucleares sigue siendo el mismo. En ningún caso utilizaríamos medios nucleares con fines militares en el marco de un conflicto. Se trata de «armas para no utilizar» pero que siguen siendo sin embargo una amenaza para los dirigentes que la emprendieran contra nuestros intereses vitales. Los principios que sirven de base a nuestra doctrina de disuasión no han cambiado, pero sus modalidades de expresión han evolucionado y siguen haciéndolo para permitirnos enfrentar el contexto del siglo XXI. También es importante modernizar sin cesar los vectores de nuestra fuerza de disuasión para que no pierda su eficacia. Asimismo, incluso si ésta no es totalmente eficaz, Francia se ha comprometido en un ejercicio de reflexión común con los restantes miembros de la Alianza Atlántica respecto del desarrollo de un sistema antimisiles que complete nuestra capacidad de disuasión.
En estos momentos destinamos el 10% de nuestro presupuesto de defensa a la disuasión nuclear. Sería un acto irresponsable dedicarle menos ya que nos defiende a nosotros y a todo el continente europeo. En 1995, Francia lanzó la ambiciosa idea de contar con una fuerza de disuasión conjunta con el objetivo de favorecer la reflexión europea sobre el tema. Sigo estando convencido de que en su momento deberemos plantearnos el tema de una defensa común.
En mi condición de jefe de los Ejércitos y en nombre de las francesas y franceses, deseo expresar el reconocimiento y gratitud de la nación a todas aquellas y aquellos que participan en esta esencial misión.
Muchas gracias.

«Las virtudes de la disuasión nuclear francesa»
Autor
Bruno Tertrais
Fuente
Le Figaro (Francia)
Referencia «Les vertus de la dissuasion nucléaire française», por Bruno Tertrais, Le Figaro, 21 de enero de 2006.
Resumen En su discurso de aceptación del Premio Nobel 2005, el economista Thomas Schelling señalaba que el acontecimiento más importante de los últimos sesenta años era que no se hubiera utilizado el arma nuclear y subrayaba cuán importante seguía siendo el tema nuclear a comienzos de este siglo XXI.
El Presidente de la República tenía tres buenos motivos para hablar el jueves sobre el papel de la disuasión nuclear francesa: la disuasión requiere una expresión pública fuerte y repetida, y hacía tiempo que el tema no era abordado; es preciso mantener la legitimidad del esfuerzo nuclear en la opinión y en los ejércitos; era necesario aclarar las ambigüedades de la doctrina estratégica francesa. Esta aclaración permite confirmar que nada ha cambiado: la doctrina sigue estando exclusivamente orientada a la disuasión de cualquier forma de agresión contra nuestros intereses «vitales», que no sólo tienen que ver con el territorio nacional y cuyos límites fueron evaluados por el Presidente de la República. Lo que cambió fue la expresión de esta doctrina. Era útil recordar que la disuasión es un seguro de vida destinado a prevenir una amenaza de mayor envergadura.
En el caso de las potencias regionales, la disuasión sería ejercida, como sabemos desde el discurso de junio de 2001, sobre los centros de poder del adversario pero también, y esto es algo nuevo, contra su «capacidad de actuar», lo que quiere decir una disuasión que se dirigiría a los dirigentes y a sus medios de acción. El jefe del Estado también advirtió que los Estados que recurrieran a grupos terroristas para evitar la disuasión podrían ser castigados y volvió a definir el lugar que ocupa la disuasión en nuestro concepto de defensa. A partir de ahora, ésta constituye la última expresión de la «prevención» y un componente necesario de gestión de las crisis: si Francia puede intervenir en cualquier lugar del mundo es porque está protegida contra el chantaje de una potencia que deseara impedirnos que defendiéramos nuestros intereses.
Podemos lamentar que no se hayan obtenido progresos en cuanto a la europeización de la disuasión, pero el Presidente expresó su convencimiento sobre el carácter inevitable de la edificación de una defensa común que incluya la disuasión.

«Escalada nuclear: peligro»
Autor
Michel Rocard
Fuente
Le Monde (Francia)
Referencia «Surenchère nucléaire : danger», por Michel Rocard, Le Monde, 26 de enero de 2006.
Resumen Señor Presidente, el 19 de enero usted pronunció un importante discurso en el que recordó a nuestro país los principios fundamentales que enmarcan nuestra política de defensa. Pero si bien es esencial que los franceses conozcan cómo defendemos nuestros intereses vitales no sería menos esencial que las principales decisiones al respecto fueran irrefutables. Ahora bien, ese no es el caso.
El tema de la utilidad de la disuasión nuclear francesa es objeto de debate desde que terminó la Guerra Fría. A esta polémica usted acaba de añadir otra al afirmar con claridad que nuestra disuasión debe también dirigirse a los Estados terroristas. Esta es una peligrosa innovación.
Considero que es preciso separar ambas polémicas. Durante la Guerra Fría, los franceses se convirtieron de forma masiva a la idea de la importancia de la disuasión francesa. Como Estados Unidos adoptó a partir de 1962 la doctrina del contraataque flexible, que preveía que Estados Unidos no utilizaría el arma atómica si la URSS tampoco lo hacía, la URSS tenía la posibilidad de invadir Europa Occidental sin correr el riesgo de ser objeto de una respuesta nuclear incluso cuando, en este último caso, las cláusulas del Tratado del Atlántico Norte habrían entrado en juego y Estados Unidos habría venido a ponerle fin a la ocupación. Al retirar las fuerzas francesas de la OTAN, el general De Gaulle permitió reconquistar la total autonomía de la decisión francesa. Cualquier movimiento intempestivo del ejército soviético creaba un riesgo instantáneo difícil de calcular, pero enorme. Kissinger y McNamara dieron cada uno por su parte fe de este análisis que compartían: el factor de incertidumbre creado por Francia desempeñó un papel determinante en el mantenimiento de la paz. Este razonamiento creó un consenso sobre la disuasión nuclear en Francia.
El Pacto de Varsovia fue disuelto después de la Guerra Fría, pero nuestra respuesta fue extender la OTAN y excluir a Rusia, condenándola a nuestra perpetua desconfianza, lo que ha provocado su rearme actual. Fuimos mudos testigos de este error norteamericano que consistió en ampliar la OTAN cuando en realidad hubiera hecho falta disolverla. No obstante, fuimos también testigos, a partir de ese momento, de un desarme mutuo. Y hoy, no existe en ninguna parte estratega alguno capaz de inventar otro escenario de crisis para cuyo tratamiento sea pertinente recurrir al arma nuclear. No queda nadie a quien disuadir. Cuando usted interrumpió los ensayos nucleares el mundo creyó que Francia había suscrito la opción del desarme nuclear y estaba decidida por consiguiente a poner en práctica el compromiso del Artículo 6 del Tratado de No Proliferación Nuclear. No hay comparaciones posibles entre el peligro inminente de la proliferación (que sería enfrentado con mucha mayor eficacia si las potencias nucleares estuvieran efectivamente desarmadas) y el tratamiento de conflictos hipotéticos que se producirían en un futuro lejano. Sin embargo, en lugar de convertir a Francia en iniciadora de un programa de desarme, usted sigue los pasos de Estados Unidos, Rusia y China que reforman y fortalecen su arsenal nuclear. Además, usted confía una nueva misión a nuestras fuerzas nucleares: disuadir a los Estados terroristas.
La energía nuclear no es pertinente en materia de terrorismo. La destrucción de los terroristas, de sus refugios y de sus instrumentos será considerada mucho más legítima mientras menos daños colaterales provoque. Venceremos a estos movimientos a través de la inteligencia, del empleo de los servicios especiales y del despegue económico que saque a la población de la desesperanza. Amenazar a los Estados que acogen a los terroristas (a menudo de mala gana) con un contraataque nuclear no es pertinente y puede ser interpretado por esos países, a menudo musulmanes, como una amenaza general contra sus sociedades tan pronto como los terroristas busquen allí refugio. Esta actitud sólo puede ganarnos la reprobación general de toda la comunidad internacional con la única excepción tal vez de Estados Unidos bajo la presidencia actual. Los actuales dirigentes de los países más infestados de terroristas, Pakistán y Arabia Saudita, dicen que son y pretenden ser amigos de Occidente. ¿Cómo va usted a explicarles lo que acaba de decir?
Señor Presidente, no hay por qué abochornarse de desdecirse, el mundo se lo agradecerá.

«Las declaraciones de Chirac y la estrategia nuclear francesa»
Autor
Abdel Adim Hanafi
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Abdel Adim Hanafi es periodista y experto en asuntos estratégicos. Asimismo, es director del Centro Al Kinana de Investigación y Estudios en Egipto.
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Fuente
Elaph (Reino Unido)
Referencia «تصريحات شيراك والاستراتيجية الفرنسية النووية», por Abdel Adim Hanafi, Elaph, 27 de enero de 2006.
Resumen Durante la Guerra Fría, Francia adoptó la estrategia predominante que buscaba destruir a la Unión Soviética y protegerse de eventuales ataques contra su territorio. Pero el final de esa guerra anunció el comienzo de un cambio importante en la estrategia militar francesa. París comprendió que tenía que definir sus necesidades militares en los años futuros. Por ello, el presidente de la República, Jacques Chirac, tomó diversas medidas para modernizar el ejército francés y su arsenal militar. Asimismo, la República comenzó a desarrollar sus mecanismos de información, de comunicación y de fuerzas especiales.
De ese modo, la estrategia francesa se consolidó en dos ejes: el primero tiende a incrementar sus capacidades militares aumentando su presupuesto en esa esfera. Por otra parte, la posición de los Estados Unidos con respecto a la República la hicieron adoptar una política independiente, sobre todo después de que éstos se negaron a entregarle misiles intercontinentales estadounidenses. El segundo se refiere a la fuerza militar de la Unión Europea. Francia intensifica sus esfuerzos por hacer que la UE supere militarmente a los Estados Unidos. Todo ello, por cierto, permitirá a la República gozar de más independencia y liberarse de la tutela de Washington.
Las declaraciones de Chirac en alusión a la eventual utilización de un gran arsenal nuclear tienen por objetivo recordar que, tal como en el pasado, la cuestión nuclear podrá desempeñar un papel crucial en la correlación de fuerzas. De ese modo, París, al igual que otras capitales, necesita actualmente definir una política destinada a garantizarle protección en caso de guerra o, si fuese preciso, desencadenarla.
La reacción de los ciudadanos franceses muestra hasta qué punto confían en su gobierno, pues ni siquiera las organizaciones que habitualmente abogan por la no utilización del armamento nuclear se han atrevido a condenar los propósitos de Chirac. Las amenazas de éste obligarán al gobierno de Teherán a negociar con seriedad este asunto, obligación que han tratado de evitar desde hace mucho tiempo.

«Chirac y el tema nuclear: la terquedad y la intolerancia hacen cometer tonterías»
Autor
Joseph Samaha

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Joseph Samaha es jefe de redacción del diario libanés en lengua árabe As Safir
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Fuente
Newsabah (Irak)
Referencia «شيراك «والنووي:التصلب واللاتسامح يقودان إلـــى الاعمـــال الجنـــونـيـة»», por Joseph Samaha, Newsabah, 27 de enero de 2006.
Resumen Al pronunciar su discurso acerca de la estrategia «nuclear», Jacques Chirac se dirigía, muy probablemente, a Ahmadineyad. Este es el único elemento que puede considerarse «nuevo» en su discurso, ya que no es la primera vez que el presidente francés habla de la necesidad de revisar la estrategia nuclear de su país. Esta nueva alocución del presidente coincide con acontecimientos políticos que apuntan hacia los destinatarios de ese mensaje. Este puede dividirse en dos partes: una firme y otra inconstante.
La primera parte se resume en el hecho de que la cuestión «nuclear» sigue siendo el meollo de la defensa estratégica de Francia y de sus intereses vitales. Chirac, además, había optado por un sistema mundial basado en los principios del derecho internacional y de la seguridad colectiva, rechazando así toda medida unilateral que violase las regulaciones de la Organización de las Naciones Unidas. Asimismo, en diversas ocasiones, Chirac ha ratificado que el modelo de gobierno francés permite al Presidente ser la máxima instancia para valorar y decidir.
La novedad consiste en que la República Francesa debe adaptarse a los cambios que ocurren en el escenario internacional. El primer cambio, si es que puede llamársele así, es la amenaza proveniente de las grandes fuerzas enemigas. El general De Gaulle basaba en la cuestión nuclear francesa su intento por obtener una independencia militar en el marco de la coalición política atlántica. Las amenazas de Chirac pueden justificarse por la existencia de movimientos radicales que anuncian una guerra entre civilizaciones, culturas y religiones. El «terrorismo» es, pues, el nuevo enemigo que puede personificarse en un Estado. Por añadidura, las condiciones de inflación que caracterizan a la economía mundial, entre otras, presagian una situación inestable en los próximos años.
En tales circunstancias, donde la fuerza es un indicador real que permite dictar órdenes y protegerse contra cualquier riesgo procedente del exterior, Chirac no tenía más opción que recordar la importancia del dispositivo nuclear que Francia está desarrollando.

«Chirac, del “pacifismo” al poderío nuclear»
Autor
Umberto Bossi

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Ancien ministre italien, Umberto Bossi est le dirigeant du parti politique sécessionniste italien d’extrême droite la Ligue du Nord.
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Fuente
La Padania (Italie)
Referencia «Chirac, dal «pacifismo» alla grandeur nucleare», por Umberto Bossi, La Padania, 21 de enero de 2006.
Resumen Después de haberse mostrado como «pacifista» contra la guerra en Irak, Jacques Chirac desencadena mecanismos que revelan de nuevo el poderío nuclear francés. Al igual que George W. Bush en vísperas del ataque contra Irak insistió en la seguridad nacional de los norteamericanos, Chirac insistió en la necesaria defensa de los «intereses vitales» franceses. Intereses vitales que, tal como lo confesó el propio jefe del Elíseo, son ante todo «la garantía de los suministros energéticos estratégicos y de la defensa de los países aliados». En una palabra, poco diplomática y muy impopular: el petróleo.
_Esa demostración de poderío nuclear fue seguida de inmediato por una rectificación del vocero del ministerio francés de Relaciones Exteriores. La nueva doctrina nuclear de Francia «no se dirige a ningún país en particular y no se refiere a ninguna situación específica», añadiendo que el empleo del poderío militar «sigue dependiendo de las condiciones del escenario estratégico inicial», o sea, que «continúa siendo una doctrina de disuasión».
Aclaración útil por parte de un diplomático francés que sabe bien que Francia, por sí sola, efectuó 1 112 pruebas nucleares subterráneas cerca del atolón de Mururoa, en el Pacífico Sur, entre 1975 y 1988. El «pacifismo» francés cuando la guerra contra Irak, en definitiva, no es más que otra faceta del poderío de una Francia que quiere a toda costa estar presente en la arena internacional, sello característico de un presidente que, al aproximarse las elecciones, no quiere levantarse de su poltrona.

«El paso en falso nuclear de Chirac»
Autor
Fuente
Tehran Times (Irán)
Referencia «Chirac’s nuclear faux pas», redacción del Tehran Times, Tehran Times, 23 de enero de 2006.
Resumen El pasado jueves, en un discurso dirigido a la tripulación del submarino nuclear «Le vigilant», el presidente francés Jacques Chirac dio muestras de un terrible y teatral sentido del humor. Pero nadie se rió, todo el mundo estaba perplejo.
Ello iba en contra de la tradicional doctrina nuclear francesa, ya que el Presidente enfocó la posibilidad de un ataque preventivo contra Estados no nucleares. ¿Qué le ha ocurrido a este país europeo moderado e independiente y a su dirigente, que se opuso a la guerra contra Irak? La mayoría de las 350 ojivas nucleares francesas están en submarinos en estado de alerta constante como fuerza de disuasión ante cualquier eventual agresor. Francia dedica el 10% de su presupuesto militar a su programa nuclear, o sea, tres mil millones de euros, lo cual es mucho para un país tan endeudado. Chirac justifica este gasto amenazando a un enemigo imaginario.
Hasta ahora, Francia se atenía a la doctrina de la destrucción mutua garantizada. Cualquier ataque nuclear de Francia provocaría la aniquilación del adversario. Pero esa coyuntura resulta improbable desde la Guerra Fría. El surgimiento de protagonistas no estatales ha modificado profundamente el juego geoestratégico y Francia busca hoy otra forma de disuasión. París ha adoptado la amenaza de una guerra nuclear limitada mediante el empleo de armas nucleares tácticas. Esta doctrina se asemeja a la del gobierno de Bush. Así, hoy Chirac, dirigente de un país de la «vieja Europa» según Donald Rumsfeld, declara que un país acusado de realizar un golpe terrorista contra Francia podría ser atacado.
Su actitud subestima la utilización de las armas nucleares y pone en manos de Francia una doctrina peligrosa.

«Chirac, la bomba y el terrorismo»
Autor
Allan Topol

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Allan Topol es abogado, editorialista y autor de novelas político-policiales cuyos temas muestran siempre una de las líneas de pensamiento de los think-tanks neoconservadores de los Estados Unidos. Su última novela se desarrolla en Siria, donde un general elabora un plan para convertir a su país en una potencia nuclear y unificar a todo el Medio Oriente contra Estados Unidos e Israel. Su novela anterior desenmascaraba las redes de influencia china en el seno del establishment demócrata en Washington. Allan Topol, además, escribe por encargo para el sitio Military.comdirectamente financiado por el Pentágono, que lo ayuda a su vez en la redacción de sus novelas.
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Fuente
Washington Times (Estados Unidos)
Referencia «Chirac, the bomb and terrorism», por Allan Topol, Washington Times, 26 de enero de 2006.
Resumen Durante estos últimos años, a menudo hemos presenciado en París el surgimiento de posiciones extrañas en el campo de la política exterior. A pesar de ello, la semana pasada todos se sorprendieron al escuchar al presidente francés declarar que su país estaba listo para utilizar el arma nuclear contra cualquier país que emplease el terrorismo contra los intereses franceses. Aunque Jacques Chirac no mencionó directamente ningún objetivo de ataque en particular, no hay que ser un genio para suponer que la lista incluye a Irán y a otros países árabes del Medio Oriente.
Lo que sorprende es la ruptura con la actitud conciliadora, e incluso de limar asperezas que Chirac habitualmente practica con respecto a Irán y a los países árabes. Recordemos que él fue un clamoroso opositor contra la guerra desencadenada por los Estados Unidos en Irak. Esa actitud había beneficiado a las sociedades francesas que competían con las empresas provenientes de los países del «Gran Satán». ¿Qué fue lo que ocurrió? Hay dos cosas importantes que sucedieron después. Primeramente la guerra civil en Francia hace varios meses, con su saldo de revueltas y de vehículos quemados por todo el país. Esa violencia ejerció sobre Chirac y el gobierno francés el mismo impacto que el 11 de septiembre ejerció sobre Estados Unidos.
En su discurso, Jacques Chirac aclaró abiertamente que «En muchos países se divulgan ideas radicales que reclaman la confrontación entre las civilizaciones». El Sr. Chirac finalmente entendió el problema: los yihadistas tratan de avanzar poco a poco, asumiendo el control de una ciudad tras otra a lo largo de Europa Occidental. Como dijo un diplomático francés: «Es más que una guerra entre las civilizaciones. Es un cáncer en el corazón de nuestro país que, si no se controla, destruirá por completo a Francia»[ NDLR: en materia de diplomacia, el autor de esa frase es el político francés de extrema derecha Jean-Marie Le Pen.].
Con sus declaraciones, Chirac lanza una advertencia a Irán y a los países árabes para que dejen de apoyar y de seguir alentando a sus residentes en Francia a efectuar ataques como los del año pasado, e incluso a planear operaciones todavía peores. Esa actitud recuerda la del gobierno estadounidense, aunque podemos imaginar el escándalo que se produciría si el presidente Bush se atreviera a hablar de la utilización de armas nucleares.
En segundo lugar está el fracaso de los europeos –específicamente de Francia, Alemania e Inglaterra– en cuanto a establecer un acuerdo con Teherán para controlar su programa de desarrollo de armas nucleares. Hace cerca de un año, el gobierno de Bush, habiendo sufrido una oleada constante de críticas relativas a la destrucción del régimen despótico y amenazador de Sadam Hussein, tuvo la sagacidad de decir a los europeos: «Ustedes son quienes deben manejar la crisis iraní». Europa se vio involucrada en el proceso. Un año más tarde, los resultados son claramente visibles. Teherán no ha hecho más que confundir y mentir a los europeos, que no tienen ningún resultado palpable que mostrar. Además, la dirigencia fanática existente en Irán ha mostrado claramente su deseo de poseer el armamento nuclear.
En Washington ha llegado la hora de actuar. Dejemos a un lado a las Naciones Unidas. Es probable que Rusia y China opongan su veto a cualquier resolución que exhorte a la acción. Tenemos que acercarnos a nuestros aliados europeos; Chirac de pronto parece estar más abierto a enfocar con mayor precisión el problema. La canciller alemana recientemente electa Angela Merkel parece aproximarse más a las posiciones estadounidenses y el primer ministro inglés Tony Blair debe poder ser convencido.
Debemos desarrollar un consenso en torno a un plan de ataque contra las instalaciones nucleares iraníes, a pesar de que ello provoque una disminución de la producción petrolera iraní y, por consiguiente, repercuta significativamente en las economías occidentales. Debemos actuar antes de que los locos de Teherán obtengan las armas nucleares.

«¿Bluff y bravuconería?»
Autor
Arnaud de Borchgrave
Fuente
Washington Times (Estados Unidos)
Referencia «Bluff and bravado ? », por Arnaud de Borchgrave, UPI International, 20 de enero de 2006.
«Bluff and bravado?, Washington Times, 20 de enero de 2006.
Resumen La amenaza del presidente francés en cuanto a utilizar el arma nuclear contra los Estados delincuentes que apoyan el terrorismo, con seguridad ha encantado a los duros de pelar entre París y Texas, pero no resiste el análisis más elemental. Los yihadistas capaces de romper los cristales de la pirámide del Louvre o de hacer explotar la Torre Eiffel y el Arco del Triunfo para humillar el poderío francés tienen todas las características de haber salido de un arrabal musulmán de París o Marsella. También podrían provenir de los campos de entrenamiento de Al Qaeda en Irak, del norte de Pakistán o de las zonas talibanes de Afganistán. ¿Dónde Chirac lanzaría entonces su bomba? ¿En Irak? Es muy poco probable. ¿En Pakistán o en Afganistán? Más improbable aún. Sólo quedaría entonces Siria o Irán.
Francia tiene intereses establecidos en esos dos países. Podríamos suponer que el Elíseo ordena atacar a Siria con armamento nuclear, pero debido al tamaño del país, eso podría borrar a Siria del mapa. El mundo podría vivir con ese escenario, por muy improbable que sea. ¿Pero Irán? El precio del petróleo subiría rápidamente por encima de los 100 ó 200 dólares el barril, grupos terroristas financiados por Irán serían enviados por toda Europa y América del Norte para desencadenar allí una venganza sin límites.
En su discurso Chirac no menciona lo esencial. La necesidad de justificar ante su opinión pública los 3 500 millones de dólares requeridos para mantener el dispositivo militar nuclear, es decir, el 10% del presupuesto del ejército dedicado a 350 ojivas nucleares. La nueva doctrina debe disuadir a los Estados que practican el terrorismo, pero desde el 11 de septiembre esos Estados han roto los vínculos visibles y exhortan a los grupos terroristas a actuar por su cuenta. Ello provoca el surgimiento de un eje común entre el terrorismo transnacional y el crimen internacional. El tráfico del opio en Afganistán persigue ganancias considerables que se reparten entre los talibanes, los caudillos de Al Qaeda y los servicios secretos pakistaníes.
El golpe de efecto de Chirac le hace el juego a los extremistas en Irán. Es un argumento soñado por los religiosos obtusos que dirigen el pensamiento del nuevo y agitador presidente Mahmud Ahmadineyad –la justificación de que hay que seguir adelante y hacer que culmine el programa nuclear secreto. Al mismo tiempo, Chirac acaba de obstaculizar el mecanismo del OIEA que esperaba ver surgir una política menos intransigente de las negociaciones actuales en Teherán.

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