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 Red de Prensa No Alineados

Tribunas y análisis - 10 de febrero de 2006
Afganistán: la unanimidad mediática

Análisis

La Conferencia de Londres sobre Afganistán convocó, los días 30 y 31 de enero de 2006, a cerca de sesenta Estados con el fin de definir un plan quinquenal de ayuda al país, el denominado Afghanistan Compact. Su misión era seguir adelante con el proceso emprendido por la Conferencia de Bonn de 2001, que preparó la caída de los talibanes, y concluyó con un acuerdo de promesas de donativos por un monto de 10 mil 500 millones de dólares y la aceptación de la retirada parcial de las tropas estadounidenses, que serán sustituidas por tropas de la OTAN. Nuevas responsabilidades han sido confiadas al gobierno de Hamid Karzai, al menos por escrito, pero, técnicamente, su autoridad sigue limitándose a Kabul.
La Conferencia se desarrolló en medio de una relativa indiferencia de los medios de comunicación pues los diarios dedicaron poco espacio al tema. Sin embargo, los círculos atlantistas emprendieron una campaña de prensa en las páginas de «opinión» tanto antes como durante la Conferencia. El propósito de estas tribunas, completamente monocromas, era recordar la versión atlantista sobre Afganistán y justificar la ayuda al gobierno de Hamid Karzai.

Pudimos así comprobar que el discurso sobre Afganistán antes de la Conferencia obedece a un marco preciso y a fórmulas impuestas. No debemos olvidar que la vida en Afganistán mejoró de manera considerable gracias a las acciones occidentales. No obstante, los méritos de la invasión sólo constituyen el preludio al recordatorio de la necesaria continuación de la movilización de los Estados, «ya que aún queda mucho por hacer». De manera sistemática, la ayuda a Afganistán es presentada como un doble deber: obligación moral que se subraya al recordar los sufrimientos pasados y presentes de Afganistán y exigencia en términos de seguridad basada en la evocación de la tesis oficial sobre los atentados del 11 de septiembre de 2001. Se nos precisa para concluir que existen graves dificultadas vinculadas con el tráfico de drogas, cuyos responsables no son nombrados y, cuando así ocurre, sólo son «talibanes» o «señores de la guerra», aunque todo el mundo sabe que se organiza alrededor del propio hermano del presidente Karzai.
En una palabra, en ningún momento se menciona la participación de Estados Unidos, la OTAN y Pakistán en la producción de opio, su transformación en heroína y su traslado y venta en Europa, como tampoco se habla de la dimensión estratégica de la invasión de Afganistán en cuanto al control del petróleo del Mar Caspio. Se ocultan las verdaderas implicaciones estratégicas de la invasión a Afganistán y de la ubicación de un empleado estadounidense de UNOCAL a la cabeza del país para privilegiar un discurso que mezcla la exhortación a los buenos sentimientos y la fiebre de la amenaza terrorista.

Jaap de Hoop Scheffer, secretario general de la OTAN, se dirige a los lectores del muy conservador diario español ABC para convencerlos de la necesidad que representa para su país participar en las operaciones militares en Afganistán. Alaba los méritos de la acción de la OTAN y alienta a España a mantener sus tropas en el país a pesar de la muerte de soldados españoles en agosto de 2005. Como es lógico, se trata de un imperativo de orden moral y de seguridad.
En el Boston Globe, Nasrine Gross, autora feminista americano-afgana, desea por su parte movilizar a los ciudadanos estadounidenses. Insiste en los progresos democráticos alcanzados y en su fragilidad antes de volverse, ella también, amenazadora: el peligro talibán no ha desaparecido y pone en peligro la reconstrucción del país y la seguridad mundial.
Karl F. Inderfurth, ex secretario de Estado estadounidense para el sur de Asia; Frederick Starr, presidente del Central Asia-Caucasus Institute y Marvin G. Weinbaum, investigador del Middle East Institute, tratan por su lado de movilizar al público europeo en el International Herald Tribune afirmando que los europeos, como consumen heroína, tienen el deber moral de involucrarse cada vez más en la lucha contra la producción de opio. Más adelante se dirigen a Washington y piden que Estados Unidos no reduzca el número de sus tropas en Afganistán. Y acaban pidiéndole a ambas partes que aporten sumas más importantes y garanticen la formación de funcionarios.
El politólogo alemán Peter Phillip, por demás consejero del ministro alemán de Relaciones Exteriores, promueve la ayuda a Afganistán entre el pueblo alemán en la Deutsche Welle. Insiste en el tema de la droga y aunque no propone soluciones muestra su consternación ante el hecho de que los «señores de la guerra» y los «talibanes» exploten el opio, en su opinión, para combatir al gobierno de Hamid Karzai. Recomienda que los fondos descongelados durante esta Conferencia sean empleados para financiar la lucha contra esta producción y que con ese fin dejen de ser concedidos a las ONG y entregados al gobierno afgano.

Además de todos estos argumentos centrados en países y públicos precisos, la prensa internacional publicó tribunas mucho más abarcadoras redactadas por los allegados de George Soros y por él mismo, y difundidas, como era de esperar, por Project Syndicate.
El multimillonario estadounidense y presidente del Open Society Institute pide en el Jordan Times, Le Figaro y el Korea Herald que aumente la ayuda internacional. Se lamenta de que Estados Unidos reduzca su presencia militar y desea que los dirigentes mundiales reunidos en Londres apoyen a Hamid Karzai, así como un programa de desarrollo económico, y establezcan un programa de lucha contra la droga en el país. Soros también pasa por alto el tema de los organizadores del tráfico de heroína.
En un texto cuyo eje central es la producción de opio, publicado por el Korea Herald, el Jordan Times, el Daily Times y L’Unita, Emma Bonino, en su condición de ex secretaria general de la Coordinación Radical Antiprohibicionista, puesto que cedió al presidente de la Red Voltaire, Thierry Meyssan, al convertirse en comisaria europea, pide que se vuelva a analizar en detalles cómo funciona la «guerra contra la droga» en Afganistán. En su opinión, este combate es ineficaz, la economía afgana depende ahora de la heroína, que mantiene a los grupos armados y estimula la corrupción. En lugar de pedir que los cultivos sean sustituidos, la autora exige que Afganistán sea autorizado legalmente a cultivar adormidera para el mercado mundial de analgésicos.

Como podemos ver, la unidad de puntos de vista es absoluta.

Red Voltaire




10 de febrero de 2006

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 Afganistán

Autores y fuentes de las Tribuna y análisis

«El papel de la OTAN en Afganistán»

Autor Jaap de Hoop Scheffer

 Ex ministro demócratacristiano de Relaciones Exteriores de Holanda, Jaap de Hoop Scheffer es secretario general de la OTAN.

Fuente ABC (España)
Referencia «El papel de la OTAN en Afganistán», por Jaap de Hoop Scheffer, ABC, 2 de febrero de 2006.

Resumen Hace menos de cinco años, Afganistán fue la base de lanzamiento del peor ataque terrorista de la historia, cuando era uno de los países más oprimidos del mundo. Hoy la población afgana ha elegido su primer parlamento pluralista que cuenta desde hace varios años con una cifra increíble de mujeres. Esos avances se han logrado gracias a una considerable ayuda recibida del exterior. Actualmente queda aún un largo camino por recorrer y la comunidad internacional debe dar la ayuda adecuada, ya que nadie debe permitir que Afganistán se hunda en el caos y se convierta de nuevo en refugio para los terroristas. Es por ello que la Conferencia de Londres marcará una nueva etapa en cuanto a la ayuda internacional, al otorgar a los dirigentes una responsabilidad mayor en lo que se refiere al futuro del país.
La OTAN seguirá prestando su ayuda en los asuntos relacionados con la seguridad del país, conjuntamente con las tropas de la operación «libertad duradera», y con su reconstrucción. Asimismo, ayudamos al presidente Hamid Karzai a formar una fuerza afgana de seguridad, transparente, democrática y eficaz. España ha participado ampliamente en las actividades de la OTAN en Afganistán, suministrando uno de los contingentes más importantes a pesar de las pérdidas humanas sufridas en agosto de 2005. La reconstrucción de Afganistán es interés nuestro y constituye una cuestión de solidaridad.

«Alarma en Afganistán»

Autor Nasrine Gross

 Autora americano-afgana, Nasrine Gross es miembro de Negar-Soutiens aux femmes d’Afghanistan, organización feminista que defiende los derechos de las mujeres afganas, y presidente y fundadora del Roqia Center for Women’s Rights, Studies and Education.

Fuente The Boston Globe (Estados Unidos)
Referencia «Alarm in Afghanistan», por Nasrine Gross, Boston Globe, 2 de febrero de 2006.

Resumen Para los afganos, Estados Unidos es un factor determinante en su reconstrucción. Washington los ha sacado del estado de delincuencia, miseria y de ser un refugio de terroristas, pero los afganos se preocupan por la disminución de las tropas y de las ayudas económicas. Los afganos consideran a su país como un paciente que acaba de sufrir transplantes múltiples y que, por ello, debe estar en una sala de recuperación, no en plena calle.
La reducción de las tropas estadounidenses podría alentar a los talibanes y a Al Qaeda. Desafortunadamente, si los combates no involucran a las tropas estadounidenses, los medios de comunicación no lo dicen. Mientras prosigan esos combates, Afganistán sigue dividido en dos, lo cual impide todo intento de reconstrucción del país. Los grupos extremistas en el Parlamento continuarán tratando de que se aprueben leyes contrarias a las libertades públicas y algunos países vecinos, como Pakistán, seguirán apoyando a los talibanes. Estados Unidos debe tranquilizar a los afganos y la Conferencia de Londres, a pesar de su importancia, no será suficiente.
Es esencial reconstruir económicamente zonas pashtunes y no continuar identificando esta etnia con los talibanes. El gobierno y la opinión pública en los Estados Unidos deben comprender que Afganistán es esencial en la lucha contra Al Qaeda.

«No volvamos a ser mezquinos con Afganistán»

Autoras y autores Karl F. Inderfurth, Frederick Starr, Marvin G. Weinbaum

 Karl F. Inderfurth est professeur de relations internationales à la George Washington University. Il a été assistant secrétaire d’État pour les questions de l’Asie du Sud (1997-2001).

 Ex presidente del Aspen Institute, Frederick Starr preside el Central Asia Caucasus Institute de la School of Advanced International Studies de la universidad Johns Hopkins de Washington.

 Marvin G. Weinbaum est un chercheur au Middle East Institute.

Fuente International Herald Tribune (Francia)
Referencia «Don’t shortchange Afghanistan again», por Karl F. Inderfurth, S. Frederick Starr y Marvin G. Weinbaum, International Herald Tribune, 22 de enero de 2006.

Resumen La Conferencia de Londres sobre Afganistán representa una etapa importante y un desafío para Estados Unidos y la comunidad internacional: una etapa importante porque marcará la culminación del proceso de Bonn, y un desafío porque marcará el comienzo de la próxima etapa crítica en el renacimiento del país después de décadas de guerra y destrucción.
Se ha avanzado mucho desde que los talibanes fueron derrocados hace cuatro años por fuerzas dirigidas por los Estados Unidos. Sin embargo, es igualmente cierto que Afganistán sigue en peligro. La insurrección dirigida por elementos talibanes y Al Qaeda está lejos de apagarse. Afganistán sigue siendo el principal proveedor mundial de opio para la droga. La corrupción alcanza los niveles más altos y muchos afganos se preguntan, cuatro años después del desembarco de los contingentes de la comunidad internacional, dónde están las carreteras prometidas, las escuelas, los hospitales, la electricidad, el agua corriente.
Por otra parte, de los US$ 13 000 millones prometidos por la comunidad internacional, sólo cerca de 4 000 millones se han empleado en financiar proyectos. Ello no es más que una parte de sumas mucho más cuantiosas que han sido entregadas para financiar los esfuerzos de reconstrucción en Irak o en los Balcanes. Hemos sido mezquinos con Afganistán. El primer objetivo de la Conferencia de Londres debe ser el corregir esa disparidad existente entre las necesidades afganas y las sumas prometidas por los donantes, y, a tales efectos, Estados Unidos debería ser el primero en asumir un compromiso.
Hay otras tres prioridades apremiantes que la Conferencia de Londres debe abordar. Primero, la insurrección. La reducción prevista de las tropas estadounidenses en Afganistán preocupa a Kabul. Su reemplazo por fuerzas de la OTAN es indicio de una bienvenida ampliación de la responsabilidad internacional; el resultado de ello no debería ser un debilitamiento de las fuerzas militares. Los soldados internacionales deberán adoptar medidas que les permitan llevar a cabo operaciones agresivas de contrainsurgencia, y garantizar la protección necesaria para permitir la reconstrucción del país.
Después está la debilidad del gobierno. Sin funcionarios competentes y honestos a nivel local, Kabul no puede prestar los servicios que la población necesita desesperadamente. El sistema jurídico, sin el cual las políticas no podrán aplicarse, debe ser reconstruido.
En tercer lugar, está el comercio de la droga. Los agricultores afganos deben poder vivir tan bien produciendo cultivos legales como cuando siembran opio. Ello significa que los sistemas de irrigación deben mejorarse, que deben emplearse nuevas semillas, que la red de carreteras debe desarrollarse y que el micro crédito debe ser puesto al alcance de todos. Al igual que Estados Unidos aceptó la responsabilidad moral de las consecuencias de su consumo de droga para Colombia, los países europeos deben comprender que su consumo de estupefacientes contribuye a destruir la sociedad afgana, por lo que deben hacer los esfuerzos que se requiere de ellos.

«El dinero prometido no bastará para ayudar a Afganistán»

Autor Peter Phillip

 Politólogo alemán, Peter Phillip es asesor del ministro de Relaciones Exteriores de Alemania.

Fuente Deutsche Welle (Alemania)
Referencia «Geld allein wird Afghanistan nicht helfen», por Peter Phillip Deutsche Welle, 1ro de febrero de 2006.

Resumen En la Conferencia de Londres se proyectó la suma de 20 000 millones de dólares para los próximos cinco años, cuya cuarta parte corresponde a Washington. En el futuro, este dinero deberá ingresar principalmente en las arcas del gobierno de Afganistán, por lo que, esperamos, sea mejor utilizado. Hasta ahora el dinero iba principalmente a las ONG, y los afganos y expertos internacionales no dejan de tener razón cuando afirman que ha ido a parar sobre todo a los bolsillos de llamados asesores, más que a proyectos. De todas formas, nada garantiza que el dinero prometido se haya entregado.
Entre los desafíos está la situación de seguridad del país: las fuerzas de seguridad afganas no están aún en medida de mantener a raya a los talibanes, que se fortalecen cada día que pasa. Estados Unidos pretende reducir sus tropas, e incluso si la OTAN aumenta sus efectivos en 6 000 soldados –la mitad británicos–, esto no cambiará mucho la actual situación. Como siempre en la historia de del país, el poder del gobierno central se limita a Kabul. Más allá, depende de las alianzas que establezca con los «Señores de la Guerra» locales.
Estos jefes locales viven en gran parte de otro factor que la Conferencia de Londres no se atrevió a abordar: el cultivo, fabricación y comercialización de droga. Es cierto que Kabul se comprometió a luchar contra el tráfico de opio, pero Afganistán es el mayor productor de droga en el mundo y nada cambiará mientras el cultivo de la adormidera reporte más a los campesinos que el de cereales y tomates. Todos se benefician –desde los talibanes hasta los Señores de la Guerra– y nadie renunciará a este maná financiero. La OTAN no tiene los medios para impedir el cultivo de la adormidera, problema que permanece insoluble. Del lado de los talibanes esto fortalece la oposición al gobierno de Hamid Karzai, mientras Occidente no tiene una alternativa válida que ofrecer.
A pesar de estos problemas, algunos casi insolubles, no deben bajarse los brazos y abandonar a Afganistán en Londres. Tras décadas de tiranía y guerra, este país no puede transformarse al cabo de sólo cinco años en una democracia moderna y sana, y los fracasos desde hace cinco años no deben incitarnos a recoger el equipaje. Hay que persistir en Afganistán, incluso si, a primera vista, sacar a este país del atolladero pueda parecer una operación interminable.

«La Conferencia de Londres es la ocasión para ayudar a los afganos»

Autor George Soros

 George Soros es presidente de la Open Society Institute y del Soros Fund Management. Es el autor de The Bubble of American Supremacy.

Fuentes Jordan Times (Jordania), Le Figaro (Francia), Korea Herald (Corea del Sur)
Referencia «Back to Afghanistan», por George Soros, Jordan Times, 1ro de febrero de 2006.
«La Conférence de Londres est l’occasion d’aider les Afghans», Le Figaro, 2 de febrero de 2006.
«Now back to Afghanistan », Korea Herald, 2 de febrero de 2006.

Resumen La situación en Afganistán está enmascarada por la violencia incesante en Irak. Sin embargo, el Parlamento se encuentra en manos de los Señores de la Guerra, se expande el tráfico de droga y se intensifica la violencia. Durante esta semana, en Londres, los dirigentes mundiales tienen la ocasión de invertir la situación. Este acuerdo se basará en la conferencia de Bonn de 2001.
Se hace necesario una atención renovada con respecto a Afganistán, pues el país está en ruinas y el mundo sufre. El tráfico de drogas es un buen ejemplo, ya que Afganistán se ha convertido en el primer productor mundial de compuestos opiáceos y el 25% del PIB corresponde a la producción de droga. La seguridad constituye igualmente un problema, pues el recurso a los atentados suicidas se multiplica y han sido 125 las víctimas de soldados de la Coalición en 2005. La corrupción es generalizada, varios parlamentarios son señores de la guerra declarados, la ayuda internacional es mal coordinada y Estados Unidos ha reducido sus tropas, lo que lleva a los afganos a creer que la comunidad internacional los abandona.
El proceso de Bonn sentó las bases de la responsabilidad democrática, dio a Afganistán su primer presidente electo y una nueva constitución. En la actualidad, existe un gobierno central legítimo, un parlamento cuya cuarta parte son mujeres y 20 000 asesores locales. Sobre esta base se construye la ayuda al desarrollo. Los sondeos muestran que los afganos apoyan mayoritariamente este proceso.
Durante la Conferencia de Londres, los líderes mundiales llamaron a apoyar la estrategia antinarcóticos, es decir, reducir la dependencia económica con respecto al mercado del opio, castigar a los traficantes y a los revendedores, y ofrecer alternativas económicas factibles para los productores. Por otro lado, la Conferencia de Londres debería esforzarse por ayudar al gobierno afgano a cumplir sus objetivos de formación y educación de la juventud. También la reforma judicial es un tema importante, pues hoy las facciones conservadoras dominan la Corte Suprema y el sistema judicial deja actuar impunemente a los jefes locales. Mientras eso continúe, no se desarrollarán las inversiones. Sin embargo, la reforma es claramente posible. El mes pasado, los líderes afganos adoptaron por fin un programa judicial de transición.
No actuar equivaldría a traicionar al pueblo afgano que, en 2001, acogió al ejército norteamericano y a las fuerzas de la OTAN como sus libertadores. Por consiguiente, y en interés de todos, no debemos abandonar a los afganos.

«Otra estrategia antidroga para Afganistán»

Autor Emma Bonino

 Ancienne commissaire européen, Emma Bonino est député européen italienne. Elle est membre du directoire de l’International Crisis Group et membre du Parti radical transnational, appelé à devenir prochainement le « Parti Radical Libéral Européen pour les États Unis d’Europe et d’Amérique, pour l’Organisation Mondiale de la Démocratie et des Démocraties ».

Fuentes Jordan Times (Jordania), Korea Herald (Corea del Sur), Daily Times (Pakistán), #L’Unita (Italia)
Referencia «Afghanistan’s opium future », por Emma Bonino, Korea Herald, 25 de enero de 2006.
«Poppy power», Jordan Times, 25 de enero de 2006.
«Poppy power», Daily Times, 27 de enero de 2006. «Le Mafie ringraziano l’Italia», L’Unita, 30 de enero de 2006.

Resumen De Afganistán a Italia, pasando por América Latina, la «guerra contra la droga» es cada día inmolada en el altar de la demagogia y la irracionalidad. Mientras que en Afganistán la «war on drugs» marca el paso, hipotecando dramáticamente el futuro del país, en Italia el gobierno se aprovecha de los Juegos Olímpicos para hacer aprobar en el Senado una ley antidrogas represiva y liberticida. De forma general, a través del mundo, las mafias y los carteles internacionales del crimen tienen buenas razones para brindar por esta nueva ley.
Por suerte, en Europa empieza a oírse otra música. En enero, el parlamento Europeo votó una resolución sobre Afganistán que podría abrir el camino a un enfoque totalmente nuevo en la batalla contra el tráfico mundial de drogas. Por mi parte, pido a los participantes en la Conferencia Internacional sobre Afganistán, que comienza el próximo martes en Londres, que tomen en consideración la propuesta de conceder licencias para la producción de opio para el mercado legal de medicamentos, como sucede ya en otros países como la India, Turquía, Australia, Francia y España. Se trata de una propuesta radicalmente innovadora en relación con la ortodoxia de la «guerra contra la droga». En Afganistán, esta llamada guerra, basada fundamentalmente en la destrucción de los campos de adormidera y en los cultivos alternativos de alimentos, ha sido totalmente ineficaz. Resultado: según la UNODC (Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito) Afganistán produjo el 87% del opio mundial en 2005 –alrededor de 4 100 toneladas– lo que generó 2 700 millones en ganancias ilegales, es decir, el 50% de su PIB. El estudio «2005 Afghanistan Opium Survey», publicado en noviembre, estima que el valor global de esta producción, una vez transformada en heroína y distribuida en los mercados mundiales, supera los 40 000 millones de dólares.
Durante estos últimos años, han comenzado a proliferar pequeños laboratorios de transformación en Afganistán, con una producción el año pasado de 420 toneladas de heroína. El aumento de la producción doméstica de heroína ha creado un mercado de consumo local en rápida expansión, lo que favorece el incremento del VIH/Sida en un país sin infraestructuras adecuadas y cuyo servicio sanitario es inexistente. Por otra parte, las carreteras utilizadas por los convoyes de los traficantes ya no se limitan a la famosa «vía dorada» a través de Pakistán e Irán, sino que se han multiplicado, sobre todo a través de las ex repúblicas soviéticas, lo que ha contribuido a incrementar la inestabilidad en un contexto político ya tenso.
El riesgo que corre Afganistán es vivir de ingresos ilegales que amplían la corrupción, permiten a los grupos armados mantenerse y aumentan además la inestabilidad regional. Esto pudiera llevar a Afganistán a alejarse de toda forma de Estado de derecho. La enorme amenaza de una economía basada en la ilegalidad para la estabilidad y la democracia en Afganistán debería hacer reflexionar a las autoridades en cuanto a un modo de cultivo de la adormidera regulado para fines médicos, especialmente para los analgésicos. Las Naciones Unidas estiman que seis países prescriben el 78% de la producción legal de compuestos opiáceos, lo que deja entrever una crisis en el suministro para los demás 185 países miembros de la ONU. Dicha organización estima que hay 45 millones de personas infectadas por el VIH/Sida en países en que el sistema sanitario es casi inexistente, y que en los próximos veinte años habrá 10 millones de nuevos casos de cáncer en los países desarrollados. Por lo tanto, las posibilidades potenciales de la producción legal de opio para la fabricación de analgésicos, morfina, codeína, etc. son enormes. No vamos a detenernos en la terrible contradicción de un país productor de compuestos opiáceos cuyos hospitales tienen una penuria casi total de morfina. Deseo que los gobiernos, las organizaciones internacionales y las personalidades que participen en la Conferencia de Londres no ignoren la propuesta del Parlamento Europeo que ofrece a Afganistán una alternativa válida y realista para una estrategia antidroga que se ha revelado ser un desastre para el país.

 



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