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Tribunas y análisis - 19 de mayo de 2005
La rebelión de los comerciantes uzbekos

Análisis

Luego de haber deplorado la inacción y el totalitarismo de la China maoísta, los Estados Unidos se preocupan por el espectacular desarrollo político y económico de la China de Hu Jintao. Para los neoconservadores como Robert Kagan en el Washington Post, no hay lugar, en un mundo dominado por los Estados Unidos, para que surja una nueva gran potencia. Tarde o temprano, la confrontación será inevitable. Por lo tanto, preventivamente, hay que contener las ambiciones de Pekín. Para los europeos como Jérôme Monod, el consejero más cercano del presidente Chirac, por el contrario, la progresión espectacular de China es una buena noticia pues forma parte del reequilibrio del mundo sobre un principio multipolar. Por tanto, a su regreso de Boao, describe en el International Herald Tribune a este socio como animado de intenciones pacíficas, pero que si se les trata como enemigos, se les obligará a comportarse como tales.

En Uzbekistán, 23 comerciantes eran juzgados por su supuesta pertenencia a una organización terrorista islamista. En realidad se trataba de miembros de la cofradía de Akram Yuldashev, un intelectual favorable a la modernización económica, condenado a 17 años de prisión por islamista y detenido desde 1999. Sin esperar el veredicto, que era evidente, la población del valle de Fergana atacó la prisión, el 12 de mayo de 2005, para liberar a Akram Yuldashev y a sus amigos, dejando escapar de paso a más de 2 000 prisioneros. Luego, la multitud atacó la sede de la administración regional. El presidente Islam Karimov, llegado especialmente al lugar, dirigió en persona la represión que, por lo menos, causó 500 muertos en Andijan.
El historiador alemán Reinhard Krumm, quien vive hoy en Uzbekistán, asegura en el Tagesspiegel que la oposición es pacífica, mientras que la dictadura dice que es violenta. Samih Vaner, de la Fundación Francesa de Ciencias Políticas, añade en Le Figaro que esas acusaciones de islamismo no tienen ningún basamento. En Uzbekistán, la mayoría de las personas son musulmanas y, torturados, todos confiesan ser terroristas. Además, la reivindicación del califato es imaginaria, señala en la Gazeta Shirin Hunter, del CSIS. No hay candidato para la función de califa.
Por su parte, el embajador británico Craig Murray, quien pagó con su carrera su empecinamiento en denunciar los crímenes de Karimov, recuerda en el Guardian que ese régimen despótico es apoyado por la CIA y el MI-6 a los que subcontrata para las torturas. El diplomático había sido relevado de sus funciones por haberse indignado por esa situación y había persistido y logrado que le hicieran la autopsia en Escocia al cuerpo quemado de un opositor uzbeko.
El politólogo ruso Oleg Panfilov pronostica en Izvestia que el poder no logrará detener una rebelión que tiene sus raíces en el fracaso económico y en una represión de por sí terrible. Por último, Alexei Makarkin compara al Uzbekistán de Karimov con la Rumania de los Ceausescu. En la Gazeta, afirma que el dictador hará todo lo que esté a su alcance para aferrarse al poder y que puede lograrlo si hace correr la sangre. Por lo demás, no teme la reprobación de la comunidad internacional, dado que esta se coloca al lado de los Estados Unidos que le agradecen haberles dejado instalar sus bases militares en el territorio. Un punto de vista que confirman las explicaciones embarazosas del vocero de la Casa Blanca, al condenar las violencias, pero tratando de hacer recaer la responsabilidad en los manifestantes.

Red Voltaire




19 de mayo de 2005

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 Uzbekistán

Autores y fuentes de las Tribuna y análisis

«La ilusión de “manejar” a China»

Autoras y autores Robert Kagan, Roberto Castellanos

Es miembro de la Carnegie Endowment for International Peace y director del Project for a New American Century, el think-tank electoral de George W. Bush. Analista sobre cuestiones de estrategia militar del Weekly Standard, escribe una tribuna mensual en el Washington Post. Es autor de Of Paradise and Power: America and Europe in the New World Order. Robert Kagan es hijo de Donald Kagan (profesor de historia en la universidad de Yale), sobrino de Frederik W. Kagan (profesor de historia en la Academia Militar de West Point) y esposo de Victoria Nuland (representante adjunta de los Estados Unidos en la OTAN).

Periodista

Fuente Washington Post (Estados Unidos)
Referencia

«The Illusion of ’Managing’ China», por Robert Kagan, Washington Post, 15 de mayo de 2005.

Resumen

Ha habido muchas discusiones sobre la política que hay que llevar a cabo para «manejar el ascenso de China». Esta expresión en sí denota una visión de una China que evoluciona gradualmente y contra la cual se deberá reaccionar con el tiempo si se convierte en una amenaza. Además, se nos dice que si se trata demasiado rápido a China como enemiga, entonces se comportará como tal. La propia idea según la cual el auge espectacular de China es un fenómeno manejable es un alivio, pero la historia de las potencias no habla en favor de esa hipótesis. _ Con excepción del manejo del ascenso estadounidense por el imperio británico, nunca el nacimiento de una nueva potencia ha sido bien administrado por las potencias establecidas. Si el caso de los Estados Unidos es una excepción, se debe sin dudas a que los británicos y estadounidenses compartían los mismos valores. Los casos de Alemania y Japón en el siglo XX son ejemplos históricos mucho menos tranquilizadores. Ahora bien, no tenemos ninguna razón para creernos más inteligentes hoy día que los dirigentes de entonces. Después de todo, también nosotros pretendemos poder suavizar a las nuevas potencias comerciando con ellas.
En la actualidad, nada prueba que China desee integrarse al «sistema internacional» si éste no le conviene. Debemos comprender que la naturaleza del advenimiento de China será determinado ante todo por los chinos y no por nosotros. Muy pronto, China podrá desafiar a los Estados Unidos y a sus aliados en Asia. Por consiguiente, es necesario contar con una política que frene el desarrollo chino, lo que supone considerar a Pekín como un enemigo.


«Llegan los chinos. Recibámoslos como es debido»

Autor Jérôme Monod

Ex presidente y director general de Suez Lyonnaise des Eaux (1980-2000), Jérôme Monod es asesor de Jacques Chirac y presidente de la Fundación para la Innovación Política.

Fuente International Herald Tribune (Francia)
Referencia

«The Chinese are coming. Let’s greet them», por Jérôme Monod, International Herald Tribune, 17 de mayo de 2005.

Resumen

Recientemente viajé a China para participar en el Foro de Boao sobre el «advenimiento pacífico» de China. En estos momentos, el problema ya no es saber si China se desarrolla, sino saber si ese desarrollo será pacífico. No soñemos, las energías renovables en China siempre serán secundarias. China consumirá por consiguiente energías tradicionales y tratará de obtenerlas en todas partes y por todos los medios. Creará nuevas alianzas y algunas entrarán en conflicto con las de Occidente, lo que podría desestabilizar numerosas regiones del mundo. Recordemos que en el siglo XIX los europeos se hacían la guerra por las materias primas. Los tiempos han cambiado pero no obligatoriamente las tendencias.
De hecho, todo depende de la óptica de China. Las nuevas alianzas de este país con la India y Europa, así como su distanciamiento de otras regiones del mundo, demuestran que China no quiere solamente existir en el mundo, sino que también quiere situarse en la cima de los asuntos del mundo. China podría experimentar un ascenso espectacular solitario y pacífico, pero teme al aislamiento y eso constituye una amenaza para un ascenso espectacular pacífico.
Es preciso establecer una asociación con China. Si la tratamos como enemiga, se convertirá en enemiga. Hay que ayudarla a integrarse. Los europeos tienen un papel que desempeñar. Nos hemos manifestado a favor de su ingreso a la OMC y Francia apoya asimismo su visión de un mundo multipolar. Tenemos que aprender a conocernos por medio del desarrollo de las relaciones.


«¿Cuáles son las bases del apoyo de ese torturador?»

Autor Craig Murray

Craig Murray fue embajador de Gran Bretaña en Uzbekistán (2002-2004), puesto que debió abandonar por haber denunciado las violaciones de los derechos humanos en ese país en contra de la opinión de su gobierno.

Fuente The Guardian (Reino Unido)
Referencia

«What drives support for this torturer», por Craig Murray, The Guardian, 16 de mayo de 2005.

Resumen

Los cuerpos de cientos de manifestantes a favor de la democracia en Uzbekistán apenas se han enfriado, pero la Casa Blanca busca ya una forma de ignorarlos. Scott McClellan, vocero de la Casa Blanca, afirmó que se trataba de «terroristas islámicos» que pertenecían a la resistencia armada y que habría sido mejor que hubieran tratado de obtener un gobierno democrático por medios pacíficos en lugar de recurrir a la violencia.
Pero, ¿cómo hacerlo de esta forma en Uzbekistán? Este no es el caso de Georgia, Ucrania o Kirguizistán. En las últimas elecciones legislativas, la oposición ni siquiera pudo presentar candidatos. Los medios de prensa no gozan de la más mínima libertad y, en el punto más álgido de la violencia en Andijan, en Tashkent se ignoraba lo que allí ocurría. ¿Cuál habría sido la suerte de los 23 acusados del proceso si la muchedumbre no los hubiera liberado? En Uzbekistán, el 99% de los acusados son condenados y en las cámaras de tortura de Karimov todo el mundo confiesa. Una vez condenado, las torturas no se detienen. La tortura se mantiene para que los condenados firmen declaraciones de lealtad al presidente o para implicar a los «cómplices». La ONU o Human Rights Watch denuncian estas prácticas, pero la CIA y el MI-6 cuentan con ellas para obtener «informaciones de inteligencia» sobre Al Qaeda. La mayoría de estas informaciones no valen nada y le pedí infructuosamente al MI-6 que dejara de utilizarlas, lo que motivó mi salida del Foreign Office.
Karimov es el hombre de George W. Bush en la región y, por consiguiente, ni un solo responsable del gobierno de Bush pide la celebración de elecciones libres. Karimov percibe importantes ayudas financieras y abre su territorio a las bases y oleoductos estadounidenses. El año pasado me reuní con dirigentes de la oposición y no se trata de islamistas. Es posible que colocar a los opositores en la casilla de «islamista» satisfaga a Washington pero Gran Bretaña no debería aceptarlo.


«¿Qué ocultan los atentados en Andijan?»

Autor Semih Vaner

Semih Vaner es director de investigaciones del Centro de Estudios y de Investigaciones Internacionales de París y director de los Cahiers d’études sur la Méditerranée orientale et le monde turco-iranien (CEMOTI).

Fuente Le Figaro (Francia)
Referencia

«Que cachent les attentats d’Andijan ?», por Semih Vaner, Le Figaro, 16 de mayo de 2005.

Resumen

Una violenta insurrección causó varias decenas de muertos el viernes en Andijan, importante ciudad del este de Uzbekistán, a donde se dirigió con urgencia el presidente Islam Karimov y donde el ejército tiró sobre la multitud. Estas revueltas tienen lugar luego de tres atentados suicidas en Tashkent contra las embajadas norteamericana e israelí. Los atentados fueron reivindicados en comunicados imposibles de identificar por el Movimiento Islámico de Uzbekistán (MIO). Después, dos procesos que implicaban a 31 presuntos islamistas, acusados de terrorismo, fueron entablados en la capital y en el sur del país. Se supone que los acusados «confesaron», pero los defensores de los derechos humanos denunciaron el empleo de la tortura.
¿Son estos atentados la obra de grupúsculos vinculados a Al Qaeda o la expresión de un malestar más profundo? Diferentes atentados se produjeron a finales de marzo de 2004 en los que participaron por primera vez mujeres kamikazes. La represión por parte de las fuerzas del orden fue sangrienta. El poder instaurado acusó al partido de oposición islámico Hizb-ul-Tahrir, pero este último lo negó. Hizb-ul-Tahrir preconiza la instauración de un «califato» en Asia Central y rechaza tanto la vía democrática como la violencia. El MOI, cuyos miembros habían combatido junto a los talibanes, fue entonces acusado. Si hay algo cierto es la presencia del todorrepresivo Islam Karimov y la ausencia de espacio democrático abre la vía a movimientos contestatarios de inspiración estrictamente islámica. A solo algunas semanas de las elecciones legislativas, ni un solo partido de oposición digno de ese nombre ha sido autorizado a inscribirse de manera oficial. Una desastrosa situación económica y social pone el punto final al deterioro de la situación.
Rusia es la potencia de mayor peso en la región y por lo tanto en Uzbekistán. El proyecto más o menos tácito, más o menos confesado de Islam Karimov es el de un Asia Central bajo el ala protectora de Rusia pero en la cual Uzbekistán desempeñaría un papel determinante. A pesar de la influencia de la cultura persa en el país, el lugar de Irán es secundario. En el nuevo mundo de tendencia unipolar, ¿provendría la verdadera influencia de Occidente? Washington instala ya sus bases y forma a los suboficiales uzbekos. Uno de los problemas decisivos está vinculado al trazado de los oleoductos y gasoductos y a la parte que correspondería a Tashkent en el asunto, que ciertamente no corre el riesgo de ser mantenida por completo al margen de las consultas y decisiones ya que produce petróleo y gas, y exporta este último. Sin embargo, Estados Unidos se preocupa por la alarmante situación de los derechos humanos y amenaza con cortar la ayuda militar y económica.
Para conocer la evolución de la región todo dependerá de la respuesta a la siguiente interrogante: ¿Asia Central vuelve a ser el escenario de un nuevo «gran juego»? Los acontecimientos en Uzbekistán, al igual que en la mayoría de las demás repúblicas de Asia Central, ponen de manifiesto la necesidad del relevo de una nueva generación de dirigentes que carece de los reflejos de los antiguos líderes soviéticos.


«La gente está descontenta»

Autor Reinhard Krumm

Historiador, Reinhard Krumm es responsable de la Fundación Friedrich-Ebert en Asia Central, fue corresponsal en Moscú durante varios años y actualmente vive en Tashkent, Uzbekistán.

Fuente Der Tagesspiegel (Alemania)
Referencia

«Die Leute sind unzufrieden», por Reinhard Krumm, Der Tagesspiegel, 15 de mayo de 2005. Texto adaptado a partir de una entrevista.

Resumen

En Andijan, 23 comerciantes son acusados de ser extremistas religiosos. Según comentan algunos, son personas que gozan del respeto de sus conciudadanos. Es por ello que varios de sus amigos y allegados atacaron la prisión y liberaron a otros prisioneros. Después, una muchedumbre integrada en su mayoría por gente pacífica y desarmada se dirigió hacia el centro de la ciudad para manifestarse en contra del gobierno. En dicha manifestación había también extremistas armados.
Las fuerzas de seguridad siempre tratan de presentar a la oposición de matiz religioso como un movimiento terrorista. Eso es en parte cierto, como ocurrió en los atentados de Tashkent en 2004. Ya apenas se establece una diferencia entre los musulmanes que se preocupan por el futuro de su país y los que en verdad fomentan el derrocamiento del gobierno. Existe un descontento general porque el gobierno no está en condiciones de brindar perspectivas. Por ese motivo las protestas han encontrado tanto eco en la población. Según el Human Rights Watch, cuando alguien es inculpado ante un tribunal es casi imposible que salga absuelto. El valle de Fergana se siente particularmente abandonado por el centro, Tashkent.


«Tashkent se ha privado de un interlocutor»

Autor Oleg Panfilov

Oleg Panfilov es director del Centro de Periodismo en Situación Extrema, observatorio de prensa ruso. Es especialista en asuntos de Asia Central.

Fuente Izvestia (Rusia)
Referencia

«ТАШКЕНТ ЛИШИЛ СЕБЯ ПАРТНЕРОВ ПО ДИАЛОГУ», por Oleg Panfilov, Izvestia, 13 de mayo de 2005.

Resumen

El problema de Uzbekistán y de otros países de Asia Central, así como de la mayoría de los países de la CEI, es no haber desarrollado una cultura política a lo largo de toda la historia soviética. Para ser más precisos, como nunca hubo disidentes, no hay tradición de debate político. El Uzbekistán independiente se convirtió de inmediato en un Estado de dirección autoritaria. La existencia de cada publicación y de cada movimiento político independiente depende de las decisiones del gobierno. Todos los dirigentes de partidos de oposición democrática han emigrado. Los radicales islamistas han ocupado el lugar de los movimientos liberales y constituyen el núcleo de la oposición a Islam Karimov. El presidente se ha privado de la posibilidad de entablar negociaciones en una situación como la que existe hoy. Las condiciones económicas y sociales del valle de Fergana permitían vislumbrar esta situación desde hace largo tiempo. _Todo parece indicar que Karimov ha logrado frenar a la oposición, pero hay otras regiones que pueden unirse al levantamiento. Es necesario entablar negociaciones con representantes sensatos de los movimientos intelectuales y religiosos. Si Karimov trata de cerrar el país tal como lo hizo el Turkmenbachi, ello no haría más que calmar las protestas, a lo sumo durante algunos años. La población obtiene informaciones por Internet y por las emisoras de radio extranjeras. Por tanto resulta indispensable reformar la política interna. Las acusaciones de terrorismo lanzadas por Karimov no tranquilizan ni a la población ni a la comunidad internacional. Actualmente hay muchas personas en las cárceles únicamente por afirmar que profesaban la religión del Islam. De continuar aplicando esas medidas, el presidente uzbeko no llegará a ser un líder regional ni obtendrá apoyo internacional alguno. La presencia en su suelo de bases norteamericanas no es motivo para pasar por alto las críticas que se hacen a su política interna y a las violaciones de los Derechos Humanos.


«El régimen de Karimov es como Rumania en vísperas de la caída de Ceausescu»

Autor Alexei Makarkin

Alexei Makarkin es director general adjunto del centro de estudios políticos. Especialista de historia contemporanea, ha escrito un libro en 2003 sobre los clanes político.económicos en Rusia.

Fuente Gazeta (Rusia)
Referencia

«Режим Каримова - Румыния накануне падения Чаушеску», por Alexei Makarkin, Gazeta, 13 de mayo de 2005. Texto adaptado a partir de una entrevista.

Resumen

Los musulmanes son muy activos en Uzbekistán y desde hace tiempo estudian el modo de derrocar a Karimov. Si bien en Tayikistán la oposición obtuvo una parte del poder después de la guerra civil, y aunque tanto en Kirguizistán como en Turkmenistán el Islam no ha desempeñado nunca un gran papel, Uzbekistán era ya uno de los mayores centros islámicos desde los tiempos de la Unión Soviética, con madrasas oficiales en Tashkent. Al igual que ocurre en otros países de Asia Central, la división en clanes constituye un factor de importancia. El clan de Andijan, sintiéndose humillado, decidió desquitarse aliándose a los musulmanes. También en este caso puede hablarse de cierta exportación de la revolución. Los uzbekos que viven al sur de Kirguizistán han tomado parte en los acontecimientos de ese país y puede hablarse de un foco de contagio, aunque sea exclusivamente psicológico. Es probable que esos hechos hayan sido planificados con la ayuda de organizaciones islamistas radicales extranjeras. No puede hablarse de una participación occidental ni estadounidense; esos países no están interesados en desestabilizar la región cercana a Afganistán.
Yo compararía gustoso el régimen deAkayev con el del húngaro Kadar, que se orientaba hacia Occidente. El régimen de Karimov recuerda a Rumania en vísperas de la caída de Ceausescu: represión feroz contra la oposición y ausencia de todo mecanismo de diálogo. Karimov quiere evitar por todos los medios sufrir la misma suerte del presidente rumano y, contrariamente a Akayev, llega al extremo. Si logra contener y controlar las acciones de la oposición en Andijan y después a reprimirlas con todas sus fuerzas, entonces podría permanecer en el gobierno durante largo tiempo. En el Oriente la fuerza se respeta. Ya ha corrido la sangre y la oposición es la responsable de ello. Si Karimov emplea la fuerza, la comunidad internacional no se molestará por eso.


«En Uzbekistán a menudo se considera a los musulmanes corrientes como extremistas»

Autor Shirin Hunter

Ex funcionaria del Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán antes de la revolución islámica, Shirin Hunter dirige el Departamento de Estudios Islámicos del CSIS.

Fuente Gazeta (Rusia)
Referencia

«В Узбекистане обычных мусульман часто принимают за экстремистов», por Shirin Hunter, Gazeta, 13 de mayo de 2005. Texto adaptado a partir de una entrevista.

Resumen

Es posible que el Hizb ut Tahrir tenga contactos con otros grupos, quizás se ha infiltrado en ellos, pero en mi criterio no es una organización centralizada; emplea métodos diferentes en lugares diferentes. En cualquier caso, están lejos de los extremistas que incitan a la Yihad y al asesinato. En Uzbekistán a menudo se considera a los musulmanes corrientes como si fueran miembros del Hizb ut Tahrir. Es muy difícil saber quiénes son esos extremistas y quiénes cometen los crímenes. En la región hay muchas organizaciones pequeñas desconocidas sobre las cuales sólo podemos suponer que estén vinculadas al Hizb ut Tahrir.
El califato ya existió en la historia del Islam. Hoy muchos comprenden que es imposible retornar a esa vieja versión del califato, cuando el Islam abarcaba inmensas regiones. Esa idea del califato está en contradicción con las ideologías nacionales, islámicas y de muchos otros tipos. Creo que el retorno a ese sueño del califato es una reacción ante la modernización que ha provocado la ideologización religiosa. Nos preguntamos quién sería el califa.
Salvo algunas excepciones, los países islámicos están dirigidos por regímenes autoritarios de izquierda o de derecha. La gente que sufre ese tipo de gobierno ve su salvación en la religión. Después de la revolución iraní, los países islámicos han sentido miedo y han tratado de fomentar un Islam oficial que les permita controlarlo. Es así como la islamización se ha convertido en fuerza política. El único medio de luchar contra ello consiste en dar una apertura al sistema político. En ese sentido, es significativo el ejemplo de Erdogan, que recorrió el camino desde la dirigencia de un partido islamista hasta el cargo de primer ministro. Gracias al papel que ha desempeñado, se analiza hoy la posibilidad de que su país, modernizado, ingrese en la Unión Europea.


 



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