Red Voltaire
Edición especial: gobierno de Tony Blair implicado hasta el cuello

La Internacional de la Tortura: los documentos que la Corona Británica quiso censurar

El ministerio británico de Relaciones Exteriores prohibió al embajador Craig Murray la publicación de documentos que obran en su poder y que demuestran la responsabilidad de la Corona Británica en la Internacional de la Tortura. Ante la necesidad de poner esos documentos a disposición de la opinión pública, y sobre todo de darlos a conocer a los súbditos de Su Muy Graciosa Majestad, como medio de defensa de la libertad, la Red Voltaire ha decidido brindar su ayuda al embajador Murray y desafiar la censura, publicando las pruebas de la culpabilidad de la Corona. La Red Voltaire llama a los demás sitios informativos a publicarlos también.

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El embajador británico Craig Murray

Craig Murray, conocido para nuestros lectores desde su intervención en la conferencia Axis for Peace que tuvo lugar en noviembre de 2005, fue embajador de la Corona Británica en Uzbekistán hasta que denunció el apoyo que el eje Estados Unidos-Reino Unido brinda al régimen torturador de Islam Karimov con el pretexto de la «guerra contra el terrorismo». Como prueba de sus afirmaciones, Craig Murray había tenido la precaución de enviar al Reino Unido el cuerpo de un opositor uzbeco y de hacerle una autopsia para probar que el hombre había sido quemado vivo en agua hirviente.

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Thierry Meyssan recibe a Craig Murray
Conferencia Axis for Peace 2005, Bruselas, 17 de noviembre de 2005.

En medio del escándalo de la subcontratación de la tortura por parte de la coalición de la «guerra contra el terrorismo» a regímenes que recurren corrientemente a la misma contra sus propios opositores, Craig Murray luchó para lograr que su testimonio y el conjunto de elementos que obraban en su poder se publicaran bajo el título Murder in Samarkand («Asesinato en Samarcanda»), un libro que aporta pruebas –como documentos oficiales con los sellos del ministerio de Relaciones Exteriores de Su Majestad–, sobre la utilización por parte de la Coalición de informaciones de inteligencia obtenidas bajo tortura. Al menos el libro debía incluir esas pruebas, divulgadas en virtud de la «Freedom of Information Act», pues desde su publicación se comunicó a Murray que sería procesado por… ¡violación del derecho de reproducción de documentos de la Corona! Por supuesto, para el Foreign Office (el ministerio británico de la Relaciones Exteriores) hubiese resultado más fácil acusarlo de haber divulgado secretos de Estado, pero ningún tribunal se habría atrevido a condenar a un militante por denunciar el uso de la tortura.

Las acciones jurídicas del gobierno de Tony Blair contra Murray equivaldrían a ir en contra de la «Freedom of Information Act» (FOIA) que ese mismo gobierno aprobó antes del desencadenamiento de la «guerra contra el terrorismo» y a prohibir la publicación, antes de un período de cien años (ley sobre el copyright), de cualquier documento proveniente del gobierno británico, exceptuando el caso de su uso con fines estrictamente personales.

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Video: discurso de Craig Murray en Axis for Peace.

Bajo la amenaza de un colosal endeudamiento, Murray decidió por tanto incluir en su libro solamente las direcciones de Internet que permiten el acceso a los documentos para su consulta gratuita en su sitio web, eliminando así toda posibilidad de que se le pueda acusar de hacer un uso comercial de documentos que pertenecen a «otro». Claro, no por ello cesaron las amenazas.

Es importante señalar que hasta ahora el Foreign Office afirmaba que los documentos en cuestión eran falsos. Al afirmar ahora que es propietario de esos mismos documentos, el Foreign Office admite finalmente su autenticidad. Además, los detalles de otras modificaciones del libro que exigió el Foreign Office (ver documento 1) son muy reveladores. Por ejemplo, se exigió que Murray retirara la afirmación de que Colin Powell estaba mintiendo con conocimiento de causa cuando dijo que los atentados de Tashkent eran cosa de Al Qaeda [1], ¡no porque sea mentira sino porque eso «perjudicaría las relaciones anglo-estadounidenses»!

Resulta evidente que esta serie de 15 documentos constituye una de las pruebas más aplastantes de la existencia de una «Internacional de la Tortura» dirigida por la coalición anglosajona y de la duplicidad de la «guerra contra el terrorismo». Ante los repetidos ataques de los que el sitio web de Murray ha sido objeto desde la publicación de estos documentos, estimamos necesario responder al llamado de Craig Murray e incluirlos en el servidor de la Red Voltaire. Presentamos, por consiguiente, estos documentos íntegramente, incluyendo los ya famosos «Telegramas de Tashkent» así como diversos intercambios entre Craig Murray y los protagonistas de esa intriga, digna de los períodos más oscuros de la Europa del siglo XX.

Documentos adjuntos

 
Documento 01: Comentarios del Foreign Office

Este documento expone en detalle las modificaciones que el ministerio británico de Relaciones Exteriores exigió para la publicación del manuscrito del libro Meurtre à Samarkand.


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Documento 02: Telegrama FMI

«He aquí la copia original del telegrama que envié sobre el FMI y la política económica. La computadora de mi oficina no podía estar conectada a nuestro equipo de comunicaciones así que, después de escribirlo yo con mi editor de texto, Jackie y Karen tuvieron que teclearlo de nuevo en los aparatos de comunicaciones. Mientras que ellas lo hacían, me vino la inspiración y completé el telegrama de mi puño y letra.»


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Documento 03: Telegrama de Craig Murray para el Foreign Office

«Estaba yo en Uzbekistán desde hacía exactamente cuatro semanas cuando me convencí de que la política occidental en Asia Central era completamente aberrante. Este telegrama es la primera expresión importante de mi punto de vista enviada a Londres, donde fue recibida como un choque brutal.»


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Documento 04: Discurso

«El responsable del departamento asiático, Simon Butt, y el jefe del Servicio Diplomático, Sir Michael Jay KCMG, se horrorizaron al oír mi desacuerdo con la política exterior estadounidense y mi proposición de pronunciar un discurso fuerte sobre los derechos humanos en Uzbekistán. Eso no cuadraba en lo absoluto con la manera en que Sir Michael Jay veía la diplomacia. Resulta conveniente señalar que si usted sustituye la palabra «diplomacia» por «duplicidad» en el correo electrónico de Michael Jay, este sigue siendo perfectamente comprensible.»


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Documento 05: Negociación con Hill

Negociación con Hill «Mi proposición de pronunciar un discurso virulento sobre los derechos humanos ante la Freedom House enfrentó una intensa oposición de Sir Michael Jay y Simon Butt. Charles Hill, del departamento asiático, tenía como tarea negociar el texto conmigo y, como consecuencia de esta correspondencia bastante ruda, obtuve el discurso que yo quería en cuanto a lo esencial.»


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Documento 06: La nota de Michael Wood

«Luego de mis protestas sobre la utilización de informaciones obtenidas mediante la tortura, me sorprendió que se me convocara a Londres para una reunión, el 8 de marzo de 2003, en la que me indicaron que las informaciones [obtenidas] mediante la tortura eran legales, que Jack Straw y Sir Richard Dearlove, jefe del MI6, habían decidido que en la «guerra contra el terrorismo» teníamos, como política, que utilizar informaciones obtenidas mediante la tortura aplicada por servicios de inteligencia extranjeros. Durante la reunión se decidió que Sir Michael Word, consejero jurídico en jefe del Foreign Office, consignara por escrito su opinión de que no estábamos cometiendo ninguna infracción al obtener informaciones mediante la tortura. Estas minutas constituyen la garantía legal de lo anterior.»


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Documento 07: Telegrama del 18 de marzo de 2003

«Me horroricé cuando se lanzó el ataque masivo contra Irak. Yo sabía al mismo tiempo que Irak no tenía realmente armas de destrucción masiva y que nuestras armas eran mucho menos precisas de lo que pretendía la propaganda mediática. Decenas de miles de civiles estaban muriendo. Sabiendo que nosotros apoyábamos al dictador Karimov, yo pensaba que era bastante insolente pretender que estábamos atacando a Sadam Husein por ser un dictador. Luego me indigné al ver en el canal televisivo BBC World un discurso en el que George Bush afirmaba que íbamos a la guerra en Irak para derrocar el sistema de tortura de Sadam Husein. Acababan de informarme que las informaciones obtenidas mediante la tortura eran legales en la «guerra contra el terrorismo». Así que mandé el siguiente telegrama. Fue la única protesta de un embajador británico sobre nuestra entrada en una guerra ilegal, abandonando el Consejo de Seguridad y siguiendo ciegamente la política exterior violenta y depredadora de George Bush.»


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Documento 08: Carta de Simon Butt, 16 de abril de 2003

«Debido a mi telegrama del principio de la guerra contra Irak, Simon Butt, responsable del departamento asiático, fue enviado desde Londres para informarme que se me consideraba en lo adelante como un «antipatriota». A su regreso, él se reunió con Sir Michael Jay para considerar qué hacer conmigo. Su carta es un recuento de esa conversación. Aparte del contexto político, hay dos cosas sorprendentes en esa carta. La primera es la difamación, por un departamento gubernamental, contra el diputado laborista antiguerrerista Andrew Mackinlay quien, que yo sepa, no ha puesto nunca un pie en un club de strip-tease, ni en Polonia ni en ninguna otra parte. La segunda es que recalca que después de la cena yo fui con una joven a un club de jazz (lo cual es cierto –se trataba de mi secretaria Kristina y salimos simplemente a tomar un trago rápidamente). Pero, mientras que infla eso con mucha insistencia, se abstiene de mencionar algo mucho más significativo. Mientras nosotros estábamos cenando, el nieto de la persona que nos acogía, el profesor Mirsaidov, eminente disidente, estaba siendo secuestrado afuera por los servicios de seguridad uzbecos. Fue torturado hasta la muerte y su cuerpo fue arrojado a la entrada de su domicilio a las cuatro de la madrugada. Se trataba de una advertencia dirigida a los disidentes y a la embajada británica para que no se siguieran reuniendo. Simon Butt estaba perfectamente al tanto de esos hechos cuando escribió esa carta pero es evidente que el asesinato del nieto de la persona que nos acogía –que resultaba embarazoso en el marco de nuestra relación privilegiada con Karimov en la guerra contra el terrorismo– no merecía tanto ser mencionado como sí mi salida a tomar un trago en un club de jazz.»


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Documento 09: Intercambios de correos electrónicos con Linda Duffield

«En momentos en que la guerra de Irak estaba en su apogeo, me encontré con que se me había puesto la etiqueta de no confiable en la guerra contra el terrorismo y fui simplemente “enviado a Coventry” por mis superiores de Londres, ante lo cual expreso mi indignación en este intercambio de correos electrónicos con Linda Duffield. Después resultó que aquello no era más que la calma antes de la tempestad.»


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Documento 10: El informe de Colin Reynolds del 26 de junio de 2003

«Perdimos a nuestro responsable político cuando este no resistió a la presión y comenzó a agredir a la gente en la calle. Su compañero, mi asistente, también se fue. Todo mi personal político y económico se estaba yendo. El departamento de personal envió a un oficial, Colin Reynolds, ostensiblemente en visita de rutina debido a aquellos hechos. En realidad, él tenía un mandato del Foreign Office para buscar pretextos con el fin de relevarme de mis funciones y se le había informado de rumores propalados por la embajada estadounidense, según los cuales yo era alcohólico y mantenía un «nido de amor» en Tashkent –ambos totalmente infundados. De hecho, el informe de Reynolds fue muy justo. Sus observaciones en cuanto a que ciertos procedimientos no se seguían correctamente eran justificados –pero él no menciona mi respuesta en que precisaba que el muy reducido equipo de nuestra embajada en Tashkent no disponía del equipamiento necesario para satisfacer todos los imperativos burocráticos del FCO (Foreign and Commonwealth Office).»


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Documento 11: Minutas de mi entrevista con Howard Drake

«Me encantó poderme escapar a Canadá con mi familia luego de un año fatigoso y difícil. El responsable de personal, Colin Reynolds, había fracasado en regresar con la respuesta que querían así que el FCO envió un oficial político, Dominic Schroeder, a Tashkent. El pretexto era una «crisis» que ellos mismos habían creado al despedir a cinco de los empleados más experimentados de mi oficina. Schroeder regresó a Londres e informó de manera diligente que tenía informes de acusaciones de injerencia, de corrupción financiera y ofertas de servicios sexuales a cambio de visas. Me convocaron a Londres cuando me encontraba de vacaciones y regresé para reunirme con Howard Drake, del departamento de personal. Fui directamente del aeropuerto a su oficina después de un vuelo nocturno de 16 horas desde Vancouver vía Chicago, sin haber dormido en 60 horas. Al entrar allí yo ignoraba que estaba a punto de verme ante una avalancha de falsas acusaciones y que me iban a pedir que dimitiera. ¡Dadas las circunstancias, me asombra ver hasta qué punto logré defenderme durante esa entrevista! Hay que tener en cuenta que esto es el resumen de la entrevista por el propio Howard Drake, así que la actitud del FCO está reflejada bajo su aspecto más favorable.»


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Documento 12: Carta del hombre de negocios de Tashkent

«La comunidad británica de Tashkent estaba estupefacta al enterarse que su embajador era objeto de acusaciones.»


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Documento 13: Correo electrónico dirigido a Kate Smith

«Me pareció evidente que no había esperanza alguna de que hubiese una investigación seria sobre las acusaciones de las que estaba siendo objeto. Sobre todo, no me iban a autorizar a presentar testigos para defenderme. Finalmente, no estaba autorizado a hablarle a nadie de la existencia de esas acusaciones. Por otro lado, me prohibieron entrar en mi propia embajada y estaba confinado en mi residencia de Tashkent. Aquello era demasiado para mí y le envié este correo electrónico desde Tashkent a mi representante sindical, Kate Smith, justo antes de ir a que me pusieran bajo tratamiento por depresión. Me sorprende ver hasta cuan articulado y lúcido era mi correo electrónico.»


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Documento 14: Minutas del 26 de septiembre de 2003

«Recibí gran número de documentos después de un pedido en virtud del Data Protection Act. Estos últimos fueron censurados por el Foreign Office, ciertos pasajes tachados en “interés de la seguridad nacional”. Este es un ejemplo interesante. Estas minutas del 26 de septiembre de 2003 están dirigidas a Sir Michael Jay y Jack Straw. Según lo establecido las minutas se dirigen al secretario privado, no directamente al secretario de Estado. Entre los elementos tachados por razones de seguridad nacional se encuentra la lista de destinatarios de la copia realizada en papel carbón. Esos destinatarios deberían figurar arriba, a la derecha y debajo de la fecha. Uno de mis amigos del gabinete de Jack Straw (recuerden que trabajé en el Foreign Office durante 21 años) me indica que entre los destinatarios de copias de ese documento, así como de otros muchos que pasaban por el gabinete de Jack Straw, incluían el 10 Downing Street (primer ministro), el MI6 y el MoD (ministerio de Defensa). Por eso fue que los tacharon. Como explico detalladamente en el libro, la orden de sacarme del camino venía del FCO desde el número 10 por instigación de los estadounidenses. Resulta fascinante la interrogante sobre los demás pasajes que el FCO juzgó necesario censurar en esas minutas.»


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Documento 15: Telegrama

«Yo seguí negándome a dimitir para que me reconocieran finalmente como no culpable de todas las acusaciones de que era objeto, sino que me sancionaran con una advertencia formal por no haber mantenido en secreto las acusaciones. Debido a una campaña parlamentaria y mediática a favor mío me reincorporé a mi puesto de embajador en Tashkent. En julio de 2004, luego de las revelaciones sobre Abu Ghraib, volví a la carga contra Londres sobre el hecho que no debíamos recibir informaciones obtenidas en las cámaras de tortura uzbecas. A mi entender estábamos “vendiendo nuestra alma por nada”. Ese telegrama se filtró al Financial Times, lo que llevó al FCO a informar al gobierno uzbeco (antes de informármelo a mí) que yo había sido relevado de mis funciones como embajador en Tashkent.»


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[1] Ver el artículo «Le despote ouzbek s’achète une respectabilité», por Arthur Lepic, Voltaire, 2 de abril de 2004.

Artículo bajo licencia Creative Commons

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