|

|
 |
|
Tribunas y análisis - 11 de mayo de 2005
Del buen uso de las conmemoraciones
Análisis
El 9 de mayo tuvieron lugar en Moscú las conmemoraciones por los 60 años de la victoria contra el nazismo [1]. Las celebraciones debían reunir a los dirigentes de todos los Estados beligerantes, pero los presidentes de Estonia, Lituania y Georgia rechazaron participar. Se trata de una nueva expresión de las tensiones internacionales en el área ex soviética en la que Rusia y los Estados Unidos se entregan a lo que Zbigniew Brzezinski ha calificado como nuevo «gran juego» y, en este juego, la historia, o más bien sus interpretaciones, ocupa un lugar privilegiado como factor de legitimación.
La prensa ha reportado estas polémicas históricas, sin embargo, son pocos los medios que precisan que los puntos de vista de cada cual no son sólo la expresión de su percepción de la Segunda Guerra Mundial, sino también de mitos que justifican estrategias actuales. Así, en los círculos atlantistas, es de buen tono enfatizar los crímenes estalinistas y el Pacto Germano-Soviético, mientras que los partidarios de una coalición París-Berlín-Moscú recuerdan la importancia del sacrificio del pueblo ruso durante la guerra contra el nazismo, subrayando que la dominación soviética no era comparable a la ocupación hitleriana.
George W. Bush explicitó su visión del conflicto mundial durante su visita a Letonia, la semana pasada. Para el presidente norteamericano, la Segunda Guerra Mundial fue resultado del Pacto Germano-Soviético firmado en detrimento de los Estados bálticos. A continuación, estos países se vieron bajo el yugo del estalinismo debido a los acuerdos de Yalta que representaron a su vez, a ojos de Bush, una renuncia vergonza para Estados Unidos. Sin embargo, Washington se percató rápidamente de su error y prosiguió la lucha por la democracia mediante la guerra fría. En definitiva, Estados Unidos triunfó en Europa con el hundimiento de la URSS y no tardará en vencer en el Medio Oriente estableciendo democracias en la región.
Esa relectura de los acontecimientos tiende a equiparar nazismo, comunismo e islamismo para exaltar mejor a Estados Unidos en el papel de combatiente por la libertad. Aprovecha, en primer lugar, la visión etnocéntrica de los europeos que interpretan la Segunda Guerra Mundial sin tomar en consideración sus prolongaciones orientales, desde la invasión de Manchuria en 1931. Por otra parte desdeña bastantes realidades europeas como la remilitarización de Renania, la guerra de España, el Anchluss y, sobre todo, la Conferencia de Munich y la destrucción de Checoslovaquia, así como la invasión de Albania. De esta forma, se sitúa el punto de partida de la guerra en el Pacto Molotov-Ribbentrop, mediante el cual la URSS y el Reich se repartieron Polonia, fingiendo ignorar que este Pacto respondía a los Acuerdos de Munich y al reparto de Checoslovaquia. Todas estas jugadas engañosas limpian a los países bálticos, hoy atlantistas, de todo tipo de colaboración con el Reich. También se caricaturiza la Conferencia de Yalta para desacreditar el principio del multilateralismo y minimizar el papel de Roosevelt, cuya política económica es la antítesis de la de George W. Bush, y se magnifica la voluntad de Truman de provocar la guerra fría para justificar mejor la actual guerra contra el terrorismo. Finalmente, la implosión de la URSS se presenta como una victoria militar de Estados Unidos que pone fin a la guerra fría y que sirve de advertencia a Vladimir Putin, a quien se considera tentado de restablecer el monstruo soviético.
La presidenta de Letonia, Vaira Vike-Freiberga, apoya de manera evidente ese mito en Der Tagesspiegel y luego, con algunos retoques en su argumentación, en el Washington Post y en el Gulf News. Afirma que Rusia no ha renunciado a honrar a Stalin mientras que su país habría aprendido a mirar de frente su pasado: Letonia no fue liberada en 1945, sino fue ocupada de nuevo, esta vez por los soviéticos. Sin embargo no se da el lujo de ir tan lejos como en su país donde difunde un manual de historia negacionista y aprueba manifestaciones de antiguos SS.
Señalemos que esa falsificación utiliza algunos elementos auténticos enmascarando su contexto. Es exacto que Stalin martirizó las poblaciones bálticas, pero sin aplicarles un tratamiento especial. Les infligió los mismos horrores que a los demás pueblos soviéticos. Por otra parte, es falso afirmar que los Estados bálticos fueron ocupados por la URSS. En realidad, estos países se acercaron primeramente al Reich y luego, mediante elecciones libres y cambios de mayorías, fueron gobernados por comunistas que pidieron legalmente su unión a la Unión Soviética.
Basado en la lectura que hace Bush de Yalta, es decir, en la consideración del multilateralismo como una debilidad frente a los Estados totalitarios, el presidente georgiano Mijail Saakashvili propone en el Washington Post organizar una nueva conferencia de Yalta que borraría definitivamente la anterior y reuniría a las «nuevas democracias». En este texto, hace referencia a su país, por supuesto, así como a Ucrania y a Rumania. Los tres deberán participar en la «difusión de la democracia» que desea Washington, tanto en Bielorrusia como más allá de Europa, es decir, en Cuba o Zimbabwe. Aquella Yalta fue el reconocimiento, por parte de Estados Unidos, del peso de la URSS en el mundo de la posguerra. Esta será la afirmación del dominio mundial absoluto de los propios Estados Unidos, por el bien de todos.
Por supuesto, el general Wojciech Jaruzelski, ex dirigente polaco, no comparte ese punto de vista atlantista. En Die Welt explica por qué participará en las ceremonias de conmemoración de la Victoria contra el Fascismo, en Moscú. Como ex combatiente de la Gran Guerra Patria, como se llama en el Este a la Segunda Guerra Mundial, Jaruzelski agradece a los soviéticos haber salvado a Polonia del aniquilamiento programado por los nazis, incluso al precio de una privación de libertad en el seno del sistema soviético. También aprueban ese punto de vista el ex ministro belga Guy Spitaels y los periodistas Jean-Marie Chauvier y Vladimir Caller en La Libre Belgique. Los autores denuncian las mentiras históricas que desarrolla parte de la prensa occidental. En su opinión, existe hoy un movimiento que se apoya en la historiografía de la guerra fría, tendiente a minimizar el peso de la URSS en la victoria contra el nazismo, y que trata de rehabilitar a los grupos que colaboraron con Hitler. Estiman que hay que reconocer el sacrificio que realizó Rusia y no ceder ante esa tendencia que se desarrolla de Riga a Kiev.
En una muy extensa tribuna destinada al público francés y que publica Le Figaro, Vladimir Putin presenta su versión de aquel período y las lecciones que saca de él para nuestra época. El presidente ruso recuerda que su país fue la primera víctima de la guerra y que sin la URSS la victoria contra el nazismo no habría sido posible. Condena el Pacto Molotov-Ribbentrop tanto como los Acuerdos de Munich. En su opinión, ambos pactos se derivan de la misma lógica, que consiste en llegar a un acuerdo con el enemigo en vez de enfrentarlo; una lógica desastrosa que no debe volver a aplicarse. En cuanto a Yalta, estima que aquellos acuerdos no provocaron la división de Europa, imputable a las tensiones internacionales que vinieron después. Por el contrario, Yalta ofrecía la oportunidad de establecer una cooperación entre potencias para impedir nuevas guerras. Finalmente, refuta los argumentos de quienes afirman que Rusia se niega a reconocer sus errores. Es del criterio de que se trata de maniobras de los países bálticos para enmascarar la rehabilitación del nazismo. Vladimir Putin estima que los europeos deben recordar las lecciones del pasado: la única forma de resistir las amenazas es no ocultar el rostro ante el peligro, construir sistemas fuertes de defensa colectiva, no ignorar las agresiones contra otros Estados y, sobre todo, rechazar las filosofías que exaltan la dominación de un pueblo por parte de otro en nombre de razas o religiones. Finalmente, llama a la creación de una gran alianza europea cuyos pilares serían Moscú, Berlín y París. Es difícil no ver entre líneas un llamado a la constitución de una alianza frente a Estados Unidos y contra la voluntad estadounidense de suscitar un «choque de civilizaciones», que se compara de forma implícita\ a la amenaza nazi. El mensaje es claro: no habrá esta vez ni acuerdo de Munich ni pacto Molotov-Ribbentrop cuando la amenaza se haga evidente.
En vísperas de la publicación de este texto, el presidente francés Jacques Chirac destacó en una entrevista a Izvestia la deuda de Francia con Rusia. Chirac celebra igualmente la alianza franco-rusa, y no duda en presentar a Vladimir Putin como un amigo personal. Sin embargo, no se permite ir más allá que su homólogo ruso en cuanto a los peligros a enfrentar en el futuro. La visita del presidente francés estuvo marcada simbólicamente por la inauguración de una estatua del general De Gaulle en Moscú, acto que marcó la alianza franco-rusa.
Teniendo en cuenta el papel diferente que desempeñó su país durante la Segunda Guerra Mundial, el canciller alemán, Gerhard Schröder, desarrolla otro punto de vista del conflicto en Komsomolskaia Pravda, pero llega a las mismas conclusiones que sus aliados. Presenta excusas a los rusos por los sufrimientos que tuvieron que soportar y sitúa el 9 de mayo como día del arrepentimiento para su país. Asegura que Rusia y Alemania comparten un pasado totalitario que están aprendiendo a asumir juntos y se apoya en esa similitud para celebrar la solidez de las relaciones comerciales implementadas durante los últimos años.
En Estados Unidos, la gira de George W. Bush por los países bálticos, Rusia y Georgia ha provocado una reactivación del debate sobre las relaciones con Moscú. El diario Los Angeles Times da la palabra a dos analistas. Para el experto de la NED/CIA, Michael McFaul, la solución es simple: Estados Unidos debe cooperar con Rusia en una serie de cuestiones de seguridad mientras prepara el derrocamiento de Vladimir Putin o de su sucesor en ocasión de la elección presidencial rusa de 2008. Eso requerirá aplicar las mismas recetas que en Serbia, Georgia y Ucrania. Desde ahora, es necesario comenzar a ayudar a los «demócratas» rusos y apoyarse en las fichas georgiana y ucraniana. Sin embargo, para el ex consejero de seguridad nacional norteamericano encargado de la URSS, Eugene B. Rumer, esa estrategia no puede funcionar: Putin es demasiado popular, la población condena de forma unánime las reformas de inspiración norteamericana de los años 90 y los rusos desconfían de la injerencia de Washington. Por lo tanto hay que renunciar a cambiar a Rusia, aceptarla tal y como es y tratar de tener con ese país las mejores relaciones posibles.
Consciente de que la hostilidad de la población rusa con respecto a Washington bloquea toda posibilidad de acción norteamericana, el presidente del Nixon Center, Dimitri Simes, trata por su parte de tranquilizar a los rusos en Komsomolskaia Pravda. Es de la opinión de que hay personas en Washington que quieren utilizar a Georgia y Ucrania contra Rusia mientras que los dirigentes de esos países quieren utilizar a esas mismas personas para obtener ventajas políticas a cambio de su lealtad. Sin embargo, esa no es la política de la Casa Blanca y no hay que mezclar las cosas. Según el autor, George W. Bush desea una cooperación entre Moscú y Washington.
Irónicamente, sin dejar de acusar a Rusia por restablecer su pasado estalinista, es un precisamente dirigente estadounidense quien utiliza el artificio del príncipe bueno y los consejeros malos, tan frecuente en los regímenes totalitarios que practican el culto de la personalidad.
Red Voltaire
[1] La determinación de las fechas históricas es en sí un desafío ideológico. En este caso, no se conmemoró el final de la de la Segunda Guerra Mundial, sino la victoria contra el nazismo. La capitulación del Reich se firmó el 7 de mayo de 1945 en Reims, los combates se terminaron el 8 de mayo y el mismo día se ratificó la capitulación en el cuartel general soviético en Berlín. Los europeos occidentales proclamaron el final de la guerra al día siguiente a la firma (es decir, el 8 de mayo), mientras que los soviéticos la proclamaron al día siguiente de la ratificación (es decir, el 9 de mayo). Estados Unidos estaba representados por Eisenhower en Reims y por lo tanto proclamaron la «Victoria en Europa» el 8 de mayo. No obstante, prolongaron los combates en Asia para tener tiempo de demostrar su poderío atómico, ocupar Japón e instalarse en Filipinas, de modo que no fue hasta el 31 de diciembre de 1946 que el presidente Truman proclamó el fin de las hostilidades.
|
 |
|

11 de mayo de 2005
Herramientas

Imprimir
Enviar
Todas las versiones de este artículo:

français
English
Países
Rusia
Autores y fuentes de las Tribuna y análisis
|
 |
«El presidente habla de libertad y democracia en Letonia»
Autor
George W. Bush
Fuente
Referencia «President Discusses Freedom and Democracy in Latvia», por George W. Bush, Departamento de Estado norteamericano, 7 de mayo de 2005. Texto adaptado del discurso pronunciado por el presidente estadounidense durante su viaje a Letonia.
Resumen Gracias por su cálida acogida. Laura y yo estamos encantados de este viaje, nuestro segundo viaje a Letonia. Gracias también a los presidentes Ruutel, de Estonia, y Adamkus, de Lituania, por haber viajado hasta aquí.
Los países bálticos han sido testigos de una de las transformaciones más rápidas de la historia, al pasar del estatus de naciones cautivas al de miembros de la OTAN y de la Unión Europea en un decenio. Los letones, estonianos y lituanos, demostraron que el amor a la libertad era más fuerte que la voluntad de un imperio. Esta semana, las naciones de ambos lados del Atlántico celebrarán el sesenta aniversario de la derrota de Hitler, quien encarnará el mal para las futuras generaciones. Hombres y mujeres se levantaron contra ese mal y lo vencieron. Eso es lo que vamos a conmemorar.
Los Estados bálticos no desempeñaron ningún papel en el desencadenamiento de la guerra. Fueron víctimas de un acuerdo entre dos dictadores. Para la mayor parte de Alemania, la derrota significó la libertad, pero para toda Europa Oriental, el fin de la guerra condujo a caer bajo el yugo de otro imperio. El fin del fascismo no puso fin a la opresión. El acuerdo de Yalta se negoció según la tradición de Munich o del acuerdo Molotov-Ribbentrop. Sin embargo, Estados Unidos no aceptaron finalmente contentarse con liberar una parte de Europa. Estados Unidos nunca reconoció la ocupación soviética de los países bálticos y las tres banderas continuaron flotando en las misiones diplomáticas en los Estados Unidos. El fin de la Segunda Guerra Mundial sólo fue una etapa de un movimiento más amplio: el desarrollo de la libertad en el mundo. Ese movimiento se extiende hoy día al Medio Oriente.
Hemos aprendido que las naciones libres son pacíficas y que la libertad puede surgir rápidamente tras una larga tiranía y estar motivada por el patriotismo y el apoyo a las tradiciones o al idioma natal. Sin embargo, la democracia pasa también por la defensa de los derechos de las minorías. Ustedes son sociedades multiétnicas y al defender su propia identidad, deben aceptar a sus minorías. Ustedes pueden ser un modelo para los países de la región. Ya ayudaron a Ucrania a que contara con un dirigente visionario en la persona de Viktor Yushchenko. Mi país respalda la democracia en Georgia y en Moldavia y juntos trabajamos por democratizar a Bielorrusia. Defendemos la democracia en todas partes como lo hicimos en Europa Occidental.
Gracias y que Dios los bendiga.

«Lo que Rusia puede aprender de Alemania»
Autor
Vaira Vike-Freiberga
Fuentes
Gulf News (Emiratos Árabes Unidos), Washington Post (Estados Unidos), Der Tagesspiegel (Alemania)
Referencia «Was Russland von Deutschland lernen kann», por Vaira Vike-Freiberga, Der Tagesspiegel, 6 de mayo de 2005.
Un texto con argumentos similares pero menos enfocado hacia Alemania apareció inmediatamente después en el Washington Post y posteriormente en el Gulf News:
«Rights and Remembrance», Washington Post, 7 de mayo de 2005.
«Rights and remembrance», Gulf News, 10 de mayo de 2005.
Resumen En mi país, Letonia, los nazis alemanes y sus cómplices locales cometieron los crímenes contra la humanidad más atroces que se hayan conocido en ese territorio. Se requiere humildad y coraje para arrepentirse del pasado. Reconocer abiertamente los aspectos controvertidos resulta indispensable para eliminar los fantasmas del pasado y marchar hacia un futuro mejor y más humano. Desde su independencia en 1991, nuestro país se ha esforzado por documentar y reevaluar su historia del siglo XX, incluso los períodos más oscuros. Estamos haciendo exitosamente ése análisis crítico, como lo hizo Alemania después de la Segunda Guerra Mundial.
Contrariamente a lo ocurrido en el resto de Europa, la caída del odiado imperio nazi no liberó a mi país. Letonia, Lituania y Estonia continuaron sufriendo una ocupación brutal por parte de otro imperio totalitario extranjero, el de la Unión Soviética. Durante cinco largas décadas, esos tres países desaparecieron del mapa de Europa. Padecieron asesinatos y deportaciones en masa, la pérdida de su libertad y el arribo de millones de inmigrantes de habla rusa.
Como presidenta de Letonia, acepté la invitación de Putin para ir a Moscú, aunque el resultado final de la Segunda Guerra Mundial no haya sido más que la esperada caída del régimen nazi. Expresaré mi respeto por todos los que murieron en esa guerra, con la esperanza de que Rusia tenga un día el valor de mirar cara a cara su propia historia, que Rusia sepa encontrar los medios para distinguir a sus héroes de sus tiranos; que finalmente y de modo definitivo, condene los innumerables crímenes contra la humanidad cometidos en nombre del comunismo. De ese modo, Rusia probaría así su sincero respeto por la libertad de los derechos humanos. Un reconocimiento semejante fortalecería la asociación entre Europa, Estados Unidos y Rusia. Letonia está a favor de una Europa mejor, sin guerra, sin fronteras artificiales, en aras de una Europa unida en su respeto por los principios democráticos y humanistas.

«Ya es hora de volver a Yalta»
Autor
Mijail Saakashvili
Fuente
Washington Post (Estados Unidos)
Referencia «Time for a Return to Yalta», por Mijail Saakashvili, Washington Post, 10 de mayo de 2005.
Resumen Durante 60 años, la palabra «Yalta» significó traición y abandono. El acuerdo entre Gran Bretaña, la URSS y Estados Unidos en el balneario del Mar Negro puso a millones de personas bajo el yugo de la tiranía. Eso fue lo que el presidente W. Bush recordó la semana pasada en Letonia. Felizmente, la división de Europa creada por ese acuerdo, pertenece hoy al pasado.
La generación de 1989 puso fin a la cortina de hierro. En lo adelante, nos corresponde contribuir a la reunificación de Europa en su conjunto celebrando una nueva conferencia de Yalta que caracterizará la alianza de las nuevas democracias. De eso hablé con mis amigos Viktor Yushchenko y Traian Basescu. Esta alianza tendrá tres funciones principales:
Tendremos que trabajar juntos para apoyar la consolidación de la democracia en nuestros propios países.
Tendremos que ampliar la difusión de la libertad en todo el Mar Negro y en toda Europa, de Moldavia hasta Bielorrusia. Para ello, tendremos que restringir la libertad de movimiento de los dirigentes bielorrusos, aumentar nuestro apoyo a la oposición, hacer que la sociedad civil desarrolle técnicas de protesta pacíficas.
Tendremos que extender nuestro apoyo a la libertad en todas partes en el mundo: en Zimbabwe, en Cuba, en Birmania... etc. Podemos hacer de Yalta una nueva esperanza.

«Para mí, el 8 de mayo fue como un gran alivio»
Autor
Wojciech Jaruzelski
|
Ex militar del ejército polaco durante la Segunda Guerra Mundial, el general Wojciech Jaruzelski fue primer ministro (1981-1985) y presidente de Polonia (1985-1989).
|
Fuente
Die Welt (Alemania)
Referencia «Ich empfand den 8. Mai als riesige Erleichterung», por Wojciech Jaruzelski, Die Welt, 3 de mayo de 2005. Texto adaptado de una entrevista.
Resumen Yo seré uno de los cuatro jefes de Estado presentes que es también un veterano de esa guerra. Vladimir V. Putin me invitó personalmente y, a pesar de las críticas, iré a Moscú. Hablé de ello con el presidente Kwasniewski. Como veterano del ejército polaco y como comandante de una compañía destacada en el Elba en mayo de 1945, me asiste el derecho moral de estar allí. No hay que olvidar que Polonia tenía el cuarto ejército en importancia de la colación antihitleriana, el único cuya bandera ondeaba junto a la de los soviéticos en Berlín. Por ello lamento que no haya ningún soldado polaco en el monumento construido en Moscú, pero sería un error no participar en las ceremonias. Estaré presente allí como veterano y ex deportado. Mijail Gorbatchov puso una cruz sobre la tumba de su padre deportado a Siberia. A su lado se colocó simbólicamente una estela en memoria de las víctimas polacas. Gorbatchov expresó así su respeto hacia todos nuestros compatriotas que fueron enviados a Siberia. Me aseguraron que yo podré visitar ese sitio durante mi estancia, también mi padre fue deportado allí en 1940.
Ignoro por qué Moscú no hace públicas las informaciones referentes al pasado. El caso Katyn, por ejemplo, afectó las relaciones entre nuestros dos países. Estoy de acuerdo con Kwasniewski cuando pide a Putin que se pronuncie sobre lo ocurrido en Europa central después de 1945, pero soy realista. Durante la guerra, el frente soviético atravesó Polonia en cuatro ocasiones. 600 000 soldados permanecieron allí. Los veteranos rusos dicen «nosotros liberamos a Polonia» y están orgullosos de ello. Si afirmar lo contrario sirviera de algo, yo lo haría, pero no haríamos más que perder la amistad de millones de personas. La victoria de Hitler representaba el exterminio de nuestro pueblo. El ejército soviético nos causó una dependencia, pero nos salvó de ser aniquilados.
Mi familia proviene del Este de Polonia, donde siempre ha existido un clima antirruso y antisoviético. Estoy consciente de la tragedia que vivió el pueblo alemán. He visto las colonias de refugiados, de mujeres y ancianos, después que una parte de Pomerania pasó a ser polaca. Me preguntaba por qué los soldados alemanes mostraban tanta resistencia, sin duda por disciplina, pero también por el miedo a los rojos, que tenían enfrente, y a la GESTAPO, que tenían detrás. Yo fui de los primeros en penetrar en el campo de concentración Sachsenhausen, el 4 de mayo, cuando mi unidad se unió a los estadounidenses en el Elba. Fui herido dos veces y recibí el 8 de mayo con gran alivio. En esa fecha, muchos polacos esperaban una confrontación entre soviéticos y estadounidenses, y muchos de mis compañeros se unieron a las guerrillas en las montañas con la esperanza de instaurar la democracia en el país. Fue algo ilusorio. ¿Quién habría querido desencadenar la Tercera Guerra Mundial en aras de la democracia en Polonia? Ellos derramaron mucha sangre inútilmente.

«¿Por qué minimizar la victoria “roja”?»
Autoras y autores
Guy Spitaels, Jean-Marie Chauvier , Vladimir Caller
|
Guy Spitaels fue ministro socialista belga, presidente del Partido Socialista Belga y presidente de la región valona.
|
|
Jean-Marie Chauvier es periodista y escritor belga.
|
|
Vladimir Caller es periodista belga.
|
Fuente
La Libre Belgique (Bélgica)
Referencia «Pourquoi minimiser la victoire «rouge»?», por Guy Spitaels, Jean-Marie Chauvier y Vladimir Caller, La Libre Belgique, 10 de mayo de 2005.
Resumen En 1945, nadie dudaba que la victoria sobre el nazismo había tenido como principales artífices al pueblo soviético y al Ejército Rojo. Los soviéticos aportaron la mitad de las víctimas de la guerra. Los dirigentes nazis habían programado la desaparición de 30 millones de Untermenschen (hombres inferiores) soviéticos y la deportación de otro contingente de 30 millones. Diez millones de soviéticos, de ellos 2.7 millones de judíos, perdieron la vida en los territorios ocupados. Esos crímenes fueron cometidos por los Einzatsgruppen, las SS, la Wehrmacht y sus auxiliares nacionalistas o fascistas (polacos, de los países bálticos, letones, lituanos, ucranianos), un genocidio del que los soviéticos ayudaron a escapar a un millón de judíos. No se trata de una opinión. Se trata de un hecho histórico, reconocido por los dirigentes de la época. Ernest Hemingway señaló: «¡Cada ser humano que ame la libertad debe al Ejército Rojo más agradecimientos de los que pueda pagar a lo largo de toda una vida!».
Sin embargo, se ha creado desde entonces lo que Marc Ferro denominó un «tabú a posteriori». Durante la Guerra Fría, el papel de los soviéticos en la liberación de Europa fue atenuado y se olvidó que fue el Ejército Rojo el que venció a la Wechmacht, permitiendo así que las tropas anglosajonas liberaran Europa Occidental. Era sorprendente también que un país que, según la opinión de muchos observadores, se encontraba antes de 1941 al borde del colapso se recuperara de manera tan impresionante y movilizara, en todas las naciones, hasta en los goulags, tantas energías patrióticas contra el invasor. Esa resistencia fue asimismo momento oportuno para iniciativas espontáneas, para una gran creatividad social y artística así como para sufrimientos indecibles cuando el país fue reorganizado por Stalin con mano de hierro. Las recientes investigaciones de los historiadores alemanes, que buscaron en nuevos fondos de archivos, confirman y detallan el genocidio al sacar a la luz la complicidad local, sobre todo en Galitzia oriental. Atestiguan que el exterminio de los Untermenschen eslavos y los inicios del genocidio de los judíos forman parte de un único y mismo proceso.
Hay que recordar que la URSS tuvo de 26 a 27 millones de muertos de todas las categorías de la población, que fue atacada no sólo por Alemania sino por tropas aliadas de Rumania, Hungría, España, Italia y Croacia, por legiones y divisiones SS provenientes de toda Europa, incluyendo a Flandes y Valonia, que apoyaron la empresa nazi con la bendición de algunos cleros. Tuvo después que recuperarse sin la ayuda de un «plan Marshall». Además, algunos historiadores creen tener elementos para hablar de «guerra civil europea», en el transcurso de la cual la Europa «cristiana y civilizada» se unió a los movimientos fascistas «contra la barbarie bolchevique». Esa tesis que conviene hoy a aquellos que, en Alemania así como entre los herederos de los nacionalismos colaboracionistas, en los países bálticos y en Ucrania o en Flandes, pretenden rehabilitar a las antiguas SS y los movimientos nacionales o «antistalinistas» que cometieron el error de aliarse a Hitler, al punto de participar en el genocidio perpetrado por los nazis.
Deseamos simplemente que en estos 8 y 9 de mayo, fechas de aniversario de la capitulación nazi, algunos hechos históricos no sean víctimas de la mentira por omisión. ¡Y que nadie se aproveche de esas fechas para rehabilitar el colaboracionismo y erigir monumentos a las ex SS!

«Las lecciones de la victoria sobre el nazismo»
Autor
Vladimir V. Poutine
Fuente
Referencia «Les leçons de la victoire sur le nazisme», por Vladimir Putin, Le Figaro, 7 de mayo de 2005.
Resumen Agradezco la posibilidad que se me ofrece de dirigirme directamente a la opinión pública francesa en vísperas del sexagésimo aniversario de la victoria sobre el nazismo. Esta fecha sigue siendo sagrada porque fue testigo de la unión de nuestros pueblos contra el nazismo. Hoy, la democracia, la libertad, la justicia y el humanismo son los valores que nos unen en la construcción de un mundo civilizado y seguro.
El nazismo fue la peor de las monstruosidades. Para nuestro pueblo, así como para muchos otros, perder la batalla significaba perder la soberanía nacional, dejar de existir como Estado, significaba el exterminio físico. Por primera vez los pueblos se unieron contra un peligro común global. Había que ganar aquella guerra del bien contra el mal y fue ganada. La victoria se edificó al precio de decenas de millones de muertos para la URSS. Todas las familias rusas perdieron algún miembro. El pueblo ruso combatió durante cuatro años interminables, liberó su territorio en 1944 y luego el de once países más a costa de la vida de un millón de sus soldados. En el frente del Este los nazis sufrieron el 75% de sus bajas. Francia y su resistencia contribuyeron en gran medida a la victoria ya que sus acciones obligaron a los nazis a mantener en Francia tropas que hubieran preferido enviar al frente del Este. Rusia valora la forma en que Francia reconoce el papel que desempeñó la URSS en la victoria sobre la peste nazi. El pueblo ruso, todos los pueblos de la ex Unión Soviética expresan también su reconocimiento a los franceses que lucharon contra el nazismo. En Francia, ese combate lo simboliza el general De Gaulle, en cuyo honor develaremos una estatua en Moscú el 9 de mayo. También agradecemos a nuestros aliados la ayuda que aportaron mediante sus envíos de suministros y la apertura de un segundo frente. La lucha contra Hitler dio origen a la creación de las Naciones Unidas. Nuestros padres y abuelos compartieron el peso de la guerra, pero no la victoria en 1945. Tampoco la compartimos hoy. La Segunda Guerra Mundial fue ganada por todos los aliados de la coalición antihitleriana, por los antifascistas alemanes. Es nuestra fiesta común. El Día de la Victoria nos pertenece a todos.
En vísperas del sexagésimo aniversario que vamos a celebrar, investigadores e historiadores estudian de nuevo las causas y las etapas de la Segunda Guerra Mundial. Lo importante no es sólo el análisis histórico, sino también la lección moral que podemos sacar de ella. Cuando los nazis desarrollaron su poderío en Alemania y prepararon la agresión contra sus vecinos, en París y en Moscú surgió la idea de una alianza común. No obstante, ante la amenaza, la posibilidad de establecer mecanismos de defensa se desechó en beneficio de la esperanza ilusoria de «permanecer a cubierto». Fue esa misma lógica lo que llevó al pacto Molotov-Ribbentropb y a los acuerdos de Munich. Los dirigentes soviéticos creyeron que Munich trataba no sólo del desmembramiento de Checoslovaquia sino también del aislamiento de la URSS. En 1989, el Soviet Supremo de la URSS, órgano legislativo del país, ofreció una valoración jurídica y moral precisa del pacto Molotov-Ribbentrop. Nuestros vecinos del Báltico lo saben bien, pero siguen exigiendo una especie de «arrepentimiento» de Rusia. Esas reclamaciones carecen de base y tienen como único objetivo ignorar las políticas discriminatorias, el pasado colaboracionista con los nazis y la rehabilitación de las SS en esos países. Rusia está dispuesta a discutir con los países bálticos siempre que el diálogo se base en las realidades de hoy y no en los complejos de ayer.
Para comprender lo que ocurre hoy sería conveniente revisar lo sucedido en Yalta, en 1945. Estoy profundamente convencido de que los dirigentes de la coalición antihitleriana trataban de erigir un nuevo sistema internacional que impidiera el renacimiento del nazismo. Con este objetivo se fundó la ONU. Los historiadores pueden discutir las decisiones adoptadas en aquel momento, pero deben recordar que fueron decisiones colectivas y que tenían como base los problemas de la época. En ese caso, la paradoja histórica radica en el hecho de que el sistema que nació en Yalta descansaba en un acuerdo de la coalición antihitleriana al mismo tiempo que señalaba el inicio de una nueva rivalidad geopolítica y de una competencia entre «superpotencias». Sin embargo, los acuerdos de Yalta crearon cierto equilibrio que permitió evitar la confrontación. Con respecto a Alemania, la URSS había pedido que se mantuviera un solo Estado y fue la guerra fría lo que condujo a la formación de dos entidades. Nadie puede ignorar hoy el importante papel que desempeñó nuestro país en la reunificación pacífica de Alemania. Rusia, Alemania y Francia constituyen hoy el factor positivo fundamental de la vida internacional y del diálogo europeo. Estoy convencido de que la Gran Europa unida desde el Atlántico hasta los Urales -y de hecho hasta el Océano Pacífico—, cuya existencia descansa en los principios democráticos universales, representa una oportunidad excepcional para todos los pueblos del continente.
El 8 y el 9 de mayo fueron proclamados por la ONU Días del Recuerdo y de la Reconciliación. Es hora de reconciliar a los hombres que combatieron de ambos lados de la línea del frente, de la misma forma que es hora de unir a todas las naciones en la lucha contra los nuevos desafíos, contra el terrorismo, contra las doctrinas ideológicas basadas en el racismo y la xenofobia. Sólo la confianza mutua, la solidaridad y la cooperación de toda la comunidad mundial pueden acabar con ese tipo de amenazas. Los dramáticos acontecimientos de los años 30 y 40 del pasado siglo constituyen una advertencia para todos nosotros, una advertencia contra la repetición de los errores del pasado, contra la ilusión de que podemos librarnos del mal «a costa del vecino». Eso exige que los manuales de historia sean objetivos.
Para concluir, quisiera transmitir a todos los franceses, y en primer lugar a los veteranos de aquella guerra, mis saludos más cálidos con motivo de este Día de la Victoria. Les deseo salud, felicidad y prosperidad.

«La liberación de Francia fue posible únicamente gracias al coraje del pueblo ruso»
Autor
Jacques Chirac
Fuente
Komsomolskaïa Pravda (Rusia)
Referencia «ОСВОБОЖДЕНИЕ ФРАНЦИИ СТАЛО ВОЗМОЖНЫМ ТОЛЬКО БЛАГОДАРЯ МУЖЕСТВУ РОССИЙСКОГО НАРОДА», por Jacques Chirac, Izvestia, 6 de mayo de 2005. Texto adaptado de una entrevista.
Resumen Vamos a celebrar la liberación de los pueblos europeos del yugo nazi. La liberación de Francia por los aliados sólo fue posible porque el pueblo ruso y sus soldados dieron muestra de gran coraje. Los soldados rusos vivieron la prueba más terrible de esa guerra y la superaron. Les debemos mucho. Cada vez que vengo a Moscú, visito la casa en la que se encuentra el memorial a los aviadores de la escuadrilla «Normandía-Niemen», los rusos y franceses que combatieron junto contra el nazismo.
El llamado del 18 de junio de 1940 del general De Gaulle significaba que no todos los franceses se habían rendido, sin aquella declaración Francia no habría estado entre los vencedores. De Gualle era un hombre excepcional, tenía su propia visión de las relaciones entre Europa y Rusia. Su famosa expresión «Europa del Atlántico a los Urales» simbolizaba su convicción de una Europa y una Rusia que marchaban juntas.
Rusia se dedicó con coraje y de manera resuelta a modernizar su vida política, económica y social. Lo que hace es positivo, debe desarrollarse aún más y continuarse. En ese espíritu de vínculos privilegiados entre Europa y Rusia, participé en la elaboración de la política ruso-europea iniciada en 2003 en San Petersburgo. Espero que la cumbre que va a tener lugar en unos días nos permita tomar una decisión definitiva sobre las «cuatro esferas comunes» de esa política. Europa y Rusia, dos enormes sistemas, dos elementos fundamentales del mundo multipolar del mañana, deben avanzar en interés de lograr el equilibrio del mundo y de la región.
El diálogo con Putin (ver enlace en francés) que desarrollaba en un clima de confianza se transformó poco a poco en amistad. Es un hombre que sabe lo que quiere y que lo dice francamente y de forma clara. No finge, no se esconde, tengo el mismo carácter que él. Eso no significa que estemos de acuerdo en todo, sino que llegaremos sin falta a encontrar un acuerdo.
Nada puede justificar el terrorismo y debemos unirnos. Es indispensable erradicar las causas del terrorismo, que tiene con frecuencia causas sociales y políticas o se debe a conflictos. Me gustaría decir a la juventud rusa que existen dificultades en Rusia y en Europa, pero que tenemos una vocación. Debemos ir hacia el futuro tomados de la mano, cada uno con sus tradiciones, su cultura y sus costumbres. Estoy convencido de que así será.

«Pedimos perdón por los sufrimientos causados al pueblo ruso y a los demás»
Autor
Gerhard Schröder
Fuente
Komsomolskaïa Pravda (Rusia)
Referencia «Мы просим прощения за страдания, причиненные русскому народу и другим народам», por Gerhard Schröder, Komsomolskaïa Pravda, 7 de mayo de 2005.
Resumen Ningún otro pueblo que no sea el pueblo ruso, pagó tan caro la victoria sobre la Alemania hitleriana. Más de 27 millones de muertos y una ruina indescriptible fueron el resultado de esa Segunda Guerra Mundial. Ello sigue siendo parte de nuestro sentimiento de responsabilidad para con el pueblo ruso y con otros pueblos de la ex URSS. Para los alemanes, los días 8 y 9 de mayo son fechas de arrepentimiento silencioso para con todos aquellos que perdieron la vida debido al nacional-socialismo. La invitación formulada al canciller federal alemán es un gran honor y una prueba de confianza hacia nuestra nación. Queremos que este 9 de mayo se convierta en el símbolo de la reconciliación europea.
Ese día representó, en primer lugar, una liberación para los alemanes, pero para muchos esa fecha está ligada también al recuerdo de las migraciones forzosas, a la separación de Alemania del resto de Europa y a nuevos sometimientos. Esa fecha señala también el inicio de la renovación espiritual y política de Alemania. El hecho de que, sobre el telón de fondo de horror de la guerra mundial y pese a la guerra fría, la reconciliación haya sido posible es para mí el milagro de la historia europea. Entre todos los que participaron en el acercamiento de Alemania y de la ex URSS, quisiera citar a Willy Brandt, iniciador de esta voluntad sostenida de paz con nuestros vecinos orientales, materializada desde 1989.
Nuestros dos pueblos no han estado nunca tan cerca como hoy. Estamos unidos en una asociación estratégica por la paz, por una Europa floreciente y por la estabilidad del orden mundial.. El volumen de los intercambios comerciales entre nuestros dos países aumentó en un 18 % sólo en lo que respecta al año pasado y también fortalecemos nuestra cooperación estratégica en el sector del gas y del petróleo. Los contactos entre los ciudadanos de nuestros dos países no han sido nunca tan intensos. Un congreso tendrá lugar, en el mes de junio, en Yekaterinburgo, y hemos iniciado el «Diálogo de San Petersburgo» para discutir en un foro los problemas y posibilidades de nuestras sociedades. Vamos a desarrollar la cooperación escolar y científica. Mientras mejor se conozcan las generaciones futuras, más grande será la confianza entre nuestros dos pueblos.
En los siglos XIX y XX, las ideologías totalitarias privaron a los europeos de sus derechos, reduciéndolos a la esclavitud. La nueva Europa no debe dar lugar a zonas de influencia y ni voluntades de dominio. Rusia y Alemania tienen una responsabilidad para que los errores del pasado no se repitan. El 10 de mayo, Rusia y la Unión Europea definirán las modalidades concretas de su asociación, sobre todo en materia de política exterior y de seguridad. Tenemos que encontrar juntos las respuestas a los desafíos del mundo contemporáneo y a los peligros del terrorismo Sólo lo lograremos si fortalecemos la cooperación multilateral, especialmente en el marco de la ONU y del derecho internacional. Esa es también una lección que debemos que aprender del pasado.
La política de la dominación y el lenguaje de la fuerza han trastornado el destino de los pueblos europeos en los últimos 100 años. La Segunda Guerra Mundial fue una prueba dolorosa de ello. Sólo la Europa de la libertad, de los Derechos Humanos y de la asociación puede ser una Europa de paz duradera. Esa es la lección de las generaciones combatientes y para nosotros, 60 años después del 9 de mayo de 1945, es una obligación permanente.

«Es normal criticar los retrocesos democráticos»
Autor
Michael McFaul
Fuente
Los Angeles Times (Estados Unidos)
Referencia «It’s OK to Scold the Backslider», por Michael McFaul, Los Angeles Times, 8 de mayo de 2005.
Resumen Antes de que George W. Bush visite Moscú, debería releer su segundo discurso de investidura, cuando afirmó que el desarrollo de la democracia constituía el punto central de su política exterior. Es sobre ese asunto que se le juzgará, y Rusia representa su mayor desafío.
Hay muchas dictaduras que perduran hoy pero que ya existían antes de que George W. Bush llegara al poder. Rusia constituye una excepción, pues según la clasificación de la Freedom House es el único país parcialmente libre que se convirtió en un país no libre. No obstante, Bush ha establecido una relación fuerte con Vladimir Putin y eso es un error estratégico. El presidente ruso ha restado fuerza a las instituciones democráticas, a los medios de comunicación masiva independientes y a la sociedad civil, centralizando el poder en sus manos. Esa centralización podría haber permitido organizar reformas, pero no ocurrió así .
La batalla para reemplazar a Putin en 2008 ya comenzó pero, desgraciadamente, ninguno de las variantes probables en este momento resulta alentadora. El favorito para sustituir a Putin es el Ministro de Defensa Sergueï Ivanov, quien ha demostrado poco entusiasmo por la democracia. De todas maneras, parece difícil que pueda desplazarlo en una elección totalmente libre. Desafortunadamente, en unas elecciones totalmente libres, es probable que una coalición nacionalista-socialista pueda presentar un candidato más popular que el bloque demócrata. En una tercera variante, Putin podría modificar la constitución para atribuirse un tercer mandato o para dar más poder al Primer ministro, cargo que él mismo podría ocupar después de la elección de su sucesor.
Comoquiera que sea, Putin es demasiado popular en estos momentos y Rusia es demasiado grande para que Bush pueda permitirse una confrontación directa con Moscú. La conmemoración de lo que los rusos denominan «la Gran Guerra Patria» no es, además, el mejor momento. Bush debe hacerle entender a Putin que si las elecciones no son totalmente libres en 2008, ello será un obstáculo para el desarrollo de las relaciones ruso-estadounidenses. Asimismo, Bush tendrá que apoyar públicamente a los demócratas rusos como mismo apoya a los demócratas iraníes. Hay que exigir un control internacional de las elecciones en Rusia, con la misma importancia que tuvo ese control en Serbia en el 2000, en Georgia en 2003 y en Ucrania en 2004. Por otro lado, la visita de Bush a Georgia debe constituir la celebración de las nuevas democracias de la región. Esto, sin embargo, no debe impedirnos trabajar con Rusia en la lucha contra el terrorismo.

«Para obtener verdaderos resultados, seamos realistas»
Autor
Eugene B. Rumer
Fuente
Los Angeles Times (Estados Unidos)
Referencia «For Real Results, Let’s Get Real», por Eugene B. Rumer, Los Angeles Times, 8 de mayo de 2005.
Resumen Las noticias que llegan de Rusia no son buenas. La democracia pierde terreno, la economía depende del petróleo y la política exterior es torpe. ¿Qué otra cosa peor podría ocurrir? No obstante, antes de defender ese punto de vista, analicémoslo con más detenimiento.
Vladimir Putin se dio a la tarea de combatir la libertad de los medios de difusión, de marginar a los partidos políticos liberales y de concentrar el poder en manos del Kremlin. Pero ello no impide que numerosos sitios de internet lo critiquen e incluso lo ridiculicen. Rusia depende del petróleo, pero mientras los precios no bajen, eso no representa un problema. Rusia actuó con dureza en Georgia y en Ucrania, pero hoy no interviene en Kirguizistán, ha propiciado un acercamiento con Ucrania y negocia con Tbilisi la retirada de sus tropas de Georgia.
Putin provocó un escándalo aquí cuando explicó que la desaparición de la URSS había sido la peor catástrofe geopolítica del siglo XX, pero aunque ese enfoque no se comparta aquí, los rusos están de acuerdo con él. Para los miembros de la «generación gloriosa» que vivieron la Segunda Guerra Mundial y después vieron como jubilación perdía su poder adquisitivo durante la liberalización de la economía, esa declaración es un hecho obvio. Según los resultados de una encuesta, el 66 % de los rusos opina que la perestroïka hizo más daño que bien, el 70 % aprueba la política de Putin y un poco más del 20 % considera que Stalin fue un gran dirigente.
¿Cómo tratar con Rusia? Los rusos condenan hoy las reformas de los años 90 que creen inspiradas en los Estados Unidos y denuncian lo que consideran como injerencias en sus asuntos internos. Así que hay que aceptar a Rusia tal como es y trabajar con ella.

«Algunos en la CEI quisieran que Moscú y Washington se enfrentaran»
Autor
Dimitri Simes
Fuente
Komsomolskaïa Pravda (Rusia)
Referencia «Кое-кто в СНГ хотел бы поссорить Москву с Вашингтоном», por Dimitri Simes, Komsomolskaïa Pravda, 6 de mayo de 2005. Texto adaptado de entrevista.
Resumen Es más acertado considerar la visita de Bush a Moscú como simbólica que como verdaderamente protocolar. Lo simbólico es muy importante en este caso. Sin embargo, si solo se trata de eso, nada habría justificado la visita de Condoleezza Rice a Moscú recientemente. Es evidente que existe la voluntad de llegar a una comprensión común de los problemas actuales como la actitud de nuestros dos países en la zona ex soviética, la dispersión de las armas de destrucción masiva o el diálogo sobre los recursos energéticos, esfera en la cual se habla mucho pero se actúa poco.
No hay complot entre Bush y los presidentes georgiano y ucraniano. No obstante, existen en Estados Unidos corrientes de influencias que se alegrarían de que existiera algo semejante. En la Administración, se nota una propensión a incrementar la democracia en el área post soviética. Algunos líderes, en especial los miembros del GOUAM, quieren aprovechar esa propensión para provocar ese desarrollo lógico, al cual la propia Casa Blanca no está dispuesta. Quisieran separar a Rusia y a Estados Unidos, oponer sus intereses y granjearse la simpatía de los norteamericanos demostrándoles su superlealtad.
La percepción que tienen norteamericanos y rusos de Saakashvili no es la misma. Pese a todas sus insuficiencias, para Estados Unidos él está del lado de los «ángeles» pues está a favor de la cooperación con su país. Moscú considera que es un hombre que quiere sacar provecho político de su oposición a Rusia. Considero que no existe ninguna razón ni para nosotros, ni para ustedes de molestarnos por esa diferencia de puntos de vista.

|
|
|
 |
 |
|
 |