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Tribunas y análisis - 27 de junio de 2005
El caso Aubenas: alegría e incoherencias de la prensa francesa
Análisis
El 11 de junio, tenía lugar en Bagdad la liberación de la periodista francesa Florence Aubenas y de su guía, el coronel Hussein Hannoun. La prensa francesa hizo del hecho una celebración de la victoria de la «libertad». Por mucho que nos alegremos del feliz desenlace, las reacciones que este ha suscitado ofrecen una imagen inquietante, aunque nada sorprendente, del estado de la prensa francesa.
Un gran movimiento de alegría gremial permitió esconder aún más los crímenes de la Coalición que ocupa Irak. El secuestro hizo pasar el resto de la situación iraquí a un segundo plano. Las detenciones injustificadas de miles de iraquíes en las prisiones de las fuerzas ocupantes desaparecieron tras los gigantescos carteles sobre el secuestro de la periodista. Las declaraciones de alegría aparecidas en los editoriales contienen incoherencias enormes que no parecen molestar a sus autores en lo más mínimo.
De esa manera, los periodistas aplauden una victoria de la «libertad de información» mientras aceptan sin protestar, en los mismos artículos, que los aspectos extraños del secuestro no tengan respuesta en nombre de la razón de Estado. Se exaltan simultáneamente la lucha por lograr que los periodistas puedan trabajar sin impedimentos y la sumisión a las decisiones del poder.
Reacciones análogas pudieron observarse en el momento de la publicación del libro de Christian Chesnot y Georges Malbrunot, los anteriores rehenes franceses. La prensa francesa hizo críticas elogiosas de lo que presentaba como un testimonio esclarecedor, aunque los dos autores habían explicado que el texto fue releído y censurado por la DGSE [La Dirección General de la Seguridad Exterior es el servicio francés de inteligencia. N del T.] antes de su publicación. O sea, los diarios franceses dan prueba de autocomplacencia al asegurar que, aunque la liberación de Florence Aubenas se debe a los pasos que dio el Estado francés, nada hubiera sucedido sin la movilización que suscitó la enorme campaña mediática.
En tales condiciones, no cabe esperar enterarse mediante la prensa francesa del trasfondo del secuestro y la posterior liberación de la periodista. En cambio, abundan las denuncias sin pruebas contra supuestos culpables. Serge July, director de Libération, el diario de Florence Aubenas, dirige su índice acusador hacia la resistencia iraquí. Según él, es indudable que si los secuestradores son miembros de un grupo mafioso tiene que haber una relación financiera entre ese grupo y la resistencia iraquí. ¿Qué elementos tiene a favor de esa tesis? No lo dice. La afirmación de July confirma a los lectores, sin embargo, que se entregó dinero a los secuestradores, lo cual es un secreto a voces, aunque el tema sigue siendo tabú. En realidad, mucho más que la resistencia iraquí, la pista más probable señala a un grupo mafioso ligado al responsable del secuestro de los periodistas rumanos, que nosotros habíamos mencionado ya en estas páginas antes de la liberación de Florence Aubenas.
El intelectual mediático Bernard Henri Levy se entrega a una interpretación más fantástica aún sobre la identidad de los secuestradores. En Le Point, escribe que su trabajo sobre la muerte de Daniel Pearl, que fue sin embargo ampliamente criticado por los especialistas, le permite afirmar que es muy difícil para un grupo conservar rehenes sin que aparezcan problemas internos.
Sin vínculos políticos o religiosos, el grupo no habría podido retener a Florence Aubenas y a Hussein Hannoun durante 157 días sin matarse unos a otros. Partiendo de este dudoso principio, afirma que no puede tratarse por consiguiente de un grupo simplemente criminal. Ahora bien, como la toma de rehenes no fue reivindicada por un grupo político, hay que buscar en la lista de otros crímenes cometidos en la región y no reivindicados por un grupo político, qué grupo o país actúa de esta forma. Si establecemos un paralelo implícito con el asesinato de Rafic Hariri, que tampoco fue reivindicado pero del cual la prensa atlantista acusó a Siria, el autor concluye que la responsabilidad recae en Damasco. Nos quedamos sin voz ante este fascinante ejercicio de retórica.
Por su parte, el ex ministro francés de Relaciones Exteriores, Michel Barnier, responde lo menos posible a las preguntas del Figaro sobre el tema. Insiste, no obstante, en el hecho de que el caso en cuestión no tenía nada que ver con el secuestro de Christian Chesnot y George Malbrunot, y tiene mucho cuidado en expresar una opinión sobre la identidad de los secuestradores.
En Estados Unidos, la polémica se desencadena alrededor del tratamiento de los prisioneros en Guantánamo luego de la publicación de un informe de Amnesty International que presenta a esta prisión como «un goulag». Dick Cheney responde de manera violenta y afirma haberse sentido «ofendido» por esta acusación así como que la divulgación de esas informaciones tenía como objetivo «desacreditar a Estados Unidos». Sin embargo, el informe no es más que otro elemento sobre las torturas practicadas en el campo Delta y en los restantes centros de detención estadounidenses desde el 11 de septiembre de 2001.
El secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, contraataca en USA Today. Sostiene que no se produjo profanación alguna del Corán en Guantánamo pues Estados Unidos da muestras de gran respeto por la «sensibilidad religiosa de sus enemigos», es decir por el Islam. Al comprender probablemente que el gobierno de Bush equivocó el camino al negarlo todo, asegura que es posible que se hayan cometido errores a causa de la novedad de la guerra contra el terrorismo. Sin embargo, estos métodos fueron utilizados durante los conflictos de baja intensidad.
En Gulf News, el profesor de la UNESCO, Adel Safty, da muestras de irritación ante estas negativas. ¿Cómo concederles el más mínimo crédito si tenemos en cuenta todos los elementos de los que disponemos en la actualidad sobre el tema? Sin embargo, si el escándalo no estalla es porque ni el gobierno de Bush ni la población parecen preocuparse por el destino de los prisioneros. Es posible explicar tal vez esta falta de reacción de la opinión debido a la forma en que los medios de comunicación presentan a los detenidos. Mientras más son descritos como monstruos menos importa su destino. Esto es algo que confirma Salman Rushdie en el Toronto Star. Rushdie también afirma que no le preocupa mucho la situación de los detenidos pero que el tratamiento que reciben es en su opinión contrario a la identidad estadounidense. Al igual que en el caso del escándalo de Abu Ghraib, la imagen narcisista que Estados Unidos se envía a sí mismo importa más que el destino de los detenidos.
La peligrosidad infinita de los hombres detenidos en Guantánamo y en otras partes por Estados Unidos no es más que uno de los elementos del estereotipo mediático «del» terrorista, elaborado por Washington para lograr que sus conciudadanos acepten su política. Desde el 11 de septiembre de 2001 se ha elaborado una foto robot de este adversario tan fantaseado por medio de pequeñas pinceladas y con el apoyo de representaciones anteriores y de presupuestos racistas. El enemigo es musulmán, por lo general árabe, pertenece a una superestructura denominada Al Qaeda o tiene vínculos con ella, aborrece a Estados Unidos ya que es una democracia y apoya a Israel, y fue formado a menudo en una medersa.
En el New York Times y el International Herald Tribune, Peter Bergen y Swati Pandey, investigadores de la New America Foundation, ponen en tela de juicio este último punto para mejor validar los restantes. Los autores analizaron las biografías de los culpables señalados de los atentados contra el World Trade Center en 1993, de Kenya y Tanzania en 1998, del 11 de septiembre de 2001 y de Bali en 2002. Obtuvieron estadísticas y afirman que los terroristas son en realidad personas bien educadas y no formadas en las medersas como podría pensarse. La imagen de las medersas como centro de formación de los terroristas no es creíble, pero al mismo tiempo que niegan este aspecto del estereotipo dan validez a otras insidias: los terroristas son todos musulmanes fundamentalistas y los responsables de esos cuatro atentados pertenecen a un grupo unido y suficientemente coherente como para que se puedan obtener estadísticas pertinentes al adicionar sus biografías. Además, para los dos analistas no existe la menor duda de que los culpables señalados cometieron en realidad esos actos.
Esta imagen «del» terrorista se echó a perder con el regreso a los planos estelares del terrorista anticastrista a sueldo de Washington, Luis Posada Carriles, cuya trayectoria narramos en nuestras columnas . Éste puede ser extraditado a Venezuela luego de haber sido detenido por penetrar ilegalmente en territorio estadounidense. El ex ministro británico de Comercio, Brian Wilson, afirma en el Guardian que la Casa Blanca se enfrenta a un grave dilema. No quiere entregarle uno de sus agentes a Venezuela, lo que podría iniciar el proceso para su traslado a Cuba. No obstante, si Estados Unidos se niega a esta extradición, su hipocresía en la guerra contra el terrorismo se hará mucho más evidente para el mundo.
Como quiera que sea, los agentes de transmisión de Washington en los medios de comunicación se esfuerzan por trivializar este asunto. De esta forma, en su edición del 16 de junio, el diario de las élites francesas Le Monde publicaba el siguiente título: «Fidel Castro quiere poner en aprietos a George Bush respecto de un oponente acusado de terrorismo». Tal vez al darse cuenta de que había ido demasiado lejos el artículo fue retirado de los archivos en línea del diario.
Red Voltaire
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27 de junio de 2005
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Autores y fuentes de las Tribuna y análisis
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«Gracias a ustedes»
Autor
Serge July
Fuente
Libération (Francia)
Referencia «Merci à vous», por Serge July, Libération, 13 de junio de 2005.
Resumen Florence y Hussein están libres después de 157 días de cautiverio. Su detención terminó el sábado 11 de junio en Bagdad. La libertad ha triunfado y una inmensa alegría acompaña el final de esta interminable espera. Como todos los periodistas franceses que desde hace 20 años han sido rehenes en todas las guerras del mundo, Florence y Hussein están de vuelta gracias a funcionarios del Estado francés. Si el Estado no los olvida es que la opinión se pone en acción. Ningún periodista ha sido olvidado en una celda, pero este resultado no tiene nada de automático, tan difícil es arrancar a estos hombres y mujeres del mercado de rehenes. Para el éxito de esta liberación fueron necesarios la resistencia de Florence y Hussein, las habilidades y la tenacidad de los funcionarios encargados de su búsqueda en Bagdad, en el Medio Oriente y en París, la determinación del Ejecutivo, y especialmente del jefe de Estado, y la formidable movilización de todos.
Como Francia no formaba parte de la Coalición que derrocó a la dictadura de Sadam, una intervención del tipo GIGN en Irak estaba excluida. No había otra alternativa que la negociación. Los secuestradores de Florence y Hussein son profesionales del secuestro que ocupan una posición importante, si no fundamental, en el atroz mercado de rehenes; que juegan con la nacionalidad de sus víctimas, a veces irakíes; que saben el precio de los periodistas, y, especialmente, el de los periodistas franceses. Esta criminalidad organizada sin lugar a dudas no es ajena a la resistencia en su vertiente financiamiento, incluso si este vínculo, al menos en el caso de Florence y Hussein, no ha sido aún formalmente establecido.
Parece que de todos los rehenes fue en Florence Aubenas que los secuestradores capitalizaron las mayores expectativas, jugando con la espera y el silencio para aumentar la puja. Fue la movilización generosa a favor de la liberación de ambos rehenes la que contribuyó ampliamente a este feliz desenlace. Eso fue lo que impidió que, frente a otros asuntos, la detención de Florence quedara relegada a un segundo plano.

«Tras la liberación de Florence Aubenas, las preguntas»
Autor
Bernard-Henri Lévy

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Bernard-Henri Lévy, cabecilla de los «nuevos filósofos», y cronista en el semanario Le Point de Claude Imbert. Autor de Quién mató a Daniel Pearl.
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Fuente
Referencia «Après la libération de Florence Aubenas, les questions », por Bernard Henry Lévy, Le Point, 16 de junio de 2005.
Resumen Libres. Florence y Hussein están libres. No hay más que verlos para comprender que fueron esos cabrones los que cedieron y la libertad, el coraje y la firmeza de carácter los vencedores. Una vez expresada la alegría, queda una serie de preguntas.
No se sabrá nunca si se pagó un rescate o no y tanto mejor, pues ello permitiría fijar las tarifas de mañana. La historia de Aldo Moro nos recuerda que es moralmente justo pagar, pero en secreto. Los millones que sin dudas se han pagado son el precio trágico de la libertad de informar. ¿Era necesario tanto ruido mediático? No se daba la razón a los secuestradores al hablar tanto de esta toma de rehenes? Sin embargo, cuando se sopesa todo, se ve que Serge July y Robert Menard tuvieron razón cuando nos estimularon a una movilización sin complejo ni descanso. Fue mediante la movilización que sacudimos la formidable inercia de esos monstruos fríos que son los Estados. Cuando Michel Barnier aplaude el trabajo de la DGSE y su «coraje», sabe muy bien que sin movilización no hubiera habido agentes de la DGSE en Bagdad y que Florence y Hussein hubieran pasado a la cuenta de las pérdidas y ganancias, lo que se ve bien en el caso Ingrid Betancourt.
Esta toma de rehenes saca a flote la cuestión del peligro que corren los periodistas. ¿Será necesario, como desean ya algunos, impedir la cobertura de los conflictos demasiado arriesgados? ¿Será necesario, como lo hacen numerosos reporteros norteamericanos, consentir en la práctica contra natura del embedding? ¿Habrá que practicar el periodismo enmascarado? Estas cuestiones son tabú, pero no veo cómo la profesión podría evitar el planteárselas.
¿Y los secuestradores? El hecho de que nunca se hayan identificado o revindicado su crimen, ¿constituye la prueba de que «solamente» había un móvil monetario? Es lo que nos dicen un poco por todas partes y es en eso en lo que quieren que creamos. Sin embargo, me acuerdo del caso Daniel Pearl y de la extraordinaria complejidad de la logística implementada para un caso de algunos días. ¡Pero 157 días! Me cuesta trabajo creer que un grupo que actúe sin padrino político o ideológico no se desplome o se maten unos a los otros sus miembros actuando durante tanto tiempo. A partir de ahí la cuestión no es trivial. Más aún cuanto que hay al menos un país en la región: Siria, que tiene por costumbre no reivindicar sus crímenes.

«Hice mi trabajo, la misión fue cumplida»
Autor
Michel Barnier

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Ex Comisario Europeo francés encargado de la Política Regional y ex Presidente del Grupo de Defensa de la Convención Europea, Michel Barnier es ministro francés de Relaciones Exteriores.
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Fuente
Le Figaro (Francia)
Referencia «J’ai fait mon travail, la mission a été remplie», por Michel Barnier, Le Figaro. Texto adaptado a partir de una entrevista.
Resumen La liberación de Florence Aubenas fue posible gracias a 158 días de movilización, como lo hicimos en el caso de Christian Chesnot y George Malbrunot. En esta negociación acudimos a las mismas fuerzas del Quai d’Orsay [Relaciones Exteriores] y del ministerio de Defensa. Yo mismo me reunía todas las noches para hacer un balance. Hace algunas semanas, logramos establecer un vínculo confiable e indirecto con los secuestradores gracias al cual pudimos obtener la liberación de los rehenes. Fuimos pacientes y jugamos con el tiempo. Los llamamientos de la comunidad musulmana en Francia y en los países árabes también resultaron útiles. En cambio, no deseo polemizar con el señor Julia con relación a la aceleración del proceso vinculado al cambio de gobierno.
Desde el secuestro de Chesnot y Malbrunot se creó un dispositivo compacto y muy limitado. Se trataba de un grupo de altos funcionarios del Quai d’Orsay, de Matignon [residencia del Primer Ministro] y de la DGSE [servicios de Inteligencia], que trabajaba bajo la autoridad política del Presidente de la República y del primer ministro, Jean-Pierre Raffarin. Este primer caso de secuestro, aunque diferente y llevado a cabo por otros grupos y redes, nos enseñó a ser discretos. Como quiera que sea, la identidad del grupo no ha quedado aún clara. En los momentos en que les hablo disponemos de pocas informaciones al respecto.
En este asunto, estimo que hice mi trabajo. Alabo la dignidad y la valentía de los padres y de la familia de Florence Aubenas así como el sentido de la responsabilidad de los periodistas. No olvidamos hoy ni a Ingrid Betancourt ni los casos de Guy Georges Kieffer en Costa de Marfil y de Fred Nerac en Irak que aún no han sido elucidados.

«Nuestras políticas se caracterizan por la transparencia»
Autor
Donald Rumsfeld

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Miembro de las administraciones Nixon, Ford y Reagan, Donald Rumsfeld es el artífice de la grandeza militar de Estados Unidos. Es secretario de Defensa del gobierno de George W. Bush.
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Fuente
USA Today (Estados Unidos)
Referencia «Policies already transparent», por Donald Rumsfeld, USA Today, 16 de junio de 2005.
Resumen Ningún centro de detención en la historia de las guerras ha sido objeto de tanta atención por los medios de comunicación como Guantánamo. Hemos recibido múltiples visitas de los medios y del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) y el pasado año el Pentágono desclasificó memorandos sobre las técnicas de interrogatorio. Lamentablemente, algunos de esos documentos pueden ser utilizados por los terroristas pero queremos transparencia con relación a las políticas de Estados Unidos y sus prácticas.
Los últimos acontecimientos tienen que ver con una serie de informaciones sobre actos de desacralización del Corán. Estados Unidos ha dado pruebas sin embargo de gran respeto por la sensibilidad religiosa de nuestros enemigos. Las acusaciones de malos tratos dieron lugar a investigaciones y los culpables fueron castigados. Nuestro objetivo es retener al menor número posible de detenidos. Tratamos siempre de mejorar las condiciones carcelarias. Los problemas no provienen de Guantánamo sino del hecho de que exploramos nuevos territorios en esta lucha compleja contra el extremismo. Las normas que rigen habitualmente la captura de los criminales y prisioneros militares no pueden ser aplicadas. Recordemos que nuestro objetivo no es castigar a los detenidos sino obtener informaciones que permitan salvar a Estados Unidos.

«Es absurdo que Estados Unidos niegue el informe de Amnesty»
Autor
Adel Safty

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Adel Safty ocupa la cátedra de dirección de la UNESCO y preside la escuela de gobierno y dirección política de la universidad Bahcesehir de Estambul. Ha dirigido varias misiones de la ONU. Es el autor de From Camp David to the Gulf.
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Fuente
Gulf News (Emiratos Árabes Unidos)
Referencia «US denial of Amnesty report is absurd», por Adel Safty, Gulf News, 20 de junio de 2005.
Resumen Amnesty International condenó recientemente los «crímenes de guerra en Irak y las pruebas de las torturas y malos tratos en las prisiones estadounidenses». Amnesty añadía que teniendo en cuenta el lugar que ocupa Estados Unidos en el mundo, dicho comportamiento constituía una amenaza global al derecho y a la seguridad. George W. Bush rechazó estas acusaciones al afirmar que provenían de personas detenidas que odiaban a Estados Unidos. En realidad, los propios documentos desclasificados de este país corroboran la veracidad de los hechos denunciados por Amnesty.
El 16 de marzo, el New York Times reveló que 26 personas habían perecido en las prisiones de Irak y Afganistán. Al día siguiente, Porter Goss revelaba al Congreso que no podía asegurar que las técnicas de interrogatorio de la CIA se ajustaran a la ley federal que prohíbe la tortura. El 26 de marzo, el New York Times dio a conocer que 17 soldados, cuya encarcelación había sido solicitada por los investigadores militares, seguían en libertad. No hay sanción contra los abusos ni se le exige responsabilidad a los autores.
En este contexto surgió la cuestión del Corán luego de la publicación de un artículo por Newsweek. Sin embargo, se trata de una antigua historia que data de 2002. Pero esto no provocó reacciones ya que aparentemente ni la administración Bush ni el pueblo estadounidense quieren saberlo. Dick Cheney dice sentirse hoy asombrado ante el informe de Amnesty cuando fue él mismo quien afirmó que todos los medios, sin excepción, serían utilizados para luchar contra los terroristas. La política dela administración Bush no hace más que atizar el odio.

«Una puñalada en el corazón de la libertad»
Autor
Salman Rushdie

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Salman Rushdie es autor y ensayista. Vivió durante mucho tiempo bajo la amenaza de una condena a muerte por parte del poder religioso iraní por su obra Les Versets sataniques.
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Fuente
Toronto Star (Canadá)
Referencia «Daggers in the heart of liberty», por Salman Rushdie, Toronto Star, 20 de junio de 2005.
Resumen En tiempos de guerra, la verdad y los hechos son con frecuencia las primeras víctimas. La guerra contra el terrorismo es otra forma de guerra, pero la verdad sufre la misma suerte.
Tomemos como ejemplo el caso Guantánamo. Amnesty International publicó un informe donde se califica a Guantánamo como el «goulag de nuestros tiempos». Esto provocó la reacción airada del gobierno de Bush y Amnesty retiró la expresión goulag por considerarla inadecuada, a pesar de que la organización mantiene la acusación de maltratos. El editorialista Charles Krauthammer defendió la tesis según la cual los Estados Unidos trataban a sus detenidos de forma humanitaria, Joseph R. Biden por su parte, pidió el cierre de la base de Guantánamo, explicando que era uno de los principales argumentos de la propaganda de los terroristas.
El artículo de Newsweek sobre la ofensa a la índole sagrada del Corán en la cárcel provocó reacciones furiosas en el Medio Oriente. Después fue condenado por el gobierno de Bush y Newsweek se retractó. John Kerry, en contrapartida, criticó a la Casa Blanca por haber creado un clima capaz de permitir esos abusos.
Actualmente hay diversas lecturas que confunden los acontecimientos. Para los conservadores, hay demasiada preocupación por la suerte que puedan sufrir los enemigos de los Estados Unidos; para los liberales, defender la suerte de los detenidos en Guantánamo forma parte de la misma batalla en defensa de las libertades civiles en los Estados Unidos; fuera de los Estados Unidos se considera que, una vez más, estos tratan de ocultar la verdad. Yo, personalmente, comparto esos tres puntos de vista. Es difícil compadecer a los detenidos, pero vemos que los abusos cometidos contra ellos constituyen una ofensa a nuestra identidad. Debemos juzgarnos a nosotros mismos observando cómo nos comportamos.

«El mito de la madrasa»
Autoras y autores
Peter Bergen, Swati Pandey
Fuentes
New York Sun (Estados Unidos), International Herald Tribune (Estados Unidos)
Referencia «The Madrassa Myth», por Peter Bergen y Swati Pandey, New York Times, 14 de junio de 2005.
«The myth of the madrassa», International Herald Tribune, 14 de junio de 2005.
Resumen La importancia de las madrasas en la formación de los terroristas es uno de los postulados básicos de la guerra contra el terrorismo. Declaraciones de Colin Powell o de Donald Rumsfeld dan crédito a esta tesis. No obstante, aunque esas escuelas pueden a veces formar fundamentalistas, no enseñan técnicas terroristas. En realidad hay pocas pruebas que demuestren que de las madrasas salen terroristas capaces de realizar ataques contra Occidente.
Si se examina la biografía de 75 terroristas identificados como participantes en los atentados contra el World Trade Center en 1993, en los ataques contra las embajadas en Kenya o en Tanzania, en los ataques del 11 de septiembre de 2001 y en los atentados de Bali en 2002, se observa que el 53% son universitarios. Sólo el 52% de los norteamericanos lo son. Algunos de los terroristas inclusive estudiaron en los Estados Unidos. Hoy se sabe que el terrorismo no es un resultado de la pobreza, y hay que reconocer también que las madrasas tienen su razón de ser. Además, esas escuelas forman a muchos menos jóvenes paquistaníes de lo debido, ya que sólo el 1% de la población asiste a las mismas.
Las madrasas no deben considerarse como un peligro para los Estados Unidos.

«El mundo observa»
Autor
Brian Wilson

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Ex ministro británico de Comercio, Brian Wilson es diputado laborista.
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Fuente
The Guardian (Reino Unido)
Referencia «The world is watching», por Brian Wilson, The Guardian, 14 de junio de 2005.
Resumen En La Habana está siendo juzgado por contumacia Luis Posada Carriles, ciudadano venezolano nacido en Cuba que ha pasado la mayor parte de su vida al servicio de Washington. Al mismo tiempo, en El Paso, Texas, el propio Posada Carriles hace todo lo posible por impedir una extradición exigida por Venezuela debido a su participación en un atentado contra un avión de la línea aérea cubana que causó 73 muertos en 1976. Ese atentado fue preparado en Venezuela y provocó la muerte de ciudadanos de ese país, razón por la cual este caso compete a la justicia de Caracas.
Posada Carriles llegó ilegalmente a los Estados Unidos procedente de México, donde residió. Su arresto llevó al gobierno venezolano a presentar una solicitud oficial de extradición. Cuando Posada maniobraba en Venezuela, el país era una dictadura militar cliente de Washington. En la actualidad, la situación en el país no podría ser más distinta, ya que en Caracas existe un régimen errático pero progresista cuya caída representa el tercero de los sueños de la administración Bush, precedido por la captura de Bin Laden y la caída de Castro. Infelizmente para Washington, ya no es tan fácil derrocar regímenes que cuentan con el apoyo de sus pueblos, tal como ocurría en los años 70. Además, es riesgoso desestabilizar a un país exportador de petróleo. Ese importante detalle podría pesar en el caso de Posada Carriles.
Mientras tanto, Cuba y Venezuela continúan acercándose. No obstante, si Posada Carriles no es extraditado, para muchos países la guerra contra el terrorismo aparecerá todavía más como una farsa.

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