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Tribunas y análisis - 15 de julio de 2005
Londres: se activa la maquinaria mediática
Análisis
Los atentados del 7 de julio en Londres han suscitado una ola de comentarios, aunque la investigación está aún en sus inicios. En ninguno de los casos hay duda sobre la pista a seguir: la islamista. No hay otra que pueda ser considerada. En los aproximadamente cien títulos de la prensa internacional que observamos diariamente no hay uno solo en el que hayamos visto impugnado el consenso sobre los autores de los atentados. Sin embargo, ¿qué pruebas poseen los editorialistas? Numerosos tribunas fueron publicadas en la prensa matutina del 8 de julio, es decir, fueron redactadas en las horas siguientes a las explosiones en los transportes públicos londinenses. En estas condiciones, no deben verse en estos análisis comentarios sobre los hechos, sino la ilustración de los presupuestos dominantes. No hay lugar para la reflexión crítica o la duda metodológica. Únicamente cuentan las reacciones en caliente y el postulado de un Islam peligroso y agresivo en guerra contra Occidente.
Mañana, tal vez una investigación rigurosa e independiente pudiera probar que los autores y los organizadores de los atentados de Londres son en realidad islamistas. Es una posibilidad, entre otras. Sin embargo, ello no legitimaría en nada el trabajo de los comentaristas ya que lo que escriben desde los atentados no se basa en ningún elemento concreto. Las únicas fuentes de su certeza son sus visiones del Islam y las declaraciones de Tony Blair, pronunciadas algunas horas después de las explosiones, también en su caso antes de ninguna investigación profunda: es decir, sus prejuicios y su sumisión al poder instaurado.
Como siempre después de la ocurrencia de atentados, se prioriza la pista de Al Qaeda. Pero, ¿en qué consiste exactamente esta organización? El islamólogo austriaco, experto de la Comisión Europea, Walter Posch, se interroga en Der Standard sobre el significado en la actualidad de la sigla «Al Qaeda», ampliamente utilizada por los medios de comunicación. ¿Qué encubre? El autor presenta esta estructura como una organización informal que no controla a todos los que dicen pertenecer a la ella y actuar en su nombre. En resumen, se trataría de una «franquicia», no de una estructura bien definida. Observemos que esta visión cuenta en la actualidad con el favor de los expertos desde que se desmoronó el mito de una superestructura islamista global. ¿Cómo imaginar una organización piramidal que escapa a toda investigación ahora que ha sido barrido el mito de las ultrasofisticadas bases secretas de Tora Bora en Afganistán? Sin embargo, esta visión de Al Qaeda conduce lógicamente a otra interrogante: si Al Qaeda es sólo una sigla a la que ocasionalmente se puede pertenecer, ¿puede afirmarse que Al Qaeda existe?
Los halcones no se hacen esta pregunta. Sin sorpresa, las voces que tradicionalmente se hacen eco de los neoconservadores han insistido en la prensa internacional en que estos atentados demostraban una vez más la importancia de la guerra al terrorismo islámico. Hubiera sido demasiado largo y tedioso recoger íntegramente sus intervenciones. De Pascal Bruckner en Le Figaro [1] a Amir Taheri en el Times de Londres [2] pasando por todos los analistas del gabinete de relaciones públicas Benador Associates, la prensa Mainstream se ha sumergido en el llamado a la intensificación de la guerra a los terroristas, terroristas que, por supuesto, sólo pueden ser musulmanes. El pensador islamófobo y administrador del U.S. Institute of Peace, Daniel Pipes, da el tono de la ofensiva mediática. En el New York Sun (desde el día siguiente a los atentados) y luego en el Jerusalem Post y el Chicago Sun-Times los días posteriores, denuncia como le es habitual la pasividad occidental frente a los «militantes del Islam». Durante demasiado tiempo, el Reino Unido ha tolerado a los islamistas en su territorio, esperando así impedir atentados en el mismo. Hoy, este acuerdo es replanteado por las nuevas legislaciones antiterroristas adoptadas después del 11 de septiembre. Estos atentados son la aprueba de que no se puede practicar la distensión con los islamistas por mucho tiempo.
En los Estados Unidos, fue fundamentalmente el New York Times el que movilizó a los analistas sobre el tema de los atentados. La gran cuestión es saber el impacto que puede tener este crimen en Estados Unidos.
Para Peter Bergen, autor de un best-seller sobre Al Qaeda, los atentados de Londres demuestran que en la actualidad el «peligro islamista» que amenaza a Estados Unidos proviene de Europa. Los musulmanes europeos ceden ante los cantos de sirena del islamismo y, dada su nacionalidad, pueden entrar fácilmente al territorio estadounidense. El autor llama así a una reforma de la política de visado con respecto a los países de Europa. Peter Bergen no toma en cueta en su análisis que las autoridades estadounidenses recogen los expedientes de la mayor parte de los pasajeros de los aviones que aterrizan en su territorio. Ni siquiera el cantante Yusuf Islam/Cat Stevens pudo entrar en Estados Unidos. Lo que importa es presentar como un peligro a todas las poblaciones musulmanas, incluso las europeas y occidentales. El mismo día, el ex consejero de Madeleine Albright, Thomas L. Friedman, denuncia a los dirigentes musulmanes que se negaran a condenar los atentados. Fabulaciones, pues numerosos líderes religiosos condenan globalmente todos los crímenes cometidos contra civiles. Sin embargo, para el autor, existe una «cultura de muerte» en la sociedad musulmana que daña las relaciones entre el Islam y Occidente y son en primer lugar los musulmanes quienes deben combatirla.
Igualmente en el New York Times, y luego en el International Herald Tribune, el ex director de programas de inteligencia en el Consejo de Seguridad Nacional estadounidense, Philip Bobbitt, insiste en la especificidad de la guerra contra el terrorismo. No tiene nada comparable a las demás, por lo que requiere un nuevo enfoque y no una reanudación de las políticas llevadas a cabo con éxito en el pasado contra otros grupos terroristas como el IRA. Aunque el autor no lo precise de forma explícita, esta dimensión excepcional del evento, con la exageración de la amenaza, es el argumento favorito de los que reclaman la adopción de leyes excepcionales y el replanteamiento de las libertades y el derecho internacional.
¿Es lo que pretende igualmente el jefe de la Unidad de Coordinación de la Lucha Antiterrorista francesa (UCLAT), el comisario de división Christophe Chaboud? Es lo que podemos preguntarnos al leer la entrevista concedida a Le Monde, texto que el diario de referencia de las élites francesas ha colocado en su expediente sobre los atentados en su sitio Internet. El Sr. Chaboud se alarma ante la amenaza islamista en Europa haciéndose eco de una propaganda a veces gastada. Nos sorprendemos ante las palabras de un responsable oficial francés sobre el tema. En efecto, el autor se preocupa por la posibilidad de un atentado nuclear, bacteriológico o químico en Europa y afirma que la ricina ha circulado en Europa Occidental. Ahora bien, las dos veces en que se ha mencionado esta hipótesis ha sido desmentida. Fue el caso de una llamada célula de Al Qaeda que lo preparaba en Londres y de un pretendido descubrimiento en la estación de Lyon en Francia.Si no es de eso de lo que está hablando, ¿entonces de qué es? Para apoyar sus palabras, el autor afirma que existía un laboratorio que preparaba productos tóxicos en el nordeste de Irak. Este ejemplo es tomado del informe de Colin Powell ante el Consejo de Seguridad de la ONU antes de la guerra de Irak y no ha sido nunca demostrado. Por el contrario, esta pista es tanto más dudosa cuanto que dicho laboratorio se encuentra supuestamente en territorio controlado por los kurdos aliados de Washington. Por otra parte, las fotos presentadas en el Consejo de Seguridad de la ONU demostraban que Estados Unidos conocían el emplazamiento de este famoso campo y hubiera podido destruirlo bombardeándolo sin dificultad si hubiera representado un verdadero peligro, lo que no sucedió. En ningún momento se critican estos elementos por el entrevistador. Finalmente, para el comisario Chaboud, Irak se ha convertido en el centro de la Yihad mundial, lo que apoya la tesis de los neoconservadores que identifican toda la resistencia iraquí con los islamistas, situándolos a todos bajo la dirección de Zarkaui, designado como el dirigente de Al Qaeda para Irak. Ahora bien, ninguno de estos elementos es demostrado. Ante tantas aproximaciones, podemos interrogarnos sobre las intenciones del Sr. Chaboud cuando agita una amenaza basándose en elementos de propaganda. ¿Por qué insistir tanto en la amenaza en Europa?
Como quiera que sea, muchos en Europa se interrogan sobre la probabilidad de ser a su vez objeto de un atentado.
En Der Standard, el presidente de la República austriaca, Heinz Fischer, se interroga sobre los riesgos para su país y sobre la neutralidad austriaca. Estima igualmente que el derecho internacional se encuentra actualmente en peligro, amenazado por Estados, que se abstiene de nombrar, que quieren imponer la ley del más fuerte. Temiendo una agudización del problema tras los atentados de Londres y desconfiando de las reacciones, afirma que se debe evitar cualquier confrontación con el Islam. En Alemania, el editorialista y productor de televisión, Friedrich Küppersbusch, dedica su crónica en el Tageszeitung a los riesgos de atentado en su país. Critica a sus compatriotas que se consideran seguros dado que Alemania no participa en la guerra en Irak, recordándoles que Alemania podría ser un objetivo debido a su implicación en Afganistán. Expresa incluso que su país será necesariamente blanco de atentados, tarde o temprano.
Por su parte, en The Guardian, el redactor jefe adjunto del diario El Mundo, Víctor de la Serna, advierte a los británicos, y a los próximos blancos de atentados, sobre los riesgos de división que pueden ocurrir tras estos eventos. Hoy, afirma, España está dividida entre conservadores y socialistas, según líneas de fractura comparables a las conocidas por España durante el franquismo. Esta división surgió a raíz de los atentados y de su utilización por los principales partidos. En la actualidad, a pesar de que no hay total claridad sobre estos crímenes, los partidos se desgarran.
En el mismo diario, el ex ministro británico, Robin Cook, se presenta con una línea bastante ambigua. Afirma que en el momento en que escribe su texto no se puede acusar aún a nadie. Se trata de una reflexión de simple sentido común. Sin embargo, al partir del postulado de que una buena parte de la prensa acusará en breve a terroristas islamistas de ser los responsables del atentado, explica cómo, en su opinión, el G-8 puede combatir el terrorismo islamista mediante la cooperación con el mundo musulmán. Así, apoya implícitamente la tesis islamista de la que tácitamente pretendía apartarse.
Red Voltaire
[1] «[Gare à la rhétorique de l’apaisement !->http://www.lefigaro.fr/debats/20050709.FIG0150.html?072701]», Le Figaro, 9 de julio de 2005.
[2] «[And this is why they did it->
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15 de julio de 2005
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Autores y fuentes de las Tribuna y análisis
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«Las semillas comienzan lentamente a germinar»
Autor
Walter Posch
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: Walter Posch es islámologo y experto en fundamentalismo del Instituto de Estudios sobre Seguridad de la Comisión Europea en París y de la Academia de Defensa Nacional del Ejército Federal Austriaco.
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Fuente
Der Standard (Austria)
Referencia Post scriptum :
«Die Saat geht jetzt langsam auf», por Walter Posch, Der Standard, 8 de julio de 2005. Texto adaptado a partir de una entrevista.
Resumen Desde hace mucho tiempo, Europa es el blanco de grupos terroristas. Desconocemos en cambio en qué medida se vinculan las estructuras. Debemos representarnos a Al Qaeda como una empresa con franquicia más que como una organización cerrada. La marca registrada Al Qaeda se ha vuelto atractiva. Es inverosímil que se trate una vez más de adeptos de Bin Laden entrenados en los campamentos de Afganistán. Tanto Bin Laden como Ayman Al Zawahiri han sido marginados. Sirven de catalizador a aquellos simpatizantes de larga data.
La marca Al Qaeda ya ha sido revendida y no existe un coordinador principal sino pequeñas unidades, lo que las hace más peligrosas. Pienso que la tesis de algunos expertos en terrorismo de que los mensajes de Bin Laden forman parte de un ciclo es legítima aunque no me adhiera a ella, ya que significaría que Bin Laden mueve todos los hilos y en mi opinión los grupos gozan de mayor autonomía. La tesis era válida en el caso del 11 de septiembre, de los atentados contra las embajadas en África y del navío «Cole». En estos momentos no existe refugio que permita prepararlo todo. Es posible que existan ciclos de alerta en Internet que aún no hayamos logrado entender.
Los ingleses sostienen dos tesis: una según la cual los atentados permitirán desmantelar a Al Qaeda de manera más profunda, mientras la otra plantea que se trataría de las últimas acciones horribles ya que la red ha sido aniquilada y las células restantes acaban de formarse. Considero que los miembros de la organización se han dispersado. Algunos grupos locales han sido identificados y me pregunto en qué medida. No creo que esa red terrorista pueda arruinar de manera duradera a la sociedad y salir vencedora pero seguirá siendo peligrosa durante cierto tiempo. Hemos aprendido, somos más prudentes, más imaginativos.

«El fin del acuerdo de seguridad británico con los islamistas»
Autor
Daniel Pipes
Fuentes
Jerusalem Post (Israel), New York Sun (Estados Unidos), Chicago Sun-Times (Estados Unidos)
Referencia «British Covenant of Security With Islamists Ends», por Daniel Pipes, New York Sun, 8 de julio de 2005.
«London becomes an ’abode of war’», Jerusalem Post, 10 de julio de 2005.
«Britain no longer enjoys ’covenant of security’», Chicago Sun-Times, 10 de julio de 2005.
Resumen Si creemos a los dirigentes islamistas que viven en Londres, no había la menor duda de que los atentados contra Gran Bretaña eran inminentes. Esto se desprendía en especial de las declaraciones de Sayful Islam, dirigente de la sección de Al-Muhajiroun, una organización islamista en la ciudad de Luton. Sin embargo, desde hace mucho tiempo existía un acuerdo tácito entre los islamistas y el gobierno británico, muy bien estudiado por Mohamed Sifaui, en virtud del cual los islamistas tenían el derecho de preparar atentados en Londres siempre que no tocaran el Reino Unido. De esta forma, el acuerdo permitiría aumentar la seguridad del país al mismo tiempo que el precio debería ser pagado por los Estados extranjeros. Durante largo tiempo los islamistas calificaron esta situación de «acuerdo de seguridad».
Sin embargo, el acuerdo cesó con la adopción de leyes antiterroristas después del 11 de septiembre. A partir de ese momento, Gran Bretaña fue considerada «tierra de conquista» para los musulmanes. Para restablecer «el acuerdo de seguridad», los británicos habrían tenido que anular dicha legislación y liberar a los detenidos. Como Londres no cedió, los islamistas pusieron fin al acuerdo de seguridad. Esperemos que constituya asimismo el fin de la inocencia y que las autoridades británicas comiencen a adelantarse al terrorismo en lugar de esperar a convertirse en las víctimas.

«Aliado nuestro, problema nuestro»
Autor
Peter Bergen
Fuente
New York Sun (Estados Unidos)
Referencia «Our Ally, Our Problem», por Peter Bergen, New York Times, 8 de julio de 2005.
Resumen Mientras la conmoción provocada ayer por el atentado de Londres resuena aún en el Atlántico, un dato se hace evidente: Estados Unidos debe ante todo desconfiar de los ciudadanos británicos antes que de las células dormidas en su propio territorio o de los alumnos de las medersas. Desde los atentados del 11 de septiembre no faltan ejemplos de ciudadanos británicos que organizan o cometen los atentados.
¿Por qué tantos terroristas provienen de Gran Bretaña? Muchos británicos musulmanes son jóvenes y se han integrado mal a la sociedad británica. Están encolerizados y eso les hace vulnerables a las derivas extremistas. Según un sondeo, el 80% considera que la guerra contra el terrorismo es en realidad una guerra contra el Islam y el 13% estima que un nuevo ataque contra Estados Unidos estaría justificado. Se calcula que entre 10 000 y 15 000 musulmanes británicos son partidarios de Bin Laden.
La gran permisividad de las leyes británicas sobre el derecho de asilo y las normas relativas a la concesión de visas con relación a ese país nos ponen en peligro. A los residentes de Londonistán les resulta fácil penetrar en nuestro territorio sin que medie verificación por parte del Consulado. Muchos otros países europeos cuentan con células dormidas. La población europea disminuye y es sustituida por poblaciones musulmanas. Debemos por lo tanto revisar nuestra política de visas.

«Si es un problema musulmán requiere solución musulmana»
Autor
Thomas L. Friedman
Fuente
New York Sun (Estados Unidos)
Referencia «If It’s a Muslim Problem, It Needs a Muslim Solution», por Thomas L. Friedman, New York Times, 8 de julio de 2005.
Resumen Los atentados ocurridos ayer en Londres son inquietantes ya que teniendo en cuenta nuestras relaciones con el Reino Unido es como si nosotros también hubiéramos sido atacados. Además, se supone que los atentados fueron perpetrados por kamikazes. Ahora bien, este ejército de la Yihad mina las bases de nuestras sociedades abiertas: la confianza. Los ataques de ayer nos hacen en cierta forma menos libres.
Sin embargo, el aspecto más importante es que se trata de un problema de civilización. Luego de los atentados cada musulmán se convierte en sospechoso. Las relaciones entre las poblaciones musulmanas y Occidente se tensan y esto es lo que quería Bin Laden. Los atentados de Londres crean una situación mucho más crítica por cuanto, contrariamente a lo ocurrido luego del 11 de septiembre, no existe enemigo fácilmente identificable que combatir.
Es esencial que los musulmanes luchen contra sus propios extremistas. Hace falta que los musulmanes reconozcan que entre ellos existe una cultura de muerte. Si no luchan contra este cáncer toda la relación entre el Islam y Occidente se verá afectada. Se trata de un problema cultural del Islam. Londres, París, Riad, Bali o El Cairo no estarán seguras mientras los responsables musulmanes no priven de legitimidad a los extremistas.

«Enfrentar la Yihad, recordar los bombardeos aéreos»
Autor
Philip Robins
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Philip Robins es profesor de Relaciones Internacionales en la universidad de Oxford en el St. Antony’s College y autor de Suits and Uniforms: Turkish Foreign Policy Since the Cold War.
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Fuentes
New York Sun (Estados Unidos), International Herald Tribune (Estados Unidos)
Referencia «Facing Jihad, Recalling the Blitz», por Philip Bobbitt, New YorkTimes, 10 de julio de 2005
«Facing jihad, recalling the blitz», International Herald Tribune, 11 de julio de 2005
Resumen Con su resistencia y valentía habituales, los británicos no tardaron en volver a utilizar el transporte público en Londres. Sin embargo, necesitarán más tiempo para extraer las lecciones de lo sucedido el jueves.
Es importante sobre todo evitar el análisis del nuevo acontecimiento mediante la comparación con aquello que nos resulta familiar. Pensamos que conocemos los atentados de Londres porque vivimos los atentados del IRA, pensamos que conocemos la guerra al recordar los bombardeos de la capital británica durante la Segunda Guerra Mundial, nos decimos que mantener la misma actitud que en el pasado nos permitirá obtener los mismos resultados. Pero si lo analizamos bien, vencer a los terroristas en Irak exige más tropas que derrotar a Sadam Husein. Nos enfrentamos a un nuevo tipo de guerra y al ver a Bin Laden o a los talibanes comprendemos que no se trata del Sinn Fein o de Jerry Adams.
Los atentados de Londres pueden ser comparados con los atentados de Madrid incluso cuando causaron menos muertes. Su objetivo era provocar un efecto político. Los acontecimientos del jueves son el precio que debemos pagar por resistir al terrorismo, a los regímenes teocráticos y a los tiranos que tratan de adquirir armas de destrucción masiva. La lección que debemos extraer de estos ataques es que debemos ser prudentes y mantenernos vigilantes.

«Irak ha dado nuevo impulso a la lógica del combate total contra Occidente»
Autor
Christophe Chaboud
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Ex responsable de la lucha antiterrorista en la Dirección de Seguridad Territorial (DST), el servicio de contraespionaje francés, el comisario de división Christophe Chaboud es jefe de la Unidad de Coordinación de la Lucha Antiterrorista (Uclat).
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Fuente
Le Monde (Francia)
Referencia «L’Irak a relancé la logique du combat total contre l’Occident», por Christophe Chaboud, Le Monde, 12 de julio de 2005. Texto adaptado a partir de una entrevista.
Resumen Acabo de regresar de Londres, donde pude observar la sangre fría de mis colegas británicos, así como la gran preocupación que sienten. Nosotros sabíamos que los atentados de Madrid eran el inicio de una ola de ataques que afortunadamente nuestros colegas españoles pudieron detener. Encontramos un escenario similar en el Reino Unido. Esos atentados no sorprenden, eran inevitables.
Se hace difícil investigar los hechos a causa de la ubicación de las bombas. La índole de los explosivos parece ser militar, lo que resulta preocupante porque ello supone contactos con el mercado negro o la existencia de cómplices en una base militar. No hay, en cambio, restos de elementos de tipo nuclear, radiológico, bacteriológico ni químico, a pesar de que la amenaza es real. Se sabe que sustancias como la ricina han circulado en Europa y que se han realizado experimentos en Afganistán, en Georgia o en el Nordeste iraquí.
En estos momentos es demasiado pronto para pronunciarse sobre la identidad de los autores, pero es impresionante el parecido con los atentados de Madrid o con los perpetrados en París en 1995 y 1996. En mi criterio, hay que investigar en tres direcciones: a los oriundos del Medio Oriente, de Paquistán y del Norte de África. Mohamed Al-Guerbouzi, uno de los fundadores del Grupo Islámico Combatiente Marroquí (GICM), estaba en la mirilla desde hacía mucho tiempo, ya que Marruecos había emitido una orden internacional de arresto en su contra. No obstante, ningún elemento permite incriminarlo por ahora.
En Francia tememos un acercamiento entre Zarkaui, en Irak, y la dirección del Grupo Salafista para la Prédica y el Combate (GSPC) en Argelia, dos grupos que quieren internacionalizar la Yihad. Para el GSPC, Francia apoya al régimen de Argel, por lo cual constituye un objetivo prioritario que golpear. Irak es hoy un punto central en la Yihad mundial. En la historia vivida recientemente, ¿existe otro país donde los atentados causen todos los días decenas de muertos, donde se desarrolle con tanta rapidez una exaltación del mártir que trastorne las acciones de la gente? En total, cerca de veinte franceses han ido allá. Algunos fueron asesinados o hechos prisioneros, otros desaparecieron o regresaron a nuestro país. Por todas esas razones, hay que entender bien que lo que tiene que ver con los ingleses también tiene que ver directamente con nosotros.

«No dirigirse hacia una guerra de religiones»
Autor
Heinz Fischer
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Miembro del Partido Socialdemócrata de Austria (SPO), Heinz Fischer es Presidente de la República austriaca.
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Fuente
Der Standard (Austria)
Referencia «Nicht auf einen Krieg der Religionen hinsteuern», por Heinz Fischer, Der Standard, 11 de julio de 2005. Texto adaptado a partir de una entrevista.
Resumen La paz consiste en resolver los problemas sin violencia y sin pasar por alto las normas convencionales. Lo que denominamos Estado de derecho es una vida en común según reglas de juego bien definidas. Ello es válido en el plano nacional, y debería serlo también en el plano internacional. No es la ley del más fuerte la que debe prevalecer, aunque ciertas organizaciones tienen una especie de monopolio de la fuerza. Un conflicto entre dos países debe ser resuelto por una organización del tipo de las Naciones Unidas que Austria debe apoyar. Yo no propondría para Europa el modelo de neutralidad austriaca, que tiene sus razones históricas específicas, la neutralidad no es un producto que se exporta. No resulta paradójico que Austria pueda intervenir también gracias a su condición de miembro de la Unión Europea, aunque sólo se trate de operaciones de paz. Yo solicitaría que ello solamente se hiciera con un mandato de la ONU. El Parlamento tiene la posibilidad de pronunciarse en ese sentido.
He declarado que la fuerza no debe emplearse de forma desmesurada, pero no quisiera que eso se malinterpretara. Debemos, por supuesto, garantizar la seguridad de nuestros compatriotas, pero debemos mantener la cabeza fría y no dirigirnos hacia una guerra de civilizaciones o de religiones. Tal como lo recordaron el Ministerio del Interior y otras instancias, la amenaza es menos probable en nuestro país. Al igual que Tony Blair, pienso que ahora es innecesario el odio, y necesaria la esperanza.

«¿Cómo está usted, Sr. Küppersbusch?»
Autor
Friedrich Küppersbusch
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Ex presentador de televisión, y después productor y director de la Sociedad Probono, Friedrich Küppersbusch tiene una sección en el Tageszeitung titulada «¿Cómo está usted, Sr. Küppersbusch?». Es productor, entre otros, del programa Maischberger de la cadena N-TV.
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Fuente
Die Tageszeitung (Alemania)
Referencia «Wie geht es uns, Herr Küppersbusch?» por Friedrich Küppersbusch, Die Tageszeitung, 11 de julio de 2005. Este texto ha sido adaptado de una entrevista de la cual sólo hemos tomado lo que se relaciona con los recientes atentados de Londres.
Resumen Después de los atentados, puede oírse esta frase en Alemania: «¡Qué bueno que no estamos en Irak!». Sin embargo, estamos en Afganistán. Saber si ello es moral o no, lo decidirá la historia. El reflejo moral correcto, el de decir que nosotros deberíamos vivir en Alemania una masacre como esa para no tener este aire tan hipócrita, sería pensar de una forma sumamente inhumana. La experiencia alemana específica del terror demuestra que la iniciativa Kinkel [ 1] y el rechazo de la escalada eran, entre todas las malas soluciones, las de mayor eficacia.
La reacción de Schilly [ 2]: «También aquí hay un peligro latente, aunque no sea tan agudo» fue considerada por todos como sensata y prudente.
Ahora escucharemos en Alemania que los musulmanes deben aislarse. Eso me recuerda el llamado hecho a los católicos alemanes pidiéndoles mantenerse al margen de los atentados en Irlanda del Norte. O apoyamos esa tesis que plantea que el terror que utiliza el Islam como justificación no tiene de hecho nada que ver con el Islam, u optamos por la guerra de religiones, lo que seguramente complacería a los terroristas.

«El horror disipado de Madrid»
Autor
Víctor de la Serna
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Víctor de la Serna es redactor en jefe adjunto del diario español El Mundo. Inmediatamente después de los atentados de Madrid del 11 de marzo de 2004, apoyó a José-María Aznar, considerando también que ETA era probablemente la responsable del atentado.
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Fuente
The Guardian (Reino Unido)
Referencia «Madrid’s vanished horror», por Víctor de la Serna, The Guardian, 8 de julio de 2005.
Resumen Las semejanzas entre los atentados de Madrid y los de Londres son tan evidentes que cualquier comentario parece superfluo. En realidad, las diferencias entre esos hechos son quizás más reveladoras que los puntos en común.
En España, esos atentados ocurrieron unos días antes de las elecciones del 14 de marzo de 2004. Las encuestas anunciaban la victoria de José-María Aznar y del Partido Popular, pero el vencedor resultó ser el Partido Socialista Español y ello afectó la comprensión del hecho. Al cabo de dieciséis meses de esos acontecimientos, una comisión parlamentaria española ha analizado lo ocurrido concentrándose en las políticas del gobierno de Aznar. Los socialistas le reprochan a éste haber inculpado con demasiada rapidez a ETA por motivos electorales. Los conservadores, por su parte, se concentran en defender su situación y se preguntan sobre las zonas oscuras en los vínculos entre ETA y los terroristas, y entre los sospechosos y los servicios secretos marroquíes.
Al mismo tiempo, la investigación marcha a paso de tortuga debido, sin duda, a la explosión que mató a los principales sospechosos en las afueras de Madrid. Las personas que fueron arrestadas no contaban con autoridad para planificar los atentados. La investigación se tambalea y el atentado no ha hecho más que agudizar las tensiones y las divisiones existentes en la sociedad española.

«La lucha contra el terrorismo no puede ganarse con medios militares»
Autor
Robin Cook

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Robin Cook fue ministro laborista británico de Relaciones Exteriores y de Relaciones con el Parlamento bajo Tony Blair. Presentó su renuncia antes de la guerra de Irak como expresión de su oposición al conflicto.
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Fuente
The Guardian (Reino Unido)
Referencia «The struggle against terrorism cannot be won by military means», por Robin Cook, The Guardian, 8 de julio de 2005.
Resumen Como lo mostró la Cámara de los Comunes británica, la respuesta inmediata a una tragedia como los atentados de Londres debe ser, ante todo, la empatía por las víctimas y sus allegados. Pasan por una prueba muy dolorosa, sobre todo por lo difícil que resulta explicar el porqué de lo sucedido. ¿Quién puede afirmar que esa sanguinaria masacre se hizo en aras de una causa? En los instantes en que escribo estas líneas, ningún grupo ha explicado por qué cometió esos atentados. No hay otra razón aparte de un fundamentalismo ciego. En esas condiciones, combatir el terrorismo es también combatir la idea absurda de que personas de diferentes religiones o de diferentes etnias no pueden vivir juntas.
A falta de alguien a quien acusar formalmente, nos han atiborrado con una avalancha de artículos sobre la amenaza del Islam militante. Bin Laden, empero, ya no es un representante del Islam como Mladic no era un representante del Cristianismo cuando masacró a 8 000 musulmanes en Srebrenica. Bin Laden fue un agente de la CIA que se volvió contra Occidente. Concebir la guerra contra el terrorismo como una guerra que puede ser ganada por medios militares es un error. Hay que aislar a los terroristas del resto de la población fomentando la cooperación con el mundo musulmán.
El G-8 no es la mejor organización para ocuparse de esta cooperación, ya que no incluye a ningún Estado musulmán. No obstante, puede lanzar programas contra la pobreza que pueden ayudar en la lucha contra el fundamentalismo.

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