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Tribunas y análisis - 23 de marzo de 2006
El acusado Milosevic ha muerto, la prensa puede dar el veredicto

Análisis

El 11 de marzo de 2006, muere Slobodan Milosevic a consecuencia de un inquietante paro cardiaco. El médico forense que practicó la autopsia al ex dirigente yugoslavo declaró que el prisionero del Tribunal Penal Internacional ad hoc para la ex Yugoslavia (TPIY) se había administrado un medicamento contraindicado para su estado de salud. Para el TPIY, se trataría por lo tanto de un suicidio, es decir de la voluntad de Slobodan Milosevic de empeorar su estado de salud a fin de ir a tratarse a Moscú. Las autoridades rusas y una gran parte de la población serbia consideran que se trata de asesinato. El ministro ruso de Relaciones Exteriores, Serguei Lavrov, hizo pública una carta que le remitiera Slobodan Milosevic dos días antes de su muerte en la que afirmaba que era mal atendido en el tribunal y que los tratamientos que se le administraban eran perjudiciales para su salud. El abogado del difunto también asegura tratarse de envenenamiento.

La prensa occidental ha difundido las dudas rusas y de los defensores de Slobodan Milosevic, pero se ha alineado ampliamente tras la tesis del tribunal de La Haya. Si bien los medios mainstream mencionaron en un primer momento las dudas alrededor de esta muerte, muy rápidamente concentraron lo esencial de su atención en las biografías póstumas acusatorias contra el ex presidente serbio o en algún aspecto secundario como el lugar de su entierro.
En cuanto a las causas de muerte, se ha desarrollado en la prensa occidental un razonamiento poco riguroso basado en una serie de afirmaciones con frecuencia concluyentes para justificar la aparente exactitud de la versión del TPIY: Slobodan Milosevic cometió crímenes, por lo tanto era culpable de todos los crímenes de que se le acusaba; así, el TPIY lo condenaría a cadena perpetua dentro de algunos meses, de modo que nadie, salvo el propio Slobodan Milosevic, estaba interesado en que muriera y escapara a esta sentencia. Evidentemente, con este razonamiento, los que cuestionan esta sucesión lógica sólo pueden ser partidarios de Slobodan Milosevic o «conspiracionistas», viejo truco para estigmatizar al adversario. El diario francés Le Monde ilustró sintomáticamente este enfoque al publicar un artículo de título evocador: «Doutes persistants sur les causes de la mort de Milosevic», para dar la palabra a quienes cuestionan las condiciones de la muerte del ex presidente yugoslavo. Sin embargo, también publicó en la misma edición un editorial no firmado, que compromete así a toda la redacción, en el que se afirma: «La muerte de Milosevic fortalecerá la idea de algunos nacionalistas de que Serbia es aún víctima de un complot internacional. Sin embargo, debería permitir a la gran mayoría del pueblo serbio deshacerse de los fantasmas del pasado.» En resumen, la redacción limita anticipadamente su campo de investigación, incluso antes de la conclusión de la misma, y denuncia anticipadamente –como cosa de los nacionalistas serbios– todo cuestionamiento de la tesis del suicidio o de la muerte accidental de Slobodan Milosevic.
En esta ocasión, se ve cómo vuelven a formarse los «campos» que aparecieron durante los bombardeos contra Serbia: los que les eran favorables rechazan masivamente la tesis del asesinato, los que se les oponían consideran con bastante frecuencia que se trata de un crimen. Los medios se posicionan no en función de la investigación de la verdad, sino en función del campo al que pertenecieron en 1999.
Así, la redacción del Wall Street Journal aprovecha la ocasión para recordar la versión neoconservadora referente a la desintegración de Yugoslavia. El editorial afirma que Milosevic fue el responsable de la desintegración de este Estado, que era un criminal y que su única y pequeña victoria habrá sido finalmente escapar a la sentencia del tribunal. La redacción del periódico asegura que el único error de los Estados Unidos en cuanto a Yugoslavia es no haber intervenido antes y creído que Europa podría solucionar la cuestión por sí sola. El Wall Street Journal recuerda así su línea ideológica: los Estados Unidos pueden llevar a cabo todas las guerras que deseen. Son los únicos jueces de quien es o no culpable y deben conducir a «Occidente» para el bien del mundo. Nadie puede asumir esta responsabilidad en su lugar.

Hoy es imposible afirmar, según las informaciones de que disponemos, que Slobodan Milosevic haya sido asesinado. Sin embargo, la tesis del suicidio o de una tentativa desafortunada de Slobodan Milosevic de degradar voluntariamente su estado de salud para ser tratado en Moscú provoca un buen número de interrogantes que no han podido ser dilucidadas. ¿Podía verdaderamente creer el ex dirigente yugoslavo que el tribunal de La Haya aceptaría que fuera tratado en Moscú y no en Holanda? Y sobre todo, si Milosevic se autoadministró un medicamento peligroso para su salud, ¿quién se lo habría procurado? ¿Cómo logró hacerlo entrar a la prisión y administrárselo sin que se notara? Un prisionero cualquiera es registrado antes y después de cada visita y se le registra la celda cada cierto tiempo. Puede imaginarse que un detenido de semejante importancia esté aún más vigilado, sin embargo habría logrado obtener un medicamento prohibido sin que nadie se percatara.

Hay que señalar igualmente que la condena de Slobodan Milosevic por parte del TPIY no era algo seguro. Es incuestionable que el dirigente serbio cometió crímenes por los cuales habría podido ser condenado, pero la voluntad política de genocidio o limpieza étnica no había podido ser demostrada por el tribunal a pesar de los procedimientos de excepción aplicados y el poco respeto por los derechos de la defensa de los que dio pruebas. La historiadora especializada en historia de los Balcanes, Neil Clark, con regularidad había denunciado en The Guardian, la incapacidad de la fiscal Carla del Ponte para probar la pertinencia de sus 66 cargos.
No obstante, los medios occidentales mainstream están seguros de la total culpabilidad del dirigente serbio y de la necesidad de los bombardeos de la OTAN en 1999, y no cuestionan los presupuestos que hacen de los serbios los únicos responsables de la desintegración de Yugoslavia [1]. Por el contrario, dan mayoritariamente la palabra a personalidades atlantistas que desde hace tiempo han apoyado la culpabilidad del ex dirigente yugoslavo y los bombardeos a Serbia.

El diario conservador español ABC publica una tribuna del general Wesley Clark, ex responsable de los bombardeos de 1999. Éste lamenta la muerte de Slobodan Milosevic, lo que priva al mundo de la verdad y la justicia. Para él, no hay dudas de que el ex presidente era culpable de todo lo que se le acusaba. Entrega un retrato abrumador del ex dirigente y reutiliza en el título (a menos que sea el título escogido por el periódico) la comparación de Milosevic con Adolfo Hitler. Asegura además que en 1998-1999 la OTAN hizo todo lo que estuvo a su alcance para evitar una acción militar, olvidando el apoyo estadounidense a los terroristas del UCK, así como la actitud de Madeleine Albright, quien saboteara las negociaciones de Rambouillet.

Por su parte, el diario británico The Independent publica una corta tribuna del ex Alto representante internacional para Bosnia-Herzegovina, Paddy Ashdown, quien se muestra partidario de la acción de Slobodan Milosevic en Bosnia-Herzegovina. El autor designa al dirigente serbio como el principal responsable de las violencias étnico-religiosas en la región. Reconoce la cuota de responsabilidad de Franjo Tudjman, pero asegura que el nacionalista croata llegó al poder únicamente gracias a la reacción de los croatas frente a la política de Milosevic. Considera que la intervención de la OTAN se hizo esperar demasiado tiempo. Ashdown asegura que no había ningún interés en asesinar a Milosevic y plantea como imperativo la denuncia a todos los que cuestionan la versión del TPIY.

Lo Monde entrevista a la fiscal del TPIY, Carla del Ponte, quien asegura que estaba a punto de obtener una aplastante victoria judicial y que no habría tenido dificultad para hacer condenar a Slobodan Milosevic a cadena perpetua. Está furiosa por esta muerte que presenta como una escapatoria del ex presidente serbio, y apoya con fuerza la tesis del suicidio. Asegura que ahora su prioridad es el arresto de Radovan Karadzic y Ratko Mladic.

El ex primer ministro yugoslavo, Milan Panic, es uno de los únicos protagonistas de la historia de la desintegración de Yugoslavia que baja el tono en cuanto a la lectura mainstream de los acontecimientos de Bosnia y Kosovo. Así, en el International Herald Tribune, denuncia la satanización de la totalidad de la población serbia y los bombardeos de la OTAN. Sin embargo, su crítica se detiene ahí, él también, presenta a Slobodan Milosevic como el único responsable de la destrucción del Estado yugoslavo. Lamenta además que la OTAN no haya realizado una operación comando para secuestrar a Milosevic en 1998 y hacerlo comparecer ante la justicia.
También él condena anticipadamente cualquier hipótesis sobre el asesinato de Slobodan Milosevic.

Los dirigentes rusos, evidentemente, tienen un punto de vista muy diferente.
En Al Watan, Hani Shadi, corresponsal en Moscú de varios diarios árabes, asegura que los rusos consideran que Milosevic fue asesinado. Sin embargo, el autor no explica esta opinión mediante las dudas que rodean la muerte de Milosevic, sino por la proximidad de los rusos y los serbios, validando él también que la versión de las condiciones de esta muerte que se favorezca depende del «campo» al cual se pertenezca.

La muerte de Slobodan Milosevic ha traído igualmente a la actualidad el debate sobre el derecho internacional.
En Le Figaro, François Terré, presidente de la Asociación Francesa de Filosofía del Derecho y miembro del Instituto de Francia, recuerda que el proceso del tribunal de La Haya no es en lo absoluto conforme a los principios del derecho y pisotea los derechos de la defensa. No se puede considerar que el ex presidente yugoslavo haya tenido un proceso justo, por lo tanto hay que relativizar las declaraciones de la señora Del Ponte sobre la certeza la rededor de la culpabilidad del acusado.

En Al Quds Al Arabi, el redactor-jefe de la sección cultural del diario Annahar, Elias Khouri, aprovecha las reacciones ante la muerte de Slobodan Milosevic para denunciar la actitud ambigua de la comunidad internacional frente a los crímenes de limpieza étnica cometidos en el mundo. Asegura que Ariel Sharon apoyó a Slobodan Milosevic en Kosovo, pues temía que se creara una jurisprudencia desfavorable a Israel. Ahora bien, no hubo nada de eso. Si bien Slobodan Milosevic fue extraditado a La Haya, Ariel Sharon no tuvo nunca que responder por sus crímenes contra los palestinos. De igual forma, el autor se indigna por la adopción, nuevamente, de un sistema jurídico diferente para juzgar a Sadam Husein.
Los tribunales internacionales son con frecuencia construcciones ad hoc concebidas para servir los intereses del vencedor, incluso para legitimar una agresión a posteriori.

En los Estados Unidos, una parte del movimiento pacifista aprovecha el hecho para recordar tanto la política de los Estados Unidos en Yugoslavia como que los métodos de la administración Bush para justificar la guerra de Irak habían sido experimentados por la administración Clinton en ocasión de los ataques a Serbia.
Director del sitio Antiwar.com y redactor del periódico The American Conservative de Patrick Buchanan, el libertariano Justin Raimondo evoca el buen recuerdo de los demócratas. Destaca que el bombardeo a Serbia permitió la implantación de cierto número de procesos que hoy sirven a la administración Bush: coartada humanitaria para llevar a cabo una guerra ilegal, no respeto a la Carta de la ONU, satanización del adversario mediante una unanimidad mediática que identifica el jefe adversario con Hitler o el nazismo, exageración de la amenaza de un ejército en ruinas, olvido de las muertes de civiles serbios y beneficios para grandes empresas como Halliburton. El autor demuestra que algunos de los adversarios demócratas de la guerra de Irak sólo rechazan el objetivo escogido, no los medios empleados.
EnAntiwar.com, el periodista Jeremy Scahill felicita irónicamente a Bill Clinton: los crímenes cometidos en Serbia por órdenes suyas nunca serán juzgados en el TPIY. El bombardeo intencional a la televisión serbia, a trenes de pasajeros, a plantas petroquímicas, el empleo de bombas de fragmentación en zonas habitadas nunca serán presentados en el proceso Milosevic. El autor revela que la comparecencia de Bill Clinton como testigo era el último combate de Slobodan Milosevic que esperaba así exponer los crímenes de la OTAN.

Red Voltaire

[1] Sería demasiado largo volver sobre el cúmulo de inexactitudes que ha rodeado el conflicto de Bosnia y luego de Kosovo. El periodista Michel Collon los ha resumido en su sitio: «Yougoslavie : Que valait notre info ?»




23 de marzo de 2006

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Autores y fuentes de las Tribuna y análisis

«Nadie cuestiona hoy lo correcto de haber detenido a Milosevic»

Autor Equipo editorial del Wall Street Journal

Fuente Wall Street Journal (Estados Unidos)
Referencia «Balkan Ghost. No one now disputes that stopping Slobodan Milosevic was the right thing to do», por el equipo editorial, Wall Street Journal, 13 de marzo de 2006.

Resumen A fin de cuentas, Slobodan Milosevic tuvo más oportunidades que sus víctimas. El ex jefe serbio murió a los 64 años en su cama. Esta muerte es su pequeña victoria en el tribunal de la ONU, que por lo tanto no podrá llevar adelante el primer proceso por crímenes de guerra de un ex jefe de Estado.
En su calidad de jefe serbio después de 1989, Milosevic fue quien atizó la locura étnica que provocó el conflicto más sangriento de Europa después de la Segunda Guerra Mundial. Yugoslavia fue el gran fracaso occidental de los años 90. «Ha llegado la hora de Europa», proclamara el ministro de Relaciones Exteriores de Luxemburgo Jacques Poos, en 1991, cuando croatas y serbios luchaban entre sí. Sin embargo, fue necesario esperar Srebrenica y sus 7 000 hombres y muchachos asesinados en 1995 para que Estados Unidos se hiciera cargo de la situación y empujara a una Europa ineficaz a poner fin a los combates.
Durante demasiado tiempo, las autoridades de los Estados Unidos estuvieron convencidas de que las guerras balcánicas eran fruto de odios centenarios y de un nacionalismo fanático, más que de las ambiciones autocráticas de Milosevic, pero cuando la OTAN aplicó la línea dura –con el apoyo de la ONU únicamente en Kosovo y sólo más tarde– su régimen se desplomó y se calmaron las pasiones.
En la actualidad, la nueva situación surgida de la era post Milosevic en los Balcanes dista mucho de ser perfecta, las tensiones sectarias están aún vivas y es frágil la democracia. No puede prescindirse aún del acantonamiento de tropas occidentales en Bosnia, Kosovo y Macedonia, pero nadie duda seriamente de lo correcto de esta injerencia. La tragedia de los Balcanes consiste en que a Occidente le tomó demasiado tiempo decidirse a poner fin a los actos del hombre que murió este fin de semana, solitario, un criminal de guerra en gran medida olvidado.

«Un Hitler de poca monta»

Autor Wesley K. Clark

 El general Wesley Clark fue comandante en jefe de las fuerzas de la OTAN en Europa (1997-2000). Con este cargo dirigió las tropas de la Alianza durante la guerra de Kosovo. Fue candidato desafortunado a la investidura demócrata para las elecciones presidenciales estadounidenses de 2004.

Fuente ABC (España)
Referencia «Un Hitler de poca monta Wesley Clark, ABC, 15 de marzo de 2006.

Resumen La muerte de Slobodan Milosevic en La Haya constituye una verdadera tragedia para la comunidad internacional, pero sobre todo para los serbios. Conozco a Milosevic como líder nacionalista y como adversario en tiempos de guerra. Cuando Richard Holbrooke negoció el acuerdo de paz en 1995, pasé muchas horas negociando con él. En 1997 discutimos la aplicación de los acuerdos de Dayton. En 1998 le pedí su colaboración para impedir un reinicio del conflicto, en 1999 realicé la campaña militar para poner fin a la limpieza étnica en Kosovo y en 2003 testifiqué en su proceso.
Su muerte no soluciona nada. Milosevic es responsable de miles de muertes. Era un táctico brillante, pero un mal estratega que multiplicó las masacres. Fue un brillante negociador en Dayton, pero no cumplió sus promesas pues soñaba con una gran Serbia. En 1998 inició una política de limpieza étnica en los Balcanes, en Kosovo. La OTAN quiso negociar, pero Milosevic no detuvo su acción. Tras 78 días de acciones retiró sus tropas.
Con su muerte, Milosevic priva a millones de personas de su derecho a la verdad y a la justicia.

«La sangrienta herencia de un hombre cuyo talento era mentir»

Autor Paddy Ashdown

 Ex dirigente del Partido Liberal Demócrata británico (1988-1999), Paddy Ashdown fue Alto Representante para Bosnia-Herzegovina (2002-2005). En la actualidad es miembro de la Cámara de los Lores.

Fuente The Independent (Reino Unido)
Referencia «Bloody legacy of a man whose talent was lying », por Paddy Ashdown, The Independent, 13 de marzo de 2006.

Resumen La herencia de Slobodan Milosevic es la sangre y el caos. Fue en gran parte responsable por los miles de muertos que provocó la desintegración de Yugoslavia, incluso Franjo Tudjman tuvo también su cuota de responsabilidad. Milosevic fue más un oportunista que un nacionalista, pero liberó las fuerzas del nacionalismo serbio. La respuesta fue Tudjman en Croacia, y un genocidio y limpieza étnica en Bosnia.
Milosevic llevó el desastre y cubrió de vergüenza a los serbios, pueblo que ante los ojos del mundo es el responsable de masacres como la de Srebrenica. Al final los serbios se dieron cuenta de quién era y lo derrocaron. Durante mucho tiempo engañó a los dirigentes occidentales y la intervención en su contra se produjo demasiado tarde. Logró burlarlos por su atracción y capacidad para mentir.
Hoy los Balcanes son los campeones mundiales de la teoría del complot; confiemos en que pronto encontrarán teorías sobre la muerte de Slobodan Milosevic. ¿Pero para qué habría servido su muerte? En todo caso no ayuda al tribunal de La Haya.

«Decidió que su estado de salud debía empeorar»

Autor Carla Del Ponte

 Ancienne procureur générale de la Confédération helvétique, Carla Del Ponte est procureur du Tribunal pénal international ad hoc pour l’ex-Yougoslavie (TPIY)

Fuente Le Monde (Francia)
Referencia «Il a décidé que son état de santé devait empirer », por Carla del Ponte, Le Monde, 14 de marzo de 2006. Texto adaptado a partir de una entrevista.

Resumen En mi opinión, fue Slobodan Milosevic quien decidió que su estado de salud debía empeorar. Tomó medicamentos a escondidas, ya fuere para ir a Moscú o para suicidarse. Seguíamos de cerca su estado de salud y desde que me anunciaron su muerte pensé en suicidio. No había nada alarmante en los informes médicos que se me entregaban, simplemente una polémica en cuanto al tratamiento a administrársele. Hay que saber lo que le provocó el infarto, pero en todo caso nos jugó una mala pasada. ¡Después de todo lo que se hizo! Es increíble. Es difícil de aceptar, pero así es.
El proceso debía terminar este verano y no esperábamos nada destacado por parte de la defensa. Si hoy me dijeran de presentarme en la corte y solicitar la pena no tendría ningún problema. Puedo hablar durante horas de la culpabilidad de Milosevic, y habría pedido cadena perpetua. Me ha decepcionado esta muerte que se me adelanta, pero voy a reaccionar. Quiero a Radovan Karadzic y a Ratko Mladic.
No creo que esta muerte tenga impacto en la cooperación serbia con el tribunal. Creo incluso que ocurrirá lo contrario, un aceleramiento.
Considero que tuvimos razón al juzgar la política de Slobodan Milosevic en su conjunto y no por cada uno de los hechos como en el caso de Sadam Husein. La justicia debe ser un hecho de reconciliación. Si alguien quiere una justicia a la carta, muy bien, pero será otro quien asuma esta responsabilidad, no un fiscal de tribunal. Un juicio no es sólo una condena. Estos procesos deben sacar a la luz la verdad, aclarar los hechos.

«Para los serbios, la muerte de Milosevic lava una mancha»

Autor Milan Panic

 Entrepreneur serbo-états-unien et PDG de l’entreprise MP Biomedicals, Milan Panic a été Premier ministre yougoslave (1992-1993).

Fuente International Herald Tribune (Francia)
Referencia «For Serbs, Milosevic’s death removes a stain», por Milan Panic, International Herald Tribune, 14 de marzo de 2006.

Resumen Todos los países tienen malos y buenos dirigentes en su historia. Para nosotros, los serbios, Slobodan Milosevic fue el peor. No sólo fue el responsable de las muertes en la guerra contra Croacia o de las masacres en Bosnia y Kosovo, sino que fue también responsable de la desintegración de Yugoslavia y de los bombardeos norteamericanos de 1999.
Como había dicho a Madeleine Albright algunos meses antes de la intervención de la OTAN, deseaba que las tropas de la Alianza fueran a Belgrado para detener a Milosevic. Fue en ese momento que hubiera debido ser enviado a La Haya. Albright declaró que era ilegal y rechazó la idea, pero no consideró inmoral bombardear una población serbia inocente. Hoy, en su reescritura de la historia, los norteamericanos declaran que fueron los bombardeos los que debilitaron y provocaron la caída de Milosevic. Falso, lo fortalecieron y eso prolongó su reino.
Cuando fui primer ministro a principios de los años 90, era opositor de Slobodan Milosevic. Se encolerizó contra mí, falseó las elecciones y me privó así del poder. Si no lo hubiera hecho, Serbia fuera hoy miembro de la Unión Europea. Ahora hay que asegurarse de que los antiguos cuadros del Partido Comunista serbio no convenzan a la población serbia de que Milosevic fue envenenado.
Ahora que Milosevic ha muerto, debemos reconstruir nuestra reputación.

«Rusia y Milosevic»

Autor Hani Shadi
Hani Shadi est écrivain et correspondant à Moscou de plusieurs journaux arabes dont Al Watan, et de chaînes de télévisions telles que la BBC.

Fuente Al Watan
Referencia «روسيا وميلوسيفيتش », por Hani Shadi, Al Watan, 15 de marzo de 2006.

Resumen La muerte imprevista del dictador serbio Milosevic en su celda de La Haya ha producido descontento, en todos los planos, en la mayoría de los moscovitas. Mientras que algunos no hacen más que lamentar su deceso, los otros acusan a Occidente y a La Haya de estar por detrás de su muerte. El ministro ruso de Relaciones Exteriores presentó sus condolencias a la familia del difunto y recordó que había propuesto recibir a Milosevic en Moscú para ser hospitalizado, pero el tribunal de La Haya rechazó la propuesta rusa.
Por su parte, el ministro ruso de Relaciones Exteriores, Serguei Lavrov, declaró que su país no cree que los resultados de la autopsia sean válidos, de ahí que Rusia enviara una delegación de cardiólogos a revisar el informe forense. Asimismo, el vicepresidente del parlamento ruso, V. Gironovski, la emprendió contra los países occidentales acusándolos de haber matado al líder serbio.
La posición rusa con respecto al ex presidente de Yugoslavia tiene su explicación en las relaciones históricas entre ambos pueblos, el ruso y el serbio, relación fortalecida por tener las mismas raíces religiosas y lingüísticas, aunque algunos expertos, como el analista político ruso S. Markov, piensen que Moscú no simpatiza con Milosevic, sino con el pueblo serbio. Por otra parte, las fuerzas nacionalistas e izquierdistas rusas no ocultan su apoyo y simpatía hacia el dictador serbio. ¿No es acaso el símbolo nacionalista de su pueblo?
Estas mismas fuerzas se precipitaron para acusar a Occidente de haber implementado un complot entra la ex Yugoslavia después de haber logrado destruir a la ex Unión Soviética. Acusaron igualmente al ex presidente ruso Boris Yeltsin de haber abandonado a Milosevic para unirse a los occidentales.
Es muy probable que Moscú juegue la carta de la muerte de Milosevic para denigrar a La Haya, sobre todo porque otros líderes deberán comparecer ante este tribunal.

«Cómo el TPI permitió que Milosevic se convirtiera en víctima»

Autor François Terré

 Agrégé de droit privé, docteur en droit, ancien avocat et professeur de droit et ancien conseiller technique du ministre français de la Justice Jean Foyer (1962-1967), François Terré préside l’Association française de philosophie du droit depuis 1983 et dirige les Archives de philosophie du droit. Il est membre de l’Institut de France.

Fuente Le Figaro (Francia)
Referencia «Comment le TPI a permis à Milosevic de se poser en victime», por François Terré, Le Figaro, 13 de marzo de 2006.

Resumen Cualesquiera que hayan sido los actos cometidos por Slobodan Milosevic y las causas de su muerte, hay algo que queda claro: se le sometió a una parodia judicial. Al crear el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia luego de los horrores que acompañaron la desintegración de este país, el Consejo de Seguridad, en 1993, actuó fuera de sus facultades. Además concedía a esta jurisdicción penal de excepción poderes exorbitantes, comenzando por la posibilidad de establecer por sí misma el procedimiento que allí se seguiría, lo que ocurrió unas doce veces entre 1994 y 1997.
El contenido del reglamento revela cómo éste atentaba de forma inadmisible contra los principios elementales de los procedimientos penales y cómo se pisoteaban los derechos de la defensa. El tribunal de primera instancia no exige la prueba de lo que es de notoriedad pública aunque se sepa cuán manipulada fue la opinión pública por parte de las empresas de comunicación norteamericanas. Los «testigos expertos» falsearon el curso de los debates, y el financiamiento y la composición de las jurisdicciones fueron contrarios a los principios elementales del derecho. No se admitió a ningún magistrado serbio. Agreguemos a esto formas de proceder indignas como el ocultamiento de documentos, los engaños para atraer personajes dispuestos a cooperar con el trabajo de la llamada justicia y el regateo con el gobierno serbio para liberar a Milosevic.
La señora Carla del Ponte se ha expresado de forma cruda, pero sus métodos permitieron que Milosevic se presentara como defensor de los principios del derecho y como víctima. Aún hoy existen juristas demasiado apegados al derecho y a la justicia como para soportar deformaciones intolerables.

«De Milosevic a Sharon»

Autor Elias Khouri
Elias Khouri es escritor y redactor jefe de la sección cultural del diario Annahar. Es igualmente profesor de conferencias en la universidad de Nueva York.

Fuente Al Quds Al Arabi (Reino Unido)
Referencia «من ميلوسوفيتش الي شارون», por Elias Khouri, Al Quds Al Arabi , 14 de marzo de 2006.

Resumen El dictador serbio muere antes de ser juzgado, y el tema concierne a todos aquellos cuya memoria se redujo debido a la acción de los Estados Unidos después que ganaran la Guerra Fría.
Milosevic y la banda de criminales serbios merecen comparecer ante el tribunal de La Haya para pagar sus crímenes. Sin embargo, la comunidad internacional ha olvidado, o pretende olvidar, que el único que defendió los delitos de purificación étnica de Kosovo y que rechazó la intervención internacional para obligar a Milosevic a aceptar el regreso de dos millones de refugiados fue un general israelí llamado Ariel Sharon. Fue antes de que Bush lo calificara como «hombre de paz». Antes de que se convirtiera en presidente del gobierno israelí, etc. El resto es conocido.
Sharon fue el único político en el mundo que vio la utilidad del líder serbio y lo apoyó. El ex general se olía que la política contra la purificación étnica amenazaba al Estado hebreo, que desde 1948 la había llevado a cabo. Nadie se opuso entonces al punto de vista del general Sharon, que sin embargo puede ser comparado con las visiones «locas» del presidente iraní. Tampoco ningún responsable estableció vínculos entre la purificación étnica israelí y la serbia.
Los Estados Unidos eliminaron toda posibilidad de fundar un mundo justo donde el derecho internacional fuera la clave para la solución de los diferentes conflictos. Así, establecieron dos vías jurídicas diferentes: la de La Haya, para juzgar los crímenes de guerra en Serbia y Rwanda, y la de Guantánamo, Abou Ghraib y la de la opresión israelí, que destruye las reglas del derecho internacional. El objetivo, detrás de tal política, puede ser dividido en dos. La primera parte es el petróleo árabe que justifica la invasión estadounidense del Golfo, donde la administración Bush opera contra los principios del derecho internacional.
La política israelí es exonerada del cumplimiento del derecho internacional que no deja de violar. Por otra parte, entre Milosevic y Sadam se constata una flagrante discriminación. Mientras que el juicio del primero está previsto en un tribunal internacional, el segundo comparece ante un tribunal miserable de Bagdad. La razón es clara y simple: abrir los expedientes de los crímenes de lesa humanidad cometidos por el dictador iraquí ante un tribunal de Bagdad evitará implicar a las fuerzas de ocupación en el expediente criminal.
Es verdaderamente lamentable que Milosevic haya muerto antes de ser juzgado.

«Milosevic, el Sadam de los Balcanes»

Autor Justin Raimondo

 Justin Raimondo es director del sitio Antiwar.com y redactor del periódico The American Conservative, de Patrick Buchanan. Es miembro del Randolph Bourne Institute, así como del Ludwig von Mises Institute, dos think tanks libertarianos y no intervencionistas en los Estados Unidos. Cercano a los conservadores libertarianos, es autor de numerosas obras entre las que se encuentra la biografía del padre fundador del movimiento libertariano Murray N. Rothbard An Enemy of the State. Es coautor, junto a Pat Buchanan, del libro Reclaiming the American Right: The Lost Legacy of the Conservative Movement y de Into the Bosnian Quagmire: The Case Against U.S. Intervention in the Balkans.

Fuente #The American Conservative (Estados Unidos)
Referencia «Slobodan Milosevic,RIP», por Justin Raimondo, The American Conservative, 14 de marzo de 2006.

Resumen La muerte de Milosevic fue la ocasión para que todas las facciones del Partido de la Guerra, más allá de sus querellas actuales sobre la guerra de Irak, se unieran para una manifestación de unidad bipartidista y transcorrientes: desde el Weekly Standard a la New Republic, pasando más o menos por todo lo que se encuentra entre estos dos polos de los medios de comunicación políticos, la opinión consensual es que la guerra de «liberación» de Kosovo, aplastada por la bota serbia, era una causa justa. Los mismos demócratas clintonianos que hoy describen el desvergonzado unilateralismo de los Estados Unidos en Irak, aprobaron sin embargo la guerra contra «el carnicero de los Balcanes» –empresa sin el acuerdo de la ONU– y la defienden hoy.
El bombardeo de Yugoslavia, que mató entre cinco mil y siete mil civiles serbios, fue ásperamente combatido en aquel momento por los republicanos en el Congreso, por lo que fueron acusados por el equipo contrario de minar la moral de las tropas y actuar como la quinta columna de los serbios. Por eso, cuando George W. Bush y sus partidarios ponen en duda el patriotismo de los adversarios de la guerra en Irak, la gritería de los demócratas no me provoca simpatía. Nada es más dulce a mi oído que los chillidos de un hipócrita clavado en su propia estaca.
La imagen de un viejo «Slobo» en uno de los periódicos me despertó la nostalgia –recuerdos de los buenos viejos tiempos cuando Antiwar.com era joven y apenas comenzábamos a desenmascarar las artimañas del Partido de la Guerra. No era fácil entonces ser un activista pacifista; no éramos muchos frente a las multitudes de izquierda que apoyaban la primera ola del intervencionismo wilsoniano que más tarde debería transformarse en doctrina Bush. Teníamos frente a nosotros un amplio frente unido, compuesto por militantes del Partido Demócrata, de neoconservadores, de George Soros y de intelectuales de izquierda tipo Susan Sontag con su suéter de cuello alto negro, Bianca Jagger y la pasionaria trotskista Vanessa, todos empeñándose en satanizar a la totalidad de los serbios. Para el periódico New Republic, eran un pueblo intrínsicamente malo que merecía el castigo colectivo, una «reeducación en profundidad» y una ocupación militar permanente.
Milosevic era el Sadam de los Balcanes, y Serbia –un país en ruinas, sin recursos económicos o militares y que en lo absoluto amenazaba a los Estados Unidos– tenía una misteriosa semejanza con el Irak de antes de la guerra. Dominada por un partido único desde hacía décadas, con una economía destruida por años de mala gestión socialista y de saqueo mercantilista, dominada por el terror y la corrupción, Serbia –como Irak– quería creer en el mito de la soberanía. Poco importa que Kosovo hubiera pertenecido a Serbia durante siglos, que albergara la sede histórica de los mitos nacionales, que sus iglesias albergaran el alma serbia– nada de eso tenía sentido para los americanos, como no lo tiene hoy que esas iglesias estén carbonizadas y que Kosovo haya caído en manos de terroristas y de señores de la droga de la mafia albanesa, convirtiéndose en encrucijada internacional de la trata de blancas y del tráfico de armas.
Lo que cuenta es que los moralistas de la izquierda intervencionista puedan congratularse entre ellos y darse palmadas en la espalda por haber detenido el «genocidio», pues las palabras «campo de concentración», «genocidio», «Hitler-nazi», «limpieza étnica», puestas de moda por los neoconservadores para justificar la invasión de Irak, fueron probadas y echadas a rodar por la Casa Blanca de entonces para justificar una guerra contra un país que no nos había atacado nunca y que no nos amenazaba.
Hoy existen demócratas que dicen haber sido engañados para la guerra de Irak. ¿Cuántos entre ellos recuerdan que no es la primera vez? ¿Saben acaso que todavía tenemos tropas en Kosovo? ¿Se lanzan a la calle por su retirada? Hoy se ofenden porque Halliburton se aprovecha de la guerra, pero ninguno dijo una palabra cuando esta misma compañía obtuvo miles de millones por contratos exclusivos para construir las bases militares estadounidenses en los Balcanes. Parece mentira lo rápido que olvidamos. Y por eso estoy aquí: para recordarles, sin muchos cumplidos, que nada de esto es nuevo.

«Puedes dormir tranquilo, Bill Clinton: Milosevic ya no puede hablar»

Autor Jeremy Scahill

 Jeremy Scahill es periodista para la radiotelevisora estadounidense Democracy Now.

Fuente Antiwar.com (Estados Unidos)
Referencia «[Rest Easy, Bill Clinton: Milosevic Can’t Talk Anymore->http://www.antiwar.com/orig/jscahill.php?articleid=869», por Jeremy Scahill, Antiwar.com, 14 de marzo de 2006.

Resumen Tras la muerte de Milosevic, los medios de los grandes grupos de prensa han silenciado hechos que también ignoraron en vida de éste, como su profundo conocimiento de los crímenes de guerra cometidos por los Estados Unidos en Yugoslavia. Si bien Milosevic era sin lugar a dudas un criminal de guerra que mereció ser juzgado por sus crímenes, era igualmente el único hombre capaz de exponer con lujo de detalles y en toda su magnitud el papel desempeñado por los Estados Unidos en la sangrienta desintegración de Yugoslavia durante los años 90. Esto fue su principal motivación de combate en el TPI hasta su muerte.
El TPI, un mal sustituto de corte internacional, más próximo a un tribunal de vencedores que de justicia, habría podido permitir, a través del caso Milosevic, que salieran a la luz los detalles del bombardeo ilegal a Yugoslavia por parte de la OTAN y los Estados Unidos, durante 78 días, en 1999. Regularmente amordazado por aspectos de procedimiento planteados por la corte, Milosevic trató varias veces de hacer debatir estas cuestiones. Con su muerte desaparece la última esperanza de las víctimas de dichos crímenes en Yugoslavia de obtener algún día, si no reparación, al menos reconocimiento ante la justicia internacional.
La muerte de Milosevic significa que los que bombardearon Yugoslavia durante 78 días hace siete años, matando a miles de personas, serán de una vez y por todas protegidos frente cualquier investigación pública. Nadie tendrá que responder nunca por el bombardeo estadounidense a la radiotelevisión serbia, que mató a 16 periodistas y técnicos. Idem para los bombardeos con bombas de fragmentación del mercado de Nis, que masacró a civiles inocentes. Lo mismo para la utilización de armas de uranio empobrecido o para los bombardeos a las plantas petroquímicas y que provocaron el vertimiento de productos tóxicos al Danubio. No habrá condena por el bombardeo a los albaneses realizado por los Estados Unidos o por el ataque deliberado a un tren civil de pasajeros, o por el bombardeo de la embajada china en Belgrado.
Milosevic habría expuesto igualmente cómo los Estados Unidos apoyan en Kosovo a un régimen que expulsó sistemáticamente a los serbios, roms y otras minorías étnicas de sus casas y quemó una buena cantidad de iglesias. Habría probado que los Estados Unidos equiparon y formaron al Ejército de Liberación de Kosovo, cuyo comportamiento fue el de un escuadrón de la muerte; o cómo el nuevo primer ministro de Kosovo, Agim Ceku, es un criminal de guerra formado por Estados Unidos y que ganó sus infames galones en Bosnia y Kosovo.
Es una ironía que la última batalla legal de Milosevic haya sido el intento de que su viejo amigo y adversario, Bill Clinton, testificara en su proceso. No hay dudas de que habría hecho preguntas incómodas a quien dirigiera los Estados Unidos durante esta guerra. Las autoridades jurídicas de La Haya hicieron todo lo posible para que tal confrontación no tuviera nunca lugar y el gobierno de los Estados Unidos llegó a amenazar con sanciones militares a cualquier país que obligara a un funcionario estadounidense a testificar ante este tribunal. Con o sin Clinton, la defensa hubiera puesto en evidencia y documentado detalladamente los crímenes de guerra cometidos por los Estados Unidos.

 



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