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Tribunas y análisis - 19 de diciembre de 2005
La OTAN y el «choque de civilizaciones»

Análisis

Como ya hemos explicado en estas columnas, el «Choque de Civilizaciones» no es una simple teoría sobre la evolución de las relaciones internacionales. Se trata de un programa concebido en el seno del Consejo Nacional de Seguridad de Estados Unidos y los think tanks ligados al complejo militar et industrial con el fin de inventar un adversario estratégico ficticio que permita justificar el aumento de los créditos militares y el intervencionismo militar en las regiones donde se concentran los últimos recursos energéticos fósiles que pueden ser explotados.
Sobre esa base, se inventó el mito, ampliamente propagado por los medios de difusión, de la existencia de un gran complot islamista mundial en guerra con «Occidente». Los atentados del 11 de septiembre de 2001 significarían entonces una declaración de guerra equivalente al inicio de la Guerra Fría, Al-Qaeda representaría una amenaza comparable a la de la URSS (y hasta más peligrosa) y para poder enfrentar esta situación habría que transformar radicalmente el orden mundial establecido al término de la Segunda Guerra Mundial. Estos postulados se integran al discurso dominante sobre la globalización económica para conformar una vulgata ideológica que justifica al mismo tiempo la revisión del derecho internacional, la restricción de las libertades ciudadanas y la adopción del modelo económico anglosajón bajo el presupuesto de que el siglo XXI ofrece a la vez «nuevas oportunidades» y «nuevos peligros». En pocas palabras, el mundo tiene que «adaptarse a los nuevos retos del siglo XXI», slogan que los lectores de Tribunas y Análisis encuentran constantemente en nuestros resúmenes.

La base del aspecto geopolítico de ese discurso común es la hipertrofia mediática del «peligro islamista», comparable a los totalitarismos nazi y estalinista. Aunque no siempre asumida, esa comparación sirve como postulado inicial implícito en numerosos análisis o justificaciones políticas. Pocos responsables de la toma de decisiones políticas o analistas geoestratégicos de los medios dominantes la ponen hoy en duda.
Sin embargo, el ex consejero de Jimmy Carter para la Seguridad Nacional Zbigniew Brzezinski, denuncia como improductivo el énfasis que se pone en Al-Qaeda y en el terrorismo islámico. Brzezinski afirma en el Washington Post que la insistencia de la administración Bush en la denuncia del «yihadismo» hace ver a Estados Unidos como un país de cobardes y rompe el impulso movilizativo y unificador de Washington a nivel mundial. Por otro lado, esa retórica perjudica la política estadounidense en contra de Rusia y favorece, según Brzezinski, la de Vladimir Putin. En la tribuna de quien fuera el creador de la política del cansancio de la URSS en Afganistán se nota que, más que la fraseología bushiana, lo que pone en tela de juicio son las prioridades estratégicas. Para Brzezinski, como para una parte de los demócratas, la oposición al resurgimiento ruso constituye una prioridad por lo menos tan importante como el control del Medio Oriente. Siendo así, toda política que pueda dar lugar a un acercamiento entre Rusia y los países musulmanes debe ser combatida.
A pesar de ello, la opinión de Brzezinski tiene hoy un carácter excepcional en el campo mediático occidental.

También en el Washington Post, la secretaria de Estado estadounidense, Condoleezza Rice, promueve los principios de su política exterior, mucho más acorde con la ideología dominante. En su tribuna, que contiene numerosas alusiones, Condoleezza Rice expone su doctrina, en la que entremezcla el principio de la Pax Democratica, tan importante para Madeleine Albright, el peligro islamista y el choque de civilizaciones. Afirma que el mundo ha sufrido cambios radicales y que las amenazas que se ciernen sobre todos los Estados del mundo no son ya de orden estatal. El peligro viene de redes terroristas que proliferan en los Estados débiles o en vías de descomposición. Ello implica que conviene reducir en lo adelante la importancia de la soberanía de los Estados en el sistema internacional ya que se hace necesario actuar en lugar de los Estados impotentes, sobre todo teniendo en cuanta que –según Rice– la principal amenaza no es ya la guerra entre Estados. La secretaria de Estado afirma además que lo importante no es ya la correlación de fuerza entre los Estados sino los regímenes adoptados. Esa fórmula sibilina significa que el nuevo orden internacional que desea la administración Bush no debe preocuparse por establecer igualdad entre los Estados ni por la hegemonía estadounidense sino garantizar la difusión de un tipo de régimen.
Condoleezza Rice no habla de la «comunidad de democracias» que promovía Madeleine Albright pero uno no puede menos que pensar en ella al leer su texto. Tampoco afirma que el «yihadismo» sea una amenaza comparable al bloque soviético, pero lo sugiere cuando compara su propia acción a la de Dean Acheson, el secretario de Estado en funciones al principio de la Guerra Fría. Finalmente, teniendo en cuenta que Rice acaba de regresar de un viaje por Europa y que Acheson fue el fundador de la OTAN, uno no puede menos que sentirse inclinado a interpretar el texto de la Secretaria de Estado sobre el necesario «cambio de doctrina» como un llamado a una reforma de la Alianza Atlántica y de las herramientas creadas para la Guerra Fría.

Condoleezza Rice no habla de la OTAN en su texto, pero su gira por Europa situó de nuevo a ese pacto militar en el centro de las preocupaciones atlantistas en los medios de difusión. La mayoría de los textos publicados sobre el tema arrojan que la Alianza Atlántica debe «adaptarse a los nuevos retos del siglo XXI», para retomar la fórmula consagrada. Tiene que convertirse en una máquina al servicio de los intereses estadounidenses frente a los nuevos enemigos designados con el pretexto de promover la democracia.
La OTAN ya ha cambiado mucho. Durante los años 1990 se convirtió en una alianza militar ofensiva en la ex Yugoslavia arrogándose el derecho de condenar o de atacar Estados en lugar de la ONU. Durante la cumbre del cincuentenario analizó la posibilidad de ir más allá de su zona de acción tradicional y de extender sus misiones, incluyendo la realización de acciones policíacas. Así lo hizo cuando atacó Afganistán después de los atentados del 11 de septiembre, y hoy los dirigentes atlantistas reclaman que se extiendan su territorio y prerrogativas.

Como muestra de esa transformación, el servicio de prensa de la OTAN difunde el discurso que el secretario general de la Alianza Atlántica, Jaap de Hoop Scheffer, pronunció el 1ro de diciembre de 2005, en Doha, durante la conferencia sobre el papel de la OTAN en el Golfo Arábigo-Pérsico, organizada conjuntamente por la OTAN y la Rand Corporation. Se trataba de la primera visita oficial de un secretario general de la OTAN en funciones a la región. El autor presenta las evoluciones de la alianza y llama a una asociación con los Estados del Golfo. Elogia la colaboración entre esos países y la Alianza Atlántica en el seno de la Iniciativa de Estambul y la justifica en nombre de las evoluciones geopolíticas y las transformaciones de los regímenes locales. De ese modo, presenta a la OTAN como una organización que apoya las reformas democráticas regionales y que extiende su protección (generosa) a las naciones en vías de democratización ante la nueva amenaza global que representa –según él– el terrorismo internacional.

Pero hoy, para los círculos atlantistas, la estructura actual de la OTAN no se adapta ya a los nuevos objetivos que se le quieren asignar. Los responsables se movilizan, por lo tanto, a favor de una transformación de sus estatutos y de su organización militar.

En Le Monde, Victoria Nuland, embajadora estadounidense ante la OTAN y esposa del teórico neoconservador Robert Kagan, llama a reformar la alianza aunque mantiene la más completa oscuridad en cuanto a las modificaciones concretas que desearía aportar a sus estructuras. Su tribuna es ante todo la repetición constante de la argumentación clásica sobre la naturaleza global de los «peligros del siglo XXI». Sin embargo, aunque su texto no contiene ninguna proposición concreta, ilustra el proyecto estadounidense sobre la OTAN. Al pedir que la Alianza Atlántica se convierta en centro de reunión de las democracias y que actúe en el campo militar, en el humanitario y hasta en el sector económico (para garantizar la prosperidad de sus miembros), la señora Nuland reemplaza a la ONU por la OTAN. Aunque no lo dice, la embajadora prepara a los lectores de Le Monde para el reemplazo de la organización internacional por una comunidad de democracias atlantistas basada en la OTAN.
En el diario conservador español ABC, el ex presidente del gobierno español, José María Aznar, presenta un análisis análogo, basado en un informe [La OTAN, una alianza por la libertad] (Ver también el escrito del especialista militar Viktor Litovkin). Aznar también afirma que la OTAN debe cambiar y adaptarse a las «nuevas amenazas» y que tiene que enfrentar el «peligro yihadista». Para eso es necesario que la OTAN se convierta en la alianza militar de las «democracias», incluyendo a Japón, Israel y Australia. Yendo más lejos, el autor pide también que la alianza desarrolle su importancia en el campo de la seguridad interna de sus miembros y que rompa con el principio de unanimidad en la toma de decisiones. En esas condiciones, la OTAN podría influir en las legislaciones nacionales en materia de seguridad sin tener que someterse al principio de unanimidad. La incorporación de países atlantistas como Australia, Japón e Israel reforzaría además el peso de Estados Unidos en el seno de una organización sometida al principio de la mayoría.
Recordemos que la vocación de la OTAN no es precisamente la de una alianza de democracias, como pretende Aznar. El Portugal de Salazar estuvo entre sus fundadores, la Grecia del régimen de los coroneles encontró su lugar en ella y, mediante de la red stay behind, la alianza participó en diferentes intentos desestabilizadores contra Estados miembros o en golpes de Estado. Aunque es cierto que España no entró formalmente a la alianza hasta 1981, luego de la democratización española, también es cierto que la OTAN no hizo absolutamente nada para apoyar la democratización de ese país y que se esforzó al máximo por impedir que los comunistas españoles desempeñaran un papel importante en el proceso democrático.
Al reforzar el peso de la OTAN en los asuntos internos de los países europeos en nombre de la lucha contra la «amenaza islamista» estaríamos asistiendo a un recrudecimiento de las capacidades de injerencia política de Estados Unidos, injerencia que no tiene nada de «democrática».

Sin embargo, no es seguro que Estados Unidos disponga de los medios necesarios para reformar la OTAN y convertirla en lo que quiere Washington.
El editorialista conservador del Washington Post, Jim Hoagland, estima que los países de la «vieja Europa» podrían bloquear el tan deseado proceso de «reforma». Recomienda prudencia a la administración Bush, aunque también le aconseja aprovechar el momento actual: los dirigentes franceses tienen problemas internos que debilitan su nociva influencia en el seno de la alianza atlántica y Gerhard Schroder fue substituido por una canciller mucho más abierta. O sea, si Estados Unidos actúa con habilidad y se apoya en el Reino Unido, Italia y los países del antiguo bloque soviético, la administración Bush podría lograr transformar la alianza conforme a sus deseos.
Por su parte, en medio de este optimismo atlantista y sueños de reforma, el analista atlantista y consejero de Angela Merkel, Detlef Drewes, se inquieta por el futuro de la Alianza Atlántica desde las páginas del Braunschweiger Zeitung. La duplicidad del discurso estadounidense sobre los valores democráticos se ha hecho evidente para todos y Washington no parece estar dispuesto, o capacitado, a hacer nada para remediarlo. En esas condiciones, se hace difícil, en términos de imagen, que los gobiernos europeos puedan asociarse a Estados Unidos y realizar acciones conjuntas.

Red Voltaire




19 de diciembre de 2005

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Temas
 11 de septiembre de 2001

Países
 Estados Unidos
 OTAN
 Control de Europa

Autores y fuentes de las Tribuna y análisis

«¿Tienen estas dos cosas algo en común?»

Autor Zbigniew Brzezinski

Zbigniew Brzezinski fue asesor de Seguridad Nacional del presidente Carter y director ejecutivo de la Comisión Trilateral. Miembro del Center for Strategic and International Studies. Entre sus obras más conocidas se halla El gran tablero (de ajedrez) mundial.

Fuente Washington Post (Estados Unidos)
Referencia

«Do These Two Have Anything in Common?», por Zbigniew Brzezinski, Washington Post, 4 de diciembre de 2005.

Resumen

En une serie de discursos al pueblo norteamericano, George W. Bush comparó el terrorismo actual con la amenaza que representó en el pasado el totalitarismo comunista. ¿Es válida esta comparación?
Cuando el Presidente hizo esta comparación, puso implícitamente a Bin Laden al mismo nivel de Lenin, Stalin o Mao y sugiere que el disidente saudita que se oculta en unas cuevas (o que está muerto) ha creado una doctrina universal. La «yihad» tendría capacidad para dominar la mente de centenares de millones de personas. Es un buen halago para Bin Laden, pero no se justifica.

La ideología de Bin Laden sólo tendría cabida en algunas regiones del mundo, mientras que el comunismo es una doctrina de repercusión universal. Además, el comunismo era un reto ideológico global apoyado por una enorme potencia militar. Los dos bloques hubiesen podido causar la muerte de 120 millones de norteamericanos y de soviéticos en unas pocas horas en un intercambio de lanzamientos nucleares. Comparado con eso, Al Qaeda no tiene una ideología atractiva, y sus recursos, al menos por ahora, son limitados.

El temor que inspira la comparación puede tener una fuerza movilizadora a corto plazo pero, a largo plazo, sólo puede provocar el deterioro de la imagen de los Estados Unidos, que serán vistos como una nación guiada por el temor, lo cual hace de ellos un socio poco atractivo para nuestros aliados. Por añadidura, al asociar continuamente terrorismo e Islam, la fraseología estadounidense puede hacer que los musulmanes en su conjunto se sientan aludidos. Por su parte, retomando esta retórica, Vladimir Putin incluso ha podido justificar su guerra contra los chechenos.
Es un discurso contraproducente.


«La promesa de la paz democrática»

Autor Condoleezza Rice

Ancienne doyenne de l’université de Stanford, ancienne administratrice de la Rand Corporation et de Chevron Texaco, [Condoleezza Rice] est conseillère de sécurité nationale de George W. Bush.

Fuente Washington Post (Estados Unidos)
Referencia

«The Promise of Democratic Peace», por Condoleezza Rice, Washington Post, 13 de diciembre de 2005.

Resumen

Casi acabada de asumir mis funciones en el Departamento de Estado, decoré mi oficina con una fotografía de Dean Acheson, mi predecesor en dicho cargo después de la II Guerra Mundial. Tal como Acheson y sus contemporáneos, vivimos una época de grandes cambios que exigen la transformación de las doctrinas pasadas. Debemos romper con el status quo que ya no responde a nuestros intereses.

Hoy, por primera vez desde el Tratado de Westfalia en 1648, el riesgo de que se produzca un conflicto violento entre grandes potencias se ha vuelto casi inconcebible. Para apoyar esa tendencia, los Estados Unidos promueven las relaciones con Rusia, China, India, Japón y la UE con el objetivo de crear un equilibrio de poderes favorable a la libertad, prioridad del segundo mandato de George W. Bush. Desde hace más de 350 años, el sistema moderno se basa en la soberanía de los Estados, pero en la actualidad los riesgos mayores provienen de las dinámicas que emanan de los Estados frágiles o decadentes y del peligro de adquisición de armas de destrucción masiva por parte de movimientos criminales o terroristas. Por otro lado, la naturaleza de los gobiernos tiene ya más importancia que la distribución del poder. Por consiguiente, ya no hay que hacer distinciones entre nuestra seguridad y nuestras aspiraciones democráticas.

Esta lucha por la democracia es particularmente importante en el Medio Oriente, una región que puede y debe abrirse a la democracia so pena de ver seguir desarrollándose la ideología del odio. Eso tomará tiempo, pero crearemos las oportunidades. Es esta política la que liberó al Líbano de la ocupación extranjera, y que democratiza a la Autoridad Palestina, a Egipto o a Kuwait.
Perpetuamos la labor de Dean Acheson.


«El papel de la OTAN en la seguridad del Golfo»

Autor Jaap de Hoop Scheffer

Ex ministro demócratacristiano de Relaciones Exteriores de Holanda, Jaap de Hoop Scheffer es secretario general de la OTAN.

Fuente Service de presse de l’OTAN
Referencia

«NATO’s role in Gulf security», por Jaap de Hoop Scheffer, Servicio de prensa de la OTAN, 1° de diciembre de 2005. Este texto ha sido adaptado de un discurso pronunciado en Qatar durante una conferencia sobre el papel de la OTAN en el Golfo Arábigo-Pérsico, organizada conjuntamente por la OTAN y la Rand Corporation.

Resumen

Mi visita de hoy es la primera de un secretario general de la OTAN a la región del Golfo. Me siento complacido y honrado de estar aquí en Doha y agradezco a Qatar por haber organizado esta conferencia en asociación con la OTAN y la Rand Corporation. El tema de esta conferencia es «el papel de la OTAN en la seguridad del Golfo», lo cual ilustra el acercamiento entre la Alianza Atlántica y los Estados del Golfo. Espero que esta reunión permita también desarrollar los lazos que nos unen. Nuestro diálogo, naturalmente, es resultado de la transformación de la OTAN.

Hay tres razones por las cuales la OTAN debe tomar parte en la seguridad de la región del Golfo:
- Las amenazas que debemos enfrentar en nuestros días nos afectan a todos. El terrorismo, los Estados en decadencia, la proliferación de las armas de destrucción masiva, el tráfico de seres humanos, de armas o de drogas constituyen ya problemas globales.

- La OTAN ha cambiado; ya no trata sólo de prevenir una guerra de dimensiones considerables en Europa. Contamos ya con 26 miembros y estamos enfrascados en un gran número de tareas: mantenimiento de la paz en los Balcanes y en Afganistán, esfuerzos humanitarios en Pakistán, apoyo a la Unión Africana en Darfur, operaciones antiterroristas en el Mediterráneo, formación de tropas en Irak. Estamos creando vínculos con el mundo entero y si hacemos todo esto, es porque la OTAN es reconocida por su eficacia.
- Los países del Golfo han cambiado; los países de esta región se adaptan a la globalización y ello se traduce en cambios internos compatibles con las tradiciones árabe-musulmanas. Pero esos Estados también tienen que enfrentar las grandes amenazas globales.

El nuevo medio ambiente, la nueva OTAN y la nueva dinámica en el Golfo nos ha llevado a lanzar la iniciativa de Estambul para la estabilidad regional. Pero esto es sólo el comienzo. Todos tenemos que trabajar juntos en la lucha contra el terrorismo, por la protección de las fronteras y el manejo de la crisis mediante ejercicios militares comunes. Debemos sentirnos coproprietarios del proceso de Estambul y desarrollar nuestra complementariedad.
Muchas gracias.


«Nuevos horizontes para la OTAN»

Autor Victoria Nuland

Ancienne chercheuse au Council on Foreign Relations et spécialiste de la Russie, Victoria Nuland est ambassadrice des États-Unis auprès de l’Organisation du traité de l’Atlantique nord (OTAN). Elle est l’épouse du théoricien néo-conservateur Robert Kagan.

Fuente Le Monde (Francia)
Referencia

«Nouveaux horizons pour l’OTAN», por Victoria Nuland, Le Monde, 7 de diciembre de 2005.

Resumen

Kandahar, Darfur, Ar Rustimiyah, Bagh, hoy los militares y diplomáticos de la OTAN, en su Cuartel General en Bruselas, tienen los ojos puestos en unos pocos lugares que los atlantistas no hubiesen podido localizar hace 15 años. Después de haber trabajado durante la Guerra Fría en la protección de Europa y de Norteamérica, hoy la OTAN permite a sus 26 miembros trabajar conjuntamente para cumplir tareas que son también nuestras a lo largo y ancho del planeta.

En nuestro mundo interrelacionado, ya no podemos permitirnos interesarnos sólo en nuestros asuntos menores. Los problemas se han vuelto globales y en ningún sitio esta lección es más evidente que en Afganistán. Cuando llegué a la OTAN hace cinco años, ninguna autoridad europea se interesaba en ese país. Actualmente, los 26 Estados miembros envían sus tropas y sus recursos económicos para reconstruir ese país y convertirlo en una democracia. ¿A qué se debe esta inversión? A que lo que ocurre allí nos afecta aquí en las calles de Nueva York, en el metro de Londres y en todos los mercados de la droga en Europa y en Norteamérica. El mundo ha cambiado mucho, pero las amenazas que se ciernen sobre Europa y Norteamérica siguen siendo las mismas: la lucha que hoy llevamos a cabo contra las fuerzas extremistas y terroristas es, ante todo, la versión moderna del combate contra la brutalidad, la tiranía y la crueldad que nos llevó a forjar una alianza hace 56 años. Los norteamericanos, los europeos, la OTAN y la Unión Europea tienen, todos, un papel que desempeñar, por separado y en conjunto, para garantizar nuestro futuro y promover nuestra libertad. La OTAN debe seguir siendo el ámbito de discusión donde podamos debatir todos los problemas que afectan nuestra seguridad futura.

Actualmente, la OTAN debe llevar a cabo ajustes que le permitan enfrentar los desafíos del siglo XXI. Es preciso que los aliados logren que la OTAN sea financiada, flexible, y esté en primera línea para hacer frente al siglo XXI. Durante los últimos tres meses, la OTAN se ha movilizado para ayudar a las poblaciones que han sido víctimas de catástrofes naturales y la Alianza debe contar con los recursos necesarios para mostrarse generosa y, a la vez, apta para brindar su ayuda. La apertura del Centro de Formación y de Doctrina de la OTAN en Ar Rustimiyah, en Irak, evidencia un potencial importante y, hasta el presente, inutilizado por la Organización: el de un organismo multilateral de formación en materia de seguridad, que emplea sus conocimientos para ayudar a otras naciones del mundo a mejorar el carácter profesional y el sentido de la responsabilidad de sus fuerzas armadas.

Cuando los grandes demócratas se unan para defender la libertad y la seguridad, nuestros efectivos se desarrollarán, así como nuestra fuerza y nuestra prosperidad.


«La OTAN contra el terrorismo islamista»

Autor José-Maria Aznar

José-Maria Aznar est ancien Premier ministre espagnol.

Fuente ABC (España)
Referencia

«La OTAN contra el terrorismo islamista», por José María Aznar, ABC, 1° de diciembre de 2005.

Resumen

La OTAN fue creada en 1949 para salvaguardar la libertad, el patrimonio común y la civilización de las naciones occidentales. Se construyó basada en los principios de la democracia, de la libertad individual y del Estado de derecho, principios que siguen siendo indispensables. La Alianza nos defendió contra la amenaza soviética y debe defendernos frente a la amenaza islamista.

En los años 90 pecamos por exceso de confianza y no nos percatamos de que un enemigo se preparaba para atacarnos. El terrorismo islamista constituye para nosotros una amenaza mortal, no sólo porque se ha convertido en un terrorismo masivo, sino también porque defiende valores contrarios a los principios democráticos. Es necesario, pues, que la OTAN se modifique, haciendo adaptaciones destinadas a defendernos. La OTAN ha comenzado a cambiar, pero sigue aferrada a la agenda de los años 90. Tenemos que llevar a cabo adaptaciones y, para ello, propongo lo siguiente:

- Como el terrorismo islamista es una amenaza comparable al comunismo, la OTAN debe hacer de la lucha contra el yihadismo el punto central de su estrategia.

- Es imposible establecer una distinción clara entre seguridad internacional y nacional; la OTAN debe, pues, construir una dimensión de seguridad nacional y multiplicar las reuniones entre los ministros del Interior.

- La OTAN debe desarrollarse y convertirse en la alianza militar de las democracias liberales, incluidos Japón, Australia e Israel.

- Hay que romper con el principio de unanimidad para no afectar su funcionamiento.


«Una OTAN en vías de transformación»

Autor Jim Hoagland

Jim Hoagland es editorialista del Washington Post.

Fuente Washington Post (Estados Unidos)
Referencia

«A Transformative NATO», por Jim Hoagland, Washington Post, 4 de diciembre de 2005.

Resumen

La tranquilidad política que ha caracterizado las relaciones transatlánticas este año podría verse afectada por el proyecto estadounidense de transformar a la OTAN en una organización de seguridad global. No obstante, si se lleva a cabo correctamente, este debate podría fortalecer la unidad transatlántica y hacer de la reforma de la OTAN uno de los grandes legados del gobierno de Bush. El momento es, además, favorable. Alemania no tiene ya un gobierno hostil y el designio francés de afectar la hegemonía estadounidense se ve limitado por sus problemas internos. Por otra parte, Condoleezza Rice ha logrado la unidad de Europa junto a Estados Unidos en la crisis iraní.

El problema que persiste se debe a la diferencia de percepción del mundo entre los Estados Unidos y los europeos. Los Estados Unidos ven un mundo radicalmente desequilibrado, mientras que los europeos ven un mundo globalmente estable cuyo equilibrio estratégico evoluciona de manera gradual. Eso ha llevado a la creación implícita de una alianza en la alianza que une a la Norteamérica de George W. Bush, a la Gran Bretaña de Tony Blair, a la Italia de Silvio Berlusconi y a los países antiguamente ocupados por los soviéticos y que Donald Rumsfeld ha calificado de «Nueva Europa».

Es preciso modificar la capacidad de acción de la OTAN, pero algunos países de la vieja Europa temen las turbulencias políticas que acompañan a las transformaciones de las fuerzas militares de la Alianza. El gobierno de Bush debe transformar las discusiones sobre la reforma en un programa de renovación que será del agrado de los 26 miembros.


«La OTAN está dañada»

Autor Detlef Drewes

Proche d’Angela Merkel, Detlef Drewes est directeur du pool de journaux germanophones Büro Brüssel à la Commission européenne. Il est conseiller juridique auprès des gouvernements fédéraux et régionaux allemands et autrichiens ainsi qu’auprès de l’Union européenne.

Fuente Braunschweiger Zeitung (Allemagne)
Referencia

«Die USA auf der Anklagebank», por Detlef Drewes, Braunschweiger Zeitung, 13 de diciembre de 2005.

Resumen

La OTAN está dañada. Esta constatación no se vio nunca tan clara como en la Cumbre de ministros de Relaciones Exteriores de la OTAN, celebrada en Bruselas, y que vio a Condoleezza Rice sentarse una vez más en el banquillo de los acusados. Ella no pudo refutar en lo absoluto las acusaciones de sus colegas –a no ser vagas promesas que deberían ser evidentes para una superpotencia: se respetarán los Derechos Humanos, la tortura no es permitida y, por supuesto, lo que no autorizan las leyes estadounidenses tampoco lo será fuera de las fronteras de los Estados Unidos. Que Rice haya tenido que recordar esto no resulta tranquilizador, sino, por el contrario, es preocupante.

La política exterior del gobierno de Bush atraviesa un período sombrío. Contrariamente a la guerra en Irak, para la que podía contar siempre con algunos países miembros europeos que la apoyaban, en lo que respecta al tema de la tortura tiene que encararse a un frente unido. A esto se añade el hecho de que la ministra de Relaciones Exteriores no contaba con nada para poder esclarecer la situación o atenuar las acusaciones lanzadas contra la política de los Estados Unidos.

Esta crisis ocurre en momentos en que la Alianza Atlántica atraviesa una fase difícil. En Afganistán debe prepararse para una operación militar de enorme envergadura. En Irak, las tropas anglo-estadounidenses necesitan más que nunca la ayuda de la OTAN para estabilizar la situación. Y en Europa la gente se pregunta, con razón, cómo intervenir en el futuro en los focos de crisis al lado de una superpotencia que no respeta los valores que afirma defender mediante su acción político-militar.

La política exterior norteamericana está abocada a un desastre. Además de los problemas que enfrenta en otras partes del mundo, ahora tiene que enfrentar también el escepticismo de sus aliados. Sea cual sea el saldo que se saque del viaje de Condoleeza Rice, a pesar de las fotos con apretones de mano y las declaraciones tranquilizadoras –en materia de estabilidad de las relaciones y de confianza entre los asociados– se ha perdido una oportunidad. Eso es grave porque después de las revelaciones sobre las falsas pruebas que llevaron a invadir a Irak, después de la tortura en las cárceles iraquíes y de los vuelos secretos de la CIA, es más importante que nunca llevar a los Estados Unidos a un proceso multilateral como el que reina en la Alianza. Pero eso sólo puede lograrse si todos los miembros de la OTAN recuperan la confianza mutuamente perdida.


 



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