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El sistema optoelectrónico de la estación de control del espacio cósmico «Nurek» (otro nombre es «Ventana») es una de las instalaciones más valiosas con que cuenta Rusia en el extranjero. Situada en Tayikistán a 2,200 metros sobre el nivel del mar, permite ejercer un control eficaz sobre el espacio cósmico, particularmente sobre la situación en las órbitas elípticas de gran altura y en la órbita geoestacionaria.

La peculiaridad de un satélite geoestacionario consiste en que da una vuelta a la Tierra en 24 horas, y desde la Tierra parece que el satélite se encuentra «colgado» en un punto fijo del cielo. Es muy cómodo cuando se necesita asegurar una comunicación ininterrumpida las 24 horas, efectuar reconocimiento electrónico con fines estratégicos o detectar lanzamientos de misiles balísticos. Para los militares, la órbita geoestacionaria también es más preferible porque prácticamente no existen medios capaces de obstaculizar la labor de los ingenios espaciales colocados en dicha órbita.

Es por ello que una de las tendencias dominantes de los últimos decenios es el creciente aprovechamiento de la órbita geoestacionaria para las necesidades militares de EE UU y de los países de la OTAN. En 1972, en esa órbita se desplazaba el 7,5% de todos los aparatos espaciales de entonces; en 1993, el 42%; en 1997, el 62%; y en 2000, entre un 70 y 75%. Hoy día ese indicador rebasa el 80%. De modo que el control de la órbita geoestacionaria es una de las principales tareas que cumplen hoy las Tropas Espaciales en interés de las Fuerzas Armadas de Rusia y del Estado en general.

«Controlamos todos los objetos que se encuentran en el espacio - comenta el Comandante de las Tropas Espaciales, el coronel general Vladimir Popovkin-. Según nuestras estimaciones, en el espacio se desplazan casi 9,500 objetos, de los cuales unos 600 son ingenios espaciales en funcionamiento: satélites militares, civiles y de comunicaciones de distintos países. Nos interesan objetos con dimensiones a partir de 5 centímetros».

De hecho, «Nurek» representa los ojos de las Tropas Espaciales de Rusia. El sistema óptico que vigila el cosmos se parece en algo a un cañón con tubo corto. Pues la estación de observación cuenta con diez «cañones» rellenos de componentes electrónicos y de 41 toneladas de peso cada uno. Pronto habrá cuatro más. El funcionamiento de la estación es totalmente automático desde la detección de objetos en alturas de 2,000 a 40,000 kilómetros y la recaudación de datos (fotométricos y otros) sobre esos objetos, hasta la determinación de los parámetros de vuelo y la transmisión de los datos procesados a los puestos de mando. La luz solar que refleja el objeto permite «leer» toda la información sobre el mismo incluyendo los mínimos detalles del diseño, lo que a su vez hace posible determinar la destinación del ingenio espacial.

La estación también permite controlar aparatos espaciales que se desplazan en órbitas bajas (120 a 2,000 kilómetros de altitud). Las posibilidades que ofrece la estación rusa se deben en gran medida al lugar donde queda ubicada. Casi todo el año, en esa zona montañosa de Tayikistán hace un tiempo ideal para las observaciones. Por la cantidad de horas nocturnas favorables para esa actividad (casi 1,500 horas) y por la atmósfera (transparente y estable), la zona donde se encuentra «Nurek» es comparable a Sierra Tololo en Chile - la mejor región del mundo para efectuar observaciones- y lleva, además, indiscutibles ventajas sobre cualquier otro lugar.

Los estadounidenses tienen cuatro estaciones semejantes emplazadas a lo largo del ecuador (EE UU, isla Diego García, Corea del Sur y las islas Hawai), pero allí la cantidad de días despejados durante el año es mucho menor. También es importante señalar que la situación geográfica de la estación rusa es tal que todo aparato espacial lanzado desde el territorio norteamericano a órbitas a partir de 200 kilómetros de altitud pasa por la zona de responsabilidad de «Nurek».

Esa estación asimismo puede resolver tareas vinculadas a la actividad espacial de organizaciones civiles, en particular, prestar servicios durante los ensayos y la explotación de ingenios espaciales insertados en órbitas altas con fines científicos o económicos. Sobre todo, «Nurek» será de gran utilidad en situaciones de emergencia, tales como la «pérdida» de un aparato espacial o fallos en los sistemas de a bordo, cuando se hace imposible determinar el estado técnico de los sistemas de mando del ingenio.

«Nurek» también puede ser aprovechado para el monitoreo ecológico del espacio cósmico. Por ejemplo, para solucionar el problema de la «basura espacial»: controlar objetos de pequeñas dimensiones que pueden representar peligro para los ingenios espaciales, sobre todo para las naves tripuladas.

Hoy en día, además, es importante controlar cómo se cumplen las normas de emplazamiento de satélites en la órbita geoestacionaria. La estación de «Nurek», junto con los respectivos medios electrónicos de control, resultaría en este caso un instrumento eficaz para resguardar los intereses estatales y económicos de Rusia.

La construcción de «Nurek» había empezado en 1979, pero en 1992 la financiación fue suspendida a raíz de la complicada situación en Tayikistán. Las obras se reanudaron sólo en 1997. En verano de 2002, «Nurek» entró en servicio operacional con fines experimentales. Durante la visita del presidente ruso a Tayikistán en octubre de 2004, habían quedado suscritos documentos según los cuales la estación de control del espacio cósmico «Nurek», ubicada en territorio tayiko, pasaba a propiedad de Rusia.

Fuente
RIA Novosti (Rusia)