Red Voltaire
Boletín FELAP. Nota de Vilma García

La ley y la trampa

Decir que los últimos años han sido muy difíciles para los periodistas peruanos, no es nada nuevo. Ni es nuevo decir que el origen de los males han sido, y siguen siendo, las políticas y gobiernos neoliberales. La crisis económica, cada vez más aguda, se manifiesta en una disminución de la capacidad adquisitiva, el deterioro de las condiciones de trabajo, el aumento del desempleo y subempleo, la derogación de los derechos laborales consagrados en la constitución política y los tratados internacionales.

| Lima (Perú)
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El Estado reconoce el derecho de sindicalización -no ha derogado la ley-. Pero, "hecha la ley, hecha la trampa". La ley señala que para formar un sindicato es necesario que 19 trabajadores figuren en planilla como estables.

Y los hay. Ellos son los que dan la cara para leer las noticias -letelepronter-, aunque no sean periodistas. Basta con que sepan leer.

Están los comentaristas políticos, los analistas, los directores de los noticieros, los jefes de redacción.

Todos son personal de entera confianza de la empresa. Cumplen directivas. No opinan. No analizan. No escriben lo que deberían. Todo está perfectamente calculado. Ellos, ese tipo de “periodistas” saben dónde y para quién trabajan. No puede haber equivocaciones y casi nunca las hay. ¿Sindicatos? Eso es algo que no figura en su diccionario.

Ellos, ese tipo de “periodistas” figuran en planillas doradas, con sueldos en dólares, tienen atención de salud, seguro de vida, acumulan tiempo de servicios y otras perlas.

Los otros, los periodistas que aceptan firmar contratos por tres meses, entregando a la vez una carta de renuncia con firma, pero sin fecha, tienen sueldos mínimos, cuando la ley señala que un periodista al empezar su trabajo debe percibir la suma de tres sueldos mínimos vitales. Los practicantes, que requieren un certificado de la empresa para obtener su título en la universidad, no perciben nada. Siempre esperan que se produzca “la vacante”.

Y lo más doloroso y denigrante para un periodista, sigue siendo: callar. Porque como hemos dicho muchas veces, "La peor opinión es el silencio".

En Perú, los periodistas somos silenciados, pero alguien, César Hildebrandt, que conducía y dirigía un programa de opinión en Canal 2, se atrevió a desentonar. Rompió filas con todos los medios atados a la candidata de derecha para las próximas elecciones presidenciales. Rompió filas y se lo hicieron pagar: fue inmediatamente despedido, a “solicitud” del gobierno, el que en la operación de despido y otras cuentas, pagó a Baruch Ivcher, dueño de Canal 2, veinte millones de soles como compensación por daños causados al edificio de la emisora en los tiempos de Sendero Luminoso. Así nomás.

# Boletín FELAP marzo/abril 2006

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