Sólo los más cautos –de entre aquellos que quisieran ver a Chávez derrotado por toda la cuenta- saben que una batalla no es la guerra y que un estratega difícilmente se ahogue en un vaso de agua.

Muhammed Alí, un peso pesado exquisito, quizás uno de los boxeadores más brillantes de toda la historia, categoría por categoría, sabía ir hacia las cuerdas por propia voluntad, y cuando no, era llevado a las trompadas, especialmente por Joe Frazier, una ametralladora de cerebro más bien estrecho.

A gusto, entonces, o por obra de sus rivales, una vez en las sogas, Alí, mientras bloqueaba golpes, preparaba el contraataque: un magistral uno-dos y una inagotable gama de pasos de baile, deleite de entendidos y neófitos.

Alí era inteligente, astuto. Rápido de reflejos, de piernas y de manos. Y era un tiempista de excepción. Provocador, corajudo, insolente, guapo, diseñador de su obra y sepulturero de sus agoreros.

Alí, valga la reiteración, sabía –como nadie- salir de las cuerdas: el uno-dos y el gancho donde duele y, enseguida, la mano boleada, y el paso al costado para desairar, para recuperar el centro del ring. Y el recto y el golpe ascendente y el descendente; al plexo, al hígado, a la mandíbula: por un triunfo y por los siguientes. Con un par de derrotas, poca cosa.

Alí en sí mismo era una estrategia que rompía la lógica y, al mismo tiempo, era una lógica que rompía la estrategia adversaria.

Chávez –volvamos al lugar del que no nos fuimos- no se habrá de quedar en las cuerdas, si es que en verdad se encuentra en ellas. Su cerebro, a diferencia del de Joe Frazier, es de aquellos capaces de trazar los caminos de la vida. En Washington lo saben.

Alí enseñó –tal vez más que ningún otro boxeador-que el boxeo también puede ser el arte de la estrategia. Chávez, con su propia cabeza, y sin apartarse de lo que nunca dejó de enseñar Fidel -el más grande estratega de dos siglos- volverá a la victoria, para que, entre otras cosas, los ricachones, los explotadores, los Oppenheimer y los Vargas Llosa, terminen sus días atragantados con la espina del socialismo. A un estratega no se lo subestima, diría Mohamed Alí.

Juan Carlos Camaño Presidente de la FELAP