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Tribunas y análisis - 6 de diciembre de 2005
Pronósticos sobre el futuro de la diplomacia alemana

Análisis

Alemania cuenta ahora con un gobierno de amplia coalición que reúne a democristianos de la CDU-CSU y a socialdemócratas del SPD. Ambos partidos han logrado ponerse de acuerdo en lo que se refiere a un programa económico común, centro de las preocupaciones fundamentales de los alemanes a quienes el desempleo masivo y el cuestionamiento de las bases de su modelo social llenan de inquietud. Sin embargo, si bien es posible hacerse una idea bastante precisa de la orientación económica del país en los próximos años, es mucho más difícil prever su política exterior. Angela Merkel ha multiplicado las declaraciones atlantistas o pro israelíes en los últimos años pero el Ministerio de Relaciones Exteriores fue confiado a Frank-Walter Steinmeier, cercano a Gerhard Schröder. En estas condiciones, los diferentes actores sólo pueden formular pronósticos sobre el futuro de la diplomacia alemana; pronósticos que reflejan con toda probabilidad sus deseos y no un futuro que dependerá en gran medida de la correlación de fuerzas en el seno de la coalición y de los partidos que la integran.

En Le Figaro, el ministro francés de Relaciones Exteriores, Philippe Douste-Blazy, se manifiesta en el sentido de que Francia y Alemania vuelvan a desempeñar un papel fundamental en la construcción europea. Al afirmar que desde la firma de los acuerdos del Elíseo entre Charles De Gaulle y Konrad Adenauer, hace más de 40 años, las rotaciones políticas han influido muy poco en el acercamiento entre París y Berlín, rechaza rápidamente cualquier riesgo de reorientación de la diplomacia alemana y lanza un llamamiento a favor de una nueva dinámica europea. El autor no precisa ni la forma ni las políticas que deben ser defendidas.
En el Washington Post, el ex asesor de Seguridad Nacional estadounidense Henry Kissinger pronostica por su parte un acercamiento entre Berlín y Washington. En su opinión, la salida de Gerhard Schröder y el hecho de que el gobierno de Bush tome en cuenta las imperfecciones del unilateralismo ofrecerían interesantes perspectivas para el acercamiento. Sin embargo, el autor se muestra prudente: no debemos pensar que los vínculos que unan a Estados Unidos con Alemania podrán compararse con los del pasado. Los tiempos han cambiado, Alemania ya no necesita a Estados Unidos para enfrentarse a la URSS y la nueva generación en el poder no se siente ya en deuda con Washington. De esta forma, si bien no debemos esperar una fuerte oposición de Angela Merkel al gobierno de Bush, tampoco debemos esperar que ésta renuncie a los lazos que unen a Alemania a Francia y Rusia en beneficio de su amistad con Estados Unidos.
En Alrai, el periodista y escritor jordano Mofid Nahla comienza a añorar la presencia de Gerhard Schröder. Si bien el canciller socialdemócrata se opuso a la invasión de Irak y visitó oficialmente diferentes países árabes en varias ocasiones, éste no fue el caso de su predecesor Helmut Kohl y Alemania podría volver a ese tipo de política exterior. Se lamenta además de las restricciones en las políticas de inmigración que parece favorecer la nueva canciller.

No perdamos de vista que ninguno de los tres autores aborda el tema de la integración de Turquía a la Unión Europea, punto de enfrentamiento entre socialdemócratas y democratacristianos durante la campaña electoral.

Con motivo de la visita a Londres de Angela Merkel, en el marco de su gira europea, The Guardian pone sus columnas a disposición del jefe de redacción de Die Zeit, Michael Naumann, quien fuera secretario de Estado para la Cultura durante el primer mandato de Gerhard Schröder. El autor nos ofrece un análisis de lo que debemos esperar de Alemania en materia de política económica pero le cuesta trabajo realizar el más mínimo pronóstico sobre su política exterior. No obstante, saca a relucir un aspecto que al parecer no ha sido suficientemente tomado en consideración por los restantes analistas: Angela Merkel es originaria de Alemania Oriental, por lo tanto su cultura política es diferente a la de sus predecesores. ¿Basta esto para marcar una ruptura?

La prensa alemana tampoco ofrece respuesta a este tema y los analistas se contentan una vez más con formular suposiciones.
Para Claus Leggewie, politólogo y ex asesor del gobierno de Schröder sobre el Islam, aunque Angela Merkel tenga un estilo más atlantista, sólo se tratará de un cambio de lenguaje y no de hechos. En Deutsche Welle afirma que Merkel tratará de acercarse a los países del Este pero no podrá poner en tela de juicio una asociación con Rusia, esencial para Alemania, incluso cuando la nueva canciller se muestre menos favorable a Putin que su predecesor. Berlín se mostrará mucho más agresivo con China en el tema de los derechos humanos pero no debemos olvidar que Pekín ha invertido de manera masiva en Alemania. Finalmente, será imposible enviar tropas alemanas para que se unan a las tropas anglosajonas en Irak o, eventualmente, en Irán, sin que la gran coalición de gobierno estalle o se debilite su propio partido. Por consiguiente, el autor considera que las tendencias fundamentales de la diplomacia alemana no deberán cambiar.
Este análisis parece ser el fruto del sentido común, lo que no impide que algunos miembros atlantistas de la CDU sueñen con un giro de 180 grados de la diplomacia alemana. De esta forma, el presidente del gobierno del estado de Sarre, Peter Müller (de la CDU), aconseja a Angela Merkel en el Welt Am Sonntag convertirse en agente moderador en los enfrentamientos euro-atlánticos al desempeñar el papel de intermediario entre Londres y París, pero sobre todo entre europeos y estadounidenses en caso de que se produzca un ataque futuro a Irán (¿quiere esto decir que el autor prevé la participación de Alemania en una acción militar en caso de que esta tenga lugar?). Desea que Berlín se aleje de Francia y Rusia, se acerque a Estados Unidos y sobre todo a Polonia. Para concluir, pide que la política exterior no sea dejada en manos del SPD y que la canciller deje en ella su impronta.
¿Lo aceptará el SPD?

Red Voltaire




6 de diciembre de 2005

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Autores y fuentes de las Tribuna y análisis

«Las relaciones franco-alemanas, un legado al servicio de la Unión»

Autor Philippe Douste-Blazy

 Ex ministro francés de Salud (1993-1995), de Cultura (1995-1997)y de Salud y Protección Social (2004-2005), Philippe Douste-Blazy es ministro de Relaciones Exteriores. En el año 2003 fue corredactor de una ley que rehabilitaba la colonización de Argelia por parte de Francia.

Fuente Le Figaro (Francia)
Referencia «La relation franco-allemande, un héritage au service de l’Union», por Philippe Douste-Blazy, Le Figaro, 24 de noviembre de 2005.

Resumen Ayer, 23 de noviembre de 2005, Angela Merkel visitó por primera vez París como canciller de Alemania Federal, abriendo una nueva página en la rica historia de las relaciones franco-alemanas. Desde hace medio siglo, nuestras dos diplomacias están íntimamente vinculadas, trabajando en conjunto día a día.
La situación creada por el rechazo al Tratado Constitucional Europeo (TCE) en Francia y Holanda hace necesario que el proyecto europeo vuelva a ser lanzado por este binomio motor. Nuestros países deben reunirse para poder enfrentar esta responsabilidad común. Para ello, debemos insistir en los puntos fundamentales: recordar nuestra historia común basada en el rechazo al nazismo y en la afirmación de una idea incuestionable del hombre, colocar nuevamente al ciudadano en el centro del proyecto europeo y, sobre todo, reafirmar la validez de los objetivos iniciales de la construcción europea: promover la paz, los valores de la Unión y el bienestar de sus pueblos. Retomar los puntos fundamentales es, en definitiva, ser fiel al compromiso europeo ante el mundo. La Unión debe desempeñar un papel activo en el escenario internacional.
Estos objetivos plantean varias exigencias a la asociación franco-alemana. Hay que prepararse desde ahora para el Consejo Europeo de junio de 2006 y para la presidencia alemana de la Unión en el primer semestre de 2007. La prioridad mayor es sacar a la Unión del atolladero político en que se encuentra. Es por ello que, ante todo, tenemos que movilizarnos para concluir las negociaciones sobre las perspectivas financieras. Ya hay un acuerdo casi listo basado en las propuestas de la presidencia luxemburguesa en el pasado mes de junio. Nuestras relaciones con Alemania, para conservar su capacidad de acción, deben también adaptarse a los acontecimientos que ocurren en Europa y en todo el mundo. Por ese motivo el binomio franco-alemán debe permanecer abierto a los demás, sin exclusividad ni ostracismo. Pienso, claro está, en las relaciones con Polonia en el marco del triángulo de Weimar. Sus capacidades deben explotarse plenamente. Asimismo, hemos sabido desarrollar relaciones pragmáticas con el Reino Unido en materia de defensa, e iniciado una cooperación fructífera con España en materia de investigaciones o de inmigración. Por último, juntamente con Alemania, debemos reflexionar con más perspectiva sobre la Europa futura, abordando todos los temas: sus fronteras, su estrategia económica, monetaria y social, su marco institucional.
La declaración común aprobada con motivo del 40° Aniversario del Tratado del Elíseo, el 22 de enero de 2003, se tituló «La amistad franco-alemana al servicio de una responsabilidad común para Europa». Todavía hoy esa declaración señala el camino a seguir.

«¿Funcionará la coalición alemana?»

Autor Henry Kissinger

 [Henry Kissinger], ex secretario de Estado y asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos, renunció a la presidencia de la Comisión de Investigación Independiente sobre el 11 de septiembre. Preside Kissinger Associates

Fuente Washington Post (Estados Unidos)
Referencia «Will Germany’s Coalition Work?», por Henry A. Kissinger, Washington Post, 22 de noviembre de 2005.

Resumen Angela Merkel se ha convertido en canciller de Alemania en un momento crítico para este país, sumido en dificultades económicas y, en cuanto a la construcción europea, acorralado entre sus tradiciones y la necesidad de transformar la Alianza Atlántica. Después de presenciar el resultado de las elecciones, pensé en un bloqueo irreversible, pero ya no pienso así. Los dos grandes partidos necesitan colaborar para no perder fuerza ante los partidos pequeños en las próximas elecciones. La dinámica personalidad de la nueva canciller es también un elemento esperanzador. En poco tiempo pasó, de su oscura posición de científica de Alemania Oriental, a ocupar el cargo de canciller de la Alemania reunificada.
La política exterior será un terreno crítico para juzgar sus acciones. Durante la Guerra Fría, Europa necesitó a los Estados Unidos. El trauma de la II Guerra Mundial llevó igualmente a Alemania a reintegrarse a la comunidad internacional, convirtiéndose en aliada de los Estados Unidos, un miembro de la Alianza Atlántica y respaldo de la integración europea. Hoy la amenaza soviética ya no existe, una nueva generación política rompió con la dependencia emocional hacia los Estados Unidos y Gerhard Schröder pudo incluso realizar dos campañas electorales sobre el tema de la oposición frontal a Washington. En esta corriente de alejamiento, el unilateralismo de George W. Bush no existe por gusto. En nuestros días, sin embargo, tanto en Alemania como en los Estados Unidos hay una voluntad de acercamiento.
Merkel es hábil y se negará a escoger entre Europa y Estados Unidos, no querrá alejarse de Francia ni de Rusia. Por tanto, elaborará una política exterior que permita abarcarlo todo en un conjunto coherente.

«Angela Merkel: los horizontes del trabajo político»

Autor Mofid Nahla
Mofid Nahla est écrivain, philosophe et journaliste dans le journal Alrai.

Fuente Alrai (Jordanie)
Referencia «أنجيلا ميركل.. افاق العمل السياسي..», por Mofid Nahla, Alrai, 29 de noviembre de 2005.

Resumen Angela Merkel ha logrado convertirse en la primera canciller alemana cuando Alemania tiene una política de apertura sobre las cuestiones árabes e internacionales. ¿Adoptará ella entonces la misma política exterior de Gerhard Schröder, u optará por una nueva política con respecto a la comunidad internacional? Sobre todo porque la conservadora canciller no oculta su seducción por el Estado hebreo, sin preocuparse, no obstante, por los problemas árabes.
Esto hace que la actitud de Merkel pueda asociarse con la del penúltimo canciller alemán Helmut Kohl. Este, a diferencia de Schröder, jamás visitó ningún país árabe durante su mandato. Tampoco dio nunca importancia a los asuntos árabes ni apoyó los esfuerzos de la comunidad internacional para ayudar al mundo árabe, por ejemplo, en materia de investigaciones. Este es, aparentemente, el enfoque previsto por la nueva canciller. Merkel ya ha tomado posición con respecto a la Constitución y a la Unión Europea, declarando que cualquier otra negociación al respecto está ligada al movimiento de la correlación política de fuerzas. Asimismo, apoyó verbalmente las propuestas más restrictivas en materia de inmigración.
En lo tocante a las relaciones internacionales, Merkel anuncia una flexibilidad política hacia los Estados Unidos, un aliado tradicional que Schröder enfrentó cuando la invasión a Irak. El desacuerdo surgido influyó en las relaciones entre ambos países y llevó a Alemania a unirse al eje «antiestadounidense». En el terreno económico, ¿podrá la nueva canciller aplicar una estrategia que reduzca el índice de desempleo, que no cesa de aumentar? ¿Podrá mejorar el funcionamiento del sistema de seguridad social alemán? La respuesta de su ministro de Economía no es, desafortunadamente, muy tranquilizadora.

«Ella ni siquiera sabe quién ganó la Copa del Mundo 1966»

Autor Michael Naumann

 Ancien secrétaire d’État à la Culture du gouvernement fédéral allemand (1998-2000), Michael Naumann est rédacteur en chef de Die Zeit.

Fuente The Guardian (Reino Unido)
Referencia «She has no idea who really won the 1966 World Cup», por Michael Naumann, The Guardian, 24 de noviembre de 2005.

Resumen Angela Merkel, según los sondeos realizados, contaba en mayo con un estimado del 44% de los votos, pero sólo alcanzó la cifra de 35%, con un solo punto por encima de sus adversarios socialdemócratas. Esta caída electoral se debe a su falta de carisma y a la frialdad de la campaña realizada. Los alemanes estaban ya hartos de Gerhard Schröder pero no cayeron rendidos en los brazos del tremendamente mal inspirado plan de reducción de impuestos que propuso la candidata de la CDU. Es probable que si la campaña hubiese durado una semana más, el canciller saliente hubiese resultado vencedor.
No obstante, a pesar de su mediocre victoria, Merkel se siente tranquila y segura de sus fuerzas. Helmut Kohl la llamó «mi hija», pero fue ella quien precipitó su caída de la CDU y sus adversarios en el seno del Partido demócrata-cristiano la subestimaron. Actualmente, Merkel dirige una gran coalición que deberá enfrentar cuatro grandes desafíos: respetar su programa electoral, respetar el deseo de los electores de preservar el Estado protector, conservar la estabilidad presupuestaria a pesar del desempleo y solucionar los problemas de Alemania Oriental. Será difícil hacerlo. Merkel, en efecto, quiere disminuir los impuestos a pesar de un déficit elevado. Ya aumentó la TVA, lo que reducirá el consumo. La reforma del sistema de salud podrá hacer que estalle la coalición y no hay soluciones milagrosas para la Alemania oriental. Pero no todo es negativo. Alemania atrae todavía inversiones masivas y hoy no vacila ya en enviar tropas a operaciones militares internacionales.
Es difícil saber el rumbo que tomará su política exterior. Como es habitual, ella pasará un tiempo escuchando lo que se le dice, pero cuando ya haya aprendido, no será suave. Sin embargo, sigue gozando de poca credibilidad entre una parte del electorado de la Alemania occidental, ya que proviene del Este, pertenece a otra cultura. Ella ni siquiera sabe quién ganó en realidad la Copa del Mundo 1966.

«La política exterior de Angela Merkel»

Autor Claus Leggewie

 Claus Leggewie est politologue à l’université de Giessen, spécialiste des questions de décolonisation (il a fait sa thèse avec Bassam Tibi sur la politique coloniale française en Algérie). De 1995 à 1997 il a été le premier titulaire de la chaire Max Weber du Center for European Studies de l’université de New York. Depuis 2001 il est conseiller du gouvernement allemand sur les questions d’islam et membre du comité pour le mémorial de l’holocauste à Berlin. Il est l’auteur de Islam et Occident, Internet, Les USA dans nos têtes ainsi que L’holocauste et l’histoire politique allemande.

Fuente Deutsche Welle (Alemania)
Referencia «Außenpolitik unter Angela Merkel», por Claus Leggewie, Deutsche Welle, 4 de noviembre de 2005.

Resumen La política exterior alemana desde 1949 se caracteriza por una continuidad casi ininterrumpida y los cambios políticos no alteran gran cosa, tanto en 1998 con el regreso de la izquierda como en 2005 con la victoria de Angela Merkel. Como lo explicaba después de la guerra Waldemar Besson, la «Razón de Estado» de Alemania Occidental le imponía aceptar plenamente el liderazgo y la tutela de los Estados Unidos, fortalecer el campo atlantista occidental, aceptar la división del país en nombre del equilibrio de fuerzas de la Guerra Fría, practicar una política de moderación respecto de la Unión Soviética y fortalecer su asociación con los países del Tercer Mundo. Hoy día, tras la caída del muro y la desaparición de la URSS, las dos grandes constantes siguen siendo: la alianza atlántica y el fortalecimiento de Europa.
Lo que cambió fueron los datos políticos: 1999, con la acción militar (iniciada sin mandato de la ONU) en Kosovo y 2001, con la irrupción del terrorismo islamista internacional. El antagonismo Este-Oeste fue sustituido por el unilateralismo estadounidense de dimensiones imperiales, mientras que la construcción europea, después del fracaso de la constitución, pasó a un segundo plano. Por el momento, la tentativa de mantener una continuidad en la política exterior en esta nueva situación, ha fracasado.
La legendaria «cultura de la abstención» profesada por Alemania se derrumbó y el país no fue capaz de formular, junto a París y Moscú, una alternativa diplomática a la política de los Estados Unidos en el Medio Oriente e Irak. El sueño de un escaño en el Consejo de Seguridad de la ONU es una ilusión, la mediación en el caso de Irán está en un callejón sin salida, las misiones militares en los Balcanes y en Afganistán están comprometidas y la influencia alemana en el Medio Oriente es casi nula. Incluso la adhesión de Turquía, presentada por Joschka Fischer como la piedra angular de una estrategia política para la paz en el Medio Oriente, corre el riesgo de irse a pique.
El nuevo gobierno no podrá hacer mucho en este caso. Anunció que quería concentrarse ante todo en reparar las relaciones trasatlánticas y mejorar las relaciones con Europa Oriental, sobre todo con Polonia, herida por la rusofilia de Schröder. Pero en este caso, habrá que contentarse con bellas declaraciones –mucho más cuando una parte de su electorado impuso una revisión de la visión histórica referente a los refugiados de 1945. En cuanto a Washington, se tratará de establecer una relación amistosa, pero sin apoyar, no obstante, un compromiso militar en Irán y sobre todo sin aceptar el envío de la Bundeswehr a Irak. Se quiere un distanciamiento de la imagen «Vieja Europa» representada por Schröder y Chirac, pero no se entiende muy bien cómo oponerle otra Europa. Se quiere ser más severo con Vladimir Putin pero sin desequilibrar la relación con Moscú, concebida como vital. Se va a regañar gentilmente a China por su desprecio a los Derechos Humanos pero sin olvidar que este país es el primer inversionista industrial en Alemania. En conclusión, se trata de Business as usual.
La derecha alemana está dividida entre los atlantistas que aceptan ponerse al lado de los Estados Unidos y los «gaullistas» que aplaudían en silencio la visión de Schröder de una Europa potencia mundial que reforzara el papel de pivote desempeñado por Alemania. Es innegable que existe una distancia cultural y política entre la izquierda alemana y los Estados Unidos, pero los verdaderos antinorteamericanos en Alemania siempre han estado en la derecha, sobre todo los amigos de la Merkel, la CSU, que venera todavía a Franz Josef Strauss, predicador incesante de una Alemania potencia nuclear con acentos gaullistas. Pero Alemania no cuenta en la actualidad con los medios para darse el lujo de un «neogaullismo», empezando por la falta de socios, y los llamados de tipo atlantista que hace Merkel a Tony Blair tropiezan con un escollo inmediato. Alinearse con Londres y Washington significa alinear soldados en el frente del internacionalismo neoconservador –y eso es riesgoso políticamente. Al igual que Schröder triunfó en 2002 al oponerse a Bush, la canciller del Este pagaría caro toda impresión de sometimiento a Washington. La continuidad de la política actual «medida y de abstención», por muy imposible que sea, es por lo tanto, la única opción disponible.

«Recomendaciones a Angela Merkel para una nueva política exterior»

Autor Peter Müller

 Peter Müller est président CDU du gouvernement du Land de la Saare.

Fuente Welt an Sonntag (Alemania)
Referencia «Memo an Angela Merkel: Für eine neue Außenpolitik», por Peter Müller, Welt Am Sonntag, 30 de octubre de 2005.

Resumen Reconciliada con todos sus vecinos, Alemania, felizmente ya desde fines de la Guerra Fría, no es un Estado en la línea delantera, pero nos hemos convertido en insignificantes desde el punto de vista diplomático. La influencia en materia de política exterior también depende del poder económico. La crisis continua que atraviesa nuestro país nos hace vivir una situación que se puede describir como sigue: «La Alemania que nos lega la coalición rojo-verde es una potencia en el ocaso con ambiciones crecientes.»
La actitud negativa de Gerhard Schröder respecto del conflicto iraquí no era sino la apariencia de una independencia para con los Estados Unidos. De hecho, resulta que la única potencia mundial en lo adelante toma decisiones sin Alemania y que nuestra voz sólo se escucha si se expresa conjuntamente con otros países europeos. Señora Merkel, he aquí pues, una lista de consejos, con miras a una hoja de ruta para nuestra nueva política exterior:
- Apóyese en la Unión Europea y en las demás organizaciones internacionales para fortalecer la posición de Alemania y sus intereses nacionales. Ya sea en lo referente a la estabilidad en el Este o el acceso a los mercados internacionales, sólo podemos ganar junto a nuestros socios europeos. Podemos desempeñar un papel central de mediación en la crisis entre Inglaterra y Francia en torno a Europa. En diciembre ese podría ser su papel. Esto también es válido para la OTAN, sobre todo con miras al posible enfrentamiento con Irán. En ello también podemos aprovechar nuestra posición central entre Europa y los Estados Unidos.
- La equidistancia entre Francia y Estados Unidos es una Razón de Estado para Alemania. También aquí debemos desempeñar la función de mediadores y no, como antes, alinearnos con Francia e indisponernos con otros socios.
- Nuestra relación con Varsovia es tan importante, o más, que nuestra relación con París. Con Gerhard Schröder Polonia tenía la impresión de ser sacrificada de nuevo por Alemania en provecho de la amistad con Rusia. Eso debe cambiar... empezando por el decorado de su oficina, que tiene un retrato de Catalina de Rusia, una dirigente que despedazó a Polonia por lo menos tres veces hasta que la hizo desaparecer.
- Lleve las ambiciones alemanas al nivel de nuestras capacidades políticas y financieras. Fracasamos en entrar al Consejo de Seguridad de la ONU porque Berlín no presentó su candidatura como un aporte de ideas sino diciendo «quien paga más, decide más». Nuestras tropas están subfinanciadas y comprometidas en exceso. Hoy, existen 6 500 soldados en el terreno, incluso en regiones cuyo interés estratégico para la seguridad de nuestro país es más que dudoso. Pienso por ejemplo, en el Norte de Afganistán.
- Decida la política exterior desde su oficina, sin someterse a su ministro de Relaciones Exteriores, pero sin engañarlo tampoco. Su predecesor no lo logró y los riesgos son grandes para usted también. El pragmático Franz-Walter Steinmeier podría estar tentado a seguir, bajo la presión de la SPD que mantiene su ministerio, las orientaciones políticas de su predecesor, por ejemplo en nuestra actitud respecto de Rusia o nuestra ruptura con los Estados Unidos. En su programa electoral y en el documento de acuerdo de la coalición, sus orientaciones son vagas y sin proposiciones concretas. Verá muy pronto que, confrontadas con la realidad, esas formulaciones inconsistentes no serán suficientes.

 



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