Voltairenet.org
 Red de Prensa No Alineados

Tribunas y análisis - 21 de enero de 2006
Irak: ¿qué es un éxito?

Análisis

Estados Unidos enfrenta actualmente un problema en lo tocante a Irak: está atrapado en la trampa de su propia propaganda.
El pueblo estadounidense se hace cada vez más hostil al despliegue de tropas en Irak mientras que los neoconservadores sueñan ya con nuevas invasiones. Sin embargo, los objetivos oficialmente proclamados de la invasión hacen demasiado difícil para la administración Bush el poder retirarse de Irak declarándose victoriosa.
Para convencer a la opinión internacional de que la invasión era justa, la administración Bush y sus aliados escondieron sus objetivos energéticos y geoestratégicos e insistieron en la necesidad de una acción preventiva contra la proliferación de armas de destrucción masiva. Al desaparecer esa justificación, Washington esgrimió la democratización de Irak como objetivo principal de esta aventura colonial. La muy corta memoria de los medios de difusión le permitió emprender este acto de malabarismo argumentativo que entonces lo puso, temporalmente, al abrigo de las críticas, pero que se convierte ahora en un obstáculo para Washington. ¿Cómo declararse vencedor en una guerra declarando objetivos populares pero sin hacer nada para alcanzarlos, al no tratarse de los verdaderos objetivos? Lo que busca Estados Unidos es dividir Irak en tres protectorados, apoderarse del control de los recursos energéticos del país y mantener bases permanentes en la región petrolífera más importante del mundo. Por lo tanto, se hace muy difícil simular que se construye una democracia en un Irak unificado.

Ese abismo entre la política anunciada y la política aplicada en la realidad fue determinante en la imagen de la acción de L. Paul Bremer. Este no administró Irak en nombre del pueblo iraquí, ni siquiera lo hizo en nombre de la Coalición, sino como representante de una sociedad de derecho privado astutamente denominada «Autoridad Provisional de la Coalición» [1]. Siguiendo los consejos de viejos amigos rusos que participaron en la repartición de la URSS, privatizó la economía iraquí, en primer lugar el petróleo, y vendió todo lo que pudo al mejor postor. Concedió personalmente licencias para tareas de interés público sin convocar a las sociedades que podían estar interesadas, únicamente sobre la base de los elementos que le presentaba la firma de John Albaugh, ex tesorero de campaña de la familia Bush, quien cobró comisiones de pago obligatorio. Finalmente, durante la transferencia del poder, el nuevo gobierno se comprometió a no abrogar los decretos de L. Paul Bremer que hipotecan durante 50 años el futuro del país. Absorto en la difícil tarea de enmascarar ese febril saqueo, el gobernador Bremer fracasó en garantizar la estabilidad del país.
Bremer trata de rehabilitar su imagen en un libro que promueve en las páginas del New York Times. Trata de defender el tan criticado balance de su gestión reconociendo errores y asegurando haber sacado las conclusiones pertinentes. También se atribuye los «éxitos» de la ocupación. Hoy, afirma Bremer, hay en Irak una asamblea electa y se registra un fuerte crecimiento económico. Retomando la versión de la Casa Blanca, asegura que ese país es el «frente de la guerra global contra el terrorismo» e insiste en que las tropas se mantengan allí. En resumen, todo marcha de lo mejor y las malas noticias no son más que sacrificios necesarios para garantizar la seguridad de la patria.

Esta argumentación no parece convincente a la opinión pública estadounidense, que ha dejado de creer en las afirmaciones del Pentágono y la Casa Blanca cuya credibilidad sufrió un nuevo golpe debido a la revelación sobre el financiamiento de diarios iraquíes encargados de dar una buena imagen de la ocupación.
En el Washington Post, el ex analista de la CIA Reuel Marc Gerecht trata de legitimar esas prácticas para poner fin al escándalo. Asegura que el pago a intelectuales y periodistas favorables a las fuerzas que ocupan Irak es una prácticamente totalmente normal. Eso no es corrupción sino una forma de apoyo a individuos que comparten el ideal democrático de Estados Unidos. El autor recuerda que acciones similares tuvieron lugar en Europa durante la guerra fría sin que a nadie le pareciera inadecuado. Señala también que la CIA pagaba a la revista Encounter y al intelectual francés Raymond Aron y que ello benefició a Estados Unidos y por tanto a la «democracia» [2]. Eso es lo que hay que hacer en Irak.

En lo tocante a Irak, el problema de las élites dirigentes de Washington consiste hoy en ponerse de acuerdo sobre una definición de la «victoria» que les permita retirar de ese país buena parte de las tropas con la frente alta.
Con diez días de intervalo, el Washington Post da la palabra a dos ex consejeros de seguridad nacional que ofrecen sus respectivos puntos de vista sobre el tema.
Para el ex consejero de Jimmy Carter, Zbigniew Brzezinski, la democratización de Irak es una ilusión demasiado difícil de alcanzar. Pide que se revisen los criterios de apreciación de la victoria, que se retiren rápidamente las tropas y se ponga al país en manos de una coalición de chiítas y kurdos fieles a Estados Unidos. Esta tribuna del Washington Post aparece también, de forma excepcional, en el International Herald Tribune, propiedad de su competidor, el New York Times.
Por el contrario, el ex consejero de George Bush padre, Brent Scowcroft, prefiere regocijarse con los progresos estadounidenses en Irak y canta victoria para justificar la salida de las tropas. Aplaude las más recientes elecciones en Irak y el creciente peso del ejército iraquí en la tarea de mantener el orden. Según él, se puede considerar que el «éxito» no está lejos: el establecimiento de un gobierno iraquí y de un ejército al mando de éste. Sin embargo, la presencia estadounidense obstaculiza ahora la obtención de ese objetivo. En lo adelante, se impone pensar en retirar las tropas de Irak. Para lograrlo, el autor sugiere reemplazar a los soldados estadounidenses por tropas bajo mandato de la ONU o de la OTAN.

En el Los Angeles Times, el ex consejero de seguridad del ex vicepresidente demócrata Al Gore, Leon Fuerth, llama a una reunión de las élites dirigentes estadounidenses con vistas a definir una política común sobre Irak y las condiciones aceptables de una «victoria». Para ello propone un pacto a la Casa Blanca: una tregua de seis meses durante la cual los demócratas apoyarán la acción de la administración Bush en cuanto a la guerra en Irak a cambio de mayor participación en la toma de decisiones sobre la dirección de esa guerra. También reclama que se suministre más información al Congreso.
No se trata de la primera proposición tendiente a «despolitizar» el problema iraquí que encontramos en los medios estadounidenses. En plena campaña presidencial estadounidense, en 2004, el ex director de la CIA James R. Schlesinger y el ex subsecretario de Estado de Bill Clinton, Thomas R. Pickering, exhortaban ya a mantener la cuestión iraquí fuera del debate político electoral. Hace algunos días, la Casa Blanca también pudo mostrar cierta unidad de las élites dirigentes de Washington alrededor del mantenimiento de las tropas al reunir alrededor de ese proyecto a todos los ex secretarios de Estado. Leon Fuerth pide ahora una «tregua», o sea seis meses de gestión conjunta. ¡Extraña democracia en la que la oposición está dispuesta a extender un cheque en blanco al poder con tal de obtener más información para los parlamentarios, información que estos últimos deberían recibir sin tener que mendigarla!

El candente debate sobre la retirada de las tropas de Irak no es una exclusividad estadounidense, como no lo es el carácter bipartidista de las decisiones sobre el conflicto.
Así vemos que Neil James, director ejecutivo de la Australia Defence Association de Canberra, afirma en The Australian que, a pesar de los duelos oratorios, el partido laborista australiano y los conservadores en el poder siguen la misma política en cuanto a Irak. Ambas partes esperan que las fuerzas iraquíes se consoliden lo suficiente para irse del país.

Menos numerosos son los que analizan la situación en Irak basándose en los objetivos reales de la invasión. Aunque no se ven totalmente privados de espacio en el campo mediático internacional, no disponen de acceso al debate que tiene lugar entre las élites en Estados Unidos.
El ensayista pakistano-británico Tariq Ali recuerda en The Guardian que la guerra contra Irak es una guerra de rapiña cuyo objetivo es explotar los recursos petrolíferos mediante la división del país, lo cual exige mantener allí tropas extranjeras. Por consiguiente, el debate actual en Estados Unidos no tiene que ver con la retirada de las tropas sino con la manera de conservar el control de los recursos energéticos sin exponerlas. El autor deplora la actitud de los chiítas simpatizantes de Teherán que colaboran con las fuerzas de ocupación. Según el ensayista, se trata de un juego peligroso que podría volverse contra sus propios instigadores.
El intelectual estadounidense antiimperialista Noam Chomsky también recuerda que su país quiere ante todo controlar el petróleo iraquí y denuncia la farsa de la «democratización» iraquí en el Khaleej Times, en el sitio Counterpunch y en el diario catalán El Periódico. Para este autor, las recientes elecciones solamente fueron organizadas para satisfacer las exigencias de Alí Sistani, figura cuya importancia es imposible soslayar en Irak, pero todo el proceso estaba predeterminado. Washington se esfuerza por evitar que los chiítas controlen el país. Según el lingüista, lo que m¬¬ás teme Estados Unidos es una alianza entre Irán, un Irak bajo control chiíta y los chiítas saudíes con China. Esa sería, sin embargo, la tendencia de un Irak soberano, cosa inaceptable para Estados Unidos.

Red Voltaire

[1] «Qui gouverne l’Irak?», por Thierry Meyssan, Voltaire, 13 de mayo de 2004.

[2] «Quand la CIA finançait les intellectuels européens» y «Raymond Aron, avocat de l’atlantisme» por Denis Boneau, Voltaire, 27 de noviembre de 2003 y 21 de octubre de 2004.




21 de enero de 2006

Desde
París (Francia)

Herramientas

 Imprimir
 Enviar

Todas las versiones de este artículo:

 français
 русский
 English

Países
 Irak
 Estados Unidos

Temas
 Control del «Gran Medio Oriente»

Autores y fuentes de las Tribuna y análisis

«En Irak, los errores se traducen en éxitos»

Autor L. Paul Bremer III

 Ex embajador especial encargado de la lucha antiterrorista durante la administración Reagan y director del gabinete Kissinger Associates, L. Paul Bremer III fue administrador estadounidense en Bagdad y autor de My Year in Iraq: The Struggle to Build a Future of Hope.

Fuente New York Times (Estados Unidos)
Referencia «In Iraq, Wrongs Made a Right», por L. Paul Bremer, New York Times, 13 de enero de 2006.

Resumen El libro que acabo de escribir sobre mi experiencia en Irak ha provocado un debate. Deseo volver aquí a las lecciones que saqué de esa experiencia americana:
- Reparar los daños sufridos por Irak debido a decenios de tiranía no era fácil y cometí errores. Confié la desbaasificación a los iraquíes y la convirtieron en una herramienta política. Nos concentramos en objetivos de reconstrucción a largo plazo mientras que hubiéramos debido comenzar por mejorar la vida cotidiana de los iraquíes. Debí haberme librado de la burocracia para acelerar la reconstrucción.
- Estados Unidos debe prepararse mejor para las misiones de reconstrucción. Si en el futuro nos encontramos en una situación idéntica, sería mejor organizar la cooperación pública y privada. – Hay que prever una cantidad suficiente de hombres para vencer a los insurrectos. Había pedido más tropas, pero no fui escuchado por los responsables militares.
Sin embargo, pese a esos problemas, se han hecho grandes progresos en el país gracias a la acción de los Estados Unidos. Los iraquíes votaron democráticamente, adoptaron su constitución y eligieron su asamblea. La economía progresa a un ritmo de 17% anual.
Por supuesto, los soldados estadounidenses e iraquíes continúan muriendo, pero Irak es el frente central de la guerra contra el terrorismo y no debemos retirarnos.

«Conquistar a los iraquíes»

Autor Reuel Marc Gerecht

 Reuel Marc Gerecht est un ancien officier de la CIA. Il a publié divers ouvrages contre les ayatollahs iraniens sous le pseudonyme d’Edward Shirley. Il est membre de l’American Enterprise Institute et du Project for a new American Century.

Fuente Washington Post (Estados Unidos)
Referencia «« Hearts and Mind » in Irak», por Reuel Marc Gerecht, Washington Post, 10 de enero de 2006.

Resumen Una vez más, nos enfrentamos a controversias sobre cómo el Pentágono y sus subcontratistas privados omnipresentes entorpecen las investigaciones libres en Irak. «Se ha pagado a intelectuales musulmanes para ayudar en la propaganda estadounidense» relata el New York Times. Periodistas, intelectuales y religiosos toman el dinero del Tío Sam, o, en este caso, de una compañía de Relaciones Públicas de Washington, y esto es perturbador y contraproducente, desde el punto de vista moral. Evidentemente, los musulmanes prudentes no querrán escuchar los consejos de asesores estadounidenses; los religiosos que se oponen a la insurrección sunita pueden ahora ser catalogados en su conjunto como responsables corruptos.
Hay un grave problema con esta visión de los hechos. Históricamente, eso no tiene ningún sentido. Estados Unidos dirigió muchas operaciones secretas y oficiales, conocidas con el nombre de «CA», durante la Guerra Fría. Sobre todo a través de la CIA, Washington gastó cientos de millones de dólares en la publicación de libros, revistas, periódicos; en la creación de radios, organizaciones, asociaciones juveniles y de mujeres; en becas de estudios, fundaciones académicas, salones de intelectuales y comunidades, y en el pago directo a personalidades que creían en los ideales que los Estados Unidos consideraban dignos de estima.
Es difícil evaluar la influencia de esos programas secretos, pero cuando un importante dirigente del Tercer Mundo escribe que un libro occidental liberal muy conocido tuvo un enorme impacto en su evolución intelectual, se puede considerar que ese programa verdaderamente tuvo una influencia. Eso no debería ser tan duro para los estadounidenses, educados para apoyar esas actividades, aun cuando algunos pueden cuestionar su eficacia.
¿Sería tan difícil acaso apoyar acciones clandestinas más agresivas a fin de desarrollar la democracia en Irak? Déjeme establecer un paralelo con la Guerra Fría. Es bien conocido que la CIA apoyó financieramente al periódico británico Encounter. Ese diario influyó en los debates en torno a los servicios de inteligencia occidentales de los años 50 a los 70. Al analizarlo en el tiempo, comprobamos que esa debe ser la más eficaz de las acciones intelectuales no militares que los Estados Unidos hayan organizado. ¿Puede alguien pensar seriamente que el gran intelectual Raymond Aron se comprometía cuando escribía de forma regular para esas publicaciones o para las revistas francesas también fundadas por la CIA? E incluso, aunque Aron u otros en Encounter pudieran haber sospechado que sus cheques eran firmados por los contribuyentes estadounidenses, ¿acaso su perspicacia y sus reportajes eran por ello menos pertinentes y verdaderos?
En contra de lo que se admite comúnmente, la financiación de los intelectuales por la CIA para proyectos de «propaganda» con frecuencia se realizó de forma muy indirecta. En mi experiencia y mis lecturas de informes que abarcan las actividades de la CIA en Europa y en el Medio Oriente, jamás vi casos en los cuales los agentes estadounidenses manipularan el producto final. Lo que es de lamentar, es que los agentes de la CIA no suelan tener las competencias lingüísticas para tratar las regiones que cubren y, en realidad, no tienen con qué juzgar las ventajas de los textos de los proyectos.
Es probable que la democracia en Irak esté al menos tan errada como podía estarlo en Europa Occidental tras la derrota de Hitler. El verdadero reproche que podría hacerse a la administración Bush es que otorgó tales responsabilidades a una empresa de Relaciones Públicas (en el caso citado anteriormente, el Lincoln Group) y que no pudo hacerse nada para proteger el anonimato. Sin embargo, hay que reconocer una cosa al Pentágono: esa parece ser la única agencia gubernamental que trata al menos de formar cuadros iraquíes para conquistar a la población. La CIA parece haber abandonado su misión histórica en esa región.
La administración Bush no debería tener miedo en intensificar su «propaganda» clandestina en Irak y en cualquier otro país del Medio Oriente. La historia, en estas últimas grandes batallas de ideas, está firmemente de su lado.

«La verdadera opción en Irak»

Autor Zbigniew Brzezinski

 Zbigniew Brzezinski fue asesor de Seguridad Nacional del presidente Carter y director ejecutivo de la Comisión Trilateral. Miembro del Center for Strategic and International Studies. Entre sus obras más conocidas se halla El gran tablero (de ajedrez) mundial.

Fuentes Washington Post (Estados Unidos), International Herald Tribune (Francia)
Referencia «The Real Choice in Iraq», por Zbigniew Brzezinski, Washington Post, 6 de enero de 2006.
«The real choice in Iraq», International Herald Tribune, 9 de enero de 2006.

Resumen Si se comparan entre sí las declaraciones de la Casa Blanca desde el verano de 2003, se constata que la administración no deja de repetir que la victoria en Irak es inminente y que no tenemos otra opción que la de continuar la política actual. Sin embargo, con suerte, con una decisión transparente, más coraje por parte del Partido Demócrata y el apoyo de los iraquíes, la Guerra de Irak puede acabar en el año.
Al contrario de lo que afirma George W. Bush, nuestra opción no está entre la «victoria» y la «derrota» sino entre quedarse sin ganar o partir sin perder. La victoria tal y como la definió la administración Bush (un Irak estable, unificado y democrático con una insurrección vencida) es improbable. Hubiera hecho falta mayor cantidad de tropas desde el comienzo y más apoyo por parte de los iraquíes para lograrlo. Además, ni los chiítas ni los kurdos están dispuestos a subordinar sus intereses a un ejército iraquí que sigue siendo una ilusión. Buscar una victoria que satisfaga esas condiciones es, por consiguiente, inútil y costosa en sangre y dinero. Por otra parte, el concepto de «derrota» tal y como se considera, sigue marcado por el trauma de Vietnam, lo que ofrece un punto de vista engañoso.
Debemos retirarnos del país. Los ciudadanos estadounidenses no respaldarán durante mucho tiempo esa guerra en nombre de consignas vacías. Los chiítas y los kurdos pueden reorganizar el país sin los Estados Unidos. Es necesario que el presidente salga de su aislamiento político y acepte escuchar a las personas fuera de su círculo de consejeros.

«Concentrarse en el “éxito” en Irak»

Autor Brent Scowcroft

 Brent Scowcroft es presidente del Forum for International Policy y del Scowcroft Group. Fue asesor para la Seguridad Nacional de los presidentes Ford y George Bush padre. Es miembro del consejo de administración del Nixon Center. Fue miembro de la Comisión de la ONU sobre la reforma de la Organización.

Fuente Washington Post (Estados Unidos)
Referencia «Focusing on ’Success’ In Iraq», por Brent Scowcroft, Washington Post, 16 de enero de 2006.

Resumen Las elecciones de diciembre en Irak podrían resultar esenciales. El parlamento elegido el mes pasado escogerá un presidente y un primer ministro, dando a Irak su primer gobierno electo según una constitución adoptada por referendo. Ese gobierno podría ver con buenos ojos un cambio en la presencia militar extranjera y George W. Bush ha declarado que el gobierno tendría mayores responsabilidades en la reconstrucción política y económica del país. Las fuerzas armadas iraquíes deberían tener más peso en la lucha contra la insurrección.
Las elecciones en Irak estuvieron precedidas en los Estados Unidos por un debate sobre el futuro de la presencia estadounidense en Irak. Esta concordancia de hechos ofrece la gran ocasión de comprender el papel de la presencia extranjera en el país. Irak es un país de retos estratégicos considerables. Un Irak en descomposición sería una calamidad para el mundo. Ahora bien, la presencia estadounidense tiende a contribuir a esa situación. Existen dos elementos esenciales para el «éxito» en Irak: un gobierno que responda a las necesidades de los habitantes y respete los derechos de las minorías, y un ejército que responda a las órdenes del gobierno central. ¿Qué política puede favorecer esos resultados?
Para algunos, lo que cuenta es una rápida retirada, pero las consecuencias mundiales serían terribles. Para otros, hay que quedarse, pero Estados Unidos no soportará durante mucho tiempo el peso de Irak. En realidad, hay que inspirarse en el ejemplo afgano y hacer que la ONU y la OTAN participen más en la reconstrucción, ya que ello permitirá reducir las tropas estadounidenses.

«Pedir una tregua en la guerra de Washington contra Irak»

Autor Leon Fuerth

 Leon Fuerth fue consejero de seguridad interna del ex vicepresidente demócra Al Gore. Es profesor de Relaciones Internacionales en la George Washington University.

Fuente Los Angeles Times (Estados Unidos)
Referencia «Calling a truce in D.C.’s Iraq war», por Leon Fuerth, Los Angeles Times, 10 de enero de 2006.

Resumen No es un secreto: los demócratas del Congreso están muy divididos en cuanto la actitud a seguir sobre la guerra de Irak. Joseph I. Lieberman apoya vigorosamente el mantenimiento de las tropas en el país, mientras que John Murtha aboga por una rápida retirada. Muchos demócratas están atrapados entre estos dos puntos de vista y tratan de hallar un término medio: mantener las tropas durante cierto tiempo y luego partir.
Es por eso que los demócratas centristas deben proponer un acuerdo a la administración Bush: los demócratas apoyarán a la administración Bush en el Congreso durante seis meses sobre la forma de conducir la guerra y, a cambio, la administración Bush se compromete a dar más información sobre la forma en que la conduce. Ello no quiere decir que los demócratas no nos mostremos críticos, sino que no legislaremos para poner fin a la guerra durante este período. A cambio queremos obtener un verdadero control del Congreso sobre la política de seguridad. Debe crearse una comisión bipartidista sobre Irak que garantice una información equilibrada. También debe definirse lo que entendemos como «victoria» en Irak.
Para el país será conveniente que se acepte nuestra propuesta.

«Neil James: Irak no está listo para que se establezca una fecha de retirada»

Autor Neil James
Neil James es director ejecutivo de la Australia Defence Association de Canberra.

Fuente The Australian (Australia)
Referencia «Neil James: Iraq not ripe for a deadline», por Neil James, The Australian, 12 de enero de 2006

Resumen La decisión australiana de añadir 190 grupos de fuerzas especiales australianas a los otros 110 grupos y a los dos helicópteros Chinook ya presentes en Afganistán no ha provocado muchas críticas, principalmente porque la mayoría de nosotros podemos ver el sentido y el alcance que esto tiene. Nuestros esfuerzos están directamente relacionados con nuestros intereses defensivos y de seguridad. Ayudar al nuevo gobierno democráticamente electo a combatir a los talibanes se adecua a las convicciones morales de la mayoría de los australianos.
El despliegue, en su conjunto, ha tenido el apoyo político bipartidario. El Partido Laborista trata de granjearse una credibilidad estratégica denunciando al gobierno, que no habría apoyado suficientemente al gobierno afgano tras la caída de los talibanes. Sin embargo, ambas partes saben bien que carecemos de fuerzas militares para un mayor despliegue, a lo que se debe la falta de un mayor compromiso militar. Debe haber mayor presencia de las fuerzas especiales y de la fuerza aérea, aunque no mucho, pues nuestras capacidades son limitadas y no podemos enviar todas nuestras tropas.
El apoyo bipartidista es mucho menos importante en lo concerniente a nuestro compromiso en Irak, incluso si los puntos de acuerdo entre el gobierno y la oposición sobre el tema son más de lo que parece. Mientras que el ministro de Relaciones Exteriores, Alexander Downer, y el líder de la oposición, Kim Beazley, se lanzan puyas, la Coalición y el Partido Laborista están de acuerdo en lo esencial sobre la estrategia de retirada de Irak.
La estrategia de Australia (como la de todos sus aliados) para la retirada de Irak depende del desarrollo de las fuerzas de seguridad iraquíes que deben alcanzar una cifra suficiente para pasarles el control del país en cuanto sea posible. Todo el mundo coincide en que la presencia de fuerzas extranjeras en este momento se debe a la insurrección.
Sin embargo, esta estrategia de retirada no debe llegar ni muy temprano ni muy tarde. Si se produjera demasiado temprano, Irak se enfrascaría en una guerra civil sin control de la comunidad internacional. Si, por el contrario, ésta se produjera muy tarde, la presencia de las tropas paralizaría las políticas y compromisos necesarios para la instauración de una democracia en Irak. En realidad, la expresión «retirada estratégica» se emplea con sentidos diversos por personas que no serían capaces de reconocer la solución si la tuvieran en sus narices. Es la misma ignorancia que manifiestan los que protestan para obtener una fecha fija para la retirada.

«El destino de Irak está entre Dios, la sangre y el petróleo»

Autor Tariq Ali

 Historiador, cineasta e escritor, autor de Confronto de Fundamentalismos e de Bush na Babilônia: A Recolonização do Iraque. Vive em Londres e é uma das grandes referências mundiasi do movimento altermundista

Fuente The Guardian (Reino Unido)
Referencia «Iraq’s destiny still rests between God, blood and oil», por Tariq Ali, The Guardian, 16 de enero de 2006.

Resumen En tres años de ocupación de Irak, las mentiras, las semiverdades y el ocultamiento de los hechos se han convertido en asuntos cotidianos para los observadores occidentales. Para los iraquíes, la preocupación primordial es la supervivencia o desaparición de su país, dividido en tres partes.
Hoy, los poemas de Mohammed Mahdi Al-Jawahiri, hijo de un clérigo chiíta, en los que se exalta la nación iraquí, parecen antiguos. De hecho, la ocupación estadounidense depende del apoyo de los partidos políticos chiítas y sobre todo del Consejo Supremo de la Revolución en Irak, de Alí Sistani, el instrumento de Irán en Irak. Fue Sistani quien disuadió a los chiítas y a Moqtada Sadr de participar en la insurrección contra las fuerzas de ocupación. Thomas Friedman del New York Times propuso que Ali Sistani recibiera el premio Nobel de la Paz.
Si los chiítas hubieran resistido a la ocupación, ésta se hubiera terminado desde hace tiempo. Los iraníes no se opusieron a la caída de los talibanes ni a la de Sadam Husein, pero llevan a cabo un juego peligroso. Si los nacionalistas y partidarios del Baas no se hubieran opuesto a la invasión, el plan de cambio de régimen en Teherán estaría mucho más avanzado de lo que está ahora. Los iraquíes que más se beneficiaron con el ataque estadounidense fueron los kurdos, minoría oprimida que ha pasado a ser opresora y que aceptaría perfectamente ser un protectorado occidental luego de haberse anexado los campos petroleros de Kirkurk.
Sin embargo, si la unidad chiíta garantizada por el clero se fragmentara, o si Irán considerara que un Irak independiente es mucho más de su interés, todo podría cambiar. Por el momento, el petróleo iraquí es explotado por intereses privados, pero esta explotación no puede continuar sin la presencia de tropas extranjeras.

«Más allá del voto»

Autor Noam Chomsky

 Pensador, escritor y activista estadounidense. Profesor de Lingüística en la Universidad de Massachussets. Fundador de la Gramática Generativa Transformacional, que es un sistema original para abordar el análisis lingüístico y que ha revolucionado la lingüística. Autor de La segunda guerra fría (1984), La quinta libertad (1988), El miedo a la democracia (1992), El Nuevo orden mundial (y el viejo) (1996),

Fuentes El Periodico (España), Khaleej Times (Emiratos Árabes), Counterpunch
Referencia «Beyond the ballot», por Noam Chomsky, Khaleej Times, 6 de enero de 2006.
«Beyond the Ballot», Counterpunch, 10 de enero de 2006.
«La ficción democrática de Irak», El Periódico, 15 de enero de 2006.

Resumen George W. Bush calificó las elecciones de diciembre en Irak como «un gran paso adelante en el camino hacia la democracia». Hubo un avance importante en esta ocasión, pero no como lo ven Londres y Washington.
Cuando George W. Bush y Tony Blair invadieron Irak, el pretexto se resumía a las armas de destrucción masivas. Como el pretexto ya no se sostenía, se transformó para convertirse en el apoyo a la democracia en Irak o en el Medio Oriente. Sin embargo, si las elecciones tuvieron lugar, no fue por el apoyo de Estados Unidos, sino por el de Alí Sistani. Si hubiera un verdadero interés por lo que quieren los iraquíes, se observaría que sondeos coincidentes demuestran que más del 80% de los iraquíes quiere la salida de las fuerzas de ocupación, pero ni Bush ni Blair quieren ponerle fecha.
Estados Unidos no quiere un Irak soberano, sino controlar los recursos energéticos. Si Irak fuera soberano, se aproximaría a Irán y desarrollaría relaciones con los chiítas saudíes que viven en las zonas petroleras. Se podría imaginar entonces una alianza entre Irán, Irak y las regiones chiítas de Arabia Saudí que controlaría vastas zonas petroleras y que seguiría la política iraní de acercamiento a China. No hay nada que preocupe más a Estados Unidos. Es por ello que Washington combate todo lo que podría permitir esta posibilidad e impedirle el dominio del petróleo iraquí.

 



Temas
Lucha por la independencia y la unidad de América Latina
Lucha por la independencia y la unidad de América Latina
- Solidaridad de Ecuador con Venezuela: Comunicado público

- El Imperialismo en el Ecuador: Oro y Sangre en Portovelo

- Italia debe exigir la extradición de Luis Posada Carriles

- ¿Vidas paralelas?

- El día que Juan Carlos de Borbón dijo algo que no le habían escrito

- + + +


Temas
«Golpes suaves»: acción secreta, espionaje
«Golpes suaves»: acción secreta, espionaje
- Comando Sur de EEUU combate al «populismo radical» en América Latina

- Fantasmas de Cheyre

- Las ciencias de la dominación mundial

- La Fundación Ford, fachada filantrópica de la CIA

- El diario «New York Times» inventa el golpe de Estado militar «democrático» y «no violento»

- + + +


Axis for Peace 2005


Atentados de Buenos Aires ¿Quién fue?


Hacer una donación a la Red Voltaire


 

À propos du Réseau Voltaire - Contacts - RSS

  

Top