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Tribunas y análisis - 17 de febrero de 2006
Rusia / Estados Unidos: dos visiones incompatibles del mundo

Análisis

El 31 de enero de 2006, el presidente estadounidense George W. Bush pronunció ante ambas cámaras del Congreso el tradicional discurso sobre el estado de la Unión, hecho siempre muy mediatizado por la prensa occidental. El mismo día, el presidente de la Federación de Rusia, Vladimir Putin, realizó su conferencia de prensa anual durante más de cuatro horas ante 560 periodistas extranjeros.

George W. Bush dedicó lo esencial de su discurso a reafirmar su fe en el papel que debe desempeñar «América» en el mundo, a favor de la «democracia». Las preocupaciones exteriores precisas relacionadas con la actualidad, como la cuestión iraní o la victoria electoral de Hamas en Palestina fueron muy poco mencionadas. Estos temas fueron relegados a un segundo plano mientras insistió en la importancia del mantenimiento del intervencionismo estadounidense en todos los frentes en nombre de la lucha contra el «terrorismo», de la promoción de la «democracia» y del desarrollo del liderazgo económico y político de los Estados Unidos en el planeta. Estas palabras grandilocuentes daban la enojosa impresión de un presidente megalómano que se refugiaba en un discurso vacío para escapar mejor a una realidad que se hunde ante él.

Vladimir Putin desarrolló un enfoque muy diferente, menos dogmático y más vinculado a las cuestiones de actualidad, con un estilo más distendido y reactivo que contrastaba con el aire imperial del discurso de su homólogo.
Sin embargo, y esto opera como excusa para el presidente Bush, debemos decir que las diferencias de forma entre estas intervenciones se deben parcialmente a la diferencia en el tipo de ejercicio. Según la Constitución de su país, Bush debía presentar una cuestión que fuera al mismo tiempo un balance de su acción y el anuncio de sus orientaciones venideras, y esto implica tanto explicitar una filosofía política como tratar casos concretos. Se dirigía solemnemente al Congreso, mientras que Vladimir Putin respondía a 71 preguntas precisas de periodistas sobre temas de actualidad sin que tuviera que abordar explicaciones teóricas. Aunque de un carácter frío, manifestaba cierto placer en pagar con la misma moneda al responder a ciertas preguntas contradictorias.
Más allá de estas oposiciones de forma y estilo, se trata de dos proyectos antagónicos los que fueron presentados. Para George W. Bush, el mundo no puede prescindir de los Estados Unidos y Washington debe asumir su destino manifiesto que es el de ejercer por sí solo el liderazgo para el bien de todos. Para Vladimir Putin, los Estados deben respetar mutuamente su soberanía, colaborar entre sí y desarrollar sus alianzas con vistas a un interés general que definen de forma conjunta. Así, cuando George W. Bush da lecciones a Egipto, a los palestinos, a Arabia Saudita o a los iraníes, Vladimir Putin se alegra por las relaciones que puede mantener con dirigentes extranjeros sin apoyar o condenar las políticas que llevan a cabo en sus respectivos países. Por consiguiente, Vladimir Putin dedica una gran parte de sus respuestas a las relaciones bilaterales que mantiene Moscú con los países limítrofes. El presidente ruso expresa su satisfacción por el acuerdo suscrito con Ucrania y por las buenas relaciones que Rusia desarrolla con China, aunque deplora la actitud de Georgia desde la inquietante explosión del gasoducto de suministro del gas ruso.
En resumen, por un lado tenemos una visión colonialista y paternalista y, por el otro, el respeto absoluto a la soberanía nacional, cualesquiera que sean los valores morales de los regímenes existentes.

Ninguno de los dos presidentes abordan mucho cuestiones comunes. George W. Bush sólo se refiere brevemente a la victoria de Hamas, cuestión que de todas maneras había abordado cinco días antes, limitándose a recordar su deseo de ver que este partido reconozca a Israel y abandone la lucha armada. Por su parte, Vladimir Putin comparte el mismo punto de vista, pero en su caso es un deseo amistoso, no una exigencia cuya no satisfacción implicara una represalia. Presenta igualmente a Rusia como un recurso en el contexto de la incapacidad de la diplomacia estadounidense en Palestina: dado que Moscú no considera a Hamas una organización terrorista, la Federación de Rusia puede desarrollar lazos tanto con Tel Aviv como con el nuevo gobierno palestino.
En cuanto a Irán, George W. Bush se limita a volver sobre su versión: Irán es actualmente una amenaza, pero Estados Unidos desea la libertad de los iraníes, es decir, en neolengua atlantista, Washington exige un cambio de régimen. Por su parte, Rusia propone a Teherán participar en un programa internacional de enriquecimiento de uranio que aleje toda posibilidad de que Teherán fabrique el arma nuclear… o, más bien, toda posibilidad de acusación de querer fabricarla.
La gran cuestión abordada por ambos fue la energía. El presidente estadounidense anunció su proyecto de reducir la dependencia de Estados Unidos del petróleo del Medio Oriente mediante el financiamiento de las investigaciones sobre nuevas fuentes de energía, pero no mediante la reducción del consumo. Pide que su país disminuya en 75% sus importaciones del petróleo provenientes del Medio Oriente para el año 2025. Esta recomendación no debe interpretarse como la señal de una próxima retirada de Estados Unidos de la región. Prueba de ello es además el tiempo dedicado en el discurso a la «democratización» del Medio Oriente, motivada ésta por la voluntad de control de una región estratégica debido a sus reservas petroleras. En realidad, George W. Bush adopta oficialmente el punto de vista del Institute for the Analysis of Global Security que pide una reducción de la dependencia energética de los países del Golfo con el único objetivo de disponer de un mayor margen de maniobra para controlarlos militarmente.
Evidentemente, la posición de Vladimir Putin es muy diferente al ser su país uno de los mayores exportadores de petróleo y gas. De esta forma, valora el papel de Rusia como suministrador de energía, pero también como un interlocutor capaz de neutralizar las guerras por los recursos. Subraya el papel para la estabilidad mundial que puede desempeñar el acercamiento chino-ruso y elogia el impacto para la paz en el mundo del desarrollo de estructuras multilaterales que puedan permitir a todos el acceso a la energía nuclear. El presidente Putin se apoya por lo tanto en su estricto respeto a las soberanías nacionales y en el peso de Rusia en el mercado energético mundial para presentar a su país como el garante pacífico de la estabilidad internacional.
Nótese que Vladimir Putin aprovechó esta conferencia de prensa para enviar algunos mensajes. Por ejemplo, destacó que los vectores nucleares rusos estaban fuera del alcance de los sistemas antimisiles de los Estados Unidos; o sugirió que las revueltas en Uzbekistán habían sido organizadas por las mismas redes de injerencia que la guerra en Afganistán, es decir, por los Estados Unidos y el Reino Unido.

Aunque las declaraciones concretas del presidente ruso tengan mayor contenido que las palabras huecas del presidente estadounidense, fueron mucho menos comentadas que el discurso sobre el estado de la Unión.
La directora del Carnegie Moscow Center, a veces presentada como un caballo de Troya de la CIA en Rusia, Rose Gottemoeller, es una de las pocas que compara las dos intervenciones en el Moscow Times. Evalúa las posiciones de ambos presidentes sobre los tres puntos tratados los dos: la energía, Irán y Hamas. La autora se limita a enunciar los puntos de vista y ve más puntos de convergencia que nosotros en estas cuestiones. Constata igualmente que ambos presidentes viven en universos diferentes y, al tiempo que da cuenta del mesianismo estadounidense, analiza la posición rusa como una debilidad, un repliegue hacia sus fronteras y los países cercanos, más que como el respeto a las soberanías nacionales. Al limitar los puntos de desacuerdo entre ambos gobiernos, la autora concluye lamentando que Washington y Moscú no trabajen más concertadamente en el ámbito internacional. Pero, ¿qué relaciones duraderas pueden surgir entre un Estado que subraya continuamente su liderazgo y pisotea el derecho internacional y otro que propugna la alianza entre Estados?

No nos sorprende que las pocas reacciones ante la intervención de Vladimir Putin en la prensa occidental hayan emanado fundamentalmente de los círculos atlantistas, hostiles a la Federación de Rusia.
Así, en el periódico de Munich Der Merkur, el senador republicano estadounidense, John McCain, denuncia una vez más la política rusa sin detenerse en las palabras de Vladimir Putin. Retomando la argumentación habitual, afirma que Rusia está en vías de una resovietización debido a la nueva ley sobre las ONG y al fin de la elección de los gobiernos regionales. En cuanto a la política internacional, considera que la Federación de Rusia debe cambiar de actitud en los temas energético, China e Irán, sin precisar exactamente lo que le reprocha a Moscú y lo que desearía que Rusia hiciera. El objetivo es manifiestamente denigrar a Rusia, más que construir una alianza sobre la base de propuestas.
En la prensa occidental, Moscú conserva muy mala imagen, con frecuencia heredada de las representaciones de la Guerra Fría. En la prensa árabe, por el contrario, los recuerdos de la Guerra Fría provocan en los editorialistas una imagen más bien positiva: Rusia es vista como la heredera de la URSS aliada de los movimientos nacionales árabes. Este juicio favorable se ve fortalecido por una concepción de la correlación internacional de fuerzas que hace de Moscú el único contrapeso creíble a la política de Washington. Por otra parte, Vladimir Putin multiplica las acciones que fortalecen esta percepción al vender material militar a los Estados del Medio Oriente amenazados por el imperialismo norteamericano o al aproximarse a la Organización de la Conferencia Islámica.
Tras la conferencia de prensa de Vladimir Putin, la edición en lengua árabe e la agencia de prensa rusa, RIA-Novosti, publica un texto del analista militar ruso Víktor Litovkin, quien vuelve sobre lo que interpreta como sarcasmos de la prensa occidental en cuanto al estado del poderío militar ruso destacado por Vladimir Putin el 31 de enero. Para el autor, no hay nada de qué reír. Afirma que Rusia dispone hoy de una fuerza de disuasión nuclear creíble y expresa su satisfacción por ello. Señala igualmente que contrariamente a otros países, Rusia nunca ha afirmado que podría usarla con otros fines que no fueran defensivos. En la óptica de las guerras energéticas por venir, la difusión de este texto en dirección a los países árabes que se sienten amenazados por Estados Unidos puede ser cualquier cosa salvo inocente.

El discurso de George W. Bush tuvo mayor eco en la prensa occidental y volvió a poner sobre el tapete el tema de la dependencia energética. Sin embargo, si este tema encontró un interés en la prensa, el discurso de George W. Bush como tal no fue bien recibido. El «estilo» Bush, construido con grandes imprecaciones moralizantes, con mentiras y declaraciones en franca ruptura con la realidad, parece debilitarse.

El ex coronel del ejército norteamericano y profesor de relaciones internacionales en la universidad de Boston, Andrew J. Bacevich, se refiere en Los Angeles Times a las constantes referencias a la amenaza «aislacionista» y al riesgo de «repliegue» y «decadencia» de los Estados Unidos que salpicaron el discurso presidencial. Es de la opinión de que este martilleo tiene como objetivo estigmatizar la tradición realista que se opone al mesianismo wilsoniano del que George W. Bush ha dado pruebas. En la actualidad, toda crítica a la Casa Blanca es considerada, sin razón, como aislacionista, mientras que para Bacevich, esta corriente de pensamiento está muerta desde hace largo tiempo en Estados Unidos.
El escritor y dramaturgo estadounidense, Gore Vidal, figura de la resistencia interna a la administración Bush, va mucho más lejos en el diario vienés Der Standard y en el sitio web estadounidense Democracy Now ! Ve en el discurso sobre el estado de la Unión un ejercicio democrático tergiversado que sirve para justificar a posteriori las guerras ilegales de Irak y Afganistán, así como la instauración de una dictadura en los Estados Unidos. El intelectual estadounidense llama a sus conciudadanos a la movilización para acabar con el mandato presidencial antes de que sea demasiado tarde. Es para él la única solución al haberse convertido las elecciones en una farsa.
En un editorial no firmado y que compromete a toda la redacción, Al Quds Al Arabi denuncia también las aberraciones del discurso presidencial estadounidense sobre los «avances» en la «guerra contra el terrorismo» en Irak o Afganistán. Haciendo el balance de las víctimas estadounidenses y de los gastos, el periódico árabe se alarma al ver un presidente perdido en sus ilusiones y que parece haber perdido totalmente la noción de la realidad.
Sin referirse explícitamente al contenido del discurso sobre el estado de la Unión, el diputado socialdemócrata austriaco, Christoph Winder, condena también, en Der Standard, los travestismos de la realidad por parte de la administración Bush, así como los atentados a las libertades.

Así, el discurso sobre el estado de la Unión ofreció principalmente a los opositores de la administración Bush una ocasión para recordar que Washington vive en una mentira institucionalizada que oculta las privaciones sucesivas de las libertades en los Estados Unidos.
Durante la promoción en Italia de la película de horror Hostel que acaba de realizar, el director y guionista estadounidense Eli Roth afirma en el sitio web TGCom que los discursos de George W. Bush etán totalmente desconectados de la realidad, pero que los medios siguen su punto de vista, pues están controlados por el presidente y sus aliados. El director explica el éxito de las películas de horror en los Estados Unidos como una necesidad del público de liberarse de las angustias generadas por las guerras y las mentiras de Washington, mirando atrocidades que sabe ficticias.

Red Voltaire




17 de febrero de 2006

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 Petróleo y recursos energéticos
 Guerra Fría del siglo XXI, la estrategía anti-rusa

Autores y fuentes de las Tribuna y análisis

«Discurso sobre el estado de la Unión»

Autor George W. Bush

 George W. Bush es el presidente de Estados Unidos.

Fuente Departamento de Estado (Estados Unidos)
Referencia «State of the Union Address by the President», por George W. Bush, Departamento de Estado, 31 de enero de 2006. Texto adaptado a partir de un discurso pronunciado ante el Congreso norteamericano. Sólo hacemos referencia a los fragmentos referentes a la política internacional.

Resumen Gracias a todos por vuestra acogida. Quisiera comenzar este discurso rindiendo homenaje a la Sra. Coretta Scott King, que falleció esta mañana.
En este año decisivo, ustedes y yo tomaremos decisiones que determinarán el futuro de nuestro país. Optaremos por continuar la lucha contra los enemigos de la libertad, o dejaremos de cumplir con nuestros compromisos. Optaremos por aumentar nuestra prosperidad al impulso de la economía mundial o nos retiraremos del comercio mundial. La política de aislamiento y el proteccionismo pueden ser tentadores, pero conducen a la decadencia.
Nuestra nación se ha enfrascado en el combate por un objetivo a largo plazo: poner fin a la tiranía en el mundo. Algunos definen este objetivo como irrealista, pero el 11 de septiembre de 2001 demostró que nuestra seguridad dependía de ello. La democracia crea la esperanza y aleja a los hombres del terrorismo. Además, esa democratización del mundo es un objetivo que puede alcanzarse. En nuestros días, la mitad de la humanidad vive en la democracia, y nosotros debemos ayudar a la otra mitad.
No obstante, terroristas como Osama Bin Laden tratan de asumir el control totalitario del Medio Oriente. Quieren dominar a Irak para amenazar a los Estados Unidos y al mundo. Para hacerlo, recurren al miedo, asesinando niños en Beslán, filmando en videos cómo decapitan a los cautivos… etc. No podemos abandonar el combate. No obtendremos la paz si nos retiramos frente al Islam radical. Estados Unidos rechaza el falso confort del aislacionismo. Estamos decididos a luchar contra el terrorismo, en Afganistán y en Irak. Allí ayudamos a construir gobiernos, combatimos a los terroristas. Nos enfrentamos a una oposición brutal, pero no he perdido las esperanzas. Nuestra acción en ese combate mejorará gracias a las críticas constructivas de los miembros del Congreso.
Al terrorismo no sólo lo combatimos militarmente, sino que también combatimos su ideología al luchar a favor de la democracia. En Egipto la población votó por primera vez en elecciones pluralistas y el gobierno debe ahora abrir el camino a la oposición pacífica. Los palestinos ya votaron y ahora Hamas debe reconocer a Israel y rechazar el terrorismo. Arabia Saudita debe incrementar las reformas. Lo mismo se aplica a Irán. Quiero que los iraníes sepan que nosotros los respetamos, que queremos que sean libres y que su país y el nuestro lleguen a ser buenos amigos. Asimismo, hay que iniciar reformas económicas, promoviendo la ayuda internacional contra los flagelos que azotan el planeta.
Debemos también combatir al terrorismo en nuestro país, apoyando a nuestras fuerzas del orden y renovando la Patriot Act.
Debido a que no hay una alternativa mundial frente al liderazgo norteamericano, no podemos caer en el aislacionismo. Aquí, en nuestro país, debemos construir la prosperidad nacional fortaleciendo el liderazgo económico de nuestra nación en el mundo. Para lograrlo debemos dejar a un lado el proteccionismo, el temor a la inmigración y seguir disminuyendo los impuestos y los gastos públicos. Estados Unidos, para continuar siendo competitivo, necesita una energía accesible y es en ese sentido que enfrentamos un problema. Estados Unidos depende del petróleo que a menudo proviene de lugares inestables. La mejor manera de poner fin a esa dependencia es desarrollando la tecnología. Es por ello que, esta noche, anuncio el lanzamiento de la Advanced Energy Initiative, que debe permitir el desarrollo de energías propias. De aquí al año 2025 debemos sustituir el 75% de nuestras importaciones de petróleo provenientes del Medio Oriente.
Que Dios bendiga a los Estados Unidos de América.

«Conferencia de prensa de Vladimir Putin»

Autor Vladimir V. Poutine

 Vladimir V. Putin es presidente de la Federación de Rusia.

Fuente #servicio de prensa del Kremlin (Federación de Rusia)
Referencia «Press Conferences, Meetings with the Press, Press Statements», por Vladimir Putin, servicio de prensa del Kremlin, 31 de enero de 2006. Texto adaptado de una conferencia de prensa de cuatro horas de duración que contó con la presencia de 560 periodistas. Sólo hacemos referencia a los fragmentos que tienen que ver con la política internacional. Para facilitar la lectura, clasificamos los diversos elementos de respuesta de Vladimir Putin según los temas abordados por las preguntas y no en el orden en que fueron tratados.

Resumen Agradezco a los periodistas por su asistencia masiva, ya que nunca antes habían asistido tantos a una conferencia de prensa.
El año 2005 fue bueno para Rusia, con un crecimiento económico de 6,4%. El Banco Central ruso cuenta ya con importantes reservas, los salarios rusos han aumentado en un 9,8%, el poder adquisitivo en un 8,7% y los subsidios y las pensiones por jubilación en un 13%. Estas cifras se expresan en términos reales y tienen en cuenta la inflación. Estas cifras muestran que, contrariamente a lo que afirman algunos de nuestros adversarios, Rusia tiene un sitio propio en el G8, cuya presidencia garantizamos. Como esta organización tiene una estructura multilateral, hemos optado por definir los grandes temas de trabajo de nuestra presidencia en colaboración con los demás miembros. Este año hemos decidido centrar nuestros esfuerzos en los grandes problemas que enfrenta la humanidad, tales como la seguridad energética mundial, las enfermedades infecciosas y la educación.
Contrariamente a lo que habitualmente se rumora, mis reuniones con el presidente bielorruso, Alexandre Lukatchenko, no significan un apoyo al régimen bielorruso o a un partido político bielorruso. Estamos a favor de la integración económica de nuestros dos países, pero eso no significa que apoyemos específicamente a un político en ese país.
Me complace haber llegado a un acuerdo con Ucrania referente al gas. Kiev por fin ha reconocido que desvía una parte del gas hacia Europa Occidental. Ello muestra también que tenemos razón al querer construir un gasoducto que pase por el Mar del Norte. Con Georgia tenemos más dificultades, ya que hay políticos georgianos que no ven con buenos ojos nuestras relaciones. No obstante, hay ingenieros rusos trabajando a –30° C para hacer que funcione de nuevo el suministro energético a Georgia, mientras que algunos dirigentes georgianos los escupen. Los georgianos deben comprender que esa actitud no mejorará en lo absoluto las cosas. Por nuestra parte, deseamos estrechar nuestros vínculos con Georgia. Contrariamente a lo que se dice, no creo que aplicar los precios del mercado a los ex países soviéticos nos afecte a largo plazo. Nuestra vieja política de precios con respecto a Ucrania costaba a Rusia entre tres y cinco mil millones de dólares anuales. A modo de comparación, la ayuda estadounidense a Ucrania asciende a 174 millones de dólares anuales. Debemos admitir que ya somos países separados y que debemos ante todo pensar en los intereses del pueblo ruso. Asimismo, debemos contar con los medios de ofrecer un suministro de gas que satisfaga a toda Europa. Pero ello no consiste en utilizar el gas como un arma, tal como pretenden algunos. En ese campo, estamos ya bien protegidos. Rusia cuenta con una fuerza de disuasión nuclear eficaz cuyo alcance pude explicar al presidente Jacques Chirac durante una de sus visitas al mostrarle la calidad de nuestros vectores, capaces de portar ojivas nucleares sin ser detectados por los sistemas antimisiles.
Conocemos la situación económica mundial y sabemos que muchos países buscan fuentes de energía alternativa al petróleo, pensando sobre todo en la energía nuclear civil. El problema reside en que la mayoría de las técnicas nucleares civiles pueden tener también un aspecto militar. Es por ello que durante una reunión de la Comunidad Económica Euroasiática propusimos crear una red de centros de enriquecimiento de uranio en Rusia, aprovechando los conocimientos rusos en ese campo, lo cual podría ser útil a todos los que quisieran participar en ello, incluido Irán.
Nuestro apoyo a Uzbekistán después de las revueltas ocurridas en Andizhan no es incompatible con nuestra adhesión a los valores europeos. Sabemos quiénes entrenaron a los revoltosos y no queremos un segundo Afganistán en el Cáucaso. Eso no quiere decir que ignoramos los problemas existentes en Uzbekistán.
Las Organizaciones No Gubernamentales son una parte importante de nuestra sociedad y las apoyamos, pero también queremos que su financiamiento sea transparente. No queremos que esas ONG se conviertan en títeres de los intereses extranjeros. Lamentamos el caso de espionaje con Gran Bretaña y no deseamos reducir nuestra alianza con Londres. Discutiré eso con el Primer Ministro británico.
Pondremos fin a las operaciones de contraterrorismo en Chechenia cuando los órganos de la seguridad chechenos puedan hacer respetar el orden por sí mismos. Cada vez lo están logrando con más eficacia, pero es un problema complicado. En el Ministerio del Interior checheno hubo numerosas personas que hace poco atacaron a las fuerzas federales. No es un asunto fácil, pero integrarlos permite confiar la responsabilidad a personas que conozcan bien Chechenia. No obstante, ello requiere ante todo crear una cultura del estado de derecho, lo que no es fácil.
Todavía no hemos llegado a un acuerdo para ingresar en la Organización Mundial del Comercio. El problema principal es con Estados Unidos, único país que nos impide ingresar en la OMC, pero como George W. Bush está a favor de nuestro ingreso, ese problema debe entonces solucionarse próximamente.
La cooperación chino-rusa es un factor importante de la estabilidad internacional. Queremos continuar nuestro acercamiento y resolver los problemas pendientes en nuestras relaciones, tales como los relacionados con las fronteras. Asimismo, queremos desarrollar nuestras relaciones comerciales. Todos esos puntos serán abordados durante mi próxima visita a China, en la primavera.
Me siento feliz por haber visitado Japón; creo que podemos mejorar nuestras relaciones, pero que Japón no debe solucionar sus problemas internos removiendo las viejas polémicas y jugando a los samurais en las islas Kuriles. Queremos encontrar una solución por medio del debate.
La victoria de Hamas constituye un fuerte golpe para los esfuerzos norteamericanos en el Medio Oriente. Hay que llevar a la negociación a todas las partes allí presentes. Nuestra posición es diferente a la de los europeos y los estadounidenses, pues no consideramos a Hamas como una organización terrorista, aunque eso no significa que aprobemos todo lo que hacen. Creemos, además, que Hamas debería abandonar sus posiciones extremistas y reconocer a Israel su derecho a existir.

«Los presidentes suben al escenario para shows diferentes»

Autor Rose Gottemoeller

 Ex investigadora en el International Institute for Strategic Studies, ex directora para asuntos de Rusia y Eurasia en el National Security Council (1993-1994) y ex subsecretaria estadounidense de Energía para la No Proliferación Nuclear (1997-2000), Rose Gottemoeller dirige desde enero de 2006 el Carnegie Moscow Center, la rama moscovita de la Carnegie Endowment for International Peace de la cual fue directora de investigación sobre asuntos rusos.

Fuente Moscow Times (Rusia)
Referencia «Presidents Take the Stage for Different Shows», por Rose Gottemoeller, Moscow Times, 2 de febrero de 2006.

Resumen El martes, el presidente estadounidense y el presidente ruso se manifestaron con respecto a sus países. Ambos acontecimientos difieren mucho entre sí. George W. Bush pronunció un discurso ante el Congreso, Vladimir Putin respondió durante cuatro horas a las preguntas de los periodistas. Pero, a pesar de las diferencias, ambos mostraron cuáles eran sus prioridades y ello permitió ver qué objetivos tenían en común.
Ambos abordaron tres temas: la energía, Irán y Hamas. En la cuestión energética, Putin se esforzó por presentarse como un proveedor energético confiable. Bush no mencionó a Rusia en su discurso, pero tenía en mente la cuestión de la confiabilidad de los proveedores energéticos y por ello exhortó a una reducción, de aquí a 2025, del 75% de las importaciones petroleras estadounidenses que provienen del Medio Oriente. Pidió trabajar intensamente en las fuentes de energía alternativas sin hablar de desarrollar el aspecto nuclear.
Con respecto a Irán, Bush no volvió a mencionar al «Eje del Mal» y afirmó que Estados Unidos respetaba el derecho de los iraníes a escoger a sus dirigentes. Sin embargo, insistió en el hecho de que Irán no debe poseer el arma nuclear. Putin no habló de la situación política iraní, pero defendió el programa ruso de enriquecimiento nuclear abierto a la participación de todos, incluidos los iraníes.
En cuanto a Hamas, aunque Putin dejó entender que no sería tan rígido como Estados Unidos, finalmente pidió lo mismo que Bush: el reconocimiento de Israel.
Es interesante constatar que Bush no habló ni de Rusia ni de China. De hecho, Bush y Putin viven en universos separados. Rusia sigue concentrada en sus vecinos y Estados Unidos en su mesianismo. No obstante, hay muchos temas en los que pueden colaborar.

«Rusia vuelve a caer en sus viejos errores»

Autor John McCain

 Ex prisionero de guerra en Vietnam y proveniente de una familia de militares estadounidenses de alto rango, John McCain es senador republicano por Arizona. Es presidente de la Comisión de Comercio, Ciencia y Transporte y miembro de la Comisión de las fuerzas armadas del Senado norteamericano. En 2000, era el principal rival de George W. Bush para la investidura republicana con vistas a las elecciones presidenciales. Preside el Consejo de Administración del International Republican Institute, organismo satélite de la National Endowment for Democracy. Es uno de los signatarios del llamamiento de los 115 atlantistas contra Rusia.

Fuente #Der Merkur (Alemania)
Referencia « Russland rutscht in alte Zeiten zurück », por John McCain, Der Merkur - Munich, 5 de febrero de 2006. Texto adaptado a partir de una entrevista.

Resumen Tras la conferencia de prensa del presidente Vladimir Putin, la dureza de mis comentarios ha sorprendido a los medios y a los sectores políticos. Sin embargo, critico a Rusia desde hace ya algún tiempo. La democracia y la libertad están en franco retroceso en Rusia. El comportamiento adoptado por Rusia con respecto a Ucrania o Georgia hubiera sido considerado indigno incluso por el antiguo gobierno soviético. Mis palabras pueden parecer violentas con relación al vocabulario habitualmente adoptado en los medios diplomáticos, pero reflejan la opinión de los dos partidos representados en el Congreso de los Estados Unidos. Una de las realizaciones de nuestra época fue la caída de la Unión Soviética y la obtención de la libertad para todos aquellos que estaban obligados a vivir bajo la dominación soviética. En la actualidad, todos tememos que Rusia vuelva a caer en sus viejos errores.
En todas las cuestiones urgentes de hoy –Irán, China, la seguridad energética–, Rusia debe cambiar radicalmente de actitud. Debe dejar de cerrar la llave energética a sus vecinos. Debe dejar que las organizaciones no gubernamentales vuelvan a trabajar. Debe dejar de oprimir a los medios independientes. Debe permitir que se manifieste la democracia local, por ejemplo mediante la elección de los gobiernos regionales. La lista es larga…
En lo referente a Irán, si bien es positivo que Rusia haya aceptado transferir el expediente iraní al Consejo de Seguridad de la ONU, la cuestión fundamental será –y no sólo para Rusia– saber si, llegado el caso, se logrará imponer sanciones económicas a Irán.
Mencioné la opción militar contra Irán, independientemente del hecho de que ya estemos movilizados en Irak y Afganistán. Sin embargo, preciso que no existe en lo absoluto opción nuclear. La cuestión no está ni siquiera en el orden del día ni es algo a considerar. Una de las formas de acción para hacer entrar a Irán en razones ha sido escogida: la presentación del expediente al Consejo de Seguridad. Existen otras muchas. La opción militar sería la última carta a jugar, pero no por ello debe ser apartada desde el principio. Sin embargo, no es necesario en este momento precisar los detalles.

«El orgullo ruso en materia de misiles»

Autor Viktor Litovkin

 Periodista y comentarista ruso, experto en asuntos militares.

Fuente RIA-Novosti (Federación de Rusia)
Referencia «مفخرة روسيا الصاروخية», por Víktor Litovkin, RIA-Novosti, 4 de febrero de 2006

Resumen La conferencia de prensa anual de Vladimir Putin provocó reacciones diversas. En el extranjero, por ejemplo en Estados Unidos, la respuesta a las declaraciones del presidente ruso fue grosso modo irónica. Las agencias de prensa, como Associated Press, se burlaron de que Putin elogiara los dispositivos rusos en materia de misiles. En realidad se trata de reacciones inapropiadas.
El presidente ruso habló de algunos misiles estratégicos provistos de diferentes opciones en extremo desarrolladas que no cuentan con equivalentes en otros lugares, de ahí la legitimidad del orgullo del gobierno de Moscú.
Este orgullo no es un signo de tiranía, snobismo o amenaza para alguien por los siguientes motivos: en primer lugar, los sistemas nucleares mencionados por Putin no han sido concebidos para atacar un blanco determinado. Además, dichos sistemas no amenazan a nadie puesto que Rusia no ha hablado nunca de un posible recurso a las armas nucleares. La tercera característica de la industria nuclear rusa es que no forma parte de la actual carrera armamentista nuclear.
Rusia está satisfecha con la cantidad, en su opinión suficiente, de misiles nucleares. Ello justifica que el dispositivo nuclear no sea considerado un medio de presión o de terror sino un arma política siempre válida. Pero esto no impide que Moscú, de conformidad con el acuerdo estadounidense-ruso, deba reducir sus capacidades estratégicas «ofensivas» para 2012.
Para esa fecha, y en opinión de algunos expertos, el número de ojivas nucleares rusas será inferior al que tiene derecho. Elección justificada por un solo motivo: el país no necesita un flujo «nuclear». Otra razón más de orgullo para Putin ya que ha podido conservar una lógica «nuclear» pacífica a pesar de los riesgos característicos del mundo actual.

«¿De qué aislacionismo estamos hablando?»

Autor Andrew J. Bacevich

 Andrew J. Bacevich, ex coronel del US Army, es profesor de relaciones internacionales de la Universidad de Boston y miembro de la American Academy en Berlín.

Fuente Los Angeles Times (Estados Unidos)
Referencia «What isolationism?», por Andrew J. Bacevich, Los Angeles Times, 2 de febrero de 2006.

Resumen Durante su discurso sobre el estado de la Unión, George W. Bush la emprendió violentamente contra el aislacionismo. ¿Pero quiénes son en realidad los aislacionistas? El presidente se abstuvo de responder a esta pregunta por una razón válida: ¡no existen! Es una ficción importada de otra época. Si aún se habla de aislacionismo es para imponer disciplina entre las filas. Bush está acorralado e invoca la amenaza aislacionista para librarse de algunos obstáculos. Al hacerlo, impide el debate sobre los pormenores de su política exterior.
Después del 11 de septiembre, George W. Bush se convirtió a las teorías de Woodrow Wilson. El proyecto wilsoniano reposa en dos convicciones: la historia tiene un sentido, una dirección y Estados Unidos es el instrumento de la providencia para marchar en ese sentido y lograr que triunfe la libertad. George W. Bush se ha erigido una vez más en el portavoz de estas convicciones. Pero el problema de las teorías wilsonianas es que raras veces se preocupan por el concepto de factibilidad.
La tradición realista que se opone al wilsonismo no es aislacionista, es el punto de vista de George Washington. Calificarlo de aislacionista para ocultar el debate es una actitud irresponsable.

«El contradiscurso sobre el estado de la Unión»

Autor Gore Vidal

 Novelista, ensayista y dramaturgo estadounidense comprometido, Gore Vidal escribió recientemente Inventing a Nation: Washington, Adams, Jefferson. Redactó un dossier especial para el diario británico The Guardian en el que afirma que la administración Bush estaba al corriente de los atentados del 11 de septiembre antes de que se produjeran.

Fuente Der Standard (Austria)
Referencia «Majestätsbeleidigung, made in USA Die "andere" State of the Union», por Gore Vidal, Der Standard y Democracy Now!, 2 de febrero de 2006.

Resumen Este gobierno es uno de los más antipatrióticos que puedan existir. Este gobierno utiliza sin pudor medios ilegales para atacar a un país extranjero, y peor aún, a dos países extranjeros: Irak y Afganistán, países que no nos habían hecho nada. Ilegales porque, contrariamente a lo que dice la Constitución, estas guerras no fueron decididas por el Congreso sino por el presidente: «Mira para eso, cualquiera diría que algunos terroristas se pasean por allá ¿Qué les parece? ¿Bombardeamos? ¡Lancen las bombas!» No es primera vez que tenemos un imbécil como presidente de nuestro país. Pero si bien George W. Bush no es el primero de los cretinos que nos han dirigido, no hay dudas de que es el más activo. Es por ello que mientras estamos metidos hasta el cuello en nuestras dos guerras ilegales ya está planificando nuevas guerras contra nuevos países. El discurso sobre el estado de la Unión ha sido tergiversado para permitirle justificar su concepto de vigilancia total y meter las narices en la vida privada de cualquier ciudadano estadounidense sin que medie el más mínimo control jurídico. Para aquellos que todavía tienen un cerebro, esto tiene un nombre: dictadura. Dic ta du ra. Dic-ta-du-ra.
Ya es hora de que nos opongamos a todo esto. No nos digamos: escondamos la cabeza hasta las próximas elecciones y todo cambiará. No podemos depositar nuestra confianza en las elecciones de nuestro país desde que el poder lo cubrió con esas máquinas electrónicas que permiten manipular nuestros votos para que esos estafadores se mantengan en el poder.
Pienso que las manifestaciones a nivel nacional podrían ser mucho más eficaces. Digan simplemente No. No, no queremos volverte a ver, estamos hasta el último pelo de ti, regresa a Crawford. Y si quieres, podemos incluso ayudarte a recaudar fondos para construirte una hermosa biblioteca como recuerdo de tus ocho años de mandato –incluso cuando sabemos que no eres gran amante de los libros, ni hoy ni mañana. Queremos simplemente que te vayas y te conviertas en un ex presidente, con museo y biblioteca conmemorativa a los que puedas invitar a tus socios, tan iletrados como tú, pero que han sido generosamente pagados por Estados Unidos S.A. y te adorarán por ello…

«Bush y sus victorias en Irak»

Autor Redacción de Al Quds Al Arabi

Fuente Al Quds Al Arabi (Reino Unido)
Referencia «بوش وانتصاراته في العراق», por la Redacción de Al Quds Al Arabi, Al Quds Al Arabi, 2 de febrero de 2006.

Resumen En su discurso sobre el estado de la Unión, George W. Bush destacó la victoria de su gobierno en Irak al mismo tiempo que recordó que la guerra contra el terrorismo marcha por el rumbo adecuado. Ahora bien, la situación en el campo de batalla demuestra lo contrario. El inquilino de la Casa Blanca trata una vez más de engañar a su pueblo.
Si Bush considera una victoria la pérdida de tres mil soldados y de trescientos mil millones de dólares en Irak, ¿cómo define entonces una derrota? La única diferencia entre su último discurso y los de años anteriores radica en que no se atrevió a hablar de una falsa mejoría de la situación en Irak, de que la guerra contra el terrorismo ha alcanzado sus objetivos y de que el mundo está mucho más seguro desde la caída del régimen iraquí. Estas expresiones caracterizaron sus discursos de los últimos cinco años y fueron repetidas por su aliado británico Tony Blair.
Además, la aparición en Bin Laden y la de Al-Zawahiri algunos días después no son fruto del azar. Estas apariciones tienen como propósito desmentir, por adelantado, el contenido del discurso sobre el estado de la Unión, agravar los sufrimientos del presidente estadounidense y confirmar de manera explícita el fracaso de la guerra contra el terrorismo.
George Bush debe confesar que su política exterior ha fracasado y que le ha costado bien caro. Además, felizmente, los ciudadanos estadounidenses ya no creen en las palabras y en las «victorias» imaginarias de su presidente. Este último está en un callejón sin salida en Irak y en Afganistán, situación que puede empeorar en caso de que atacara a Irán con el pretexto de la seguridad.
Las políticas adoptadas por los neoconservadores tendrán sin dudas un efecto destructivo sobre su gobierno en las próximas elecciones del Congreso a celebrarse en noviembre.

«Bush: con el agua al cuello»

Autor Christoph Winder

 Christoph Winder es diputado OVP (socialdemócrata) del Parlamento austriaco.

Fuente Der Standard (Austria)
Referencia «Wasser bis zum Hals», por Christoph Winder, Der Standard, 2 de febrero de 2006.

Resumen El reciente discurso de Bush lo demuestra una vez más. Cuando la realidad se atraviesa en la obtención de sus objetivos, el presidente estadounidense no vacila mucho en deformarla para que le siga la rima, ya se trate de las armas de destrucción masiva de Sadam Husein o del tema de las escuchas ilegales de la NSA, el último de los escándalos que ha sacudido el mundo político en Washington.
En este último caso, Bush creyó, erróneamente, que las circunstancias geopolíticas lo autorizaban a dejar que los servicios secretos hicieran lo que les diera la gana sin tener que preocuparse por un juez o por barreras jurídicas. No es sorprendente entonces que la oposición en Estados Unidos se manifieste con violencia contra las «tentaciones imperiales» del presidente o que Hillary Clinton recurra a los superlativos («El peor gobierno de la historia de Estados Unidos»). Recientemente pudimos conocer un nuevo caso de negación de la realidad por ceguera política. El New York Times publicó el testimonio de un científico de la NASA a quien se le prohibió, por decreto presidencial, hacer públicas sus investigaciones sobre las emisiones de CO2 y sus efectos sobre el calentamiento climático. Conociendo la despreocupación del gobierno de Bush en materia ambiental esto no nos asombraría. ¿Efecto invernadero? No vale la pena preocuparse por ello.
Felizmente, el público estadounidense está lo suficientemente sensibilizado con el tema como para que alguien pueda simplemente barrer todos estos temas y ocultarlos bajo la alfombra. Hasta los más escépticos han comenzado a comprender todo lo que está en juego cuando vieron a los habitantes de Nueva Orleáns con el agua hasta el cuello. A largo plazo, la dureza de la realidad acaba por resistir al trabajo de deformación y manipulación de la propaganda estatal. Sólo hay que esperar que ese día no sea ya demasiado tarde para evitar la catástrofe.

«La verdadera película de horror es George Bush»

Autor Eli Roth

 Eli Roth->http://www.imdb.com/name/nm0744834/] es guionista y director, especializado en películas de horror «gore». Es el autor y director de Cabin Fever y Hostel.

Fuente TGCom (Italia)
Referencia «"Il vero horror? E’ Bush"», por Eli Roth, TGCom, 2 de febrero de 2006.

Resumen No hay nada más espantoso que George Bush, pero no tenemos derecho a decirlo. Entonces las personas se esconden en el cine para ver películas de horror y poder gritar.
Parece que Bush está completamente desvinculado de la realidad. Es alguien que nunca participó en la más mínima guerra y que ha logrado enviar a miles de jóvenes a librarla en Afganistán e Irak, y sumir en el terror a cualquier oposición en el país. Ha logrado también asustar de tal manera a los medios de comunicación con el dinero de sus socios que ninguna de las cosas horribles que se producen en esta guerra es jamás mostrada por televisión.

 



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