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Aprovechamos esta nueva celebración del Día Internacional de los Pueblos Indígenas para saludar y extender un reconocimiento por las luchas históricas en los distintos lugares del mundo a las hermanas y hermanos indígenas.

Las culturas indígenas están más vivas que nunca. Sin contar con recursos financieros o institucionales, desde las comunidades se ha protegido y transmitido los saberes, heredados de generación a generación. Los Pueblos Indígenas han demostrado el valor y la fuerza de la cultura, y fortalecido el respeto por la memoria de los antepasados.

Los Pueblos Indígenas han aportado a la humanidad sus valores ancestrales, su espiritualidad, su respeto por la vida y sus conocimientos. La humanidad puede aprender muchísimo de los Pueblos Indígenas, en momentos en que asedian al planeta catástrofes naturales, guerras y pobreza.

Este nuevo Día Internacional de los Pueblos Indígenas llega en momentos en que nos enfrentamos a la marginación, la discriminación y la inequidad, que aún con los avances recientes no se ha podido superar. En Guatemala ha avanzado la lucha contra la discriminación mediante dos juicios con fallos condenatorios en contra de los acusados. Pero en los inicios de un nuevo Decenio Internacional de los Pueblos Indígenas y a pesar de los importantes esfuerzos atestiguados, las comunidades indígenas continúan, como efecto de la discriminación, entre las más pobres y las más marginadas en el mundo.

En la Organización de Naciones Unidas continúa estancado el proyecto de Declaración de los Derechos Universales de los Pueblos Indígenas, por falta de voluntad política de un grupo de naciones para aprobarla y que podría considerarse una postura racista.

Aprovechamos esta ocasión para enfatizar en que la fuerza de una cultura radica, especialmente, en la conservación, la defensa y la transmisión de la memoria histórica. En tanto que un pueblo sea capaz de preservar su pasado de manera coherente y respetuosa, asegurará el futuro de su cultura.

En esta fecha instamos a las organizaciones indígenas y otros colectivos sociales a impulsar legislaciones que penalicen la discriminación en todas sus formas. Como lo prueban las experiencias recientes en Guatemala, la vía judicial aparece como un recurso fundamental para combatir este flagelo.

Las condiciones a las que se enfrentan los Pueblos Indígenas no admiten postergaciones, pues, de lo contrario, continuarán engrosando las filas de los más desprotegidos, los más excluidos y los más olvidados.

Fundación Rigoberta Menchú