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El tribunal de segunda instancia ha convalidado la sentencia contra Mijaíl Jodorkovsky, lo que traslada al ex propietario de Yukos de la categoría del procesado a la del condenado y, de forma automática, le impide presentarse por un distrito electoral de Moscú para el escaño que queda vacante en la Cámara baja del Parlamento, ilusión que albergaban tanto Jodorkovsky como sus amigos en libertad.

En teoría, aún es posible recurrir este veredicto pero todo indica que nada va a cambiar. De este modo, podríamos constatar con seguridad casi total que en el caso del ex magnate petrolero se ha puesto el punto final. La pregunta es si se ha puesto el mismo punto en la trayectoria de Jodorkovsky como político. Ha habido bastantes precedentes en la historia cuando la prisión no ha conseguido otra cosa sino reforzar las ambiciones políticas del recluso, su espíritu y sus convicciones ideológicas, contribuyendo al incremento de su autoridad en la calle. Sin embargo, creo que no es exactamente el caso.

Hay varias razones para la duda. La primera es que el Sr. Jodorkovsky - algo que se vuelve cada vez más evidente - tiene ambiciones del poder pero carece de convicciones ideológicas estables. La aureola del liberal y demócrata, creada en torno a Jodorkovsky por su equipo de tecnólogos políticos, había rodeado a este personaje como una cortina de humo durante largo tiempo hasta que empezó a disiparse poco a poco, a lo cual fueron contribuyendo tanto sus artículos, transmitidos desde la cárcel a la prensa y que denotaban claras simpatías del autor por la ideología de la izquierda, como algunos episodios de su vida anterior filtrados a la luz pública.

Un ejemplo típico en este contexto es el reciente artículo de Mark Deich, publicado por «Gaceta». Los hechos que él menciona no le aportan respeto ni autoridad a Jodorkovsky como político. No hay ningún motivo para que desconfiemos de lo que dice Mark Deich, ex empleado de la Radio Libertad, periodista conocido por sus firmes convicciones liberales y que en más de una ocasión criticó al sistema judicial ruso a raíz del ’caso Jodorkovsky’. Este artículo podría interpretarse como una primera confesión seria, por boca de los demócratas, de que han seguido durante mucho tiempo a un profeta falso. El segundo testimonio a este respecto es la noticia de que la Unión de Fuerzas de Derecha quiere plantear en su próximo congreso una sanción disciplinaria contra aquellos militantes que se han sumado al grupo promotor de la candidatura de Jodorkovsky para la Cámara baja. El partido más derechista de Rusia emite de esta manera un voto de censura con respecto al que era considerado «un corderito de sacrificio de la idea liberal».

El autor del artículo publicado en «Gaceta» recuerda a los liberales que Jodorkovsky, aparte de haber financiado en los últimos años a la derecha y a la izquierda a un mismo tiempo para asegurar su negocio contra cualquier imprevisto desagradable, padece desde hace mucho del desdoblamiento de personalidad política. «En agosto de 1991, Mijaíl Jodorkovsky era uno de los dirigentes de Menatep, estructura financiera multisectorial que controlaba entre otros al banco homónimo - escribe Deich - Durante la intentona golpista, Jodorkovsky mandó a una parte de sus empleados para apoyar a los defensores de la Casa Blanca (Nota: sede del Gobierno ruso y centro de resistencia durante el golpe de Estado organizado contra Gorbachev), y a otros, para respaldar a los golpistas. En aquellas fechas, yo trabajaba en la Radio Libertad y recuerdo perfectamente que nuestra emisora comunicaba estos detalles picantes». Jodorkovsky, un ex activista de las Juventudes Comunistas, estaba dispuesto a vivir simultáneamente tanto en el futuro, con Boris Yeltsin, como en el pasado, con los remanentes del odioso Politburó del PCUS. Lo cual significa que él, en su evolución hacia la izquierda, se salta tranquilamente la socialdemocracia.

Según las reiteradas afirmaciones de Jodorkovsky, él jamás se habría metido en la política, si no fuera por la persecución judicial por parte del régimen. Mark Deich se encarga de demostrar, con documentos convincentes en las manos, que es una picardía cuando menos. «Gaceta» hace referencia a las actas de varias reuniones celebradas por «Rusia Abierta», organización surgida en el seno de Yukos y patrocinada por los Sres. Nevzlin y Jodorkovsky. De estos papeles se desprende que su objetivo no era potenciar la sociedad cívica en Rusia sino crear un partido a la medida de Jodorkovsky. Lo cual, en principio, no es un pecado pero Deich, acto seguido, cuestiona el carácter democrático de dicho partido.

El periodista menciona algunos esquemas de relaciones públicas trazados por «Rusia Abierta», por ejemplo, la estrategia número uno - «Tormenta e Ímpetu» - encaminada a posicionar a Mijaíl Jodorkovsky como líder espiritual de la juventud rusa, o la número dos - «Cortina de Humo» - que apunta a camuflar las verdaderas ambiciones políticas del partido y de sus dirigentes. Cabría preguntar a santo de qué necesitaría una cortina de humo Jodorkovsky, un «demócrata» y un «guía espiritual» de los jóvenes rusos. Según los documentos que obran en poder de Mark Deich, se contemplaba establecer en todas las regiones de Rusia 50 centros para el apoyo de Jodorkovsky. La cifra de 50 no es casual, desde luego. Mediante la ley rusa de partidos federales, un candidato ha de tener delegaciones por lo menos en 45 provincias del país para poder inscribirse oficialmente. La pregunta lógica entonces es cuándo exactamente se dedicó a la política el Sr. Jodorkovsky.

Otro papel mencionado por Deich se titula «Elecciones/Lista de candidaturas». La reunión sobre el proyecto tuvo lugar el 25 de septiembre de 2002. «Rusia Abierta» pretendía meter seis hombres propios en cada uno de los cinco partidos que se presentaban a los comicios, es decir, un total de treinta personas, escribe Deich. En la misma sesión fue examinada una lista de 58 pretendientes por distritos territoriales, con lo cual ya suman 88. Una fuerza influyente, constata el articulista. Observaré de mi parte que al Sr. Jodorkovsky le traían sin cuidado las ideas o la orientación política de los futuros legisladores. Deich reproduce en su artículo las estimaciones presupuestarias, o sea, la cantidad de dinero requerida para que todos los candidatos votasen correctamente. Hay cierto parecido sutil entre Jodorkovsky como político y Zhirinovsky, personaje bien conocido incluso fuera de Rusia. Sólo hay dos diferencias.

Jodorkovsky, en calidad de empresario y político, paga por los servicios mientras que Zhirinovsky, según han afirmado diversos medios en reiteradas ocasiones, cobra por ellos. Además, Zhirinovsky está dispuesto a decir y hacer cualquier cosa con tal de mantenerse cerca del poder, y Jodorkovsky tiene la misma disposición para acumular todo el poder. Sus ambiciones están muy por encima. «Los empresarios, evitando meter todos los huevos en un mismo cesto, suelen calificar esa actitud como precavida - escribe Deich - ¿Cómo se llamaría eso entre los políticos? ¿Falta de principios, probablemente?»

Pienso que Jodorkovsky ha perdido tanto en los tribunales como en el terreno de la política. Le van abandonando los liberales y los demócratas. Tampoco la izquierda quiere aceptar al ex magnate y ex secretario de Juventudes Comunistas en uno de los distritos de Moscú. Los bolcheviques eran iguales: cogían dinero de cualquiera que se lo ofreciese pero al mismo tiempo no abrían las puertas ante el primer ricachón que hubiera pagado.

El desdoblamiento de la personalidad política es una enfermedad grave. Todo indica que Jodorkovsky tendrá que volver a sus orígenes, es decir, ocuparse tanto del negocio como de la política desde la sombra, a través de algunos amigos que permanecen en libertad. En la penumbra todo le sale mucho mejor que a la luz.

Fuente
RIA Novosti (Rusia)