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Tlc Ecuador

Marcha la dignidad

Los indígenas ecuatorianos volvieron a la calle. Tras el receso a que obligó la experiencia con el ex presidente Lucio Gutiérrez, racionalizado y aprendida la lección, dejaron en claro que son la mayor fuerza social de aquel país. Pero también, que son la dignidad en marcha.

| Quito (Ecuador)
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En efecto, tras múltiples llamados para que el Gobierno hiciera públicas las negociaciones sobre el TLC con los Estados Unidos, no tuvieron más opción que marchar hacia Quito, desde distintos puntos del país. Las jornadas se iniciaron el 16 de marzo y se prolongaron por dos semanas. Ni la militarización de las autopistas ni las amenazas ni las provocaciones pudieron pararlos. Aunque en una primera instancia no doblegaron al inestable gobierno de Palacio, si consiguieron politizar el debate, llevándolo a todos los rincones de su país.

Retirados de la capital y tras una asamblea realizada en la provincia de Tungurahua, decidieron volver a los bloqueos. Pero la sorpresa es mayor cuando el gobierno central es notificado por los Estados Unidos de que la negociación no va más, hasta tanto no se reconozcan todos los derechos de sus empresas petroleras asentadas en territorio ecuatoriano.

Ley de Hidrocarburos

Todo empezó cuando las comunidades de Sarayacu, Napo, Tena y otras, hicieron público su rechazo a la multinacional Oxy. La demanda de Oxy Fuera (no renegociar su contrato vencido), se extendió a todo el país y se hizo, junto con el No al Tlc, el centro de las protestas.

Pero además, ganó espacio en la institucionalidad la necesidad de renegociar todos los contratos petroleros. El propósito: como mínimo igualdad de ganancias. Los Estados Unidos, que pretenden mantener el 60 – 40 vigente a su favor, no aceptó. Y con este no, los ecuatorianos dignos ganaron por unas semanas o meses la congelación de las negociaciones sobre Tlc. Hay tiempo para agrupar las fuerzas.


La lluvia, la memoria, la esperanza

Y la lluvia no dejaba de caer. Habíamos salido a recorrer por los senderos de la finca. Mientras yo sentía que me había mojado hasta el corazón, mi abuelo procedía a cortar hojas de pambil y construir un techo para descansar Mi abuelo me hace una seña para que buscara y trajera algo de leña seca. Regreso con algo de esfuerzo y enseguida él forma una hoguera. Nos sentamos a esperar que dejara de llover. Parecía que la lluvia no pararía nunca.

Como era costumbre, en estas ocasiones, mi abuelo comienza a hablarme como si supiera mis inquietudes e incertidumbres en lo más profundo de mi mente y de mi corazón.

Mi abuelo comienza a decirme que “así como esta lluvia, aun que la noche sea la más oscura, la más tormentosa, la más larga, amanecerá”. Continúa diciendo que: “en los inicios del tiempo sólo había noche. Era un largo techo de sombra el cielo y era triste el canto de los hombres y mujeres”.

Las palabras de mi abuelo nos recuerda la memoria de sus mayores donde los dioses siempre sacaban acuerdo para hacer los trabajos, y así aprendieron a hacer nuestros mayores y así aprendimos nosotros.

Pero mi abuelo también me recuerda que esa noche, esa oscuridad continuaba siendo oscuridad porque no todos y todas aprendimos de nuestros mayores y de nuestros dioses. «Todos quieren dar órdenes pero nadie quiere obedecerlas” me dice con voz baja, con algo de tristeza. Y me hace una pregunta, esta vez alzando la voz como si volviera al presente y reclamara a estas personas que “¿Cómo van a ofrecer algo nuevo al pueblo si hacen puras cosas viejas?”.

Me atrevo con cierta timidez a decir que así como hay estas personas, hoy en día “son muchos los ecuatorianos y ecuatorianas que ya están cansados de que esta historia de burlas y mentiras se repita una y otra vez, sin que nada bueno venga para los de abajo”. “O sea que la oscuridad persista”, dice mi abuelo. Y con cierto rencor también recuerda y me responde que “para los malos gobiernos, los indígenas sólo seguimos siendo ganado para el matadero del supuesto desarrollo”.

La lluvia seguía con más intensidad. Mi abuelo se prestaba a recoger el tabaco ya seco mientras yo me acercaba a mover y poner más leña. Luego de encender el tabaco mi abuelo continua diciéndome: “si miramos hacia el futuro olvidando de dónde venimos, aparecen las coartadas, la sensatez, la prudencia, el miedo, la rendición y la traición peor, es decir, la traición a nosotros mismos”. Luego de una bocanada continúa: “por eso, pretendiendo heredar a las generaciones venideras libertades, les heredamos cadenas y condenas. Dejemos que ellas decidan su propio destino, que eso y no otra cosa quiere decir ser libres”.

Ahora no sólo la lluvia parece decirnos que no saldrá el sol, sino que son los estruendos de los rayos que nos traen a la memoria la represión que tuvieron que soportar nuestros muertos.

Mi abuelo me hace una seña para que me acerque y susurra en mi oído como si se tratase del secreto más recelosamente cuidado. Me dice, como regresando a los tiempos de sus mayores: “lo que vamos a hacer es, juntos, sacudir este país desde abajo, levantarlo, ponerlo de cabeza. Que se muestren entonces todos los despojos, todos los desprecios, todas las explotaciones. Lo vamos a sacudir y tal vez vamos a descubrir que no estaba bien; que no debía estar así, entonces vamos a tener que armarlo de nuevo, sin más arriba y sin más abajo que los que marcan sus montañas, sus valles, sus ríos y lagunas y lo vamos a poner de nuevo, y nuevo, entre el Pacífico y el Amazonas y entre Colombia y Perú, y entonces sí hay que empezar a andar”.

Al rato, la lluvia parece haber escuchado las palabras de mi abuelo y se aleja con cierto recelo. Él me sigue repitiendo las palabras de sus mayores: “así el mundo será un poco mejor, y otros, otras, después, le darán la forma, el rumbo, el paso, la velocidad y el destino. Porque no hay que olvidarlo: siempre falta lo que falta”.

Mientras recogemos nuestras cosas aún mojadas y apagamos la hoguera mi abuelo me anuncia “que se trata de que el Nadie que somos defienda su lugar, su camino, su paso y su destino y, sobre todo, la multiplicidad de pies y modos de caminar en este otro país que queremos. Que cada quien se diga a sí mismo cuánto pone en este empeño y a qué está dispuesto. Conforme a esto, que establezca su compromiso y lo que espera a cambio”.

Desde el pie de monte amazónico. Napo, 24 de marzo 2006

Pd. Este es un pequeño tributo al movimiento indígena ecuatoriano que en estas semanas nos ha devuelto la dignidad y la esperanza.

Desde Abajo

Desde abajo es un mensual colombiano que interroga los efectos que pueden tenerde las políticas económicas y sociales del gobierno nacional. Busca los efectos que generan éstos en los sectores marginales o excluidos de la sociedad y desea contribuir para un mejor desarrollo de ellos. Desde abajo incluye la unión empresarial con el mensual francés Le Monde diplomatique y un fondo editorial constituido de siete colecciones.

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