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EE.UU. : Administración W. Bush

Candidato del complejo militaro-industrial y de los grupos de presión de la industria petrolera y de la industria farmacéutica, George W. Bush se apoderó de la Casa Blanca de forma fraudulenta. Como ya se anunciaba en el manifiesto Por un nuevo siglo americano, Estados Unidos es víctima de un «Pearl Harbor espacial» y los atentados del 11 de septiembre justifican un estado de excepción permanente y la realización de operaciones militares en el exterior. Si bien su decisión de aprovechar los atentados para declarar la «guerra global contra el terrorismo» y apoderarse del control de las rutas comerciales internacionales obtiene el respaldo de la clase dirigente estadounidense en su conjunto, no sucede lo mismo con la anacrónica colonización de Irak. Desde el primer día, el general Brent Scowcroft (ex consejero de Bush padre para los temas de seguridad) se pone a la cabeza de quienes se pronuncian en contra de esa política. Esta contestación se extiende poco a poco entre los oficiales superiores que temen un nuevo Vietnam. La administración Bush se aleja entonces de ciertos líderes republicanos y se apoya en su electorado sionista, esencialmente en los evangélicos. La Casa Blanca privatiza los servicios sociales en beneficio de las Iglesias, margina a sus consejeros científicos y desarrolla un orden moral. En el Pentágono, Donald Rumsfeld intenta privatizar los ejércitos mediante la creación de las Fuerzas Especiales y recurriendo a la contratación de decenas de miles de mercenarios.
Pero las desventuras anunciadas en Irak toman un cariz de catástrofe militar. La retórica de la cruzada y el uso públicamente reivindicado de la tortura contribuyen también al deterioramiento de la imagen de Estados Unidos a través del mundo, al decrecimiento de la atracción que pueden ejercer sus productos y al declive de su liderazgo. A fines de 2006, los generales estadounidenses entran abiertamente en rebelión. La Comisión Baker-Hamilton sobre Irak logra crear un consenso político para detener el aventurerismo de George W. Bush, quien ya amenaza con extender la guerra a Irán. El presidente pierde las elecciones intermedias y se ve obligado a deshacerse del secretario de Defensa Donald Rumsfeld y a poner en su lugar a Robert Gates (hijo espiritual de Scowcroft y miembro de la Comisión Baker-Hamilton). Durante sus 2 últimos años en la Casa Blanca, el presidente George W. Bush se ve apartado del ejercicio real del poder.
Se hace evidente que Estados Unidos está gravemente endeudado debido al costo exorbitante de sus guerras. Al no aparecer los beneficios que debían recompensar su inversión en estos conflictos, el mundo anglosajón se ve inmerso en lo que es claramente el comienzo de una crisis financiera y económica.

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