Pinllo: Entre gallinas y pan en leña

o existen palabras para explicar el encanto de ese mundo, aquel donde el alboroto de la ciudad no existe y es raro el sonido de los motores de las camionetas, que solo de vez en cuando aparecen por las calles de adoquín, transitadas por el ganado que bajan de las altas montañas. Su gente, aquella que recibe con los brazos abiertos a propios y extraños, deambula tranquila por el parque central al compás del canto del picaflor y el aroma a flores y frutas.

Muchos hablan de este pueblo, Pinllo, pero pocos llegan a conocerlo. Está ubicado a 20 minutos de la ciudad de Ambato-Provincia del Tungurahua- y es el sitio preferido para sentarse en familia y comer las tradicionales gallinas asadas más aún, si este exquisito plato es servido por las manos de la familia Villacreces Lagos, que llevan 61 años atendiendo a sus clientes en la denominada ‘Casa del Recreo’. “Le ponemos lo más básico: ajo, cebolla y sal. Son los únicos ingredientes que mis padres utilizaron para sazonar a las gallinas y asarles en las parrillas”, dice Guillermo Villacreces, hijo de don Adán, fundador de este tradicional negocio.

Si estas gallinas, que pesan más de diez libras cada una, tienen sabor único, las que prepara don Edgar Pinto en el restaurante “Abaká” son dignas de probarlas. Son cocidas al horno en leña a altas temperaturas, lo que ha permitido mantener, por más de 16 años; ese sabor que nadie puede igualar. “Nuestra sazón es natural, nada de químicos, pero pienso que ayuda bastante cocinar en horno de leña”, enfatiza Pinto, mientras la madera fresca quema al rojo vivo bajo la chimenea. ¡Qué sabor de estas gallinas!

Para contrarrestar el frío de la tarde, otros productos tradicionales se hacen presentes. El pan, el chocolate y la colada morada, aunque no es día de difuntos, están hirviendo en las ollas para tomar y calmar esa angustia de sentir como cubos de hielo sobre nuestros cuerpos.

En este sitio hay muchos lugares donde elaboran el pan, pero no como donde Norberto Bonilla, propietario de la nombrada ‘Panadería de la Familia Bonilla’. El horno a leña es indispensable para producir hasta 4000 panes diarios, que se venden dentro y fuera de este pueblo. El procedimiento, a diferencia de las otras panaderías, es que la masa es mezclada con manteca de chancho, mantequilla y harina de afrecho, conocida con este nombre en la ciudad de Riobamba y de donde los Bonilla traen hasta 90 quintales mensuales. Luego de tener la masa esponjosa, es colocada directamente sobre los ladrillos que están en la parte interior del horno y allí dejan ocho horas hasta que la masa crezca y produzca el mejor pan de la provincia y quizá del país: el famoso pan de Pinllo. Comer esto, acompañado de la colada morada o el chocolate, calienta el cuerpo, es un deliete y el frío de las montañas desaparece.

Pasa: una historia que no pasa

Si el frío de Pinllo alborotaba nuestros pelos, la temperatura de Pasa no supera los ocho grados centígrados; los ‘templados’ visitantes soportábamos este clima, pero los comuneros, en su mayoría indígenas, están ya acostumbrados. Chompas, camisas, bufandas, gorras de lana y guantes, servían para atenuar el tenaz frío que se mezclaba con neblina y unas pequeñas gotas de llovizna que a ratos golpeaban nuestras caras. ¡Qué frío!

El reloj marcaba las 16h47 cuando llegamos todos los periodistas a Pasa luego de haber saboreado las gallinas y el pan en Pinllo. La cita pactada con los comuneros era a las 13h00 y luego de esperar más de tres horas la mayoría de ellos ya habían regresado a sus casas. La banda de música se había cansado de tanto entonar las melodías y sus manos no soportaban coger más tiempo el bombo, clarinete, trompeta y los platillos, debido al frío que desde las 15h00 habían sentido. Qué lástima por nosotros, porque, según Juan Chimpantiza, Teniente Político de esta parroquia, este grupo es uno de los más importantes de la provincia. Sin embargo, en este pequeño pueblo había muchos sitios por conocer, pero la hora se nos venía encima.

Pese a que en los últimos años pocos habitantes han construido sus viviendas con hormigón, la mayoría de casas aún conservan el toque tradicional. Grandes paredes de adobe, teja y balcones de madera están intactas, como si nunca hubiese pasado el tiempo en este pueblo; más aún, si son habitadas por personas de la tercera edad que se asoman en sus balcones para ojear a quienes les han llegado a visitar y que no tienen pereza en saludar. Doña María Cajilema, que de pronto aparece por la puerta de madera vieja de su pequeña tienda, me invita a dialogar, mientras los demás visitantes se esparcen por todo el pueblo a conocer los encantos. “El pueblo sabía que ustedes llegaban, pero ya se fueron. En esta parroquia se puede conocer la iglesia, la laguna, el volcán Casaguala y la agricultura”, dijo la anciana de 93 años de edad.

La iglesia, denominada “Matriz de Pasa”, está hecha de piedra, así como su altar que se encuentra cubierto de ‘pan de oro’ y donde reposa su patrono: San Antonio de Pasa. Según Willian Flores, dirigente de esta parroquia, la construcción del templo inició en 1938 gracias al trabajo de las familias Changoluisa, Quishgana y Chamba, albañiles del pueblo que, con la ayuda de la comunidad que colaboró con los materiales de construcción, lograron construir esta majestuosa obra.

Eran las 17h36 y la tarde se obscurecía poco a poco. Los indígenas se sumaban al recorrido como romería religiosa, cuando el dirigente parroquial nos condujo al taller donde producen las conocidas camisas de cuello alto. Llegamos al sitio y en medio de los comuneros que nos acompañaron salió un pequeño hombre mestizo: era don Rodrigo Ulloa, el sastre que confecciona y vende las mejores camisas de la provincia. “Entren, este es mi taller. Aquí fabrico las camisas que han dado de comer y estudiar a toda mi familia. Ahora trabajo con mi esposa y las camisas llegan a todas partes del país, aunque no se vende mucho”, dice don Ulloa mientras acomoda una veintena de camisas de varios colores en un anaquel.

La belleza de esta parroquia escondida empezó a descubrirse, pero la tarde feneció y llegó la noche. Teníamos que continuar el viaje hacía dentro, donde los ríos caudalosos circulan como grandes venas en medio de la selva.

Velasteguí es el nuevo Presidente de la Conajupare

Fabricio Velasteguí Naranjo, oriundo de la provincia de Tungurahua, fue designado presidente del Consejo Nacional de las Juntas Parroquiales Rurales del Ecuador, CONAJUPARE, para el periodo 2008-2009. Le acompañará como vicepresidente el señor Cosme Julio Chávez (Carchi). La designación de ambos dirigentes se realizó en Montecristi, en una reunión del Secretariado Ejecutivo de esta organización integrado por siete miembros, escogidos de entre los presidentes provinciales de las Juntas Parroquiales del Ecuador.