En la política, así como en el fútbol, siempre hay revancha. Y la de Evo, después de más de medio año de exilio congresal, ha resultado ser casi infalible. Digo casi, porque por ahí hubo uno o dos -E. Reyes Villa y H. Carvajal- que se escabulleron. Pero no se preocupen, ya les va a llegar.

Por si no saben aún de qué hablo, permítanme aclararles: hablo de quienes tramaron, impulsaron y ejecutaron la separación definitiva de Evo en el Parlamento. Y para no vueltear más, ahí les va un repaso de sus nombres, sus castigos y sus nuevos oficios:

Mr. Rocha: Fue quien ordenó todo y ahora, luego de una controversial y entrometida gestión, se retira del ejercicio diplomático. Las fuentes oficiales afirman que se dedicará a la actividad periodística, pero los más aseguran que se apresta a escribir un libro, Evo y Yo: Apuntes teórico-prácticos sobre marketing electoral para el éxito sindical.

El Tuto: El ejecutor y coordinador de la expulsión del cocalero concluye su mandato con pena -la de los familiares de varios cocaleros asesinados- y sin gloria -al margen de su anticipada campaña electoral pagada por nuestros impuestos-. Pero no se preocupe don Tuto, va a tener cinco años de reflexión para acuñar nuevas rimas pegajosas, como aquella célebre: metan la pata/mas no las manos en la lata. Por ahí y hasta Bequer posmoderno nos sale. Y me olvidaba: Tuto 2007, difícil y más aún si es con ADN.

Don Lucho Vásquez: El nexo en el parlamento para la exclusión de Evo acaba como presidente de ese ente, pero no será más honorable. Él dice que abrirá una Consultoría Jurídica Internacional; sin embargo, los Garafulic se encariñaron tanto con él, durante su paso por ATB, que le han ofrecido un nuevo espacio en la mañana -antes de la primera novela-, donde se abarcarán temas varios, desde los aeróbicos hasta el análisis político pasando por la cocina popular. El programa ya tiene nombre: "Desayunando con Lucho". Qué tal.

El Atoj Sánchez B: Don Carlitos -por antonomasia el alter ego del Evo-, el día del desafuero, a nombre de los rosados, se mandó tamaña perorata contra el cocalero, que se mereció la venganza de la coca. Al congreso no vuelve. Y si quiere entrar al ejecutivo la cosa está jodida. No obstante, en los círculos políticos se rumorea que ansía el Ministerio de Educación, donde podrá husmear con tranquilidad los kárdex que quiera. ¿Ah, no sabían?. Pues resulta que el hobbie favorito del Sánchez B. es hurgar en los antecedentes académicos de sus adversarios, para luego enrostrárselos. Pues bien, don Carlitos, ahí le va una primera tarea: revise las notas de Geografía del Capitán y a ver si le dice que el Silala no es el Salar de Uyuni.

El Tito: El ministro menos vapuleado del extinto General, en ese entonces miembro de la Comisión de Ética del Parlamento, votó para la separación definitiva de Evo y de yapa lo descalificó severamente cuando le tocó hablar. ¿Y ahora?. El mismo sentenció: «Hemos pasado de la pena de muerte a estar muertos de pena». Lo cierto es que la política ha perdido a su figureti por excelencia, pero el Corso de Corsos ha recuperado a un caporal de cepa.

F. Kieffer: Esa madrugada, en medio de un sendo discurso, no sólo pidió la expulsión de Evo, sino la inhabilitación de una eventual candidatura del cocalero y su partido, el MAS. Pero, como dice la canción: Cambia, todo cambia. Y, sobre todo, la política. En la actualidad, don Fernandito, aquejado por la vejez prematura, se ha ido a México. Las malas lenguas señalan que el ex Ministro se ha enfrascado en una aventura turística con la ilusión de hallar algún tesoro azteca que le permita pagar el sobreprecio del Beechcraft. Si encuentra algo bien, si no también. Igual va a pagar.

Don Manolo Suárez: Apodado el fi-fi de la política, el columnista malcriado, que ese entonces presidía la Comisión de Ética del Parlamento y facilitó la separación de Evo, ha perdido la diputación en Beni y, por un buen tiempo, no volverá a pisar el hemiciclo parlamentario. Por lo pronto, el Manuco se ha ido becado a Francia, unos dicen a moderar su lenguaje y otros a impartir clases en La Sorbona. La cátedra del Manolo, según cuentan los chismes, se denominará, «La moda en las lides políticas andinas». Enhorabuena, Manolo.

Ya ven chicos, la hoja de coca nadies la toca, porque ella es amiga y a todos estima. Pero si tocan al Evo, la hoja de coca se enoja y a todos arroja. En fin, a laburar se dijo.