-Usted conoció recientemente a Evo Morales, ¿qué piensa acerca de él?

-Primero que es el líder campesino de mayor proyección dentro y fuera de Bolivia, pero ahí no se acaba. Tambien es un líder indígena, y es el promotor de una toma de conciencia, y al mismo tiempo de una voluntad de que la poblacion indígena sea protagonista del desarrollo de su país. Lo importante de su movimiento es que llama la atención sobre el hecho de que Bolivia tenía habitantes antes de la colonizacion española, cuya fuerza y presencia se han mantenido por más de 500 años. Asimismo, mediante la exigencia para que sean reconocidos los derechos indígenas y sus modos de desarrollo autonomos, el movimiento de Evo Morales propone otra manera de concebir los modos de desarrollo de su país. Considero que se puede comparar este movimiento con el de Chiapas en México, donde la situación es diferente porque son una minoria al contrario de Bolivia, pero se da también la emergencia de las revendicaciones indígenas. Del mismo modo en Venezuela -donde hay pocos indígenas pero sí hay muchos mestizos y descendientes de los esclavos-, a traves de la elección de Hugo Chavez, vemos tambien la emergencia de un movimiento popular por medio del cual la gente vuelve a tomar sus decisiones.

-¿Sabía usted que la Embajada de EEUU en Bolivia ha llamado a Evo Morales el Bin Laden andino? -Mire, insultos de la administración norteamericana los hemos recibido todos. De mí el Wall Street Journal dijo que yo había saqueado un MacDonald’s, lo cual no es cierto; lo he destruido. La diferencia es grande. Lo mismo cuando estuve en Palestina para denunciar los actos de Sharon se me ha acusado de ser responsable del antisemitismo en Francia, cosa que no tiene que ver con lo que yo hago. Ese tipo de insultos, de comparaciones tienen una clara intención: confundir a la población e invalidar los reclamos auténticos de los diferentes movimientos sociales.

-¿Existe alguna relación entre el movimiento que lideriza Evo Morales con el de ustedes?

-De hecho, las organizaciones campesinas cocaleras son parte de Vía Campesina, que es una organización internacional a la cual pertenece también mi sindicato (Confédération Paysanne). Todas las organizaciones que integran Vía Campesina llevan adelante una reflexión común, a nivel sudamericano y a nivel internacional, sobre la soberanía alimentaria, el derecho a la tierra, la cuestión de los modos de desarrollo y el respeto a la agricultura campesina e indígena. Lo que hacemos desde la Confédération Paysanne en Europa y lo que hacen los campesinos en América Latina contribuye al mismo combate. No hay ambigüedades en lo que concierne a la lucha contra los organismos genéticamente modificados o contra las patentes sobre la vida. Pero sí nos diferenciamos en nuestros modos de actuar, porque en Europa lo que tenemos que combatir son, por ejemplo, las subvenciones por la exportaciones europeas o estadounidenses, porque destruyen las capacidades de los países para desarollarse y tener sus propias agriculturas.

-Actualmente el movimiento cocalero sufre violentas represiones bajo el pretexto de la «guerra contra las drogas».

-Para empezar hay que tener una cosa muy en claro y esto hay que repetirlo constantemente: la coca no es una droga. La coca no es cocaína. Es una planta tradicional de la cultura indígena que debemos respetar. Su uso no debe ser prohibido ya que se trata de un consumo tradicional, de una práctica cultural y alimentaria que viene de siglos atrás y que es y ha sido común entre la población boliviana.Y hay que tomar en cuenta que su producción legal siempre estuvo organizada. Ahora, que a partir de esta planta haya quienes desvíen su uso para fabricar una droga, es otro asunto. Lo que hay que plantear es el problema de la gente que con las hojas de coca -y otros «ingredientes», esto no hay que perder de vista- hace droga y no el de los cultivadores que sólo siguen una actividad tradicional que no se debe poner en cuestion. El problema viene más bien de los occidentales que han puesto en marcha este sistema de represión con algunos aliados locales a menudo en el seno de los Estados. Es a ellos justamente a quienes hay que poner en cuestión. De la misma manera he denunciado el Plan Colombia como un instrumento destinado únicamente a la colonización y una gestión militar para el control de los territorios latinoamericanos y específicamente de los Andes.

-Desde el 11 de septiembre hay una exacerbación de la criminalización de los movimientos sociales en Bolivia, argumento con el cual se ha dado paso al aumento de los contingentes militares en el Chapare. La represión en el mercado de Sacaba en febrero pasado ha dejado siete muertos. ¿Piensan usted que la internacionalizacion de las luchas en la cual usted participa podría ser una repuesta a ese accionar del imperialismo?

-Ya lo es. El nacimiento de Vía Campesina y el hecho de que a traves de ese red internacional lo que puede pasar en Bolivia, en Colombia, en Europa, en India, o en Africa sea conocido en todas partes, es algo muy importante, porque cada movimiento campesino ya no está aislado en su lucha. Por el contrario, está agrupado en una respuesta colectiva. Al mismo tiempo, ese movimiento campesino está integrado en el movimiento internacional contra la globalización y es una de sus vanguardias. Eso va a permitir avanzar más en la lucha para desarticular los mecanismos de represion y los planes militares como el Plan Colombia, y también va a desenmascarar las nuevas formas del imperialismo que mediante engaños como la pseudo guerra contra las drogas criminalizan las legítimas de demandas de las poblaciones del mundo.

-¿Le parece a usted que la legalización de la droga seria una solucion para los cocaleros o que más bien se deberia alentar las producciones legales?

-No me parece que la solución venga de la legalización porque, otra vez, ese no es el problema. Los cocaleros no plantan droga. Hablar de legalización sería legitimar ese reduccionismo estúpido según el cual coca es cocaína. Lo que se necesita es un reconocimietno de la coca como una planta propia de las culturas indígenas y que sea protegida para que no se robe sus principios activos en relacion con las patentes.

-Seguramente usted tiene conocimiento que el movimiento que lideriza Evo Morales va a participar en las elecciones presidenciales de Bolivia. ¿Considera que es importante esta participación? ¿Cree que sea sostenible el hecho de que un movimiento social, abiertamente hostil a las políticas de EEUU, tenga presencia parlamentaria.

-Sí. Y no sólo que es sostenible, sino que eso ayudaría de modo decisivo a la creacion de un entidad sudamericana que enfrente a los EEUU. Si hacemos un paralelo de lo que pasa en Venezuela, en Bolivia, en Brasil -donde Lula podría ganar las elecciones presidenciales- y Argentina que está en pleno trastorno, se ve que pueden pasar cosas interesantes. De repente estamos llegando a una nueva configuracion de la relacion Norte/Sur en las Americas. En Venezuela hemos visto cómo el golpe de Estado teleguiado por los EEUU no ha durado mucho por que la mayoría de la población se ha opuesto al golpe y a los EEUU. Está claro que ha sido el poder popular que ha repuesto a Chavez al poder.

-¿Diría entonces que para los sectores populares y progresistas es importante apoyar la candidatura de Evo Morales?

-Considero que la candidatura de Evo Morales es una posibilidad de cambiar completamente la lógica del poder dentro de Bolivia. Más importante que el hecho electoral mismo, creo que el resultado de esta participación va a ser un fuerte impulso para seguir articulando un movimiento social que integre a los indígenas, a los campesinos y a los que viven en las ciudades, a los intelectuales progresistas que nunca fueron oportunistas ni arribistas y nunca sirvieron al modelo neoliberal. Es importante coordinar ese movimiento no solamente con el medio rural sino también es importante lograr una toma de conciencia a nivel de las ciudades para salir adelante de la crisis del sistema político en Bolivia. Apoyar la candidatura de Evo va a dar fuerza a la articulación del movimiento popular.