JPEG - 17.5 KB

La Habana (Cuba) - 17 de septiembre de 2004

Este viernes se acercaba a Cuba desde el sur, “corcoveando” como bestia con buen jinete encima. Nuestros científicos tienen una pericia impresionante. Deben sacar modelos y deben convencer a un público que se hace conocedor día a día.

En mi barrio todo era algarabía y proposiciones para ir de una casa a otra, consejos de cuál comida hacer para soportar la falta de fluido eléctrico, de gas y de agua. Se cortaban árboles, se apuntalaban ventanas y el Dr. Rubiera era Robert Reford en estos días. No había parte meteorológico, que absolutamente todo el pueblo no supiera. Llamadas telefónicas, mensajes y palabras cómplices al ir a las tiendas a comprar. Para el sábado la ciudad de la Habana era un hormiguero. Los vecinos cortaban ramas, apuntalaban ventanas, guardaban los efectos electrodomésticos en lugares seguros.

Seis de la tarde, y por tres noches consecutivas un presidente se olvidó de toda responsabilidad oficial y se lanzó con su pueblo a presenciar los rumores de Iván. Nos sentimos que Fidel andaba en casa. Fidel tiene eso: hacernos sentir en casa cuando empiezan a flaquear las esperanzas.

Mi hijo pequeño no le interesaba mucho que decía el Dr. Rubiera. A punto de dormir con esa vocecita con la que le crecen las alas a los ángeles me dice:” Mamá: ¿Viene Iván? Y si viene ¿me quedo a jugar y no tengo que ir a la escuela?” ... La angustia sobrepasaba mis pupilas que se llenaban de lágrimas frente a tanta inocencia a las puertas de un monstruo. “No hijito. Verás, verás que todo saldrá bien. Miraba mi casa llena de vidrios, miraba mi cocina en la que no le calentaría su leche en las mañanas por falta de gas. Me venció el llanto y la desesperación. Escucho entonces en la tele una voz...esa voz que seca lágrimas y abre los corazones. Fidel vestido de un intenso verde se interesaba tranquilo por cualquier detalle de Iván. Y los vientos y el radio de las lluvias, y en que dirección sigue , y si el radar de San Juan es suficiente, y si no harían falta más recursos par detallar los ciclones , que podrían servir para nuestras islas amenazadas por la naturaleza .. Como que ya era bastante el olvido a que nos condena la naturaleza humana.

El Dr. Rubiera lo complacía de manera tranquila y paciente. Fidel quería saber todo Y durante seis horas nos condujo por el camino de la seguridad... Era como si Fidel hubiese sido “el hombre de la casa” que sellaba mis ventanas.

Yo me preguntaba: "¿Por qué Fidel se preocupa por los ciclones de la temporada? Si salimos de éste será un milagro y él ocupándose de un futuro que no sabemos si existirá”.

Pero era claro que Fidel se ocupaba del futuro. Este guerrero ha vencido mil veces y mil veces sigue en campaña. “Que las dos mil y tantas escuelitas que tienen paneles solares no tendrán problema de electricidad, pues con el temporal guardan sus paneles. Que debemos mejorar los radares, que cuánto cuesta esto o aquello, que si debemos tener en cuenta los ciclones para los planes de la Batalla de Ideas, etc... " Salí de mi desesperación a sellar mis ventanas con mucha confianza

Fidel hablaba de Cuba como si hablase de un barrio. El conocimiento ya proverbial con las cifras, llegó este sábado a límites inimaginables. Los compañeros del Gobierno y el Dr. Rubiera se sentían sometidos a un examen constante. “hay que tener cuidado con ese zigzag que hace del norte sudoeste al sudoeste, no hay que confiarse”.

En estos días no sé quién firmaría los papeles oficiales, quién aprobaría embajadores, o quién se ocupaba de detalles internos de mi país. Fidel estaba vibrando con su pueblo. Yo sentía que Fidel me orientaba a sentirme confiada y a prepararme para lo que se avecinaba. Sé que para muchos, incluso de buena fe, piensan que éstas no son sus funciones como Presidente del Consejo de Estado y de Ministros, que para eso tenemos el muy eficiente ejército de la Defensa Civil y el Instituto de Meteorología.

Pero en Cuba con Fidel ocurre el raro milagro de la resonancia. Todo se pone en sintonía: las ondas de radio, la televisión, el pueblo entero y Fidel, el cual no esta dispuesto a perderse de ser partícipe de las vicisitudes de su pueblo por el hecho de que algún europeo haya inventado hace siglos los Tres Poderes, o porque el mundo esté repleto de presidentes insensibles que se engoman con papeles, votos y servilismo.

El sábado entonces Iván viajaba por la isla Caimán Grande y su trayectoria nos amenazaba peligrosamente. Pero Fidel nos arrastró a una seguridad comprometida, con su sonrisa y sus múltiples expresiones en la mirada.

No sé si existirá en el mundo un presidente que detenga sus funciones para enrolarse con su pueblo, ni una televisión que deje de trasmitir infames comerciales y cambie la programación para hacer de ese medio una manera última de conexión entre las personas frente a una catástrofe natural.

E Iván se acercaba por el Sur amenazando con su bellísima espiral blanca la fragilidad de mis costas. Si ese huracán pasaba por Cuba, seríamos tierra arrasada sin dudas. Una cosa que nunca entendí fue cómo se hablaba de recuperación. Y que los abastecimientos de agua, alimentos y combustible estaban seguros, y que las gallinas estaban protegidas, y que la fábrica de tejas había fabricado tejas.... Para un observador externo esto parecería una locura total. Pero en Cuba y con Fidel la “locura” es la mayor de las sensateces. Todos expectantes y seguros con la risa del Comandante puesta en la esperanza de que Iván no arrastraría nuestros empeños.

Ayer domingo, Iván decidió no pisar tierra cubana. Se marcha por el Estrecho de Yucatán. Eso sí, muy cerca del extremo occidental de la isla que sentirá los vientos huracanados. Casi todos los ciclones atraviesan por Pinar del Río. Fidel les dijo “Propietarios de huracanes”.

Un bendito anticiclón al norte se portó con mucha valentía y yo pienso que deberíamos ponerle nombre a ese anticiclón. Se me ocurre por ejemplo... ¿Vladimir?

Para esa región del país, para la zona más peligrosa, revisando personalmente todas las medidas de seguridad, viajó el otro anticiclón: Fidel, tal cual estos 45 años en que hemos tenido la dicha de convivir con su pericia y su audacia.

El ojo de Iván miró bien y decidió que no era momento para enfrentarse con el viejo gladiador Fidel Castro que no le teme ni a su estela de vientos y lluvia, y que tal como los lirios acá hay un grupo raro de personas que se saben levantar. Para los que cubanos levantarse es un oficio. Oficio al que nos somete el odio y la soberbia.

¡Y dicen de la democracia! No sé, pero no creo que haya democracia mayor que el presidente de un país se siente a conversar de tú a tú con su pueblo por la tele. Sin miedo de decir alguna tontería, sin miedo a que se le vean las canas o las arrugas o que se le caiga el micrófono.

El tenía que estar con nosotros como en cada momento difícil. Allá irá Iván cerca de los Estados Unidos a comunicar con su furia que la isla de Cuba es intocable. Porque es la isla del mundo. ¡Y luego me niegan la revolución permanente! El que haya visto a Fidel hablando de los planes de maestros emergentes, o los clubes de computación, o de los avatares de un huracán estarán viendo la auténtica permanencia de una revolución interminable.

Ya hoy lunes tranquila con el lento susurrar de una ligera lluvia entré en melancolía pensando que no es suficiente Fidel para hacer que las desgracias del mundo sean más llevaderas y que la solidaridad es la única alternativa para ser felices... Pero me acabo de enterar que el Comandante Chávez ha donado un millón de dólares para la pequeña Granada atravesada por Iván.

Sí, es posible que esa nueva manera de gobernar sea contagiosa y mi continente poco a poco empiece a ser gobernado con compromiso, amor y verdad.