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El nuevo sistema electoral inaugurado en estos comicios abre la posibilidad de que los ciudadanos puedan expresarse formando “agrupaciones ciudadanas” en las ciudades, y como “pueblos indígenas” en el campo, postulando candidatos locales autorizados por las cortes electorales. De esta manera se favorece la autonomía y el corporativismo de estos nuevos sujetos municipales.

Este nuevo esquema rompe con el monopolio que ejercían los partidos como representantes de los ciudadanos en su relación entre la sociedad y el Estado. Y favorece una tendencia hacia la izquierda, que ya se insinuara en las elecciones nacionales de 2002, cuando el Movimiento al Socialismo (mas) de Evo Morales logró un fuerte apoyo en las regiones indígenas-campesinas y en las mayores ciudades del occidente boliviano: La Paz, El Alto, Cochabamba, Oruro y Potosí.

Las expresiones más notables de la emergencia de líderes locales son Juan del Granado, del Movimiento sin Miedo (msm), cuyo epicentro es el departamento de La Paz; y José Luis “Pepelucho” Paredes de la ciudad de El Alto. Ambos candidatos habían sido electos en 1999 por un período de cinco años. Paredes había llegado entonces a alcalde bajo el auspicio del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), pero en medio de los graves acontecimientos de los últimos años abandonó el barco y formó su propia “agrupación ciudadana”.

En sus respectivas gestiones ambos habían puesto el acento en el ornato de la ciudad, las obras viales, construcción de escuelas, y en el enjardinado de la ciudad, haciendo de cada rincón un pequeño parque. Y en algunas alcaldías en La Paz y El Alto se favorecieron diversas manifestaciones de un quehacer cultural diferenciado. También se sucedieron obras de embellecimiento de los barrios que, al mismo tiempo, intentaban contrarrestar los graves problemas que origina en la ciudad una naturaleza hostil y agresiva.

Pero en ningún caso la propaganda electoral abordó o intentó explicar la grave crisis que vive el país, y de qué forma los poderes locales deberán afrontar los desafíos. Principalmente, el tema de la ley de hidrocarburos y la convocatoria de la Asamblea Constituyente. Los discursos de los candidatos no salieron de los temas del “municipio productivo” y “el desarrollo humano”.

Sin embargo, esto no fue óbice para que el alcalde electo de El Alto, José Luis Paredes, manifestara en rueda de prensa, después de conocido el resultado electoral, que apoyará el ingreso de Bolivia al Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, para “abrir mercados y hacer de El Alto una ciudad productiva”.

El gran perdedor de esta consulta electoral es el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR). No logró ninguna alcaldía en ciudades importantes, y quedó siempre relegado a los últimos puestos.

El papel de la Izquierda

Todas las miradas estuvieron concentradas en el comportamiento electoral del Mas. Aunque sus resultados fueron mediocres, ya que no ganó ninguna ciudad importante, la campaña electoral le sirvió de vehículo para la extensión de su influencia a todo el país. Mientras en las elecciones de 1999 Evo Morales era “el candidato cocalero”, hoy se convirtió en el partido que detenta la primera mayoría, con un tercio de los votos en todo el país.

Apoyándose en trabajadores de la ciudad y del campo, pero también en intelectuales, consiguió el segundo puesto en La Paz, de la mano de Pablo Ramos, reconocido académico y varias veces rector de la Universidad Mayor de San Andrés; y también en El Alto llegó segundo, con el ex sacerdote Wilson Soria.

El mas se va estructurando como un partido nacional, enfilado hacia la Asamblea Constituyente y las elecciones nacionales de 2007. Pero dependerá mucho, según opinan varios analistas, de su capacidad política para articular una alianza con grupos afines y sobre todo con los liderazgos locales emergentes.

No obstante, cabe preguntarse hasta qué punto los líderes regionales están preparados para asumir la responsabilidad de esa “refundación de la República” que se proclama. Esos nuevos dirigentes no acaban de definir un proyecto de país, pero sobre todo porque en algunos casos provienen de los partidos tradicionales, y se corre el riesgo de que adopten sus viejos vicios a falta de otros modelos; y que las autonomías reclamadas coadyuven a fortalecer a las elites regionales.

El hundimiento del viejo sistema político que muestran los resultados electorales eleva la importancia de la Asamblea Constituyente, aunque grupos poderosos harán lo imposible para que no se lleve a cabo.