Entre las decenas de publicaciones partidistas que aparecieron en el siglo pasado, la mayoría de vida efímera, una destaca como caso excepcional por su edición regular en los últimos 50 años y porque mantiene casi inalterables la línea opositora y un contenido por demás provocador.

Masas, el periódico político del Partido Obrero Revolucionario (POR), fue incubado en la efervescencia revolucionaria de los 50, cuando los obreros derrotaron al ejército; en los 70 actuó como vocero de la nueva irrupción de las masas y de la Asamblea Popular; eludió la censura de las dictaduras y a mediados de los 80 se convirtió en uno de los pocos medios que enfrentó al neoliberalismo.

Ya sea como revista, semanario, diario o panfleto conspirador, y pese a la represión y al boicot de los gobiernos de turno y de grupos de la misma izquierda, Masas sobrevivió cinco décadas turbulentas cumpliendo la función permanente de voz altisonante y sin dejar de convocar a la destrucción de la gran propiedad privada, a derribar a la burguesía e instaurar la dictadura del proletariado para ir hacia el comunismo. Y tal osadía le ha condenado al aislamiento.

Iracundia frente a la frustración

La iracunda crítica que caracterizó a Masas desde su nacimiento tiene mucho que ver con la frustración que significó haber visto al nacionalismo apoderarse de una revolución proletaria gestada tiempo antes.

Ya en 1946, dos años después de la fundación de la Federación de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB), representantes mineros reunidos en Pulacayo aprobaron por unanimidad la Tesis que convoca a tomar el poder para instaurar un gobierno obrero. Meses después un bloque de dirigentes mineros y de izquierda se presentó a las elecciones y consiguió cinco diputaciones y dos senadurías.

Los miembros del Bloque Minero Parlamentario, entre ellos Juan Lechín Oquendo y Guillermo Lora, desarrollaron desde sus escaños una gran campaña para reemplazar al ejército por milicias obreras, pero la oligarquía los desaforó, encarceló y luego los expulsó del país.

Cuando por fin se pudo derrotar al ejército y consolidar el ansiado poder obrero con la creación de la COB el 17 de abril de 1952, éste terminó sosteniendo a Víctor Paz Estenssoro. Masas debutó entonces con el objetivo de narrar el agotamiento del MNR, un partido que había nacido en 1940 proclamando consignas antiimperialista y antinorteamericanas y que terminó como el mejor aliado de la potencia del norte.

Las etapas de Masas

La ruptura entre el trotskismo boliviano y Michel Pablo, dirigente de la IV Internacional que pedía colaborar con el nacionalismo, supuso la pérdida de Lucha Obrera, el diario trotskista que se editaba desde 1947. Fue entonces que el POR se dotó de un órgano de difusión propio al que llamó Masas, pensando que estaría dirigido a los trabajadores más que a los intelectuales.

El primer número de Masas, una publicación de cuatro páginas de 19 x 27 centímetros, aparece el 31 de octubre de 1954 durante el Primer Congreso de la COB denunciando que la burocratización comenzaba a corroer a los sindicatos. En ese momento, el MNR penetraba a la organización laboral intentando reemplazar la Tesis de Pulacayo, el documento con el que nació la COB, por la Tesis de Ayopaya, que no era nada más que un mensaje a los habitantes para las elecciones, una especie de proclama electoral redactada en Palacio de Gobierno.

La clase obrera había ingresado en una momentánea depresión; los campesinos trocaron su espíritu de lucha y se adhirieron al gobierno movimientista, mientras que la COB se esclerosó. En esas condiciones, entre el aislamiento y la persecución, Masas debutó luchando contra la poderosa maquinaria del nacionalismo. “Era una osadía enfrentar al MNR, un partido de masas; otras agrupaciones de izquierda nunca se atrevieron a denunciar el contenido burgués del régimen. Fuimos los únicos en Bolivia que le dijimos al MNR cuando era poderoso que acabaría de rodillas ante los yanquis. Pero se reían los tipos, pensaban que era una locura de los jovenzuelos del POR, nos decían locos, que hablábamos disparates; nos veían con mucho desprecio”, recuerda Guillermo Lora, director de Masas desde su fundación.

Si la primera etapa de Masas se caracterizó por la confrontación con los primeros gobiernos del MNR, la segunda época fue signada por la polémica con el foquismo entre los años 64 y 68, cuando el terrorismo individual había ganado posiciones importantes en filas de la pequeña burguesía, particularmente estudiantiles y universitarias.

Masas tuvo que adoptar entonces rasgos de revista y dedicarse con preferencia a cuestiones teóricas referidas a las “desviaciones de la izquierda” y a la polémica con la ultra izquierda, “una de las expresiones del radicalismo pequeñoburgués que se agazapaba en el elitismo y en la sustitución del programa y la teoría por la acción aventurera”.

Poco tiempo después, el periódico trotskista alertó que el militarismo (donde campeaban las células militares del MNR) constituía el peligro mayor, pues importaba la amenaza del fascismo en su versión gorila. En los 70 se convirtió en vocero del proletariado minero, del Comando Político de la COB y de la Asamblea Popular.

El golpe de 1971 empujo al movimiento obrero a la clandestinidad y Masas tuvo que editarse en exilio. Aumentó sus páginas a 24, acentuó su carácter de revista, y comenzó a imprimirse en multicopia.

De revista a panfleto agitador

A lo largo de su historia, el periódico del POR adaptó su forma y varió el ritmo de difusión según las condiciones históricas. Tuvo rasgos de periódico y de revista en períodos de derrota política y durante las grandes convulsiones sociales ganó las calles como un agitador.

Masas apareció como una publicación mensual, luego se difundió cada 15 días, pero la mayor parte de su existencia fue semanario. Salió a diario durante la Asamblea Popular, la revolución universitaria de 1970, el congreso de la COB de 1979 o los golpes de 1971 y de 1980. En la dictadura de García Mesa y Arce Gómez se publicaba cada tres días, con denuncias acerca del carácter delincuencial del régimen.

El 9 de julio de 1966 apareció en las calles como un tabloide que daba cuenta del fortalecimiento de Barrientos y la restauración oligárquica. Uno de los números de 1970 fue una hoja tamaño carta a mimeógrafo; en 1982 se difundió como un pequeño semanario de cuatro páginas y redujo aún más su talle en 1984; el número 843 apenas fue una hoja medio oficio.

En el desarrollo de la huelga general de marzo de 1985, Masas apareció a diario narrando el avance y retroceso de la movilización, la actitud de la burocracia sindical, y describiendo la descomposición de la UDP y del Partido Comunista de Bolivia (PCB). Los artículos se desplegaban en dos y tres columnas, sin mayor esmero en la presentación, sin fotografías ni ilustraciones.

Con los años el formato fue cambiando; se redujo la extensión de los artículos, comenzó a usarse el lenguaje de la gente común y se recurrió cada vez con más frecuencia a la consigna de acción. Lora había llegado a la conclusión de que los “adobes” no los leía ningún obrero.

La irreverencia se paga con cárcel

Es evidente que los titulares y contenidos de Masas fueron siempre demasiado atrevidos, como si deliberadamente se buscase la represión. “Somos irreverentes, a veces difundimos libelos conspiradores, atacamos a todos los gobiernos burgueses y de todos hablamos mal”, sostiene Lora.

Era tal la agresividad de la publicación que muchas veces la militancia del POR difundió tímidamente el periódico, “y se dieron casos en los que se modificaron y recortaron los titulares demasiado hirientes”.

Masas siempre fue perseguido por la Policía, víctima de secuestro y allanamiento, mientras que sus redactores fueron golpeados, encarcelados y confinados. Los números del 300 al 400 están repletos de estas informaciones.

Apresaron a Lora y después le siguieron juicio por haber dicho que Paz Estenssoro era un imbécil. Y fue a dar otra vez a la cárcel luego de alterar el nombre del Ministro de Trabajo del primer gobierno de Hernán Siles Suazo (1956-1960), Anibal Aguilar, cambiando deliberadamente la “b” por una “m” en un titular.

“Me encerraban 3 o 4 días y varias veces al mes. Conozco todas las policías políticas, me acuerdo de una ubicada al frente del antiguo Palacio de Justicia en la calle Potosí. Creo que la Policía quería destruirme cansándome. Pero ellos mismos debieron darse cuenta de que era un disparate enjuiciar a la gente por decir eso”.

Y apenas recobró la libertad el jefe del POR volvió a la carga titulando una de sus ediciones con “Pobre señor”, refiriéndose a Paz Estenssoro como un aplicado oficinista que aparecía como estadista sólo porque el escenario histórico y la propaganda interesada lo agigantaba.

Muchas veces en las puertas de la imprenta se decomisaron ediciones integras de Masas, incluyendo los originales. El Ministerio del Interior y la Sección II de las Fuerzas Armadas solían sobornar a obreros gráficos para que les sirvan de informantes.

Cuando Masas se editaba en la imprenta “En Marcha”, de propiedad de un movimientista apellidado Murillo, el POR había conseguido con mucho esfuerzo un aprovisionamiento de papel para un año, pero el tristemente célebre Claudio San Román, hábil policía entrenado por los norteamericanos, cargó con todo y dejó un recibo a nombre de Lora por 10 o 12 resmas.

Un diario de brujos

Los mineros de Siglo XX solían recomendar la lectura de Masas “porque es un diario de brujos, todo lo que dice ocurre”, rememora Lora, convencido de que el programa del POR fue ratificado por los acontecimientos históricos.

El partido anunció la revolución proletaria en Bolivia cuando los obreros ni comentaban de esa posibilidad y los dirigentes esperaban que el impulso llegara desde fuera. A través de Masas, se advirtió de la modificación del MNR a posiciones francamente imperialistas; luego se presagió los peligros del fascismo militar y la descomposición de la alianza UDP-PCB, y finalmente se calificó como “leyes malditas” a todas las reformas estructurales cuando el neoliberalismo era todo poderoso.

A fines de los 80, el actual Presidente Carlos Mesa, desde los estudios de PAT, mostraba a Guillermo Lora como un extraterrestre por oponerse a la corriente de “modernización” del Estado. Y una década y media después la insurrección de octubre de 2003, recuperando las viejas consignas de Masas, enterró al gonismo maldiciendo su capitalización.

De modos, al POR se le critica el haber elaborado un periódico que se repite en la historia y que no cambia con el tiempo. Incluso se ha dicho que leyendo el primer número ya se sabe qué dirá el último. Lora explica que no es posible comparar un vocero partidista con una publicación periodística convencional porque sus objetivos son diferentes. “Masas transmite una idea revolucionaria y eso no varía de un día para otro porque es una concepción global. El periódico crea su forma para llegar a las masas y no importa si tiene errores gramaticales. La dialéctica enseña que el contenido y la forma son una unidad en contradicción que forma un fenómeno. Y el contenido determina la forma”.

El jefe del POR recuerda la concepción leninista del periódico para argumentar su posición. Según Lenin, la misión del vocero partidista no se limita a difundir ideas, a educar políticamente o a conquistar aliados. El periódico no es sólo un propagandista o un agitador, es también un organizador colectivo y en ligazón con él debe ir formándose una organización permanente que habitúe a sus miembros a seguir atentamente los acontecimientos políticos, a apreciar su influencia sobre los distintos sectores de la población y a “concebir los medios más adecuados para que el Partido revolucionario influya en estos acontecimientos”. De ahí que Masas, además de difusor de consignas, cumple una función organizativa. “El periódico se autofinancia, la militancia lo vende en cada departamento y asimila el contenido en discusiones grupales. Luego sintetiza las ideas de su fábrica o barrio y contribuye a escribir el nuevo número. De esta manera se organiza el partido”.

Lo importante, añade Lora, es que el diario del POR penetró en las masas, cumplió una función orientadora y ha sido consecuente con la línea de la Tesis de Pulacayo en todas las épocas, de ascenso y de caída, aunque esa posición se castigue con el aislamiento.

Masas no abandonó una posición política desde la ortodoxia marxista ni dejó de difundir que la finalidad histórica de la clase obrera es la dictadura proletaria porque la sociedad es una lucha interna donde el oprimido se rebela inevitablemente. “¿Por qué Bush va a tener que ser el amo del mundo si es un asesino? Si no te rebelas eres algo menos que un animal pensante, porque, aunque a veces te vacíen el cerebro, la rebelión es inherente al hombre”.

De los tipos móviles a la Mac

En medio siglo de actividad, la militancia del POR experimentó con varias técnicas de impresión para componer su periódico. Lucha Obrera, el vocero anterior a Masas fundado el 15 de febrero de 1947 -y que llegó a vender hasta 12 mil ejemplares-, se elaboraba con tipos movibles, ni siquiera en linotipia. “Componíamos los textos en cajitas de fósforo, letra por letra, y cada número demandaba hasta 10 días de trabajo. Claro que nos equivocábamos y que las columnas salían imperfectas, pero a pesar de todo publicábamos cada 15 días”, recuerda Guillermo Lora.

Los primeros números de Masas se imprimieron en la “Editorial Trabajo”, de propiedad de Fernando Siñani, quien sostenía ser “el único comunista en Bolivia”, pero la represión obligó a los activistas a recurrir a una pequeña y desarmable máquina multicopiadora para editar el periódico entre 1955 y 1970. “El que ideó ese pequeño aparato que sirve para imprimir con ayuda de stencil y tinta, y que fácilmente puede ser fabricado por el militante empujado a la clandestinidad, ha prestado, seguramente sin darse cuenta, un servicio a los revolucionarios”, comenta el viejo líder trotskista.

Durante el régimen de Barrientos, la redacción de Masas se instaló en una vivienda de Villa Armonía, para luego trasladarse a un pequeño cuarto ubicado en el callejón Condehuyo de la Plaza Alonso de Mendoza, donde los redactores se encerraban días enteros alimentándose con plátanos, marraquetas y leche condensada. En 24 horas dos personas eran capaces de imprimir 2.000 ejemplares en la pequeña máquina manual.

A principios de los años 80, los equipos responsables de Masas otra vez recurrieron a la imprenta y comenzaron a componer los textos en una máquina de escribir semi automática denominada “Composer”, labor que demandaba hasta tres días de trabajo.

No fue hasta 1988 que los activistas comprendieron la necesidad de aprovechar las nuevas tecnologías. Ese año se hicieron de una Macintosh Clasic y de una impresora laser, herramientas que les permitieron elaborar un número de Masas en menos de 24 horas.