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Comenzó este domingo 23, el Foro Social de las Migraciones, que prosigue hasta el próximo 25, en Porto Alegre, en el sur de Brasil. Son más de 600 personas de 35 países discutiendo sobre el tema “Travesías en los desórdenes globales”. Según Rosário Mendez, de la organización del evento, los participantes pretenden realizar deliberaciones y sacar conclusiones de este encuentro, para obtener una directriz en la lucha en contra la problemática, que se reproduce en todo el mundo, y una carta documento para ser llevada al Foro Mundial Social, que comienza el próximo miércoles, día 26.

Con el auditorio del Cibai repleto, el evento fue abierto por el presidente del Servicio Pastoral de los Emigrantes (SPM) y obispo de Jales, Dom Demétrio Valentini, que habló del tema “Ética y Migraciones en el Contexto Mundial”. Dom Demétrio, que también es el responsable por la 4a Semana Social Brasilera de la CNBB (Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil) y miembro de la Comisión Episcopal para el Servicio de Caridad, Justicia y Paz de la CNBB, sostuvo que las migraciones son un fenómeno inherente a la trayectoria humana y, de esta manera, es importante establecer “balizas éticas” para regular las variadas soluciones que el tema suscita.

Dom Demetrio piensa que todo ser humano es miembro de la humanidad, por lo que tiene que tener esos derechos respetados como tal, por ser inherente a la raza humana, sería lo que se llama ahora “ciudadanía universal”, que a pesar de no estar definido legalmente se vuelve cada día más imprescindible en este mundo globalizado. Finalmente, Dom Demétrio defendió la cultura a partir del concepto de que ésta es el resultado del esfuerzo humano para adaptarse al medio donde vive y para relacionarse positivamente con sus semejantes.

De esta forma tiene que adaptarse continuamente a las nuevas situaciones y eso involucra, consecuentemente, una adaptación positiva con los emigrantes que llegan. “El fiel de la balanza es la ética de analizar ventajas y desventajas. Estamos viviendo una crisis de civilización, que exige una lectura de la complejidad de los flujos migratorios”. Adital publica además esta semana una entrevista con Dom Demétrio.

En seguida habló Robert Kurz, filósofo e historiador alemán, autor del polémico libro “El Colapso de la Modernización”, que cree que estamos viviendo la tercera revolución industrial, donde el capital crea cada vez más excluidos, donde cada vez más infraestructuras de producción están siendo paralizadas y economías nacionales completas entran en colapso.

En su conferencia “Barbarie, migraciones y guerras de ordenamiento mundial” afirma que “el capital globalizado alcanza sólo a minorías” y la migración hacia los países ricos es solamente la fuga de la crisis instalada. Denomina de imperialismo de bloqueamiento” a la guerra capitaneada por Estados Unidos para impedir los movimientos de fuga, como así también las leyes de migración, los tratados de libre comercio que incluyen el tema como prioritario, entre otras formas de crear el “estado de sitio global”, controlando el movimiento de la mayoría “inutilizable” de la población mundial. En su visión, la migración se mueve alrededor de ópticas capitalistas en la búsqueda de trabajo asalariado y dinero.

Cerrando las conferencias del primer día, el presidente de la Asociación Brasilera de Estudios Poblacionales, el sociólogo George Martine, habló sobre “La globalización inconclusa: migraciones internacionales y pobreza en el siglo 21”. Ejemplificó varias situaciones del proceso migratorio en América Latina, que sólo en Estados Unidos es responsable por el 50% de este flujo. De estos, el 10% de los emigrantes oficiales envían el 30% de las remesas del mundo y los brasileros son mayoría. Martine concuerda con los argumentos de los otros disertantes, pero resalta el aspecto de la globalización.

Entre las ventajas de las migraciones destaca la importancia de las remesas de los emigrantes hacia sus países de origen, que aumentó de 43 millones de dólares en 1990 pasaron a los U$S 150 millones actualmente, aporte que pierde sólo con las exportaciones de petróleo. Recuerda además que es una fuente estable para los países más pobres, pues la estimación de remesas realizadas llega a U$S 400.000 millones por año, aunque la crítica diga que este dinero es usado en consumo y no en cadenas de producción directa. Por ejemplo, en Nicaragua, del 60% de familias que salieron de la línea de pobreza, el 12% son familias donde algún miembro es emigrante.

Martine resaltó como ventaja que el emigrante ocupa puestos de trabajo donde no existe mano de obra nativa, aliviando la escasez de mano de obra de sectores vitales y disminuyendo la rigidez del mercado de trabajo. Los jóvenes emigrantes ayudan en la discrepancia de la previsión social en países que tienen el crecimiento vegetativo bajo debido a la alta expectativa de vida y el control de la natalidad. Ellos además son la mayoría de la mano de obra de la agricultura y han servido, principalmente, a Estados Unidos como fuerza militar. Entre las desventajas cita que los países de emigración pierden sus mejores recursos humanos calificados en sistemas educativos subsidiados; quienes emigran sufren además serios problemas de adaptación y discriminación con riesgo, especialmente para las mujeres y los niños. Citó además la competencia en el mercado de trabajo, los costos del servicio social y la inestabilidad permanente por la inestabilidad política y la inseguridad.

Finalmente, concluyó que los países tienen que tener una “actitud proactiva", para disminuir problemas de rechazo a los que tienen etnias diferentes. Opina que barreras impuestas son inconsistentes y sólo refuerzan el discurso neoliberal, “tenemos que realizar una transición interna urbana", dijo.