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Fueron Shamil Basaev, Aslan Maskhadov, Magomet Khashiev y otros jefes brutales de la guerrilla separatista quienes habían controlado los preparativos del atentado terrorista que tuvo lugar en Beslán, Osetia del Norte, los días 1-3 de septiembre de 2004, según se desprende del informe preliminar de una comisión parlamentaria encargada de esclarecer las circunstancias de aquella invectiva que se saldó con 331 víctimas, entre ellas, 180 niños.

Varios ciudadanos extranjeros, en particular, el terrorista árabe Abu Zeit, también participaron activamente en la preparación del atentado, cuyo objetivo era desestabilizar la situación en toda la zona del Cáucaso ruso, declaró el jefe de la comisión, Alexander Torshin, al intervenir ante los diputados de ambas Cámaras parlamentarias. Los preparativos se habían iniciado en agosto de 2004, con la formación de un grupo de 34 terroristas, entre ellos, dos mujeres que llevaban cinturones de explosivos. «Lo coordinadas que eran las acciones de los bandidos tras la toma del colegio es una demostración de que tenían un guión bien ensayado» – afirmó Torshin.

Durante la liberación de los rehenes, los cuerpos de seguridad mataron a 31 terroristas, de los cuales 23 fueron identificados en el proceso de la instrucción. Una parte de las armas automáticas requisadas en el lugar del crimen habían sido robadas en junio de 2004, durante un ataque terrorista contra varios edificios del Interior en Nazran, capital de la vecina república de Ingushetia, dijo Torshin.

Los carros de combate rusos abrieron el fuego de puntería contra el colegio, cuando ya no quedaban rehenes dentro. En cuanto a los francotiradores del Servicio Federal de Seguridad (FSB, según la sigla en ruso), empezaron a disparar inmediatamente después de que oyeran explosiones en el edificio, gracias a lo cual fue posible confinar a los terroristas en el interior e impedir que remataran a los rehenes, quienes abandonaban el colegio corriendo. En su intervención, Torshin desmintió las afirmaciones de que la mayor parte de los efectivos especiales del FSB se encontraban en el polígono del 58º Ejército en el momento de las explosiones y que no estaban preparados para esa evolución de los acontecimientos.

Al mismo tiempo, la Comisión Torshin no ha podido hasta la fecha determinar las causas de los estampidos porque los resultados del peritaje técnico aún no están disponibles. Comentando el uso de los lanzallamas RPO-A por los agentes de seguridad federales, Torshin señaló que no podían haber provocado un incendio en el colegio de Beslán, no pertenecen a la categoría de armas incendiarias y su aplicación contra los terroristas no está proscrita por las normativas del Derecho Internacional. Las autoridades rusas, según él, tomaron todas las medidas para implicar en el proceso de negociaciones a las personas capaces de influir en el comportamiento de los terroristas y contribuir a la liberación de los rehenes.

Los criminales habían restringido todos los contactos con el mundo externo y se resistieron a entablar negociaciones durante mucho tiempo, por lo cual fue bastante difícil obtener la información acerca de lo que estaba pasando dentro del edificio o cuáles eran las verdaderas intenciones del comando armado. Varios peritajes realizados indican que los autores del atentado consumían estupefacientes de efecto fuerte.

Al propio tiempo, la Comisión Torshin descubrió una serie de fallos y deficiencias en lo que respecta a la implementación de la operación antiterrorista en Beslán. El Ministerio del Interior de Osetia del Norte, por ejemplo, rehusó cumplir varias instrucciones explícitas del Centro federal, enviadas por telegrama el 21 y el 31 de agosto de 2004, en lo que concerniente a la necesidad de reforzar la custodia de todos los establecimientos educacionales el 1 de septiembre, fecha cuando en Rusia empieza el año escolar. «De haberse acatado, esas instrucciones habrían podido prevenir el atentado o impedir su ejecución» – admitió Torshin.

Los mandos del Interior en Ingushetia, según él, evitaron tomar medidas enérgicas con el fin de descubrir a los grupos armados ilegales en el territorio de esta república y poner cese a sus actividades. Como resultado, se formó en Ingushetia el comando terrorista que más tarde perpetró el atentado en Beslán.

Hacia la tarde del 1 de septiembre, ya se sabía que los terroristas habían tomado 1,128 rehenes, pero los cargos oficiales siguieron afirmando a la prensa, hasta el día siguiente, que eran 354, denunció el jefe de la comisión parlamentaria. Entre los cuerpos de seguridad había descoordinación, y los cordones policiales no consiguieron retener a los vecinos de Beslán que se habían precipitado hacia el colegio para salvar a sus hijos, lo cual provocó un caos generalizado.

Se contempla que en su informe definitivo la Comisión Torshin enfocará el papel desempeñado por las autoridades federales en la tragedia de Beslán.

Fuente
RIA Novosti (Rusia)