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Kofi Annan (izquierda), Secretario General de la ONU. A la derecha en compañía de Colin Powell, ex Secretario de Estado del actual presidente George W. Bush.

Viena, Austria.
12 mayo 2006

El secretario General de la Organización de Naciones Unidas (ONU), Kofí Annan, criticó la decisión tomada por el Presidente boliviano, Evo Morales, de nacionalizar los hidrocarburos.
Durante la conferencia de prensa inaugural de la IV Cumbre Unión Europea, América Latina y el Caribe (EU-ALC), aclaró que las decisiones actuales tienen que pensarse siempre entendiendo en el carácter globalizado del mundo, ya que esta medida puede poner en riesgo las relaciones comerciales internacionales.
Señaló que los inversores necesitan condiciones que se mantengan en el mediano y largo plazo, sin esa condición no es posible un comercio mutuamente satisfactorio y beneficioso.

El artículo 97 de la Carta de la ONU establece que “el Secretario General será nombrado por la Asamblea General a recomendación del Consejo de Seguridad”.

El candidato recomendado por el Consejo de Seguridad debe contar con la aprobación de los miembros permanentes, que pueden ejercer el derecho de veto. Ninguno de ellos ha vetado formalmente una propuesta, pero siempre los candidatos han pasado por el filtro de la aceptación por parte de los Estados Unidos y los otros miembros permanentes. Por ejemplo la reelección de Butros Ghali, fue bloqueada por Estados Unidos, quien impuso a Kofi Annan, incluso contra la costumbre de nombrar rotativamente un Secretario General originario de las diferentes regiones.

Kofi Annan sabe que debe su cargo a Estados Unidos y se empeña en mostrar su reconocimiento con reiterados gestos de sumisión y obediencia, para lo cual ha mostrado un celo particular, entre otras cosas, como consecuente defensor del poder económico transnacional.

El 25 de julio del 2000, en la sede de la ONU en New York, Kofi Annan presidió la inauguración del Pacto Mundial (Global Compact) en la que participaron 44 grandes sociedades transnacionales y algunos otros “representantes de la sociedad civil”.
El Global Compact quedó como una institución permanente que funciona junto a la Secretaría de la ONU.

Esta alianza entre la ONU y grandes sociedades transnacionales ha creado una peligrosa confusión entre una institución política pública internacional como la ONU, que según la Carta representa a “los pueblos de las Naciones Unidas...” y un grupo de entidades representativas de los intereses privados de una elite económica internacional.

Entre las sociedades participantes en el Global Compact, se encuentran, entre otras, British Petroleum, Nike, Shell, Rio Tinto y Novartis, con densos “curricula” en materia de violación de los derechos humanos y laborales o de daños al medio ambiente; la Lyonnaise des Eaux (ahora Suez), cuyas actividades en materia de corrupción de funcionarios públicos con el fin de obtener el monopolio del agua potable son bien conocidas en Argentina y en Francia y en Chile, entre otros países. Participan también varias asociaciones patronales y algunas ONGs.

El Gobal Compact fue anunciado en 1998 por Kofi Annan en un informe destinado a la Asamblea General titulado “La capacidad empresarial y la privatización como medios de promover el crecimiento económico y el desarrollo sostenible”(A/52/428).

El Secretario General Kofi Annan decía en ese informe que... « la desregulación...se ha convertido en la consigna para las reformas de los gobiernos en todos los países, tanto desarrollados como en desarrollo » (párr. 50 del Informe) y propugnaba la venta de las empresas públicas confiando... « la propiedad y la gestión a inversionistas que tengan la experiencia y la capacidad necesarias para mejorar el rendimiento, aunque ello suponga algunas veces vender los activos a compradores extranjeros » (párr. 29). Al comienzo del mismo párrafo se pronunciaba contra la « amplia distribución del capital de las empresas privatizadas », es decir contra la participación de los pequeños ahorristas.

La propuesta del Informe era clara: todas las grandes empresas rentables deben estar monopolizadas por el gran capital transnacional, es decir pretendía legitimar la política practicada a escala mundial de malvender las empresas públicas rentables (a veces mediante procedimientos francamente corruptos) y, por cierto, contraria a las nacionalizaciones.

Kofi Annan también se empeña en potenciar esta cruzada neoliberal promoviendo en distintos países la formación de sucursales del Global Compact, formadas por empresarios y representantes gubernamentales.

Fiel a esa línea al servicio de las grandes potencias y del poder económico trasnacional, ahora Kofi Annan se ha declarado contrario a la nacionalización del petróleo en Bolivia.