- ¿Cómo ubica Sueñe, Carmelinda dentro de su dramaturgia?

- Hay material que a uno le encargan y otros materiales que vienen porque la musa inspiradora golpea de noche la ventana, en el caso de la Patagonia es el viento el que te reclama. En el caso de Sueñe, Carmelinda es un encargo de Jorge Mateus, el director del grupo Callejón de agua, de Quito. Mateus me dio la instalación de Edward Kienholz (artista plástico norteamericano, 1927-1992) The Wait (La espera) y me dijo que cuando terminara su función como director de la Escuela de Teatro de la Universidad Central de Ecuador volvería a actuar y que le escribiera una obra. Escribí la obra a partir de la instalación que me dio, pero él sigue como director, o sea, no volvió a escena. La obra finalmente se presentó en Paris con Catherine Ferry y puesta de Jaime Cortés y el estreno en Argentina está a cargo de Daniela Ferrari en la dirección, con la actuación de María Rosa Pfeiffer.

- ¿Por qué ellas?

- Pfeiffer es conocida aquí en Buenos Aires fundamentalmente como autora, pero yo la conocí primero como actriz: ella actuó en una de las primeras puestas en la Argentina de Viejos hospitales y es una actriz exquisita. Después la conocí como directora, porque montó en Santa Fe otra de mis obras, Camino de cornisa, que se hizo en Buenos Aires en el teatro Presidente Alvear. Daniela Ferrari realizó el ante año pasado una estupenda puesta de una obra mía que había estrenado la Comedia Cordobesa y después hizo Víctor Mayol, Aguirre, el marañon. El montaje de Ferrari fue maravilloso, con una gran riqueza expresiva, síntesis y mucha fuerza en las imágenes. Con mucho atrevimiento y muy enamorado de estas dos mujeres, les propuse que hicieran el texto de Sueñe, Carmelinda y ellas aceptaron.

- ¿Cuáles fueron los disparadores para escribir este texto?

- Yo paso mis vacaciones en una cabañita en La Paloma, casi frente al mar, en un lugar que se llama Parque Andresito. Ahí escribo. Es un bosque lleno de caballitos, pavos; en fin, todo bicho que camina anda por ese bosque. El detonante de la obra fue la instalación de Kienholz, un pop-art estadounidense de 1965. Es una mujer sentada en un interior y a partir de ahí tuve que escribir la historia. También escuché al calderero de Parque Andresito, al que le hacía preguntas sobre su oficio y terminé de reunir los dos materiales temáticos que necesitaba para hacer la obra. Sueñe, Carmelinda es la historia de una mujer que sueña, que espera lo que sueña y que quiere pensar el amor desde esta enorme ilusión que tiene.

- ¿Son muy distintas las puestas de Francia y Argentina?

- No tengo ni idea, porque no he visto la puesta francesa y tampoco vi ni un ensayo del trabajo aquí en la Argentina. Algo para destacar es que este es un proyecto teatral muy federal: María Rosa Pfeiffer es santafesina, Daniela Ferrari es tandilense y yo soy neuquino y, debido a esas distancias, se me hacía imposible asistir a un ensayo. Ellas me escribieron y me solicitaron algún texto extra en función de su puesta. Sé que se sumó al trabajo el cellista Horacio Wainhauss como autor de la música y músico en vivo, pero voy a ciegas con estas dos mujeres maravillosas, tengo tranquilidad y alegría, porque sé que van a entregar un material de maravilla.

- ¿Siempre otorga esa libertad para que trabajen sus obras?

- Sí, si no me dedicaría a otra cosa. Víctor Mayol hizo en Capital Federal, hace muchos años, una obra mía que estuvo un año en cartel, Molino rojo, sobre la vida del poeta Jacobo Fijman. Había toda una escena que Mayol me decía: "Finzi, esto no va". Era un pasaje de la vida de Fijman cuando anduvo allá en Misiones y leyendo el texto casi 20 años después comprendí que Mayol tenía razón, no tiene que estar. Cuando vuelva a editar la obra la voy a sacar. El texto no es un material que pretenciosamente baja del cielo, es un material que termina tomando fisonomía en la escena. Todo buen texto se disuelve en escena, como un caramelo se disuelve en la boca. Si eso pasa con un texto en escena es porque ese texto es bueno. Pero muchas veces de el escritorio a la escena hay un largo camino, muchas contingencias, incluso de orden económico. La escena es un territorio de perpetua adaptación, hay muchas variables que adaptan un texto para construir otro lenguaje.

- Entonces se encuentra totalmente tranquilo

- No sólo tranquilo, sino que agradecido y emocionado: tengo la ocasión de que dos grandes artistas hagan mi obra. Además, hay proyectos para este espectáculo de llevarlo y mostrarlo.

- ¿Por dónde?

- Creo que Sueñe, Carmelinda puede funcionar muy bien en museos de artes plásticas, porque el trabajo que Ferrari hace es tomar la instalación de Kienholz y reproducirla, eso tiene un valor plástico como instalación: el de hacer viviente esa instalación que duerme en el Museo de Nueva York desde hace 42 años. Es un techo cultural infrecuente además de riquísimo. Yo creo que por ahí la obra puede ser itinerante, por lo pronto llevo el proyecto al Museo Nacional de Bellas Artes de Neuquen, pero muchísimos museos de nuestro país podrían recibir esa obra, por eso me parece que la obra va a tener una larga vida. Tengo la convicción de que el espacio de un museo es el mejor espacio para ella, porque conviven ahí la instalación de este artista norteamericano con su obra The Wait, con la obra. Es interesante llevar la instalación 42 años después y ponerle vida a través de otro lenguaje. No sé si Kienholz, que murió hace 14 años, habrá soñado que algún escritor del sur del mundo le iba a meter una historia a su instalación. No sé si estará en el cielo o en el infierno, pero para él, si no es conmovedor, por lo menos es perturbador. Y eso no esta mal.

- ¿Cómo reparte sus actividades?

- Doy clases en la Universidad Nacional del Comahue, dirijo el área de Literaturas Europeas y actualmente soy Director del Departamento de Letras, tengo 28 docentes a cargo; en fin, es un infierno. Pero uno lo hace tratando de poner buen humor a la gestión. El tiempo de la escritura es generalmente un tiempo hurtado, robado a las vacaciones. El tiempo de la pedagogía teatral, sí tiene un lugar más consistente. Este año estuve trabajando en Cuba con una convocatoria del Consejo General de la Casa de la Cultura y creo que voy a volver el año próximo. Estoy haciendo tutorías en dramaturgia, en Colombia estrenan Viejos hospitales y voy a trabajar allá. La cuestión del la pedagogía teatral siempre está ligada a la dramaturgia y llegó para quedarse por muchos años.

- ¿Está escribiendo actualmente?

- Sí, hay un material que estoy pensando, que todavía no sé como entrarle. La idea es llevar a escena algún momento de la vida de Agustín Tosco, que fue un gran gremialista, asociándolo con El Cordobazo. Creo que la personalidad de ese hombre tiene mucho que decir a la Argentina actual. Entonces estoy pensando una obra en torno a él y, naturalmente, quisiera que ese texto se estrenara en Córdoba.

# Agencia ISA (Argentina)