Durante las administraciones municipales socialcristianas en Guayaquil, que llevan cerca de 20 años, se han realizado tres marchas. La última, ocurrida el 24 de enero pasado, se propuso ser una demostración de oposición a los cambios que aplica el gobierno de Rafael Correa; esta marcha tuvo un gran despliegue publicitario en los medios de comunicación del país, los que jugaron un papel preponderante en la propaganda para la convocatoria y dieron una gran cobertura durante la marcha, con lo que vendieron la idea de que todo Guayaquil estaba en ella, y posteriormente a esta acción, han centrado su agenda informativa en las repercusiones obtenidas, sobre todo para amenazar al Gobierno y conminarlo a dar pie atrás en los cambios.

El alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot, quien pretende perfilarse como la figura unificadora que busca desesperadamente la oposición derechista, fue la estrella de este nuevo episodio mediático y de masas, con el cual pretende erigirse en el defensor de la ciudad y de todos los guayaquileños. Se autocalificó de escudo de Guayaquil y a Guayaquil en escudo del Ecuador. Sin embargo, no alcanza a ser ni lo uno ni lo otro, pues, en la más grande ciudad del país, las diferencias sociales y económicas son el signo principal de la aplicación de las políticas neoliberales, donde la opulencia y la pobreza están bien demarcadas, incluso territorialmente; solo hay que ver Samborondón y luego las grandes barriadas populares, donde cientos de miles de guayaquileños viven la falta de los servicios básicos, la pobreza, la desocupación, la inseguridad.

Por ello, Nebot y los socialcristianos no representan los intereses de la mayoría de guayaquileños, ni de la mayoría de los ecuatorianos; representan, eso sí, a todos aquellos sectores y personajes que se han enriquecido de estas administraciones, que han sido favorecidos con las concesiones y privatizaciones de las empresas municipales; representan a todos aquellos que han encontrado un jugoso negocio en la conformación de las famosas fundaciones, denunciadas por el presidente Correa y que hoy están en la picota.

La indignación de la oligarquía guayaquileña se produce porque el Gobierno está afectando sus privilegios, porque ha denunciado y busca intervenir en los jugosos negocios realizados con dineros públicos; por ello dicen que se está afectando la dignidad y la libertad de Guayaquil. Su indignación crece cuando se busca poner orden en la forma de administrar el país, cuando se pone distancia entre las funciones de un municipio y las del Gobierno, cuando se les desarticula las pretensiones de crear un mini-Estado, financiado con los dineros de todos los ecuatorianos, entonces enarbolan su vieja idea separatista de un “Guayaquil independiente”.

Esta política, localista y divisionista de Jaime Nebot, de la oligarquía guayaquileña y el Partido Social Cristiano, está lejos de representar los intereses generales del país, incluso del conjunto de la burguesía.

¿El inicio de una guerra?

Las intervenciones públicas realizadas por Jaime Nebot, en el contexto de la preparación y durante la marcha, estuvieron cargadas de amenazas y de un lenguaje violentista, recurriendo a señalar que en el país puede suceder lo mismo que sucedió en Yugoeslavia. Nebot sueña que en el Ecuador se produzcan acontecimientos parecidos a los ocurridos en dicho país europeo, donde una guerra genocida incentivada y preparada por el imperialismo y las fuerzas separatistas locales, partió a ese país en varios pequeños estados que, desbastados y desangrados, quedaron a merced y bajo la tutela de las potencias imperialistas; o lo mismo que está sucediendo en Bolivia, donde las fuerzas pro fascistas de la oligarquía cruceña empujan con violencia el fraccionamiento de Bolivia, en oposición a las reformas democráticas y de redistribución de la riqueza que lleva adelante el gobierno de Evo Morales.

Estas referencias guerristas del alcalde guayaquileño, dejan en claro hasta dónde estarían dispuestos a llegar los oligarcas ante el avance de los cambios que se perfilan en el Ecuador y que la mayoría del pueblo respalda.

El gran estratega militar alemán Carl Von Clausewitz dijo que "la guerra es la continuación de la política por otros medios". Establece también que la guerra "Constituye un acto de fuerza que se lleva a cabo para obligar al adversario a acatar nuestra voluntad”. En efecto, parece que los oligarcas, pese a que no han sido expropiados de nada, ni enviados a trabajar como la mayoría de ecuatorianos, están dispuestos a usar otros medios para mantener inamovibles sus privilegios, para obligar a sus adversarios, léase a la mayoría del pueblo y al Gobierno, a acatar su voluntad.

Una lectura entre líneas del discurso de Nebot deja ver cuál sería la estrategia a seguir: “este es el inicio de una lucha, no el final (…) Haremos acciones de hecho y de derecho (…) La Carta magna, la Constitución, no puede ser una carta de la esclavitud (...) Rodearemos la Asamblea (...) Que se responsabilicen de lo que puede pasar en el Ecuador (…) Somos autonomistas”, etc.

Estas afirmaciones no pueden ser tomadas como simple retórica, porque de hecho hay algunas acciones que se están promoviendo como parte de esta estrategia, como la desobediencia tributaria frente a la Ley de Equidad Tributaria promulgada por la Asamblea; otras se ensayarán, como el sabotaje económico creando escasez ficticia para elevar los precios de los artículos de primera necesidad y culpar al Gobierno; desarrollarán una ofensiva mediática para difundir sus infundios e intentar que se conviertan en verdades para todo el pueblo, como la aseveración de que: “no hay democracia, se vive en una dictadura”; buscarán deslegitimar a la Asamblea insistiendo que no está cumpliendo el papel para el cual fue elegida; aprovecharán de los errores del Gobierno, como la represión en Dayuma, para demostrar que se persigue a todo el pueblo y, por supuesto, a ellos en primer lugar; movilizarán gente para rodear la Asamblea Constituyente, para amedrentar a los asambleístas de mayoría; usarán su poder económico para intentar corromper y comprar a algunos asambleístas, como se ha conocido en estos días; recurrirán, como se anunció, a las consultas y otros mecanismos como las paralizaciones y las marchas, ya sea como una insinuación para crear temores o como parte de su estrategia; a la guerra como recurso de la política derechista y separatista. Aunque quizás no tengan la capacidad para llegar a tanto, sin embargo, y por el momento, la derecha busca a través de la gran ofensiva mediática, de las acciones de hecho y de la movilización de masas articularse y articular un proceso de desestabilización del Gobierno, incluida, según se ha denunciado, la eliminación física del presidente Rafael Correa, del cual Nebot hizo el blanco principal en su discurso del 24 de enero, catalogándolo como el enemigo de Guayaquil.

Un propósito inmediato de la derecha guayaquileña es evitar ser arrasada completamente en las próximas elecciones, defendiendo con uñas y dientes su último reducto político.

El pueblo debe seguir su marcha por los grandes cambios

Para el pueblo, para los sectores democráticos, progresistas, antioligárquicos, de izquierda y para el Gobierno, queda claro que la confrontación, que la lucha se va a desarrollar en nuevos y más altos niveles, porque la burguesía no está dispuesta a ceder en lo más mínimo sus privilegios y que para ello usará todos los recursos, todas las formas de lucha, incluidas las más violentas. Deja en claro también que a la burguesía le importa un comino que el pueblo a través del voto, otrora “símbolo de la democracia”, se haya pronunciado mayoritariamente por el cambio en tres elecciones sucesivas desde noviembre del 2006, y que avizorando nuevos triunfos políticos–electorales de la corriente democrática y progresista, busca desde ahora impedir que se produzcan.

Es evidente que la oligarquía criolla está copiando de la experiencia de los sectores golpistas de la derecha venezolana, de las lecciones de los separatistas cruceños de Bolivia, para intentar recuperarse de las derrotas políticas inflingidas por el pueblo ecuatoriano.

Si la situación se perfila así, el Gobierno y los pueblos del Ecuador debemos recordar también que ningún cambio, por mínimo que sea, se ha conseguido por la dádiva o la generosidad de la burguesía; que todo lo que se ha conquistado se lo ha hecho con la lucha; que, históricamente, las clases dominantes se han opuesto a los cambios, al progreso y al desarrollo, como sucedió con la revolución alfarista, que triunfó luego de 25 años de intensa lucha, incluida la lucha armada, y luego sucumbió ante la traición, la subversión y el crimen contra su máximo líder, Eloy Alfaro. Debemos recordar, también, que el triunfo del presidente Rafael Correa, el fortalecimiento de la corriente que hoy es mayoritaria en el país, tiene como antecedente una intensa lucha social y política protagonizada por los pueblos en contra del neoliberalismo y las oligarquías, que han fortalecido su conciencia política y que tienen más claro hacia dónde deben estar orientados los cambios.

Para las fuerzas democráticas y patriotas, para las fuerzas de izquierda y el Gobierno no es suficiente solo la respuesta verbal, o solo volver a ganar mayoritariamente una nueva elección, es evidentemente necesario el fortalecimiento de la unidad y la organización popular, el debate y la movilización alrededor de las propuestas de cambio más avanzadas y, sobre todo, un proceso organizativo de las fuerzas populares que permita estar un paso adelante de las pretensiones conspirativas de la derecha, para dar las batallas que sean necesarias usando también todos los recursos que la lucha nos imponga, en la perspectiva de avanzar a la conquista de la Patria Nueva.

“Los sectores populares deben organizarse y dar una respuesta”

Guillermo Leones

Confederación Unitaria de Barrios del Ecuador, Núcleo Guayas

La marcha convocada por el alcalde solo defiende intereses particulares; la promocionaron todos los días, por ello tuvieron una presencia importante, pero la gente acudió obligada y presionada.

En este marco, nosotros creemos que la marcha fue un instrumento de utilización y clientelismo, que siempre utilizan los socialcristianos. La confrontación entre el Gobierno y el Municipio es evidente y necesaria: debe existir un control de los recursos que recibe el Municipio a través de las fundaciones, las mismas que han manejado alrededor de 10 mil millones de dólares, pero no han mejorado los sectores populares sino lo han usado para sus intereses.

Ante esto, los sectores populares también tenemos que organizarnos y dar una respuesta, como sucedió en la marcha por el primer año de Gobierno, que fue una importante acción; serán las mismas organizaciones populares quienes confrontemos y mantengamos la exigencia para que se fiscalizase los dineros que fueron utilizados por el Municipio.

“La unidad de los pueblos está por encima del regionalismo”

Ricardo Ramírez

Frente de Nacional de Salud de los Pueblos del Ecuador

La marcha convocada por Nebot es una expresión de la derecha oligárquica, vinculada y comprometida con el imperialismo norteamericano, que está tratando de desestabilizar a un gobierno que no está sujeto a las ordenes de ellos, como ocurría tradicionalmente; ahora, el presidente Correa hace todo lo contrario: ha empezado a cuestionar toda la acción corrupta, antipatriótica, antipopular, que han cometido los socialcristianos en todo el país, y ha dicho NO a todos sus negociados y privilegios. Por eso están indignados, dolidos, y aprovechándose de cualquier cosa y utilizando todos los recursos regionalistas, están tratando de confundir a las masas populares del Guayas, fingiendo que ellos están defendiendo a los pobres de Guayaquil, cuando lo que quieren es mantener sus privilegios.

En cambio, las organizaciones populares de maestros, campesinos, trabajadores del sector publico y privado, moradores de los barrios suburbanos, indígenas, nos manifestamos en la marcha del primer año de Gobierno, allí había una expresión real de los pueblos, tanto del Guayas como de otras provincias del país, en una conjunción de unidad nacional que casualmente tiene un mensaje: que la unidad de los pueblos está por encima del regionalismo, del proyecto de las autonomías, y de la división de la nación que están fomentando los socialcristianos y Nebot.

“La confrontación entre la izquierda y la derecha es mas evidente”

Héctor Santana,

Presidente Frente de Artistas Populares del Guayas

De alguna manera, la polarización de las corrientes ideológicas se esta haciendo evidente: la derecha en el Ecuador comienza a tomar su forma; esta marcha la evidencia, solo se la efectuó para oponerse a la Constituyente, que en este momento está limitando a la partidocracia, que ha estado procedido durante varios años con intereses muy particulares.

Por eso, los artistas y los grupos sociales debemos entender que necesitamos expresarnos; para hacer cambios donde hay bienestar para todos. En la marcha convocada por Nebot se vio una planificación previa, que evidenció la confrontación que hay entre las fuerzas de izquierda y derecha.